Tras las andanzas de la disfuncional familia Julia, ¿qué mejor que dedicarle un post a la familia perfecta? En los 80 esa familia vivía en la soleada ciudad de Sacramento (California) y los viernes por la tarde críos de toda España corrían a casa para ponerse delante de la tele, zamparse un bocata de Nocilla en pan Bimbo con corteza (yupiiii) o de quesito en pan normal (oooohh), para verles subirse unos encima de otros en plan castellers yanquis.
Basada en el relato autobiográfico de un columnista llamado Tom Braden, la serie empezó con mal pie: Diana Hyland, la actriz que daba vida a la madre numerosa enfermó de cáncer y tuvo que abandonar la serie tras grabar el cuarto capítulo de la primera temporada. Los guionistas “borraron” a Hyland del resto de los capítulos y su esposo (interpretado por Dick Van Patten) comenzó la segunda temporada viudo pero por poco tiempo: el que tardó en enamorarse de Abby, la niñera de sus retoños.
En Con ocho basta el padre viudo era bueno y comprensivo; la madrastra dialogante y enrollada; los hijos mayores daban ejemplo de sensatez a los pequeños y éstos eran encantadores diablillos cuyas travesuras iluminaban el día a día familiar como los rayos de sol iluminan los charcos tras las tormentas de verano… Resumiendo: aunque eran una panda de cursis con unos peinados bastante horteras (esas rayas al medio con cortinillas, ese pelo a tazón del benjamín que sin duda inspiró a los Coen para el Anton Chigurh de Bardem); aunque muchas veces sus problemas no se parecían nada a los nuestros (“¡Cielos, Nancy va a perder su puesto de animadora, Tommy estrena su furgoneta con 16 años y el pequeño Nicholas ha ganado el concurso de deletreo!”); la serie arrasó en España y sus protagonistas masculinos más jóvenes fueron carne de posters, carpetas y pegatinas del Superpop.
Lo mejor
Quizá lo mejor de la serie sea el recuerdo que de ella tienen los que la vieron durante su emisión en TVE. Miles de chicas y chicos estrenaron sujetadores y maquinillas de afeitar (respectiva, alternativa o indistintamente) al mismo tiempo que los vástagos Bradford. En el desierto televisivo de las dos cadenas, Con ocho basta logró que los españolitos del tigretón y la Semana Santa se identificaran sin problemas con un mundo lejano donde reinaban la mantequilla de cacahuete y el día de Acción de Gracias. Quizá era el signo de que algo empezaba a cambiar.
Lo peor
La serie ha envejecido bastante mal, hasta el punto de que es de las que menos se han repuesto en todo el mundo por falta de demanda de los espectadores, aunque un reducto de fans sigue reclamando su edición en DVD.
Trivia
Si hay una serie en la que sus protagonistas tuvieron una vida muy diferente a la que representaron en la pantalla, esa es Con ocho basta. Alcohol, drogas y otras adicciones (con muerte por sobredosis incluida de Lani O´Grady, que interpretaba a la juiciosa Mary Bradford), estrellas infantiles de carrera truncada, detenciones por distintos delitos, problemas de sobrepeso y renacimientos a través de la religión jalonaron las vidas de los actores tras abandonar la serie.
Así, Willie Aames, que hacía el papel de Tommy, pasó de la fama televisiva a una fallida carrera cinematográfica con títulos tan olvidables como Paraíso (una copia cutre de El lago azul que lanzó a Brooke Shields). Tras copar portadas por su adicción a la cocaína y sus gamberradas, Aames vio la luz, se convirtió en cristiano renacido y rodó y protagonizó vídeos y actuaciones como Bibliaman, un superhéroe religioso campeón del cristianismo. Recientemente ha aparecido en sendos realitys de la tele USA en los que viejas glorias de la pantalla compiten entre sí para perder peso.
También Adam Rich, el dulce Nicholas, llevó mal el paso a la edad adulta. Tras aparecer como estrella invitada en series como Vacaciones en el mar o Los vigilantes de la playa, su adicción a las drogas le llevó a reventar farmacias y dar con sus huesos en la cárcel, de donde le sacó su padre de ficción Dick van Patten (que sigue vivo y coleando a sus 80 tacos). En 1996 protagonizó un suceso más que curioso al fingir su propia muerte durante un supuesto atraco fallido. La historia, escrita por él mismo, se publicó con todo lujo de detalles en la revista Might para cachondearse de los obituarios que las publicaciones americanas suelen dedicar a sus estrellas.








