13 julio 2010 a las 11:12 por Mercedes

“Iniesta y Eusebio”

Cuando Andrés Iniesta nos salvó a todos, Eusebio agarró su camiseta roja y la besó hasta empaparla. Saltó y gritó de alegría porque un jugador que hace tres meses ni conocía había conseguido que España fuera Campeona del Mundo de Fútbol.

Los seres humanos somos muy parecidos unos a otros. Los humanos reaccionamos extraordinariamente a las emociones y por encima de todas ellas al amor.

Eusebio Asumu Masa es guineano. Ya os hablé de él el 19 de Mayo pasado, en “La Ilusión”. Nació hace aproximadamente 19 años, nadie lo sabe con exactitud, en un poblado de un bosque y no vio la luz eléctrica ni el agua corriente hasta que lo abandonaron en la ciudad. Su aspecto producía miedo. Ese ojo desorbitado le alejaba de la gente. Sobrevivió porque las Hermanas Hospitalarias del Sgdo Corazón de Jesús, le ayudaron. Esas monjas llevan 130 años trabajando en distintas partes del mundo ayudando a los más pobres de los pobres que sufren enfermedades mentales. Si queréis conocer mejor su orden entrad en http://www.hospitalarias.org/Objects/Home1.asp.

Eusebio nunca conoció a sus padres, nunca los tuvo; fue abandonado al nacer. Alguna culpa tendría ese bulto deforme que creció sin parar ni un solo día y que, sólo gracias a un diagnóstico certero, empezó a dejar de ser una condena.
Las hermanas consiguieron que unos doctores españoles que, como tantos otros, anualmente operan gratis en África, le visitaran y le dijeran cuáles eran sus esperanzas.

Antonio Moreno, oftalmólogo y José Antonio Carmona, anestesista, podían ayudarle pero no en Guinea, tendría que viajar a España. Una familia malagueña se ocuparía de él mientras llegaba esa operación cargada de incógnitas. Sabían que esa decisión era arriesgada, y sabían que una vez que Eusebio pasara a formar parte de sus vidas, llegaría el día de una ruptura insoportable.
Fue operado; las manos hábiles del cirujano máxilofacial José Luis Salinas, hicieron su trabajo y ese ojo ciclópeo se liberó del tumor y recuperó, poco a poco, la vista. Fue una operación muy especial en la que colaboraron varios especialistas. Una operación que salió bien.

Eusebio ha aprendido cosas importantes en esta familia entregada: ha aprendido a no tener miedo, a leer, a escuchar, a escribir y dibujar, a abrazar, a hablar en español, a usar cubiertos, a reír, a ducharse y vestirse; ha aprendido a jugar y a divertirse. Ha aprendido todo eso sin necesidad de arrastrarse para sobrevivir.
Ahora han llegado las lágrimas y han vuelto los miedos. Ahora está aprendiendo a aceptar que su tiempo en nuestro país se acaba; que tiene que volver a ese lugar que es su casa, donde vive su familia o lo que más se parezca a ella.
Lleva horas aterrado. Lleva horas sollozando. Largas horas rompiendo el corazón de estos malagueños que sabían, cuando aceptaron acogerle, que llegarían estos momentos de desgarro. Eusebio no ha terminado aun de aprender pero su realidad, de momento, es que en 48 horas deberá coger un avión y volar.

Se llevará su camiseta de nuestra selección y algunas cosas más.
Se llevará el amor y la entrega que, a manos llenas, le han dado en Málaga.
Se llevará el deseo profundo de volver y, estoy totalmente segura de que, dueño ya de su vida decidirá hacerlo en cuanto le sea posible. Estoy convencida de que el amor que ha conocido le enseñará el camino de retorno; nadie podrá pararle.
Eusebio estudiará en España, vivirá en España.
Eusebio escogerá vivir allá donde ha aprendido lo más importante: le han amado, le han curado y le han devuelto la dignidad.
África es hoy un continente cercano en nuestros corazones. África nos ha llenado de felicidad y ha colmado nuestros sueños. África está llena de eusebios que nunca tendrán la suerte que él sí tuvo de que aquella hermana Sonsoles se parara un día en medio de una calle y decidiera que esa cara deforme podría tener arreglo en nuestro país.

África es Eusebio hoy para nosotros Boleros.

19 mayo 2010 a las 12:32 por Mercedes

La ilusión

Hace unos días guardé una frase de Freud que reproducía José Luis Álvarez, sociólogo y profesor en ESADE, en un artículo en El País: “Nunca a las sociedades en pánico les ha importado más la verdad que las ilusiones“. Es peligrosa, pero comprensible. Vivimos momentos en los que los que dicen la verdad no anuncian bondades y corremos el peligro de preferir que nos vendan ilusiones.

La ilusión, sin embargo, es un motor muy potente. La ilusión puede hacerte realizar mejor un trabajo, entregarte sin mirar el reloj, regalar incluso tu tiempo. Mis compañeros del departamento de Informática de Telecinco son un buen ejemplo de eso. No sé si os ha ocurrido alguna vez, pero en estos días estoy comprobando el grado de paciencia que estos chicos tienen cuando acudo a ellos con problemas en mi portátil nuevo.

Es tanta la impotencia del desconocimiento que comprendo que una puede llegar a ser una verdadera plasta cuando aparece por la puerta pidiendo socorro. La informática es imprescindible, es la mejor herramienta actual, pero es también una compañera desconocida e insondable. Cuando crees que ya has aprendido, que ya no te volverá a pasar aquello que te paralizó frente a la pantalla, todo vuelve a hacerse un lío y tienes que volver a pedir ayuda. Es en esos momentos cuando yo me querría casar, sí casar, con mis compañeros del CAU, ese lugar lleno de cabezas privilegiadas que con cuatro toquecitos, te devuelven la felicidad. Estoy segura de que trabajan con ilusión porque si no fuera así ya habrían perdido la paciencia.

Hoy he colgado una foto que siempre llevo conmigo desde hace muchos años. La tengo por mi casa y la voy cambiando de lugar para no acostumbrarme a ella, para mirarla siempre con los ojos del asombro de la primera vez que la vi.

Este niño negro que abraza a su gallo es hoy mi mejor imagen para hablaros de una historia que pertenece a este Bolo, que es nuestra. Os copio las palabras de Sue44 que me llegaron ayer y que quiero compartir con vosotros:

“A mi casa ha llegado un ángel. Eusebio es un niño guineano que llegó a mi vida para ser operado en un hospital en España de algo que nunca podrían hacerle en su país. Es una operación muy delicada en un ojo.
De momento no puedo enseñaros su cara porque él se avergüenza de su aspecto, pero lo haré en cuanto me lo permita; podréis ver el antes y el después. Su historia es ésta: con un año mueren sus padres, su abuela se lo lleva al bosque y lo cría como un animal más de los que tenía. Al ver que un bulto extraño en el ojo crecía imparable, lo devuelve a la ciudad y lo abandona en un mercado. Lo encuentran las monjas de mi centro y consiguen dar con la otra parte de la familia. Nadie se ocupa de él y menos de su salud, tan sólo esa parte de la familia le da casa y comida, pero no todo lo demás que un ser humano necesita para poder vivir con dignidad. Es entonces cuando deciden que venga a España. El equipo médico que lo vio se volcó desde el minuto uno y se ofrecieron para ayudarle. Este niño es un ángel…

La ilusión ha cambiado la vida de nuestra Sue44; la ilusión por dar a Eusebio la vida que jamás tuvo. Ofrecerle confianza, amor, enseñanza, reconocer sus cualidades y darle, en definitiva, la ayuda que le permitirá ver con sus dos ojos. Es posible que la presencia de este chaval trastoque a estas familias, pero a cambio recibirán el tesoro de su presencia que les ayudará a descubrir muchos sentimientos que tenían olvidados.

La ilusión por su recuperación se mezclará con el miedo a perderlo cuando todo acabe, pero hasta que ese momento de realidad llegue, han escogido vivir al día y deslumbrarse con cada detalle del chaval que llegó de África con el susto en el cuerpo y la esperanza en los médicos. Su historia será una historia que compartiremos aquí entre todos.

Hoy arranco yo, pero mañana sabremos detalles por nuestra querida bloguera, estoy totalmente segura de ello.