2 julio 2010 a las 6:00 por rutaquetzal

Guardianas de la cultura

Escaparse de la agenda oficial para descubrir un auténtico mercado mexicano es un placer pero si la escapada va acompañada de Andrés Ciudad es un doble placer. Ciudad, subdirector de la Ruta Quetzal BBVA, es un profundo conocedor de la cultura mexicana y un especialista en la civilización maya que, en España, comparte sus conocimientos como profesor en la Universidad Complutense. Hablar con él es acercarse al punto de vista más histórico de una de las civilizaciones más poderosas de Latinoamérica pero también es descubrir al maya actual. “El hombre y la mujer maya son actuales y no dejan de ser mayas por adaptarse”, resume Ciudad mientras recorremos el colorido mercado donde encontramos el picante chile habanero, yuca, rábanos o pobres escarabajos vivos recubiertos de oro.

Aún con las ruinas de Uxmal o Edzná en la cabeza, abandonamos la idea de una civilización del pasado que logró prosperar en medio de la selva para pegarnos a la realidad actual de una cultura que vivió su esplendor antes de la llegada de los conquistadores españoles. La maya fue una civilización agrícola y se refleja en su incorporación a la sociedad mexicana. Un mercado mexicano es un mercado de la tierra donde ahora las mujeres mayas venden los productos que cultivan. Chile habanero, maíz, calabaza, frijol… En el mercado Lucas de Gálvez conocemos el auténtico maya actual: la mujer. El hombre no ha perdido su identidad pero “ha evitado ser indio” para esquivar el conflicto y la discriminación, según Andrés Ciudad, y eso le ha llevado a perder elementos tan significativos como el atuendo tradicional.

En un mundo global y no tan global, ha pesado siempre que ser indígena creaba muchos conflictos. “Abusaban de él, le pagaban menos y ocultando su identidad pensaba que podía resolver mejor sus problemas”, resume Andrés Ciudad antes de conversar con una mujer maya que ofrece sus productos y cuenta que ‘Guadalupe’ es la telenovela que más sigue. “A la mujer no le ha tocado del todo ese papel porque ha sido un agente interno, más pegada a su casa, a su jardín casero” que, por ello, ha conseguido preservar las tradiciones y ahora es la transmisora del mundo maya.

Ellas ahora tienen una mayor capacidad de apertura. La mujer maya se está incorporando al cambio que ya sufrió el hombre hace años”, cuenta Ciudad antes de reflexionar cómo son las ancianas o mujeres de más edad quienes siguen pegadas a sus raíces. “Las jóvenes estudian en institutos y eso significa, que salvo aquellas que son más reivindicativas, pierden el traje, intentan no hablar maya aunque luego en su casa lo hablen. Intentan no destacar en la sociedad que les ha tocado vivir”, resume antes de reflexionar que “el maya no deja de ser maya por adaptarse a la situación”.

La apertura de la mujer depende de los entornos rurales en los que les ha tocado vivir en la zona maya de México, Bélice o Yucatán. El proceso de integración ha caminado lento por la orografía de la zona, una península donde la selva domina todo y las comunicaciones se antojan difíciles. Quizás es el motivo que ha permitido a los mayas mantener elementos de cultura que han perdurado durante siglos y que ahora descubrimos en este mercado de Mérida, la ciudad fundada por Francisco de Montejo ‘El Mozo’ en 1542. Tras ver la casa donde vivió ‘El Mozo’, enfrento en mi cabeza la horrible estampa de este conquistador pisando cabezas mayas con la de las actuales “guardianas de la cultura”.

1 julio 2010 a las 6:27 por rutaquetzal

El cielo no existe para los mayas

El cielo maya está reservado para dioses. Sí. Las deidades disponen de plenos derechos allá arriba mientras que los mortales se tienen que conformar con el ‘Xibalbá’, el inframundo. No es malo ni bueno. Según te portas en la vida, el ‘Xibalbá’ te trata bien o mal.

“Nosotros nunca vamos a estar con las deidades” bromea Lirio Suárez. Con sangre española, italiana y un perfil indio que desvela la fuerza de la genética maya, esta mujer es la delegada del Instituto Nacional del Antropología e Historia del Gobierno mexicano y, mientras habla de dioses mayas, nos guía por Edzná y Uxmal, dos de las ciudades mesoamericanas más importantes de la Península de Yucatán.

Entrar en Edzná es darse de bruces con los ritos y las tradiciones mayas. Comenzó a poblarse hacia el 600 a. C. y fue abandonada hacia el 1450 d. C, poco antes de la llegada de los conquistadores españoles. Hasta llegar a Edzná hay que abrirse paso en la frondosa selva tropical hasta un pequeño túnel que obliga casi a arrodillarse para entrar haciendo reverencia. Su arquitectura es producto de la mezcla. Muy parecida a la del Petén guatemalteco, recoge la impronta de cada pueblo maya, lugar de paso e importante capital comercial comercial de la zona. “Edzná era el lugar por donde todos tenían que pasar antes de irse a otras ciudades. Es un museo“, cuenta Suárez.


La plaza de los cuchillos, lugar de sacrificios, recibe al visitante antes de adentrarse en la Gran Acrópolis para disfrutar de la majestuosidad de la ‘Casa de los cinco pisos‘. Vuelvo con la imaginación a los años en que Edzná fue habitada para ver a los guerreros sacrificando doncellas frente al túnel que purifica al visitante mientras los 270 chavales de la Ruta Quetzal BBVA cantan y se hacen fotos en medio de la selva mexicana. Edzná pudo tener unos 20 o 25 mil habitantes. Ninguna otra civilización logró desarrollar urbes tan avanzadas ni tan pobladas en un clima tropical como los mayas. Fueron astrónomos, matemáticos y arquitectos que lograron desafiar a la selva y construir grandes ciudades como Edzná y Uxmal.

Si Edzná es una urbe sagrada donde cada piedra fue testigo de los rituales y tradiciones de este pueblo, Uxmal nace de la tierra para levantarse sobre la selva y convocar a los dioses. Llegamos a ella con 30 grados y el sol parece que no dará tregua. Sin embargo, parece que no contábamos con el permiso de ‘Chac’, dios maya de la lluvia y de suprema importancia en esta zona por las sequías que provoca la piedra caliza al no retener la abundante agua de lluvia. Mientras escalábamos por las grandes pirámides, los rayos dieron aviso del chaparrón que nos obligaría a abandonar las ruinas. La magia de estas rocas va mucho más allá de las sensaciones. Según los libros de las profecías mayas, Uxmal será el escenario del juicio final.

Es ahí donde Lirio cuenta que cielo, tierra e infierno están en el mismo plano y el árbol sagrado. Con sus raíces profundas es el que llega hasta el inframundo, el ‘Xibalbá‘. Sus ramas son tan altas que también alcanzan el cielo. Según la profecía maya en el segundo solsticio de 2012 llegará el final de esta era. Sin embargo, los mayas no tendrán un hueco en el cielo porque sólo existe para sus dioses.