El ya presidente en funciones cree que la derrota de su partido era prácticamente inevitable: “los españoles saben que teníamos todo el viento en contra”. Con los ojos rojos e hinchados, como si no hubiera dormido un solo minuto tras conocer ese abrumador PP 186 – PSOE 110, Zapatero recordaba en Ferraz sus palabras tras anunciar los duros ajustes de mayo: “me cueste lo que me cueste”. Y le han costado, asume, que el PSOE obtenga el peor resultado de su historia.
Comienza de nuevo la sucesión, interrumpida por las no-primaras que se celebraron sin celebrarse tras las municipales y autonómicas de mayo. Zapatero busca, esta vez sí, una sucesión ordenada mediante el mismo procedimiento por el que fue designado él: un Congreso Ordinario del PSOE que se celebrará en febrero “con toda libertad”. A ese Congreso, como ocurrió en 2000, es previsible que se presenten varios candidatos.
Rubalcaba no ha comunicado oficialmente si dará o no un paso adelante. Pero su frase ante la Ejecutiva “tenemos un proyecto sólido para la oposición”, inclina pensar que sí. Sus colaboradores esperan que despeje dudas antes del Comité Federal del sábado. Chacón hoy ha preferido hablar solo de que es tiempo de que el PSOE realice una “reflexión profunda” tras la severa derrota. Durante la campaña la hemos visto con ganas de dar la batalla aunque sus resultados en Cataluña no han sido tampoco para tirar cohetes.
“Mi mayor deseo es que las cosas vayan bien para España”, decía el presidente en funciones que asegura que realizará un traspaso de poderes sin poner ningún problema. Fiel a su carácter hasta el final Zapatero asimila la derrota con humildad: “los ciudadanos en democracia siempre tienen razón, siempre aciertan”













