19 abril 2011 a las 18:09 por Mercedes

Lo que amo y lo que odio

Llegados a este punto de la vida, me paro dos minutos y aprovecho un cumpleaños especial. Cuando se cumplen 60 años se tiene ya una idea aproximada de lo que uno ama y lo que odia. Todo dicho con cierta ironía pero con bastante sinceridad.

El 5 de Abril cumplí 60 años; tuve esa suerte.

Esta foto que cuelgo hoy en este post tras tantos días sin dar señales de vida, es muy significativa para mí. La foto está hecha una mañana que había soñado que llegara, durante casi dos años. Cuando me rompí la rodilla temí que nunca más volvería a esquiar. Me propuse conseguirlo antes de tener 60 años; de hecho me propuse cumplirlos sobre unos esquís.

Mi cara expresa toda la felicidad que el pasado 5 de Abril tenía cuando mis amigos me regalaron esta camiseta por mi cumpleaños. Fuimos a celebrarlo a la estación de esquí de Val Thorens, en los Alpes franceses. Mis amigos consiguieron que fuera un día muy feliz.

Odio, y aquí empieza mi lista de amores y odios, las fiestas sorpresa. He organizado muchas a lo largo de mi vida y he llegado a la conclusión de que es más divertido para el que la monta que para el o la que la recibe. Por suerte nunca he pasado por ello.

Amo las sorpresas. No creáis que es una incoherencia, para mí no lo es. Una sorpresa, una sorpresa pequeña, es un signo de amor. Una pequeña sorpresa manifiesta un interés porque para lograrla hay que pensar en la otra persona, dedicarle tiempo. Sorprendes si conoces, sorprendes porque sabes cómo respira la otra persona. Eso fue lo que mis amigos hicieron conmigo. La camiseta fue el principio de una sorpresa que duraría todo el día de mi cumpleaños. Esa M, ese 6 y ese corazón, fueron el ‘leit motiv’ de un camión lleno de gestos, de recuerdos y de cariño. No podía soñar nada mejor.

Amo la montaña, amo la nieve, amo el deporte y por encima de todo, amo esquiar. Mi padre nos enseñó desde pequeños y sigo dándole las gracias por tantas horas de paciencia y de felicidad.

Odio el ruido, la música en los restaurantes y en las tiendas, el olor a frito con aceite viejo, a pies y a sudor; odio que la gente tire papeles en la calle o colillas desde sus coches. Odio lo guarros que somos con las cosas de todos. Odiaba el olor a tabaco en los locales cerrados pero eso ya ha desaparecido en nuestro país y ahora amo en lo que se han convertido bares y restaurantes. Amo a los fumadores que han sido capaces de respetar la Ley y que se han amoldado al bienestar de todos con una facilidad que nadie preveía, les doy las gracias de corazón por ello.

Amo llorar de felicidad. Eso fue lo que consiguieron mis amigos a 3.200 metros de altura, rodeados de nieve en plena primavera. Me regalaron algo que me hizo llorar de emoción, que tocó de verdad mi corazón, que fue, como diría mi amigo Miguel Ríos: directo al corazón.

Ya soy una señora de 60 años pero odio que en los aviones o en los restaurantes me llamen señora. Lo odio. Amo que me traten de tú. Pero, es inevitable, soy una señora de 60 años. Me siento privilegiada porque ninguna de las mujeres de mi familia llegaron a los 60 años esquiando decenas de kilómetros en un solo día tras haberse roto la rodilla. Me siento más privilegiada aún porque logré esquivar una operación que todos consideraban inevitable; todos menos Menchu Sacristán y su hermana Paloma. Amo a las hermanas Sacristán.

Odio a los médicos que quieren meter a la gente en un quirófano casi sin pensar dos veces en las consecuencias de una intervención innecesaria. Amo las manos de mi doctora que trabajando mi tejido conjuntivo me ha devuelto la fuerza para colocarme unos esquís y gozar sin parar el día de mi 60 cumpleaños como me había propuesto.

Odio hablar por teléfono pero amo los móviles. Aquel día me regalé a mi misma escuchar el silencio de las montañas y no contestar ni una sola vez mi teléfono móvil. Dejé en el contestador un mensaje que decía que estaba cumpliendo un sueño, que no tenía cobertura, que podían dejar mensajes, si querían. Cuando me paré a escucharlos, me abrumaron; necesité varias horas para oírlos todos y contestarlos: todos habían entendido que un sueño no puede ser interrumpido y el móvil fue mi perfecto secretario durante todo el día de mi 60 cumpleaños.

Amo escribir listas de cosas que amo y que odio. Hoy no voy a alargarme más; tenemos toda la vida por delante. Hoy sólo quiero deciros que ese corazón que pintaron mis amigos en la camiseta roja tiene sitio para todo el que quiera estar en él. Aquí me tenéis de nuevo con las pilas cargadas y la ilusión intacta. La montaña tiene eso: es el lugar perfecto para recargar las pilas de la vida.

29 marzo 2010 a las 12:15 por Mercedes

La culpa no es nuestra

Mañana termina El Reencuentro. Hasta que he visto la publicidad en mi cadena no lo he dado por cierto, ahora sí que sí. Y ahora que, tras muchos meses, mis compañeros de Zeppelin y de T5, terminarán su exelente trabajo es cuando quiero salir en su defensa y hacerlo, aunque os parezca imposible, de los propios concursantes o, mejor dicho, de algunos concursantes.

Estoy muy enfadada y eso no me había ocurrido nunca tanto hasta ahora. En estos últimos días, los que seguís las 24 horas habréis podido escuchar, como lo he hecho yo, quejas, plantes, chulerías, comentarios desagradables y hasta insultos a los que están detrás de las paredes de la casa, a los que hacemos el programa, a eso que ellos llaman “la organización”.

Me resulta tan injusto e intolerable que es posible que el Martes, mañana, en el plató se vivan momentos de tensión más allá de lo habitual. No aguanto que unos concursantes que, para más inri, conocen el concurso porque todos han estado ya en él, traten como lo han hecho a mis compañeros.

El gran problema, como casi siempre, ha sido la falta de tabaco. En la calle, un fumador que cree que el problema del tabaco no es grave para él, nunca se queda sin cigarrillos porque puede ir a comprarlos en cualquier momento a cualquier parte. En la casa de GH eso no es posible y se suele uno encontrar con un espejo que le devuelve una imagen indeseable de si mismo.

Se da uno cuenta de que es esclavo de la nicotina y pierde cualquier atisbo de dignidad con tal de aspirar algo por la boca. Ayer vimos a Ainhoa y Silvia fumarse manzanilla. Como eso no debió suplir su enganche empezó el acoso al programa como si la culpa de que ellas se hubieran quedado sin tabaco fuera nuestra. Repugnante; no puedo definirlo de otra forma.

Ver llorar a una concursante metida en la cama reconociendo que tiene un mono que no se aguanta, pedir que se le diera una pastilla que la durmiera, pedir que viniera un médico para que la ayudara, decir que no piensa dejar de fumar pero que le espanta estar en esta situación y que le asquea dar pena, es superior a mis fuerzas. Si no tienen tabaco es porque no han hecho la prueba, no han trabajado bastante, la han despreciado y se han quedado sin presupuesto para poderse comprar tabaco o lo que les venga en gana.

Jamás consideraremos en GH al tabaco como bien básico, jamás. Anoche leí en este blog que “miss-desaparecida” decía: “igual que les pasan sustancias legales que no pagan con el presupuesto, cuando se quedan sin tabaco, se lo deberían facilitar”. Me parece innecesario argumentar contra esa opinión. Sobran las palabras. Pero yo no mando y “la organización” decidió pasarles tabaco. Pedí que no se ocultara ninguna imagen que ayudara a comprender hasta dónde llega el enganche y así hicieron: fue triste verlo, nada que no conozcamos ya pero que nunca antes habíamos mostrado.

Cuando en ‘Diario de…’ denunciamos la fabricación de cigarrillos preparados para crear adicción con elementos que aún no sabemos con certeza cuáles son, quedó claro que el tabaco que ahora se fuma nada tiene que ver con el que se fumaba hace años; ahora está diseñado para que las neuronas no soporten su falta y hagan lo que sea para que se las alimente. La nicotina, cuando falta, convierte al ser humano es un yonki y eso fue lo que vimos anoche en la casa de Gran Hermano.

Jamás le hemos dicho a un concursante que dejara de fumar, jamás. Lo que sí hemos hecho, con la ayuda de la Asociación Española contra el cáncer, ha sido ofrecerles ayuda si decidían dejarlo al darse cuenta de hasta dónde llegaba su adicción. Algunos se dejaron ayudar, otros siguen pensando que no les ha llegado el momento o simplemente no quieren. Todos son respetables, pero lo que no lo es que su cabreo, su impotencia, se traduzca en insultos a el equipo que les trata con todo el cuidado y el cariño que siempre ha hecho, equipo que no cobra para aguantar algunas de las cosas que han pasado estos días en la casa.

Hoy estoy sencillamente cabreada. Hoy, a un día de saber quién gana 60.000 euros por El Reencuentro, no tengo ganas de hablar de nada más que de esto. Hoy sólo quiero decir que mis compañeros tienen toda mi solidaridad y mi apoyo.

12 octubre 2008 a las 11:25 por Mercedes

Un cenicero lleno de culpas

Procuro no hablar mucho de este tema porque sé que los primeros que sabéis lo que os pasa sois los fumadores que queréis dejarlo. Hoy lo hago para agradeceros a los que habéis mandado mensajes de ánimo y fuerza a una de esas miles de personas que desearían dejar de pensar en humo.

Pinocho puede ser cualquiera y a ella le dedico el comienzo de este post simbólico con la ayuda de Amuruzabala a quien le pido prestado su comentario en el Bolo.

pinocho_pinocho: cada vez que te entren ganas de encender un cigarrito ház esto:

1.- Coge el reloj y mira el segundero que dé dos vueltas ( 2 minutos )
2.- Levántate de donde estés, si estás sentada, y bebe un vaso de agua poco a poco, contando desde 20 a 0.
3.- Si estás levantada, anda 50 pasos y en cada paso que des traga saliva.
4.- Si todavía tienes ganas de fumar… coge un lápiz o un bolígrafo e intenta pasartelo tres veces por los dedos sin que se caiga.
5.- Bebe otro vaso de agua, pero esta vez de golpe y suelta, si puedes, un eructo.
6.- Si todavía tienes ganas de fumar… lee esto 50 veces hasta que te lo aprendas de memoria y recítalo en voz alta 3 veces.
7.- Si después de hacer todo esto, sigues teniendo ganas de fumar… enciende una cerilla y aspira
No puedo hacer nada más que desearte suerte en tu empeño y decirte que toda tarvesía larga empieza con un pequeño paso.

Amuruzabala: Hay otro camino de ayuda: visitar a los expertos de la Asociación Española contra el cáncer, que de forma gratuita, os ayudarán a dejar de fumar. En prácticamente todas las ciudades de nuestro país hay una oficina de la AECC. ¡Animo que podemos!

“Están finos contigo”

No pensé nunca que fuera a ser necesario hablar de esto pero, por algunos comentarios que me llegan, no me va a quedar otro remedio.

Hace unos días un compañero de Telecinco me dijo: “¿Qué tal acabaste con Doña Letizia en Coruña? ¡En Casa Real están finos contigo!” Me dio tristeza escuchar esas palabras, la verdad, pero es mejor coger el toro por los cuernos.

Cuando la Princesa de Asturias me entregó una escultura como símbolo del homenaje que la AECC hacía al programa ‘Gran Hermano’ por las campañas de ayuda a la gente que quisiera dejar de fumar, me pidieron que dijera unas palabras para agradecerlo. Lo hice encantada. Pocas veces me ha parecido un reconocimiento tan merecido para un programa y para la cadena que lo emite como ese. Ahora ya no es ir contracorriente, cuando empezamos nuestras campañas “Apaga y vámonos” y “Apaga y bésame” desde GH, sí lo fue.

La televisión tiene, desde mi punto de vista, una responsabilidad social: si puede, debe ayudar a la gente a vivir mejor. Sólo eso, a vivir mejor. No estoy diciendo que tenga que enseñar, ni sustituir a ningún otro estamento de la sociedad pero sí creo que los que trabajamos en ella debemos aprovechar la fama para algo más que firmar autógrafos y hacernos fotos. Fue ese sentimiento el que quise compartir con mi compañera Letizia Ortiz, hoy Princesa de Asturias, en A Coruña.

Me dirigí a ella desde un atril en el escenario y le dije: “Por muy Alteza Real que seas, hoy me dirijo a tí como compañera. LLevo a la Princesa de Asturias en mi corazón pero ahora es a la periodista de Televisión a la que me dirijo y quien agradezco la entrega de este premio. Ella sabe como yo la inmensa fuerza que tenemos los que trabajamos en este medio y por lo tanto entiende mejor quizá que otros, la importancia de este reconocimiento a estas campañas en favor de la salud y de la vida”

Eso fue lo que dije, más o menos literal y eso volvería a decirle, si se diera el caso.

Entiendo que haya gente que no apruebe mi trato llano, mi madre misma sin ir más lejos, lo entiendo pero no lo comparto. Menos comparto aún que en Casa Real “estén finos contigo”.

Cuando acabó la entrega de premios Letizia Ortiz y yo conversamos con toda normalidad y nuestra relación siguió siendo la que siempre había sido: afecto y reconocimiento por mi parte, y espero que afecto simple, por la de ella.

Hablar a los miembros de la Familia Real en tercera persona es un inconveniente para comunicarse bien con ellos. El que lo inventó quería poner las máximas trabas a l@s que se les acercaban. Desde luego lo consiguió y lo sigue consiguiendo tras muchos siglos pero eso, en mi opinión, debería cambiar. La monarquía es mucho más importante que un tratamiento. Todos sabemos que el “usted” es preciso utilizarlo cuando no se tiene ni conocimiento, ni confianza con quien tratamos pero también sabemos que nuestro “tú” es símbolo de cercanía y confianza.

En Coruña dirigí mis palabras a mi compañera Letizia Ortiz. Esa mujer que nunca dejará de ser lo que fue por muy casada que esté con nuestro querido Príncipe. Condeno esa estupidez que en alguna ocasión escuché: “desde el día de su boda la Princesa de Asturias no tiene pasado”. ¡Boberías! Lo maravilloso de aquella boda fue precisamente lo contrario: Felipe de Borbón , heredero de la Corona de España, se casó con una mujer como cualquiera de nosotras. Profesional y divorciada. Con años vividos como nosotras. Con una vida de trabajo y luchas, como nosotras. Ese patrimonio no pueden arrebatárselo se pongan como se pongan.

“Por muy Alteza que seas, hoy eres mi compañera” No veo por ninguna parte ni la falta de respeto, ni la chulería de la que me han acusado. Lo hice con afecto y el máximo respeto y volvería a repetirlo.