25 junio 2011 a las 5:37 por rutaquetzal

En la tumba del Señor de Sipán

Con la muerte no acaba nada. Por lo menos esto era lo que se pensaba en la cultura mochica, en la que los reyes y máximas autoridades políticas y religiosas de cada región seguían viviendo aún fallecidos.

Esta élite mantenía las mismas obligaciones y privilegios hasta después de muertos, razón por la cual eran enterrados con buena parte de sus bienes y provisiones.

Este fue el caso del Señor de Sipán, el único gobernante del antiguo Perú encontrado hasta la fecha, cuyos restos se conservan en el Museo de las Tumbas Reales del Señor de Sipán, en Lambayeque.

Su tumba, descubierta en julio de 1987 por el equipo de Walter Alva, ha marcado un antes y un después en la historia al ser la primera del mundo en ser totalmente descubierta por arqueólogos.

Los saqueadores fueron los que abrieron el camino hacia uno de los hallazgos más importantes de los últimos años. Estos delincuentes comenzaron a saquear las tierras en busca de oro y dieron con una de las fosas de la tumba donde sólo había enseres de ‘poco’ valor.

Tras ello, el equipo de Alva inició las investigaciones y excavaciones y dio con el verdadero tesoro del lugar.

La tumba del Señor de Sipán escondía más de 1.110 vasijas de cerámica, 400 piezas de su ajuar personal, entre las que se encontraban orejeras, puntas de lanza, pectorales, protectores o coronas, y ocho cuerpos de sus allegados más próximos como su guardián o su mascota, enterrados junto a él en el momento de su muerte.

“El valor de lo hallado es incalculable, pero a efectos de seguro y demás estaríamos hablando de unos 15 millones de dólares”, según ha explicado el propio Walter Alva.

Hasta ahora, bajo la tumba del Señor se han hallado otros 16 enterramientos pero se espera que se descubran otros nuevos en los próximos años. “Se encontrarán tumbas más ricas. Todavía no sabemos lo que queda en los yacimientos”, tal y como asegura el arqueólogo.

23 junio 2011 a las 5:28 por rutaquetzal

“Este es nuestro verano”

Ni las incomodidades de un campamento itinerante, ni las duras condiciones ni el ritmo trepidante de una ruta que no para ni un segundo consiguen frenar a los ‘ruteros’, más incansables que nunca.

No llevan ni diez días en el campamento pero ya todos se sienten como una gran familia. Agrupados en las tiendas de campaña en tríos, los lazos y las amistades cada vez se hacen más fuertes.

“Nos queremos, ahora todos somos como una familia” asegura Mathieu, estudiante procedente de Austria.

“Dentro de los grupos, se forman subgrupos pero, en general, el ambiente es bueno, hay mucho espíritu de compartir, somos todos una piña” tal y como señala Joaquín, que espera con ansia iniciar la aventura por la selva amazónica prevista para dentro de un par de días.

Otros como Wesley desarrollan curiosas iniciativas como la llamada “la botella de los deseos”. La mayoría de chavales de los grupos 10 y 2 del campamento han participado en este baúl de los sueños ideado por este estudiante puertorriqueño en el que cada uno debía escribir lo que espera de esta aventura para posteriormente quedar para siempre en el fondo del Pacífico.

Pero la experiencia es única de principio y fin y, como tal, los ‘ruteros’ quieren disfrutar cada minuto como si fuera el último. “Estoy disfrutando de la ruta a tope, de los compañeros, de las visitas, de las conferencias, de los talleres…” en palabras del expedicionario riojano Miguel García.

Un visión no solo compartida por los ‘ruteros’ ya que el grueso de monitores asegura que todos y cada uno de los integrantes de la expedición de este año son únicos e irrepetibles. “Los chicos son un encanto, algunos dan más la lata, pero todos son fabulosos”, según cuentan Javier y Juancho.

En lo que sí coincide cualquier miembro de la Ruta es que esta experiencia debe ser lo más enriquecedora posible tanto para expedicionarios como monitores. “Espero que se lo pasen bien porque no deja de ser su verano pero también espero pasármelo bien yo, aprender mucho y ver cosas que nunca jamás he visto hasta ahora”, según Juancho, convencido de que lo mejor de la expedición está aún por llegar…

17 junio 2011 a las 10:55 por rutaquetzal

El desierto nos abre camino hasta el Amazonas

Con los nervios propios de un gran viaje afronto el reto de embarcarme en la Ruta Quetzal BBVA 2011. Un año más comienza la aventura, un año más arranca una nueva expedición que, esta vez,  se traslada a Perú para explorar rincones nunca vistos. 

Con el objetivo de descubrir el legado dejado por el que fuera obispo de Trujillo, Baltasar Jaime Martínez Compañón (Navarra, 1735 – Bogotá, 1797), recorreremos los enclaves más espectaculares del país, primero, por el desierto y, después, por la zona amazónica.

Junto a más de 220 jóvenes expedicionarios procedentes de 53 países, nos adentraremos en un mundo casi desconocido que seguro nos deparará sorpresas y experiencias increíbles.

Pero empecemos por el principio. Comenzaremos la aventura en Lima capital. Desde allí, pondremos rumbo hasta la costa donde aprenderemos los orígenes y evolución de la cultura Moche, desarrollada entre los siglos I y IX d.C., visitando, entre otros lugares, Huanchaco, Trujillo o Lambayeque.

En esta primera etapa, contemplaremos las edificaciones y los complejos arqueológicos más singulares e importantes de la cultura mochica. Huaca El Brujo, Huaca Cao Viejo o las tumbas reales del señor de Sipán, consideradas como uno de los descubrimientos más relevantes del siglo XX, serán algunas de las paradas obligadas.

Ya en la segunda parte del viaje daremos un salto cualitativo y nos adentraremos en la sierra norte de Perú. Allí, aprenderemos la cultura Chachapoyas, desarrollada como una “civilización perdida” entre los altos bosques del Amazonas y los profundos cañones que abren paso hasta las tierras cercanas de los ríos Marañón y Huallaga.

En los alrededores de Cocachimba, descubriremos uno de los grandes atractivos de la zona amazónica: la catarata de Gocta, considerada la cuarta más alta del mundo con sus impresionantes 771 metros de caída libre.

Además, visitaremos otros espectaculares enclaves como la ciudad de Kuélap, ubicada a más de 3.000 metros de altura y escondida detrás de una muralla de hasta 20 metros de alto, 580 de largo y 110 de lado.

El punto final de la expedición por territorio peruano se escribirá de nuevo en Lima, desde donde partiremos de regreso a casa tras haber compartido quince días de experiencias inolvidables.

Empezamos la aventura…