La de anoche es una de las pocas alegrías que la actualidad ha dado al presidente Zapatero últimamente. Una alegría inmensa que vale por muchas y que es para todos, la del anuncio del “cese definitivo” de ETA. Justo a un mes de las elecciones que darán entrada a un nuevo gobierno.
Este presidente y los anteriores de la democracia han estado en muchas capillas ardientes, han abrazado a muchos familiares de víctimas, han visto morir a muchos compañeros de partido. Aún recuerdo la triste imagen de Zapatero llegando a Mondragón tras el asesinato de Isaías Carrasco al final de la campaña electoral de 2008. “La nuestra será una democracia sin terrorismo pero no una democracia sin memoria. La memoria de las víctimas, de cada una de las 829 víctimas mortales y sus familias”, decía anoche en el Palacio de La Moncloa.
Zapatero ha sido el presidente que ha podido pronunciar la frase que todos los anteriores han soñado: “el Estado de derecho, que hoy, definitivamente y sin condiciones, triunfa como único modelo posible de convivencia”. Un triunfo de la democracia fruto de largos años de trabajo, los ocho últimos y determinantes los de su presidencia. Asumía Zapatero que, esta vez sí, es irreversible: “definitivamente” afirmaba rotundo, aun consicente de que faltan pasos por dar.
Pero esos pasos los darán otros: “al Gobierno y al Parlamento que resulten de las próximas elecciones generales les corresponderá conducir esta nueva etapa”. Aunque este gobierno tiene aún un pequeño margen para realizar, por ejemplo, un acercamiento de presos de la banda terrorista a Euskadi. Veremos si está dispuesto a hacerlo.
En todo caso, su discurso de anoche queda para la historia.
A mí me alegra enormemente que uno de los útlimos post de este blog sea para decir: “agur ETA”.














