Hoy he decidido hablar sobre uno de los problemas que más preocupan a los hombres y a las mujeres: la inapetencia sexual. He escogido algunas de los comentarios que me han llegado sobre este tema para ilustrar este tema:
Paz: Llevo casi cinco años con mi novio y nunca tengo ganas de practicar sexo.
No sé cómo solucionarlo.
GAL: Llevo tres años con mi pareja, las relaciones son muy buenas, pero desde hace un tiempo, no tengo ganas y cuando estamos en el tema no tengo nada de flujo vaginal, y me preocupa porque estoy bien y a gusto, sin nervios. ¿Por qué me pasa esto?
fook: Hola, tengo 29 años y estoy casada, mi problema empieza que en el momento que empiezo a llevar una relación seria y estable con el tiempo dejo de tener apetito sexual con mi pareja, no es con el primero que me pasa, con mi anterior pareja me tiré 8 meses sin mantener relaciones hasta que lo dejé porque empecé a satisfacedme con otros, ahora temo que me pase igual, yo intento que funcione pero cuando llega la hora, se me quitan todas las ganas, ya lo hemos hablado pero nada, y lo que no quiero es serla infiel, yo apetito sexual tengo, pero con él no…No entiendo porqué me pasa esto y no sé cuál es la solución. ¿Me podéis ayudar?
Jomi: Hola a todos, me siento fatal, llevo casi cinco años con mi novio y nunca tengo ganas de tener sexo, muchas veces me molesta que me toque sexualmente, me niego totalmente al sexo oral (aunque antes me encantaba), hay veces que nos pasamos hasta un mes sin hacer nada porque nunca tengo ganas. Él se desespera pero es que nunca me apetece y las veces que lo hacemos casi todas es por obligación, porque me sale mal por él. Estoy desesperada.
No tengo ganas, me duele la cabeza, mejor mañana que estoy cansada, no me toques… son frases que se repiten continuamente cuando intentamos que nuestro chico nos deje en paz. Pero dentro de nosotras esperamos que al día siguiente se despierte de repente ese apetito sexual que teníamos antes, “antes me encantaba el sexo y ahora no”. Pero de nuevo caemos en la cuenta que esta situación se repite día tras día y te empiezas a cuestionar y plantearte que se está convirtiendo en un problema en tu vida sexual. Lo mejor es, no obsesionarse ya que también eso provoca que rechacemos más el sexo y eso es lo que no queremos.
Las hormonas son las encargadas de inhibir y activar el deseo sexual, por eso, siempre se dice que existe una química entre las parejas, un imán que atrae el uno al otro. Pero también es cierto que con el paso del tiempo esa pasión inicial va disminuyendo. Y, es eso lo que nos preocupa ciegamente, ya que no vivimos las mismas experiencias sexuales que teníamos al principio de la relación.
El deseo no se desvanece sino que cambia, habrá momentos muy calientes en nuestra vida y otros más fríos.
El deseo está compuesto por tres factores, el hormonal como he mencionado antes; pero la utilización de determinados fármacos o la adicción al tabaco y al alcohol pueden ser los causantes de la pérdida del apetito sexual. El otro factor sería el motivacional, alguna depresión, estados de ansiedad, miedos… pueden provocar que la libido quede por los suelos. Y por último, el cognitivo, explican Komisaruk, Beyer-Flores y Whipple en su libro ‘La ciencia del orgasmo’ (ed. Paidós).
Hay que huir de la rutina, lo cotidiano aburre con el tiempo, siempre las mismas posturas, el mismo sitio… puede llegar a cansar. Nuestro deseo empieza en el cerebro, y es ahí donde tenemos que incidir, buscar nuevos estímulos eróticos, nuevas experiencias. Un polvo en la azotea (un plan muy romántico) puede ser perfecto para despertar la libido o en la playa bajo las estrellas, o ser protagonista de un striptease improvisado en el cuarto de estar… y muchos más ideas pueden ir surgiendo gracias a nuestra imaginación.
Helen Singer Kaplan recogió en su libro ‘La nueva terapia sexual’, unos ejercicios de focalización sensorial elaborados por los investigadores Masters y Johnson, cuyo objetivo consiste en: “hacer que la mujer se abandone a la experiencia sexual, cambiando el sistema sexual en que funciona”. Es decir, buscar el placer sin agobios, descubriendo nuevas zonas erógenas, dejándose llevar por el momento, en definitiva buscando ese apetito que sea perdido en algún lugar. Esta terapia sexual consiste en:
1. PLACER A TRAVÉS DE LAS CARICIAS. La mujer tiene que iniciar el juego erótico con su pareja, tocarle, acariciarle, besarle… y luego tienen que cambiarse las tornas. El chico tiene que estimularla para que ella se relaje. Para que estos ejercicios de focalización sensorial sean del todo eficaces hace falta que el chico no llegue al orgasmo. Esta experiencia hace que los dos disfruten y se dé el siguiente paso. Hay veces que este primer ejercicio no es del todo placentero para la mujer, se habla con la pareja y se vuelve a repetir el proceso.
2. ESTIMULAR LOS GENITALES. Cuando la mujer está lo suficientemente excitada, se prosigue con el jugueteo. Tocar los pezones, estimular el clítoris y la vagina suavemente, eso sí fijándonos mucho en el lenguaje verbal (gemidos, palabras, susurros…) y en el lenguaje no verbal (su cara, sus gestos, el movimiento de su cuerpo te pueden ayudar a saber si tu chica está estimulada).
3. COITO DESENFADADO. En este punto la chica quiere más y está dispuesta a iniciar la penetración. Aquí la fémina es la que tiene que llevar la voz cantante, buscando la postura que más le dé placer, pero con tranquilidad. El clima creado después de los dos pasos anteriores hacen que sea satisfactoria esta fase.














