tvintage a 16 diciembre 2008 a las 10:24

Más allá de la osteoporosis

Estos días he visto en la tele un anuncio en el que tres señoras maduritas comentan las bondades de ciertas compresas contra la incontinencia. El anuncio en cuestión, que pretende ser natural y se queda en ordinario, me ha hecho añorar a otras cincuentonas geniales que durante siete temporadas de éxito arrollador demostraron, mucho antes que la duquesa de Alba, que hay vida –incluso sexual- más allá de la osteoporosis y las tenalady: Las chicas de oro.

La serie fue una creación de dos personajes imprescindibles en la historia de la tele: la guionista Susan Harris, que venía de triunfar con la desopilante Enredo; y el directivo de la NBC Brandon Tartikoff, un auténtico visionario que contribuyó a poner en marcha producciones míticas como Canción Triste de Hill Street, La Ley de Los Ángeles, ALF, El Show de Bill Cosby, Cheers, Miami Vice, El coche fantástico, el Equipo A o Remington Steele, entre otras, antes de morir de leucemia con sólo 48 años.

A Tartikoff, cuyo olfato legendario le hizo apostar por productos que tardaron en despegar (como Cheers), le costó convencer a sus jefes de que una serie protagonizada exclusivamente por mujeres entradas en años y en carnes podría ser un éxito. De hecho, en el episodio piloto un hombre, un gay encargado de las tareas de la casa, compartía la vida de Dorothy (Bea Arthur), Rose (Betty White) y Blanche (Rue McClanahan). El fámulo desapareció de los guiones en cuanto se vio claro el potencial de Sofía Petrillo (Estelle Getty), la madre de Dorothy.

Así que las chicas se quedaron solas: Blanche, una ex belleza sureña con alta autoestima y activa vida sexual; Rose, una ingenua de ascendencia sueca que siempre tiene a punto una anécdota sobre su pueblo natal, San Olaf, el paraíso del arenque; y la cerebral Dorothy, a la que sólo supera en mordacidad su madre, Sofía, una octogenaria que ha abandonado la residencia Prados soleados tras una trombosis que la ha inutilizado la parte del cerebro que rige las normas de urbanidad, además, tiene cierta propensión a la flatulencia y es muy aficionada a contar batallas de su juventud que siempre comienza con las palabras: “Imaginaos, Sicilia, 1940…”

Fue un acierto. Siete temporadas en antena (1985-1992) y las siete entre los diez programas más vistos; un Emmy para cada una de sus cuatro protagonistas y millones de espectadores en todo el mundo enganchados a las tertulias nocturnas de las cuatro chicas en bata alrededor de una ración de helado o de tarta de queso con muchas calorías y pocos remordimientos. Simplemente, una gozada.

Lo mejor

Ingeniosa, ágil, pegada a la realidad y valiente para abordar con humor todo tipo de conflictos -desde el travestismo del hermano de Dorothy al posible contagio de sida de Rose, pasando por las relaciones paternofiliales, el concepto de familia, la muerte de los seres queridos o el papel de los mayores en una sociedad que rinde culto a la juventud- Las chicas de oro es luminosa desde las pegadizas estrofas de su sintonía a la decoración de la casa y la ropa de las chicas. Precursora en muchos sentidos, sin estas chicas no habrían llegado otras, como la pandilla de Sexo en Nueva York (en YouTube se puede ver una descacharrante parodia de Bea Arthur haciendo el papel de una Sarah Jessica Parker septuagenaria), las Mujeres desesperadas o Las chicas Gilmore.

Lo peor

Pues sí: la secuela. Y esta vez la secuela fue un producto nacional de calidad ínfima, realizado en 1995 por TVE y llamado Juntas pero no revueltas, en el que Mónica Randall, Kiti Manver, Mercedes Sampietro y Amparo Baró compusieron una versión cañí de las chicas de Miami. Fue un rotundo fracaso que se veía venir ya desde el comunicado de prensa que definía a los personajes como: “encantadora cascarrabias”, “inteligente y solitaria”, “ingenua andaluza” y “pija catalana”… Puaaajjjj

Trivia

Bea Arthur era, y sigue siendo, una grande (en todos los sentidos) de la escena estadounidense. Antes de triunfar como Dorothy Zbornak ya había protagonizado otra serie de éxito, Maude, durante seis temporadas. En la cumbre de la fama, su decisión irrevocable de abandonar la serie provocó el fin de las Chicas de oro. Volvió a triunfar en Broadway y en Las Vegas y recientemente ha interpretado a la madre de Larry David en la quinta temporada de Curb your enthusiasm y ha participado en el roast (algo así como Esta es su vida pero con mala leche) de Pamela Anderson, en el que leyó con su peculiar estilo los pasajes más sexualmente explícitos de la autobiografía de la vigilante de la playa.
También Betty White era muy conocida por su papel en La chica de la tele, en el que interpretaba a una mujer algo ligera de cascos. Por eso intercambió con Rue McClanahan, que venía de hacer de ingenua en Maude, los papeles que se les habían asignado en principio para Las Chicas de oro. Ambas, junto a Estelle Getty, siguieron juntas en el spin off The Golden Palace, que duró solo una temporada. Después, White ha seguido trabajando como estrella invitada en decenas de series, ha puesto su voz en Los Simpson y Padre de Familia, ha tenido un papel fijo en Boston Legal y ha participado en Ugly Betty.
Rue McClanahan ha sido la que menos ha trabajado tras Las Chicas de oro. En 1997 superó un cáncer de mama y vive feliz con su sexto marido, mucho más joven que ella.
Las tres se reunieron hace unos meses para recibir un premio a Las Chicas de oro como una de las mejores series de todos los tiempos por votación popular. No pudo acompañarlas Estelle Getty, fallecida en julio pasado tras una de esas penosas enfermedades neurológicas que te borran los recuerdos. (Ahora aquí me pondría sentimental, pero seguro que Sofía Petrillo se tiraría un sonoro cuesco…)

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