26 agosto 2010 a las 14:11 por Mercedes

Sin cobijo

Carlos Mendo escogió vivir en la sierra de Madrid hace ya muchos años. Había recorrido el mundo entero y cuando decidió vivir con algo más de calma, escogió estos montes que hoy os pongo en una foto de la última primavera.

Dicen los que trabajaron con él que era un hombre que te daba cobijo, que era como un árbol frondoso bajo el que siempre podías encontrar certezas. Dicen que los periodistas que aprendieron a su lado, son de los mejores que llenan hoy las redacciones de nuestros medios de comunicación. Dicen que cuando llegaban las dudas, Carlos Mendo tenía las respuestas. Yo no tuve la suerte de trabajar con él pero la tengo de disfrutar a diario de su hija Amparo a la que alguno de vosotros, también conoce bien.

Amparo escribió un libro que un día os recomendé: ‘Nadie tan feliz’ en Planeta. No sé si tendréis la oportunidad de encontrarlo pero si lo hacéis, no dudéis en leerlo: es un libro que merece la pena recordar precisamente hoy. En él, Amparo habla de la historia de su familia, de las alegrías y dolores del alma que les acompañaron durante muchos años; habla de la fortaleza de su padre, de su cobijo, de ese que ahora ha desparecido para siempre pero que yo estoy segura de que sobrevolará las praderas de la sierra de Madrid, vigilando lo que hacemos.

Quizá lo percibamos analizando la actualidad de nuestro país o de cualquier otro del mundo donde esté pasando algo que importa que se sepa. Seguro que seguirá siendo un hombre libre que, tal como hizo en muchas ocasiones en su vida, abandonará sin mirar atrás cualquier lugar en el que él considere que no se respeta a los hombres.

Nunca fue rico, podía haber ganado mucho dinero y no lo hizo. Su ejemplo es el de un periodista de agencia, de esos que escriben poniendo siempre sujeto, verbo y predicado y sólo les interesa saber lo que ha ocurrido, por qué ha pasado y, si es posible, ponerle cara al responsable para que todos sepamos quién nos ha hecho daño.

Carlos Mendo se ha ido, ha soltado la mano de su mujer que estuvo siempre a su lado desde que era una niña de 16 años. Toda una vida de la mano. Ahora, cuando ya no contará con su cobijo, tendrá que echar mano de esos baúles de recuerdos que le devolverán la imagen de un hombre extraordinario que le ayudará, desde donde esté, a seguir viviendo con rigor, honestidad y bondad, como él hizo siempre. Lo digo con certeza porque trabajo con su hija y compruebo a diario la herencia que aquí deja.

Los prados amarillos de la sierra de Madrid le pertenecen ya para la eternidad.

20 agosto 2010 a las 10:15 por Mercedes

Para la mujer que sueña todas las noches con Robert Redford

Le prometí que buscaría la mejor foto. Le dije, sorprendida, que no podía ser casualidad que nos gustara el mismo hombre. Le aseguré que estas coincidencias no suelen pasar porque sí. Margarita Caules y yo somos periodistas, nos apasiona observar a la gente y ahora resulta que a las dos nos une Robert Redford. Ella dice que cada noche, desde hace años, sueña con él, le desnuda, le acaricia, le arrulla y le cuenta historias; yo, la complemento. Margarita Caules es una  institución en la prensa de esta Isla que entró para siempre en mi vida de la mano apasionada de mi tío Alfonso Milá, hace más de 30 años. 

Menorca es una isla mediana, bajita, silenciosa y cargada de Historia. Cuando pudo perderse, no lo hizo y ahora está preservada y cuidada por muchas personas que la sienten como propia aunque hayan nacido muy lejos de aquí. Menorca, como cualquier lugar del Mediterráneo, ha visto pasar miles de viajeros que han dejado aquí sus conocimientos y sus historias. Es un lugar suficientemente pequeño para que ocurra eso que se suele oír a veces: “aquí todos nos conocemos”. Pero ésta enamorada de Robert Redford: conoce más, sabe más, tiene más recursos, más memoria, más fotos antiguas. 

Margarita Caules tiene casi suficientes años para haber vivido en primera persona muchas de las historias que publica cada semana en el “Menorca”. Sus colaboraciones en “Es Diari”, sus artículos, son de los más queridos y leídos de este periódico humilde que devoramos los que queremos tanto este lugar. Esta periodista costumbrista nos ayuda cada semana a conocer, a no olvidar qué fue de tantos oficios, trabajos, familias y gentes que dejaron en Menorca su vida y su creatividad.

Además es una abuela entregada. Es de esas abuelas que muchas personas echaremos de menos toda la vida.

L´avia Guideta adora a su única nieta y le enseña todas esas cosas que se aprenden en una casa en el campo que lleva toda la vida siendo autosuficiente. Margarita sabe de campo, de oficios, de animales; sabe de cocina. Cenamos en su casa y nos hizo un plato menorquín por excelencia: el oliaigu; una sopa humilde de tomate, cebolla y pimientos que necesita muchas horas de fuego para ser inolvidable. Su mesa familiar estaba repleta de embutidos, berenjenas rellenas, sobrasada casera y pasteles hechos por ella; una mesa puesta con amor entre viejas encinas silenciosas que escucharon algunas de esas historias que la hacen poseedora de un baúl de recuerdos que valen oro.  

A Margarita Caules no la pueden engañar, no le pueden dar gato por liebre, nadie puede venderle una moto. Cuando me confesó que hacía años que pasaba las noches abrazada a su marido en una cama estrecha de esas de matrimonio que se quiere, soñando con Robert Redford, fue lo que me faltaba por saber de esta mujer sabia que adoro, que busco con fruición en un periódico que, desgraciadamente, no puedo leer durante todo el año. Sus “Xerradetes de Trepucó”, están escritas en castellano trufado de las expresiones menorquinas más ricas e imprescindibles. Sus artículos son la mejor lección de historia; de una historia sencilla y cercana para cualquiera que quiera echar la vista atrás y aprender de lo que fue, de lo que hubo, de lo que ya casi no existe. 

Me gusta Margarita Caules, me gusta y me emociona. La otra noche, en su casa, con su familia, le prometí que lo intentaría y aquí le dejo esta foto de nuestro hombre preferido que estoy segura será también el de muchas boleras aunque no soñéis con él, como nos pasa a nosotras por las noches. Tendréis que reconocerme que somos dos mujeres con buen gusto.