29 mayo 2011 a las 0:28 por Fernando

La Boca, república independiente

Quien vaya alguna vez a Argentina no puede dejar de pasar por Buenos Aires. Y quien esté en la capital, no debería perderse la oportunidad de disfrutar de La Boca. Un barrio canalla. Despierto, siempre animado, más allá de la postal de las calles principales del barrio más colorido de América del Sur. Unas calles que huelen a fútbol y a emigración. A mar y a cantinas. A bares y a pizza.

Un detalle de un parque de juego en el barrio bonaerense de la Boca.

Un detalle de un parque de juego en el barrio bonaerense de la Boca.

El origen de La Boca, es el origen de Buenos Aires. Allí fue donde atracó Pedro de Mendoza en 1536, y donde colocó el primer fuerte adelantado en la conquista de esas tierras por donde se extendía mar adentro el río de la Plata. Como era una zona pantanosa se abandonó y Juan de Garay fundó la Ciudad de los Buenos Aires unos años después (1580). Aún así, como era una parte protegida, allí se estableció el puerto de la ciudad.

Su desarrollo y el aspecto como el que se conoce ahora se produjo en el siglo XIX cuando la llegada de barcos con la inmigración procedente de Europa (italiana y de Europa del Este primero; española ya más avanzado el siglo XX). Se llenó de profesiones relacionadas con la mar, tanto en su faceta legal (astilleros, almacenes, saladeros) como en la otra: prostíbulos y bandidaje.

Los inmigrantes se instalaban allí porque era sencillo encontrar un ‘laburo’.  Como cuenta la oficina de Turismo bonaerense, “construían sus casas de madera y chapa, sobre pilotes, para hacer frente a las crecidas del Riachuelo, y pedían los sobrantes de pinturas en los astilleros para colorear las paredes”.

Y con ellos, los bohemios, los artistas: músicos, cantantes y pintores.

La Boca de Buenos Aires

Detalle de las típicas casas de colores de La Boca

Ahora, ese mismo color, generado por la necesidad, se ha trasformado en reclamo turístico. Las calles, como si de un decorado temático se tratase, corre el riesgo de convertirse en una caricatura de si mismo: todo es venta, comercio, y tienda. Da la sensación de ser un pueblo de cartón piedra puesto ahí para la llegada de los turistas con las tiendas que venden de todo, hasta camisetas del archienemigo River Plate.

No es así. Cuando vayan, no se queden solo con la pátina que parece que cubre el barrio. Callejeen. Salgan de la Plazoleta de los Suspiros y adéntrense en sus calles con nombre de aventureros y padres del continente (Magallanes, Américo Vespucio…); o bien por la calle Caminito o hasta que se encuentren con el homenaje de este barrio al pintor que supo captar su espíritu, rudo, portuario y colorista: Benito Quinquela Martín.

22 marzo 2011 a las 13:13 por Fernando

Habla la calle

En alguna otra ocasión ya os he mostrado imágenes que he captado por la calle de pintadas. Algunas reivindicativas; otras amorosas, y alguna muy divertida. En esta ocasión recupero una imagen de Buenos Aires.

Mensaje de la calle a la banca en Buenos Aires. Foto: Fernando Morales

Mensaje de la calle a la banca en Buenos Aires. Foto: Fernando Morales

Creo que no hace falta decir nada más.

30 diciembre 2009 a las 10:26 por Fernando

Península Valdés, el paraíso terrenal para las ballenas francas

Fernando Morales.

Detalle de la cabeza de una ballena franca. Foto: Fernando Morales.

Un año más arranca la vigilia en espera de las ballenas francas a las playas argentinas. La Península Valdés, en la costa centro sur del país es el lugar que eligen los cetáceos para iniciar el periodo de apareamiento.

Ballenas francas, los pingüinos de Magallanes y lobos y elefantes marinos son los principales atractivos turísticos de la Península Valdés. En 1999 fue declarada “Patrimonio Mundial de la Humanidad” por la Unesco.

Fernando Morales

Un pequeño barco para hacer grandes fotos en la Península Valdés. Foto: Fernando Morales

Para poder ver estas ballenas tan especiales desde el mar hay que alquilar una embarcación en Puerto Pirámides. Hay varias empresas, todas buenas, pero mi recomendación es que sea un barco de no más de 20 personas. De no ser así, será complicado observar a las ballenas que pasan por debajo tuya. Una sensación que te empequeñece al ver el tamaño de esos gigantes del mar en busca de pareja.

Fernando Morales.

Otro detalle de las ballenas francas. Foto: Fernando Morales.

A un metro de ti, observas como las ballenas golpean el mar con su cola. Ves como se comportan. Escuchas sus soplidos y detalles de su cuerpo a simple vista. Las ballenas están a lo suyo, alguna interactúa y parece que estuviera jugando contigo. Lo hacen. Es algo espontáneo y hay que ser muy respetuoso con ellas. De eso se encargan los dueños del barco en el que hagas tu excursión.

F.M.

El agua cristalina permite ver como las ballenas pasan por debajo tuya. Foto: F.M.

La llegada de turistas está controlada porque en esta época del año todo el mundo quiere estar allí. Quién quiera seguirlo puede hacerlo a través de Internet. En la página web de la provincia de Chubut.

F.M.

El ruido de la cola de una ballena golpea contra el silencio del mar. Foto: F.M.