tvintage a 18 marzo 2009 a las 20:41

Del chófer de KITT…

El post de hoy iba de El coche fantástico, una de las series míticas de la tele de los 80 que ha generado más fans en todo el mundo. Pero de que quien de verdad me apetecía hablar es de David Hasselhoff, un hombre que puede dar lecciones a Risto Mejide de cómo convertir la mierda en oro o, mejor dicho, de cómo evolucionar de actor y cantante mediocre a fenómeno televisivo mundial y rematar después la faena como millonario productor de la serie preferida de los heterosexuales masculinos del planeta: Los vigilantes de la playa.

Y es que al abordar la biografía de este icono del frikismo universal, sólo hay dos soluciones posibles al secreto de su éxito: o es mucho más listo de lo que parece (a juzgar por sus entrevistas) o es la demostración palpable de que el triunfo consiste tan sólo en estar en el lugar adecuado en el momento justo.

Hasselhoff empezó con sólo 23 añitos en uno de esos culebrones que se eternizan en la tele USA (The young and the restless) y luego fue elegido como el protagonista de El coche fantástico (en inglés Knight Rider, que puede traducirse por El caballero andante). El punto de partida de la serie no era muy original: un joven recorre los Estados Unidos desfaciendo entuertos por encargo de una misteriosa fundación dedicada a hacer el bien sin mirar a quien. La novedad es que nuestro héroe contaba con la ayuda de un Pontiac Firebird Trans Am equipado con las últimas tecnologías (podía deslizarse por el agua, disparar llamaradas y gases lacrimógenos y servir de detector de mentiras, entre otras muchas cosas) y que además ¡hablaba!

El superbuga, que respondía al nombre de KITT, era el verdadero protagonista de la serie. ¿Quién no recuerda la famosa musiquilla de sintetizador que abría cada capítulo y sonaba de nuevo en los momentos culminantes? ¿Y el famoso turboboost, que era cuando Hasselhoff le daba a un botón en el salpicadero y el cacharro aumentaba su velocidad mientras el piloto se pegaba al respaldo y se le levantaban las cejas como a Nati Abascal después del lifting? ¿Y esa impresora que llevaba incorporada y que, cosas de la época, no era a color? Claro que si escuchamos a Hasselhoff en una de las impagables entrevistas que han salpicado su carrera profesional, el mérito de la serie era sólo suyo porque su papel “era mucho más difícil que si el guión estuviera bien escrito (sic), como por ejemplo en Reservoir dogs, El padrino, Lawrence de Arabia o Urgencias”. “Al fin y al cabo, yo tenía que hablar con un coche”, remataba.

El coche fantástico duró cuatro temporadas en Estados Unidos, se emitió en decenas de países con gran éxito y convirtió a Hasselhoff en un icono televisivo mundial de pantalones prietos y chupa con hombreras.

Para cuando la serie se acabó, Hasselhoff andaba embarcado en una carrera musical que no le había reportado demasiado éxito en su tierra natal, pero que, sorprendentemente y sin duda gracias al tirón de la serie, le había hecho triunfar en Alemania. Así que Hasselhoff hizo las maletas y partió hacia Centroeuropa. Y acertó: justo entonces se vino abajo el muro de Berlín y una canción de Hasselhoff, Looking for freedom, se convirtió en himno para los germanos de ambos lados de la frontera vergonzante que les había separado desde el final de la guerra.

Hasselhoff llegó a tocar ante 500.000 personas en Berlín, fue el número 1 durante semanas en las listas germanas, suizas y austriacas y disfrutó de un éxito musical que se recibió en EE UU con perplejidad y bastante cachondeo (fue una de las bromas recurrentes durante años en Saturday Night Live) y que sus compatriotas no se creyeron del todo hasta que el gran baloncestista alemán Dirk Nowitzki llegó a la NBA y confesó que tarareaba Looking for Freedom para concentrarse en los tiros libres.

Una serie de éxito, un triunfo musical en países exóticos (desde el punto de vista americano, claro), parece suficiente para merecer un puesto en el olimpo de la tele vintage. Pero para nuestro héroe esto era sólo el principio… Y lo contaremos en el siguiente post.

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