Me hubiera gustado contaros ayer lo que vivimos en Copenhague, pero teníamos tanto trabajo que no tuve ni un minuto para escribir. Cuando los del COI tumbaron a Chicago y a Tokyo hubo un enorme estallido de alegría en la delegación española. El día anterior -lo conté en el blog- no había demasiadas esperanzas. Pero al pasar a la final las ilusiones se dispararon.
Los expertos en la cosa olímpica sostenían que si se producía una final entre Madrid y Río los miembros del COI, muy conservadores, apostarían por la capital de España porque era una candidatura más segura, con casi todo construido en tiempos de crisis, de ahí la euforia al pasar a la votación final. Pero no fue así.
La alegría y la tristeza son dos sentimientos muy contagiosos. Y de los dos nos contagiamos todos los españoles que estábamos en Copenhague, hasta los que como yo (confieso) llegamos sin mucho entusiasmo olímpico. Cuando se supo que los Juegos serían para Río de Janeiro se nos quedó a todos una cara… Al que más al alcalde Gallardón, que pierde por segunda vez y que, salvo que se eternice en el cargo, no lo podrá volver a intentar. Vimos casi lágrimas en los ojos de Esperanza Aguirre, el rostro apenado de la Reina, la cara de triste del Presidente Zapatero, la decepción absoluta en Raúl o Arantxa Sánchez Vicario y, sobre todo, el sofoco de Mónica Figar Coghen, la niña que participó en la presentación y que no podía con el disgusto.
Pero como la felicidad va por barrios, fue genial presenciar la celebración basileña. Lula da Silva no paró de llorar de felicidad, Pelé se paseaba con lágrimas en los ojos y los miembros de la delegación de Brasil se marcaron una divertidísima samba a la salida de la votación. Eso también fue contagioso. La celebración ha seguido hasta bien entrada la madrugada en un hotel de Copenhague, apoyada por algunos españoles. Cuando se trata de celebrar no somos un pueblo rencoroso.
La delegación española de Madrid 2016 ya está casa. Más de la mitad del pasaje del avión en el que yo viajaba había participado de alguna manera en el evento olímpico y volvía con la resignación a cuestas. Desde los cocineros del restaurante que sirvió las comidas en el cuartel general de Madrid hasta familiares de los jefes de la delegación. Cuando nos hemos bajado del avión, en la T4 aún quedaban por allí algunos de los que acababan de llegar en el avión oficial de la candidatura. Juan Antonio Villanueva, director de comunicación de Madrid 2016 y un querido ex-compañero de Telecinco, ya parecía haber digerido el gran disgusto que se llevó ayer.
Y yo, tras catorce días seguidos persiguiendo al Presidente por Nueva York, Pittsburgh, Londres y Copenhague, hoy por fin duermo en casa. Ha sido un viaje durísimo, de muchísimo trabajo, madrugones, jet lag, aeropuertos, aduanas, pesadísimas maletas, reclamaciones a las compañías aéreas, la ONU, el G-20, Obama y las hijas de Zapatero… Tan agotador que apenas he tenido tiempo de escribir en el blog. Si he sobrevivido ha sido gracias al fantástico trabajo y al buen rollo del equipo que me acompañaba: Carmen de las Muelas (cámara) y Victor Moro (producción) dos grandes profesionales que lo han dado todo, como siempre. Yo les doy las gracias y me voy a dormir que añoro mucho mi cama.
















