La niña llevaba todo el dÃa rodando por la ciudad. Iba en el cochecito, pero ya no atraÃa nada su curiosidad. Su cara lo decÃa todo: estaba cansada. Lo único que la mantenÃa unida al mundo era su rosita amarilla. La agarraba con fuerza. Una señora se la habÃa regalado y le habÃa dicho que aunque no supiera leer, sà podrÃa disfrutar de aquella rosa de pitiminÃ. Ya sabéis que ayer fue Sant Jordi: el dÃa de los libros y las rosas.
El 23 de Abril es un dÃa especialmente bonito en Barcelona.
Desde hacÃa muchos años soñaba con recorrer mi ciudad en bicicleta un dÃa de San Jordi, pasearme con tranquilidad entre libros y rosas repartidos por todos los rincones y las esquinas. Ayer cumplà ese sueño.
Me equipé y hasta me compré un casco nuevo. Lo compré verde, como mis queridas VÃas Verdes y le pedà prestada su bicicleta a mi cuñado Paco. Jamás pensé que serÃa tan difÃcil moverse por la ciudad entre tantas miles de personas haciendo lo mismo. Jamás creà que ni siquiera una bicicleta podrÃa sentirse libre en un dÃa como ayer. Fue bonito pero también agobiante. Dicen que ayer Viernes, en Barcelona, se vendieron 5 millones de rosas. Me lo creo. SerÃa extraordinario que se vendieran también 5 millones de libros, que se leyeran e incluso, puestos a soñar, que hicieran gozar a dos o tres lectores por libro; eso sà serÃa una felicidad.
Ayer en Barcelona, a pesar de la crisis, se inauguró una nueva librerÃa. Ayer, en el local donde hasta hace unos meses habÃa un sex shop, un grupo de personas unimos nuestras fuerzas para convertir esas paredes cargadas de erotismo en estanterÃas llenas de aventuras. Ayer nació en la Calle Buenos Aires número 6, un negocio de riesgo del que os contaré más cosas otro dÃa. Desde ayer soy socia de una librerÃa y eso tenÃa que compartirlo con todos vosotros.


















