27 junio 2011 a las 2:09 por rutaquetzal

Los héroes de Kuélap

Cuando todavía no han salido ni los primeros rayos del sol, los más de 250 ‘ruteros’ se ponen en marcha al son de Jesús Luna, jefe de campamento, que les da los buenos días megáfono en mano por décima vez consecutiva en esta Ruta Quetzal 2011.

Un nuevo día comienza y el reto no es apto para todos: subir desde la localidad de Tingo hasta Kuélap, una ciudadella fortificada a más de 3.000 metros de altura.

Con los ánimos más subidos que nunca, los ‘ruteros’ comienzan a desmontar el campamento antes de iniciar la gran marcha. Tras desayunar, todos los expedicionarios empiezan la gran ascensión que culminará después de más de cinco horas.

Los primeros pasos eran relativamente fáciles, con subidas y bajadas más o menos pronunciadas, pero a medida que se ascendía, las fuerzas de alguno empezaban a flaquear. Por el camino se quedaron unos cuantos, mientras el resto seguía con la marcha que cada vez se hacía más y más complicada.

Con rampas casi imposible, con piedras traicioneras pero con las ganas de subir a lo más alto, los expedicionarios, mochila y cantimplora a mano, continuaban paso a paso.

Mientras, en Kuélap, el resto de organización y parte de la prensa esperaba a los valientes que se atrevieron a ‘escalar’ la escarpada montaña.

Los primeros empezaron a llegar con cuentagotas. Las caras reflejaban el cansancio de cinco horas ininterrumpidas de dura caminata. Sin embargo, el esfuerzo mereció la pena. La recompensa tenía forma de ciudadella con interminables murallas que escondían parte de la cultura chachapoyas.

Tras descansar unas horas y cuando la noche empezaba a caer, la prioridad era montar, una vez más, el campamento. Las tiendas de campaña pronto tiñeron de azul el césped que rodeaba la fortificación.

Únicamente con la luz de las linternas, los ‘ruteros’ hacían cola para recibir la cena. Después, con el estómago lleno y con la luz de la luna y las estrellas, Javier Armendia, intentó dar una clase magistral de astronomía aunque las nubes obligaron a adelantar la hora del sueño…

25 junio 2011 a las 5:37 por rutaquetzal

En la tumba del Señor de Sipán

Con la muerte no acaba nada. Por lo menos esto era lo que se pensaba en la cultura mochica, en la que los reyes y máximas autoridades políticas y religiosas de cada región seguían viviendo aún fallecidos.

Esta élite mantenía las mismas obligaciones y privilegios hasta después de muertos, razón por la cual eran enterrados con buena parte de sus bienes y provisiones.

Este fue el caso del Señor de Sipán, el único gobernante del antiguo Perú encontrado hasta la fecha, cuyos restos se conservan en el Museo de las Tumbas Reales del Señor de Sipán, en Lambayeque.

Su tumba, descubierta en julio de 1987 por el equipo de Walter Alva, ha marcado un antes y un después en la historia al ser la primera del mundo en ser totalmente descubierta por arqueólogos.

Los saqueadores fueron los que abrieron el camino hacia uno de los hallazgos más importantes de los últimos años. Estos delincuentes comenzaron a saquear las tierras en busca de oro y dieron con una de las fosas de la tumba donde sólo había enseres de ‘poco’ valor.

Tras ello, el equipo de Alva inició las investigaciones y excavaciones y dio con el verdadero tesoro del lugar.

La tumba del Señor de Sipán escondía más de 1.110 vasijas de cerámica, 400 piezas de su ajuar personal, entre las que se encontraban orejeras, puntas de lanza, pectorales, protectores o coronas, y ocho cuerpos de sus allegados más próximos como su guardián o su mascota, enterrados junto a él en el momento de su muerte.

“El valor de lo hallado es incalculable, pero a efectos de seguro y demás estaríamos hablando de unos 15 millones de dólares”, según ha explicado el propio Walter Alva.

Hasta ahora, bajo la tumba del Señor se han hallado otros 16 enterramientos pero se espera que se descubran otros nuevos en los próximos años. “Se encontrarán tumbas más ricas. Todavía no sabemos lo que queda en los yacimientos”, tal y como asegura el arqueólogo.

24 junio 2011 a las 7:12 por rutaquetzal

Mimetizados

Después de dos días por Huanchaco, nos trasladamos de hogar. Lambayeque es ahora nuestro nuevo lugar de aventuras.

En el recinto del impresionante Museo de las Tumbas Reales del Señor Sipán ha quedado instalado el campamento de los expedicionarios que agradecen olvidarse de la incómoda arena de playa que les ha acompañado en los últimos días.

Nada más oír el grito de sus respectivos monitores, cada grupo se pone en marcha. Hoy, toca talleres y clases prácticas de las técnicas propias de las antiguas culturas peruanas.

Con arcilla para realizar máscaras con moldes, con planos y papel milimetrado para hacer dibujos arqueológicos, y con palas y cubos para realizar excavaciones, los ‘ruteros’ se han acercado más a culturas como Moche, Sipán o Lambayeque.

“Estoy tratando de potenciar y formar a nuevos jóvenes ceramistas”, asegura confiado el maestro experto en la fabricación de máscaras y manipulado de arcilla que ha animado a los jóvenes a realizar sus propias creaciones.

Mientras, otros han conocido de cerca el proceso de cualquier hallazgo arqueológico: primero se excava, luego se traza el dibujo arqueológico y, más tarde, se analiza y se hace un inventario de todos los objetos y piezas encontradas.

Nuevas lecciones para unos ‘ruteros’ que han vuelto al presente con algo que esperaban desde hace días: simplemente jabón y agua para hacer la ansiada colada.