Tras ayudar a derribar el muro de Berlín con sus gorgoritos, Hasselhoff regresó a EE UU para zambullirse en su nueva aventura televisiva, Los vigilantes de la playa, una historia de salvavidas en las costas de California. Sin embargo, ni la audiencia ni las críticas fueron buenas y la NBC canceló la serie tras la primera temporada.
“¿Cómo es posible que una historia de tías buenas en bañador corriendo por la playa no tenga éxito?”, debió de preguntarse nuestro héroe. Así que se hizo con los derechos de Los vigilantes…, se convirtió en productor ejecutivo, mantuvo su papel de protagonista y siguió adelante con la serie. Y lo demás es leyenda: Los vigilantes de la playa tiene el récord Guinness como la serie que más espectadores han visto en todo el mundo (1.000 millones de personas) y por sus 11 soleadas temporadas (1989-2001) pasaron decenas de macizas en bañador rojo que luego se lo quitaron en Playboy para deleite de la mitad de la audiencia (y envidia cochina de la otra mitad ante tanta exhibición de cacha firme y culo prieto).
Pamela Anderson, Carmen Electra, Yasmine Bleeth, Alexandra Paul, Gena Lee Nolin, Erika Eleniak y otras muchas fueron carne de póster de cuarto adolescente durante los 90 y generaron millones de dólares para Hasselhoff, que estiró la franquicia lo que pudo (incluso con vueltas de tuerca absurdas como la temporada rodada en Miami o la decisión fallida de trasladar las aventuras de los salvavidas a la noche californiana). Forrado hasta las trancas se tomó con humor que la serie haya sido una de las más parodiadas en todo el mundo aunque, en sus propias palabras, el éxito de la serie se debe a que sus fans perciben que las hace desde el corazón. “La cámara capta tu aura, tu corazón”, explicaba. “En los vigilantes, todos los intérpretes, incluso Pamela Anderson, tenían un gran corazón”. De hecho muchos de los fans de Pam pensaban que la muchacha tenía no uno, sino dos corazones enormes.
Para entonces Hasselhoff tenía ya una estrella en el paseo de la fama, se había casado con la guapísima Pamela Bach (con la que trabajó tanto en El coche fantástico como en Los vigilantes…), había participado en dos series míticas y era archimillonario. Pero decidió que quería más y comenzó una frenética actividad que le llevó a autoparodiarse en películas y series, lanzar discos cada vez más malos, participar en musicales (con tibia acogida de crítica), escribir su autobiografía, hacer anuncios y, sobre todo, publicitarlo todo de forma maestra (y pionera) en Internet, donde se ha convertido en un cibericono con decenas de miles de fans que visitan su web (la inenarrable http://www.hasselhoff.com/) y que incluso han abanderado movimientos para devolverle al número 1 de las listas de éxitos.
Había nacido The Hoff, un personaje que resume lo bueno y lo malo de este tipo imprescindible para la historia de la tele: mal actor pero excelente vendedor; con gran olfato para los gustos del público pero ingenuo metepatas, genio del marketing viral y tan cándido como para que alguien colocara en Internet un vídeo hecho por su hija en el que aparece borracho intentando comerse una hamburguesa (claro que se apresuró a explicar que su embriaguez no era más que el ensayo para una de sus interpretaciones y su popularidad se disparó tras el episodio).
Ahora es uno de los jurados del reality America´s Got Talent, viaja por todo el mundo y nos lo cuenta en su videoblog y sigue manteniendo una extraña filosofía vital: “ante la adversidad, Dios siempre ha estado ahí y me ha dicho `Toma, haz Chicago, escribe un libro de éxito, haz esta película, firma este contrato millonario, obtén dos millones de descargas en Internet. Voy a hacer de ti la mayor estrella del mundo, David, si asumes la responsabilidad. Puedes lograrlo, o puedes joderla´. Y a veces la he jodido, y otras lo he logrado”.
Lo dicho, o es más listo de lo que parece, o de verdad Dios lo apadrina.










