20 marzo 2009 a las 20:21 por tvintage

…a simplemente ‘The Hoff’

Tras ayudar a derribar el muro de Berlín con sus gorgoritos, Hasselhoff regresó a EE UU para zambullirse en su nueva aventura televisiva, Los vigilantes de la playa, una historia de salvavidas en las costas de California. Sin embargo, ni la audiencia ni las críticas fueron buenas y la NBC canceló la serie tras la primera temporada.

“¿Cómo es posible que una historia de tías buenas en bañador corriendo por la playa no tenga éxito?”, debió de preguntarse nuestro héroe. Así que se hizo con los derechos de Los vigilantes…, se convirtió en productor ejecutivo, mantuvo su papel de protagonista y siguió adelante con la serie. Y lo demás es leyenda: Los vigilantes de la playa tiene el récord Guinness como la serie que más espectadores han visto en todo el mundo (1.000 millones de personas) y por sus 11 soleadas temporadas (1989-2001) pasaron decenas de macizas en bañador rojo que luego se lo quitaron en Playboy para deleite de la mitad de la audiencia (y envidia cochina de la otra mitad ante tanta exhibición de cacha firme y culo prieto).

Pamela Anderson, Carmen Electra, Yasmine Bleeth, Alexandra Paul, Gena Lee Nolin, Erika Eleniak y otras muchas fueron carne de póster de cuarto adolescente durante los 90 y generaron millones de dólares para Hasselhoff, que estiró la franquicia lo que pudo (incluso con vueltas de tuerca absurdas como la temporada rodada en Miami o la decisión fallida de trasladar las aventuras de los salvavidas a la noche californiana). Forrado hasta las trancas se tomó con humor que la serie haya sido una de las más parodiadas en todo el mundo aunque, en sus propias palabras, el éxito de la serie se debe a que sus fans perciben que las hace desde el corazón. “La cámara capta tu aura, tu corazón”, explicaba. “En los vigilantes, todos los intérpretes, incluso Pamela Anderson, tenían un gran corazón”. De hecho muchos de los fans de Pam pensaban que la muchacha tenía no uno, sino dos corazones enormes.

Para entonces Hasselhoff tenía ya una estrella en el paseo de la fama, se había casado con la guapísima Pamela Bach (con la que trabajó tanto en El coche fantástico como en Los vigilantes…), había participado en dos series míticas y era archimillonario. Pero decidió que quería más y comenzó una frenética actividad que le llevó a autoparodiarse en películas y series, lanzar discos cada vez más malos, participar en musicales (con tibia acogida de crítica), escribir su autobiografía, hacer anuncios y, sobre todo, publicitarlo todo de forma maestra (y pionera) en Internet, donde se ha convertido en un cibericono con decenas de miles de fans que visitan su web (la inenarrable http://www.hasselhoff.com/) y que incluso han abanderado movimientos para devolverle al número 1 de las listas de éxitos.

Había nacido The Hoff, un personaje que resume lo bueno y lo malo de este tipo imprescindible para la historia de la tele: mal actor pero excelente vendedor; con gran olfato para los gustos del público pero ingenuo metepatas, genio del marketing viral y tan cándido como para que alguien colocara en Internet un vídeo hecho por su hija en el que aparece borracho intentando comerse una hamburguesa (claro que se apresuró a explicar que su embriaguez no era más que el ensayo para una de sus interpretaciones y su popularidad se disparó tras el episodio).

Ahora es uno de los jurados del reality America´s Got Talent, viaja por todo el mundo y nos lo cuenta en su videoblog y sigue manteniendo una extraña filosofía vital: “ante la adversidad, Dios siempre ha estado ahí y me ha dicho `Toma, haz Chicago, escribe un libro de éxito, haz esta película, firma este contrato millonario, obtén dos millones de descargas en Internet. Voy a hacer de ti la mayor estrella del mundo, David, si asumes la responsabilidad. Puedes lograrlo, o puedes joderla´. Y a veces la he jodido, y otras lo he logrado”.

Lo dicho, o es más listo de lo que parece, o de verdad Dios lo apadrina.

18 marzo 2009 a las 20:41 por tvintage

Del chófer de KITT…

El post de hoy iba de El coche fantástico, una de las series míticas de la tele de los 80 que ha generado más fans en todo el mundo. Pero de que quien de verdad me apetecía hablar es de David Hasselhoff, un hombre que puede dar lecciones a Risto Mejide de cómo convertir la mierda en oro o, mejor dicho, de cómo evolucionar de actor y cantante mediocre a fenómeno televisivo mundial y rematar después la faena como millonario productor de la serie preferida de los heterosexuales masculinos del planeta: Los vigilantes de la playa.

Y es que al abordar la biografía de este icono del frikismo universal, sólo hay dos soluciones posibles al secreto de su éxito: o es mucho más listo de lo que parece (a juzgar por sus entrevistas) o es la demostración palpable de que el triunfo consiste tan sólo en estar en el lugar adecuado en el momento justo.

Hasselhoff empezó con sólo 23 añitos en uno de esos culebrones que se eternizan en la tele USA (The young and the restless) y luego fue elegido como el protagonista de El coche fantástico (en inglés Knight Rider, que puede traducirse por El caballero andante). El punto de partida de la serie no era muy original: un joven recorre los Estados Unidos desfaciendo entuertos por encargo de una misteriosa fundación dedicada a hacer el bien sin mirar a quien. La novedad es que nuestro héroe contaba con la ayuda de un Pontiac Firebird Trans Am equipado con las últimas tecnologías (podía deslizarse por el agua, disparar llamaradas y gases lacrimógenos y servir de detector de mentiras, entre otras muchas cosas) y que además ¡hablaba!

El superbuga, que respondía al nombre de KITT, era el verdadero protagonista de la serie. ¿Quién no recuerda la famosa musiquilla de sintetizador que abría cada capítulo y sonaba de nuevo en los momentos culminantes? ¿Y el famoso turboboost, que era cuando Hasselhoff le daba a un botón en el salpicadero y el cacharro aumentaba su velocidad mientras el piloto se pegaba al respaldo y se le levantaban las cejas como a Nati Abascal después del lifting? ¿Y esa impresora que llevaba incorporada y que, cosas de la época, no era a color? Claro que si escuchamos a Hasselhoff en una de las impagables entrevistas que han salpicado su carrera profesional, el mérito de la serie era sólo suyo porque su papel “era mucho más difícil que si el guión estuviera bien escrito (sic), como por ejemplo en Reservoir dogs, El padrino, Lawrence de Arabia o Urgencias”. “Al fin y al cabo, yo tenía que hablar con un coche”, remataba.

El coche fantástico duró cuatro temporadas en Estados Unidos, se emitió en decenas de países con gran éxito y convirtió a Hasselhoff en un icono televisivo mundial de pantalones prietos y chupa con hombreras.

Para cuando la serie se acabó, Hasselhoff andaba embarcado en una carrera musical que no le había reportado demasiado éxito en su tierra natal, pero que, sorprendentemente y sin duda gracias al tirón de la serie, le había hecho triunfar en Alemania. Así que Hasselhoff hizo las maletas y partió hacia Centroeuropa. Y acertó: justo entonces se vino abajo el muro de Berlín y una canción de Hasselhoff, Looking for freedom, se convirtió en himno para los germanos de ambos lados de la frontera vergonzante que les había separado desde el final de la guerra.

Hasselhoff llegó a tocar ante 500.000 personas en Berlín, fue el número 1 durante semanas en las listas germanas, suizas y austriacas y disfrutó de un éxito musical que se recibió en EE UU con perplejidad y bastante cachondeo (fue una de las bromas recurrentes durante años en Saturday Night Live) y que sus compatriotas no se creyeron del todo hasta que el gran baloncestista alemán Dirk Nowitzki llegó a la NBA y confesó que tarareaba Looking for Freedom para concentrarse en los tiros libres.

Una serie de éxito, un triunfo musical en países exóticos (desde el punto de vista americano, claro), parece suficiente para merecer un puesto en el olimpo de la tele vintage. Pero para nuestro héroe esto era sólo el principio… Y lo contaremos en el siguiente post.

17 marzo 2009 a las 16:19 por tvintage

Tu careto me suena: Bruce Davison

Robert Aldrich, director de ¿Qué fue de Baby Jane? y Doce del patíbulo, entre otras joyas cinematográficas, le dio un consejo al joven Bruce Davison cuando éste empezaba su carrera de actor: “Haz secundarios. Los secundarios siempre encuentran trabajo”. Y vaya si le hizo caso.

Con un físico bastante corriente (y un cierto parecido al politertuliano Justino Sinova) el pluriempleado Davison ha trabajado en más de 150 películas y series de televisión durante cuatro décadas y tocando todos los palos. Sólo en la tele hemos podido verle en dramas rurales (Los Walton), series de ciencia ficción (V, Battlestar Galactica, Star Trek), series de abogados ( El abogado, Ley y Orden, JAG, Fiscal Chase); policiacas (La mujer policía, Se ha escrito un crimen, Hunter, Sin rastro, CSI, Numb3ers), hospitalarias (Marcus Welby, Chicago Hope) terror (Kingdom Hospital), comedias (Cybill, Seinfeld), series de culto (The L World, Perdidos), productos de la factoría Spelling (Hotel) y rarezas (Bigfoot y los Henderson), entre muchas otras.

Por si esto fuera poco, Davison ha tenido también tiempo de trabajar en el cine, y, además, de hacerlo bien. Fue candidato al Oscar por su papel secundario en Compañeros inseparables, la primera película que tocó de forma abierta el tema del sida allá por 1990. No lo ganó, pero sí recibió un Globo de Oro por su interpretación y repitió en el Globo de Oro colectivo que se otorgó en 1994 al reparto completo de Vidas cruzadas, del gran Robert Altman. Últimamente parece haberse especializado en adaptaciones de cómic: además de ser un fijo en la serie X Men como el senador Kelly, ha trabajado en V de Vendetta (la segunda V de su carrera tras la serie de lagartos de la tele).

Últimamente Davison ha patinado un poco con sus proyectos televisivos. Participó en el remake de El coche fantástico (con la voz de Val Kilmer en el papel de KITT) y, pese al bombardeo publicitario que incluyó un largometraje de lanzamiento y la aparición estelar de David Hasselhoff (bastante recuperado tras su lamentable vídeo El beodo y la hamburguesa), la NBC decidió acortar la primera temporada de 22 capítulos a 17 y guardar los cinco restantes para una futura segunda temporada que parece difícil que se firme.

Mejor suerte corrió en su papel del malvado doctor Silberman en Terminator: las crónicas de Sarah Connor, una cara y prometedora producción que también vio acortada su primera temporada a causa de la huelga de guionistas. Sin embargo, Fox sí le ha dado otra oportunidad a la serie y se filmará una segunda temporada.

Con tanto ajetreo, no sería extraño que el bueno de Bruce hubiera compartido alguna escena con nuestra musa bióloga (inenarrable su reciente choque de egos con Jesús Quintero en Canal Sur). Pero no, entre Davison y Obregón hay dos grados de separación: Davison compartió platós con la estrella de Flashdance, Jennifer Beals en dos ocasiones (Runaway Judge y The L word) y Anita, aunque sin duda se basó en la Beals para algunos de sus contoneos de Ana y los siete, coincidió con ella en La Partita (también conocida como Juegos prohibidos de una dama), una italianada en la que también estaban (porque de algo hay que comer) Mathew Modine y Faye Dunaway, cuando ya las víboras de Hollywood la había rebautizado como Fade Doneaway, algo así como Difuminada y rehecha.