19 mayo 2011 a las 9:59 por Fernando

Ajloun: un castillo para controlar Jordania

Fernando Morales.

Restos de una de la torre del castillo de Ajloun. Foto: Fernando Morales.

Entre un mar de olivos que se asemeja a la provincia de Jaén se encuentra la fortaleza de Ajloun. Situado a 45 kilómetros de Palestina, de los campos de Gaza y a menos de 50 kilómetros al norte de la capital jordana, Amán. Tiene una panorámica de la zona hasta donde se pierde la vista, lo que sirve para comprender la importancia estratégica de esta ciudad desde hace más de 1.000 años.

F.M.

Las vistas desde lo alto del castillo bien merecen la visita. Foto: F.M.

Desde la parte más alta del castillo, Qalaat Al Rabadh, puede verse el valle del Jordán, Palestina, Irak y una gran parte de los valles del norte de Jordania. El castillo, pequeño, coqueto, con aspecto de falsa fragilidad, es un claro ejemplo de arquitectura islámica. Era la gran defensa para mantener la comunicación entre el norte y el sur de Jordania. Fue construido por un sobrino de Saladino para dominar todo el valle y las minas de hierro que existían en la localidad.

Además de varias reconstrucciones y destrozos del castillo a lo largo de los siglos, dos grandes terremotos, en 1837 y en 1927 hicieron mucho daño a la fortaleza. En la actualidad está inmerso en proceso de restauración.

El resto de la ciudad no tiene ningún interés. Aljoun destaca además de por su castillo, por el aceite de oliva que hace que su nombre sea reconocido en todo el mundo árabe.

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9 abril 2011 a las 0:35 por Fernando

La capital del mundo nazi: Germania

Adolf Hitler y sus secuaces hicieron mucho daño al mundo. Su megalomanía, sus políticas raciales que provocaron el exterminio de millones de personas y sus ansias expansionistas causantes de una guerra mundial devastadora para toda Europa, marcaron el devenir de la historia durante dos larguísimas décadas.

Tenían una visión trastornada de la vida. En el arte eran iguales. Grandilocuentes, se creían herederos de las tradiciones clásicas de Grecia y Roma, pasadas por el tamiz del esoterismo y una amalgama de referencias célticas, germánicas…muy del gusto de los que se creen elegidos para guiar la vida de los demás.

Dentro de las artes nazis, la arquitectura tenía un rango superior. Gracias a la relación cercanísima del arquitecto Albert Speer con Adolf Hitler, las políticas urbanísticas fueron muy importantes durante el régimen nacionalsocialista.

Una foto de archivo con Adolf Hitler, Willy Liebel (alcalde de Berlín) y Albert Speer

Una foto de archivo con Adolf Hitler, Willy Liebel (alcalde de Berlín) y Albert Speer

Esta locura se llamaba GERMANIA. Una nueva ciudad que Speer había diseñado junto al Furher.

Inmensos edificios neoclásicos para que Berlín fuera la envidia del mundo una vez que hubieran conquistado el mundo. Uno de esos edificios se llamaba Gran Palacio. Podía acoger hasta 180.000 personas sentadas y disponía de una cúpula 16 veces más grandes que la de la Basílica de San Pablo del Vaticano.

Una imagen que refleja la maqueta del Gran Auditorio proyectado.

Una imagen que refleja la maqueta del Gran Auditorio proyectado.

Para construir esta megalópolis no había que reparar en ningún coste. Además de las miles de vidas de judíos que trabajarían como esclavos en las canteras y minas para conseguir material para su construcción; Hitler había planeado desalojar a unos 200.000 berlineses para que su proyecto se llevara a cabo.

Afortunadamente, la entrada en la Guerra de Gran Bretaña acabó con este loco sueño. El material era imprescindible para la defensa civil y militar del Reich. No le sirvió para ganar la guerra.

19 octubre 2010 a las 12:03 por Fernando

El Mausoleo de Ho Chi Minh, ¿una visita obligada?

El culto a la personalidad no entiende de ideologías. Eso sí, desde las dictaduras comunistas siempre se ha empujado mucho. A falta de religión, nunca vino mal el aumento de estatus del líder a categoría de semidios. Y más si está muerto. Y sí ya muere joven como le pasó al Che o a José Antonio Primo de Rivera el culto se multiplica exponencialmente.

Vietnam es uno de esos sitios. En Cuba, ese culto a Fidel se mantiene sin fisuras “oficiales”. En Rusia, los gobiernos de Putin y su sucesor están empeñados en recuperar la figura de Stalin, no tanto la de Lenin, como el gran hacedor de la Gran Rusia de la época de la Guerra Fría del siglo pasado.

El mausoleo de Ho Chi Minh, en Hanoi, la capital de Vietnam, cumple con una gran tradición comunista que iniciaron Lenin y Stalin en la Unión Soviética y continúo Mao en China. Ho Chi Minh, padre fundador del Vietnam moderno, falleció en 1969 sin ver finalizada la guerra con el Sur y los EEUU.

Fernando Morales

El mausoleo de Ho Chi Minh en Hanoi. Foto: Fernando Morales

Es el amado líder y la visita de su mausoleo ayuda para observar de cerca la sociedad vietnamita. Es un foco de peregrinación con una mezcla entre secular y espiritual muy parecida a las romerías veraniegas o las visitas a las salas de trofeo de los clubes de fútbol.

Tanto vietnamitas como extranjeros tienen que aguantar larguísimas colas para entrar al mausoleo. Todos juntos. Y guardar sus respetos a Ho Chi Minh, los primeros; o satisfacer la curiosidad turística-histórica de ver un cuerpo embalsamado los segundos.

Es imposible entrar con pantalones cortos y sin mangas. Es una falta de respeto. Si cometes el error de ir hasta allí de esa guisa, los funcionarios que gestionan el mausoleo te dejan una ropa que huele muy bien y está como nueva para que puedas ver a Ho. Si pasas ese filtro, uno más, prohibido entrar con gorra y con las manos en los bolsillos…

Una vez dentro, no dejan tomar fotos, y de ello se encargan unos soldados muy bien vestidos colocados cada cinco metros en el camino hasta llegar a la cripta donde descansa un Ho Chi Minh con pelos largos que, y que me perdonen los vietnamitas, se parece mucho a las imágenes de Fumanchú del cine.

Estos soldados son muy educados. No hablan y tampoco te dejan hablar a ti. Sí por un pequeño error te sales de una línea amarilla que hay que seguir obligatoriamente, te ayudan (empujan) amigablemente con sus guantes blancos para que vuelvas a tu sitio. Enriquecedor.

Si a pesar de todo esto quieres ir, vigila que no estés en Hanoi justo en los tres meses al año en que se llevan la momia a Rusia para trabajos de mantenimiento. Por cierto, aunque no los lo creáis, la entrada es gratuita.