2 mayo 2011 a las 10:15 por Mercedes

¿Justicia?

Leo por todas partes que se ha hecho justicia. Pegándole un tiro en la cabeza a Bin Laden no se ha hecho justicia se ha vengado la muerte y el dolor de cientos de miles de personas pero no se ha hecho justicia. Se ha llevado a cabo el ojo por ojo y diente por diente, eso que muchos consideramos que es lo opuesto a hacer justicia.

Ya sé que muchos me diréis que no había otra manera de acabar con este hombre. Lo sé, pero tenemos que ser honestos y reconocer que la justicia es otra cosa. También sé que él nunca tuvo en cuenta nada parecido a la justicia para matar. Eso no me alivia ni alivia a todos los que creen que la venganza no trae la paz, que la venganza satisface el instinto más primario pero no soluciona el problema.

En estos primeros momentos creo que no me equivoco si digo que los sentimientos de muchos de nosotros son una mezcla de miedo y alivio. Miedo a lo que puedan hacer sus seguidores que, ya lo han demostrado tantas veces, son capaces de todo y alivio por finalizar una historia que empezó hace diez años y ha costado centenares de víctimas y muchísimo dinero.

En estos momentos pienso en las familias de los soldados españoles destinados en Afganistán, en su angustia, en su miedo. Pienso en ellos y les mando un recuerdo cargado de agradecimiento. Pienso en los que celebran eufóricos la noticia porque sufrieron en sus familias el zarpazo de Al Qaeda aquel 11 de Septiembre. Pienso en George Bush, en ese Presidente que juró vengar aquella atrocidad y ahora sentirá que ha llegado su momento. Pienso en Obama, en sus palabras, en sus sentimientos compartidos por tantos norteamericanos.

Leo que el final de Osama Bin Laden refuerza el futuro de Obama. No me gusta; no me gusta que este presidente Nobel de la Paz, construya su futuro político sobre este ajusticiamiento. No es el camino que nos ayudará para vivir la paz. Son días de muerte y guerra en varios países, días de abrazos a cadáveres que duelen y siembran odio y venganza.

No matarás. Ese es uno de los diez Mandamientos que un hombre que crucificaron dejó entre nosotros. Está clarísimo.

26 marzo 2011 a las 10:54 por Mercedes

Manuel

Ayer me enteré por este blog de algo que temía pero no logré acostumbrarme a que llegaría: la lucha de Manuel Gancedo había llegado a su fin. Su madre Magdalena tuvo la delicadeza de mandar a nuestro rincón esta noticia tan triste.

Publicado por: magdalena42 | 24 Marzo 2011 a las 19:35
Hola Mercedes soy la madre de Manuel Gancedo Roji ¿Te acuerdas? Quiero que sepas que Manuel falleció el día 1/11/2010. En su nombre y en el mío te doy las gracias por lo que nos ayudasteis (en Diario de…)

Saludos al equipo y en particular a Teresa:

Un beso Mada

Ha vivido mucho más de lo que los médicos le dijeron que viviría cuando le diagnosticaron que estaba enfermo de ELA, esclerosis lateral amiotrófica. Estaba casado y tenía una hija pequeña, Helena. Cuando le conocí ya no podía moverse; no podía mover una sola parte de su cuerpo, solo los párpados. Nos pidió ayuda porque su mujer que dejó de serlo enseguida, no le permitía ver a su niña; temía que Manuel se muriera delante de la cría. Fuimos a Astillero, a Cantabria, a verle y tratar de ayudarle. Estas líneas fueron las que escribí entonces que ahora se hacen más presentes que nunca:

Sólo le son útiles los músculos que mueven sus párpados. Hace cinco años que sufre una enfermedad que le ha ido paralizando, ELA. Hay 4.000 personas como él en España. Depende por completo de otros para vivir. No puede hablar. Sonríe y mira.

Su mirada le permite accionar el ordenador gracias a un método, IRISCOM, que inventó un español genial, y que es hoy su tabla de salvación para comunicarse con el mundo.

Hicimos ayer una entrevista para ‘Diario de…‘. Yo le preguntaba y él, letra a letra, me contestaba en su portátil.

A mi lado, muy cerca, se escuchaba la respiración mecánica de una máquina. De vez en cuando le limpiaba los labios como suenas los mocos a un niño pequeño. Me sonreía siempre.

Nos había pedido ayuda porque su ex mujer le impide ver a su hija de 7 años, Helena, que le adora. Así como suena. Sólo gracias a la justicia y con cuentagotas tiene opciones de estar con ella.

El viernes era el día que la niña iba a ir a Astillero desde Madrid a estar con su padre en ese primer fin de semana de cada mes a los que tiene derecho por decisión judicial.

Cuando nos fuimos de su casa, la abuela, Magdalena, no tenía noticias de su nieta y temía que no llegaría. “No la odio ya, me da lástima”.

Le abrí la web de Telecinco y le enseñé este blog. Le prometí que hoy estaría aquí.

Manuel, dinos tú cómo ha acabado la historia.

Manuel nos escribió, con sus párpados, pero lo hizo. Supimos que poco a poco le permitieron ver a su hija y sacar de ella la fuerza que alargó su vida hasta el límite. Helena debe tener ya 10 años. Helena habrá aprendido mucho de Manuel. Lo más importante será el amor inmenso de ese padre que ella abrazaba sin que él pudiera corresponderle; de ese hombre que amaba las montañas, que vivió siempre con una sonrisa en su cara hasta que la vida tiró por él la toalla.

No me olvidaré de ti Manuel; no olvidaré tu mirada y tu infinita paciencia. Gracias por haber contado con nosotros para lograr lo que más te importaba. Descansa ya en paz.

11 agosto 2010 a las 16:21 por Mercedes

Mi amigo Tobal

 

Fue un abrazo de los que cuesta despegarse. Fue un sentimiento profundo de tristeza e impotencia. Fue un encuentro que no debería haberse producido como se produjo: con dolor y lágrimas.

Conozco a Tobal desde hace muchos años; me ha vendido muchas de las cosas que necesité para restaurar mi casita del puerto de Mahón. Tobal trabaja en Palliser, una tienda que todos conocemos en esta isla de Menorca.

Cuando corrió la voz, como corre la pólvora, de que dos ciclistas habían muerto embestidos por un coche en la carretera, lo primero que pensé fue en mi amigo Tobal. Desde hace años, muchos años, él y su grupo de amigos practican un ciclismo casi profesional por las carreteras de esta isla. Supe enseguida que los muertos vivían en Mahón y en Alaior y supe la edad que tenían: no me hizo falta saber más. Lo siguiente fue confirmar el horror.

Este hombre que veis en la foto llorando abrazado a su colega de equipo, es Tobal. Detrás suyo el guardarrail en el que fueron a dar los cuerpos de los dos ciclistas estaba cargado de flores y camisetas. Ellos son los que podéis ver en las fotos que sus amigos colocaron en el lugar de su muerte en una mañana de duelo y homenajes.

Es la historia de nunca acabar: un coche que va más rápido de lo que debería, unos chicos que probablemente habían pasado la noche en una discoteca, unas horas tempranas en las que el sueño atrasado es traicionero y, aún por demostrar pero sospechado por todos, unos reflejos en baja forma por culpa de sustancias que se consumen para pasarlo mejor. Es un cóctel explosivo. La muerte fue como un hachazo, no hubo nada que hacer. Los cuerpos quedaron destrozados entre las zarzas y el asfalto y pasaron a sonar los teléfonos en casa de unas familias que ya nunca más volverán a ser las mismas.

Incredulidad, esperanza, certeza, abismo, desesperación, dolor insoportable. Lo de siempre, lo de demasiadas veces. No quisiera estar en la piel de estos jóvenes de 21 años, ni en la de ellos ni en la de sus familias; ese sentimiento de culpa les acompañará toda la vida, no les dejará descansar nunca en paz

Fuimos mas de 400 ciclistas los que el Domingo pasado, cuando hacía una semana de su muerte, les rendimos un homenaje y arropamos a su familia y amigos para que no se sintieran solos con nuestra presencia y silencio. Perico Delgado quiso estar a las 8,30 de la mañana de ese domingo de agosto con todos nosotros, con la familia ciclista, como ellos la llaman, y junto a él pedaleamos hasta ese kilómetro fatídico gentes de todos los colores con el corazón encogido.

Allí, en el asfalto de muerte, Tobal, mi amigo, daba las gracias a todos, compartía su desgarro, abrazaba y lloraba. 

Hoy quiero dejar constancia en este blog que muchos sabéis que ha tenido el ciclismo como protagonista en otras ocasiones más alegres, mi indignación y mi apoyo. Hay mucho que investigar aún, hay muchas responsabilidades que dilucidar, aún. Nada quedará enterrado como lo han hecho los cuerpos de Nito y José, absolutamente nada. 

Fag_paquito, me pediste que escribiera sobre las Perseidas y espero hacerlo. De momento, cuando anoche pasé un largo rato mirando al cielo en otra noche de San Lorenzo, sólo logré imaginarme que allí arriba lucían ya estos dos deportistas viviendo entre las estrellas; intentaré hacerlo para ti en otro momento menos triste. M