7 enero 2009 a las 0:20 por Pepe Ribagorda

Chile, con sabor a empanada, mariscos, vinos por descubrir y la música de la poesía de Neruda

Tras ver un fastuoso espectáculo de fuegos artificiales el fin de año en la ciudad portuaria de Valparaíso, una villa como decía el emblemático poeta Pablo Neruda, coronada por un sinfín de cerros, que si los subimos a través de todas sus escaleras habremos dado la vuelta al mundo. Tras saludar al nuevo año frente a las frías aguas del Pacífico, emprendí viaje a uno de los lugares que anhelaba desde hace mucho tiempo conocer: la casa de Neruda en Isla Negra. Por el camino tuve la suerte de encontrarme con una de las señas de identidad de la gastronomía chilena, la mítica empanada. En Concón, una comuna de la provincia de Valparaíso, esta ubicada “Las deliciosas”. Llevan haciendo empanadillas desde 1.968. Las hacen al modo tradicional , es decir con carne de vacuno desmenuzada, cebolla, aceitunas negras y huevo duro cocido, pero también incluyen variedades como las elaboradas con mariscos muy propios de Chile, como los ostiones, las jaibas (cangrejos de agua dulce y de mar) o las machas, un molusco muy similar a nuestra navaja. Como reza el nombre de este establecimiento, abarrotado siempre de gente que las compra para llevárselas a la playa, están deliciosas.

En Isla Negra hay un pequeño hotel, pegado a la casa del poeta, regentado por una pareja de íntimos amigos de Neruda, Concha Cofré y Hugo Arévalo. Ella es una de las mejores cantantes de Chile y el es cineasta y documentalista. Se llama “La Candela” (www.candela.cl) y anteriormente se llamó la Hostería de Santa Elena. En la década de 1.940, cuando se puso en funcionamiento, poseía el único teléfono de toda la zona. Un empleado que todavía trabaja allí, Ramón, corría hasta la casa de Neruda cuando éste recibía una llamada. El pequeño hotel es todo un homenaje al Premio Nóbel chileno. En el restaurante, casi bañado por las gigantescas olas que tanto gustaban al poeta, puedes tomar la copa Nerudiana, donde están incluidos todos los mariscos que le gustaban, como camarones, ostiones, centolla chilena y los locos. Ahí tenéis la poética copa.

A Neruda le gustaba muchas veces comer en el hotel, el caldillo de congrio, al que incluso dedicó una oda en su libro “Odas elementales”. También lo tome, mientras releía el fabuloso poema y me atronaba en los oídos el impresionante oleaje del Pacífico.

No podía irme de Chile sin probar sus emergentes vinos. Los mejores se hacen en el Valle de Colchagua, la Toscana o el Nappa valley de Chile. Un buen punto de partida para alojarte y visitar las numerosas bodegas de la zona, es la Residencia Histórica de Marchihue, un antiguo convento de los jesuitas, construido en el siglo XVIII, y rehabilitado por sus dueños, Vivien y Silvio, ambos italianos con un exquisito gusto (http://www.residenciahistorica.com).

Aconsejado por los encantadores dueños del hotel, visité la bodega Lapostolle. Fue fundada en 1.994 por la familia Marnier Lapostolle, los dueños del mítico licor “Grand Marnier”. Tras visitarla puedo decir con propiedad que es la mejor bodega de Chile. Esta asesorada por Michel Rolland, uno de los grandes de la enología francesa y sus vinos están reconocido a nivel mundial. Para que os hagáis idea, el año pasado la prestigiosa revista Wine Spectator’s eligió al Clos Apalta 2005 como el mejor vino del año 2.008.

En unas preciosas instalaciones, ubicadas en la montaña desde donde puedes ver el inmenso valle donde se ubican los viñedos, caté el “Clos Apalta”, de uva mayoritaria carmenére, la gran uva autóctona de Chile, pero también los cuvées que elaboran con merlot y cabernet sauvignon en otros valles, como el de Cachaopal.. Con ellos, y con blancos de uvas chardonnay y sauvignon blanc que hacen en un tercer valle el de Casablanca, de donde salen los mejores blancos chilenos almorcé mirando absorto el valle, un salmón ahumado sobre pebre de quinoa y camarones y un filete de res sobre un puré de habas con una reducción de cabernet sauvignon y frutas. Yo me quería quedar ahí para siempre…

De vuelta ya a Santiago y antes de partir a España, me entusiasmo un restaurante. Pasa por ser uno de los más antiguos de la capital chilena. Se llama “Liguria” y esta en Providencia 1373. Es una maravilla.


Dejo Chile, pero allí me quedo para siempre.

4 septiembre 2008 a las 23:13 por Pepe Ribagorda

Las Arribes del Duero… Zamora, Miranda Do Douro, un despertar para los sentidos, para todos los sentidos

Que pereza volver a lo cotidiano, no os voy a engañar. Tampoco lo haría si os dejara de contar que el regreso se dulcifica entrando de nuevo en contacto con vosotros para contaros las experiencias “confesables” que he acumulado este verano. La verdad es que, aunque no os conozco, os he tenido en mente durante estas cuatro semanas de retiro que uno siempre suele aprovechar, además de para descubrir lugares y gentes, reencontrarse con uno mismo desde esa apertura a lo desconocido con la me gusta pintar el color de mis vacaciones.

Para que no penséis que me paso todo el día degustando “delicatessen” culinarias, quiero advertiros sobre un extraordinario lugar para alimentarse con la visión de un paisaje espectacular. No es de los más conocidos de España, pero no tengáis la menor duda de que es uno de los más bellos. Se trata del Parque Natural de “Las Arribes del Duero”. Un hermosísimo desfiladero donde se encajona el rio más vitivinícola de la peninsula ibérica.

Parque Natural de Las Arribes del Duero

Coger un barco en Portugal, en la bella localidad de Miranda do Douro y recorrer durante dos largas horas este emblemático límite natural entre España y Portugal os puede aliviar la depresión post-vacacional que inevitablemente sobreviene por ésta época. Estáis ante una de las mayores zonas protegidas de toda Europa. En lo alto de los riscos que coronan el curso del rio no es difícil ver sobrevolar, águilas reales, buitres negros, alimoches o halcones peregrinos. El Duero, entre escarpes y riscos, pasa a convertirse en el Douro portugues para regalar en su devenir hasta Oporto, cientos de algunos de los vinos con más futuro del mundo.

Paseo en barco por el Parque Natural

Finalizado el relajante paseo y reafirmada la necesidad de velar por el medio ambiente nada mejor que no perder las buenas aficiones. Muy bien recomendado decidí almorzar en el Restaurante Albergaria “O Mirandés”. Una humilde casa de comidas portuguesa a las afueras de Miranda do Douro. Que sabroso el Bacalao a la brasa que tomé de primero y que deliciosa la Posta à Mirandés (ternera) acompañada de un jugoso y tierno arroz. Productos de primera asados con madera de los alcornocales y las encinas que pueblan la zona. Si a todo esto añadís un buen tinto del Douro, como el “Cistius” reserva del 2003, elaborado con una uva autóctona, como es el caso de la “touriga”, la equivalente a nuestro tempranillo, que deciros, el placer esta asegurado.

Posta à Mirandés (ternera) acompañada de un jugoso y tierno arroz

Elegí para descansar Zamora, la milenaria ciudad cuyo patrimonio artístico y monumental recuperado, debería ser un ejemplo para otras muchas ciudades y municipios de España. Como no acostumbro a realizar dos copiosas comidas en un mismo día, decidí acudir al considerado el mejor bar de tapas de Zamora. Se llama “La Sal”, un antiguo mesón reformado hace dos años, que regenta un entrañable personaje, Rubén Becker.

Rubén, afamado sumiller, no sólo os dará la mejor orientación sobre los excelsos vinos zamoranos de Toro, también sobre las mejores opciones que podéis encontrar en estos momentos en cualquier D.O. española.

Rubén Becker

El local cuenta con casi doscientas referencias, la mayoría tintos. Pero también, si os gusta el champagne, el bueno de Rubén os puede asesorar sobre otra de sus pasiones, los vinos espumosos. Desde un “Pascal Bouquet”, pasando por un “Lermandier”, un “Krug” o un “Dom”, podéis daros un homenaje con los vinos más elitistas, exclusivos y mejor elaborados del mundo.

En “La Sal”, se cuidan mucho los vinos y las tapas son extraordinarias. Yo junto a uno de los mejores vinos zamoranos del momento, “Cenit”, que os recomiendo, tome un delicioso jamón de bellota Cumbres Mayores, que elaboran con mucho acierto en Huelva los Hermanos Cárdenas.

Un delicioso jamón de bellota Cumbres Mayores acompañado de una copa de vino Cenit

No esperéis guisos porque el local carece de cocina, pero Rubén trabaja como muy pocos las mejores conservas.

Rubén trabaja como nadie las conservas

Tapas de muchísima calidad, con la mejor materia prima, y una presentación de lo más innovadora y actual. Me encantaron unas maravillosas anchoas de Santoña en aceite con queso de oveja, foie y vinagreta de mango.

Anchoas de Santoña en aceite con queso de oveja, foie y vinagreta de mango

Espárragos o tiernas alcachofas de La Rivera Navarra…..

Alcachofas de la rivera navarra

O que decir de la elaborada ensalada de ventresca con un toque de vinagre de Módena y bañada con el prodigioso “Dauro”, sin duda uno de los mejores aceites que se elaboran en España.

Ensalada de ventresca con un toque de vinagre de Módena y bañada con el prodigioso Dauro

No penséis que me ventilé tanto manjar. Iba acompañado por un extraordinario grupos de amigos, que es de lo mejor que uno puede tener en la vida. Lástima, que nostalgia que me invade recordando estas imágenes de mis primeros días de vacaciones. Me queda el consuelo del tiempo bien vivido. Lo dicho….encantado de volver a reencontrarme con vosotros. En unos días os contaré una de las mejores sorpresas que me he llevado en tiempo. La he encontrado en Cuenca….no os la perdáis. Hasta pronto.

10 julio 2008 a las 9:26 por Pepe Ribagorda

HEMINGWAY, LOS CHURROS DE LA MAÑUETA Y POR SUPUESTO LAS VERDURAS DE NAVARRA

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Hay hoteles que por sí mismos merecen un viaje. Es el caso de La Perla, el mítico hotel pamplonés impregnado por el halo bohemio y universalizante de Ernest Hemingway. En él se alojó el Premio Nobel estadounidense, en dos ocasiones, durante los Sanfermines de 1953 y 1959. El hotel acaba de ser magníficamente remodelado, pero guarda, celoso, el privilegio y el señorío que le dan sus muchos años. Conserva intacta la habitación 217 que ocupó Hemingway, dando a la calle Estafeta, que son las más cotizadas porque desde sus balcones tienes una perspectiva única de un tramo apasionante, que incluye la visión de la célebre curva de Mercaderes, donde siempre se viven los momentos más emocionantes de cada encierro.

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Tuve el privilegio de ver la carrera de los toros de Fuente Ymbro desde la terraza de la habitación Mariano Benlliure, en la primera planta. Levantarte muy temprano, a eso de las siete de la mañana, abrir el balcón para ver el ambiente previo al encierro mientras desayunas, constatar la tensión y los nervios de los corredores en sus rostros , escuchar en la letanía el chupinazo y ver a la manada pasar delante de ti, es algo que difícilmente puedes olvidar.

Enseguida entiendes porque al autor de “Fiesta” le encantó “la mezcla de alegría y de drama, de expresión bullanguera y de tragedia” como asegura el escritor navarro Iribarren en su libro “Heminway y los Sanfermines”. Resulta impresionante ver los toros tan de cerca. Son instantes en los que te contagios del terror de los mozos, momentos, por inusuales, inmensamente bellos. Con apetito, todavía, la mejor opción es armarte de paciencia para soportar las colas de más de hora y media, para hacerte con una rosca de churros de “La Mañueta”, en la calle del mismo nombre, muy cerca del Ayuntamiento.

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Hace 135 años que se fundó, en 1873, una de las churrerías más legendarias de nuestro país. Abre únicamente en los Sanfermines y al mostrador se puede ver todavía dispensando deliciosos churros a la nieta del fundador, Dª Paulina Fernández Martínez. Sus seis hijos, la mayoría de ellos titulados en Medicina, le ayudan en un ritual que es todo un homenaje a sus ancestros.

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Anonadado me quedé cuando entré al local y comprobé con el aceite para freír los deliciosos churros se caliente en hornos de leña. Me cuenta Dª Paulina, que el único secreto es que “la madera sea de haya y cortada a mano”.

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Dª Paulina y sus encantadores hijos, trabajan a destajo hasta las once de la mañana, soportando altísimas temperaturas, fabricando churros tal y como se hacían hace un siglo.

Alguno de ellos hace un receso para obsequiarme con unos churros y una copita de patxaca, un licor que elabora la familia con manzanas que recogen por octubre y dejan macerar hasta San Fermín. Con tan buen sabor de boca lo mejor es sentarse en el Café Iruña, el más antiguo de la ciudad y dedicarse, como tantas veces haría Hemingway, a deleitarte con el fabuloso ambiente. Contagiarte de la fiesta con mayúsculas e imbuirte del sonido estruendoso de sus coloristas charangas. Son las horas previas al aperitivo, algo que nunca perdono. Por la bulliciosa calle Estafeta, me recomendaron acertadamente el bar de pinchos “Fitero”. Con un buen rosado, un vino que tradicionalmente se he hecho muy bien en toda Navarra, me encantaron dos tapas: un bacalao al ajoarriero y unos pimientos rojos rellenos con carne de ternera.

Sorteando cuadrillas, peñas y charangas llegué a la que fue una antigua casa de comidas allá por los años treinta. Hoy es un referente de la nueva cocina Navarra. Os hablo del restaurante “Europa” de los hermanos Idoate (c/ Espoz y Mina, 11). Como en tantos otros casos vuelvo a constatar que no hay modernidad que valga que no se inspire y se muestre respetuosa con el recetario tradicional y sobre todo con el producto. Me decanté por un plato de temporada y típicamente navarro, las pochas. Se suelen recoger antes de estar maduras, de ahí ese color ligeramente marfil verdoso. Es la sencillez llevada a la perfección. Cocidas con un sofrito de cebolla, solo llevan tomate y pimiento. Un autentico lujo.

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La tarde, tras el madrugón propiciado por el encierro, conviene dedicarla al descanso. En Pamplona por Sanfermines se cena muy tarde. Aliviado por una reparadora siesta fui a conocer el otro restaurante de la capital Navarra, junto al “Europa” reconocido con una estrella Michelin. Os hablo de  “Rodero” (c/ Arrieta, 3). Allí el tándem formado por Koldo Rodero, propietario y chef y Floren Domezain, tal vez la persona que mejor cultiva las excelsas verduras y legumbres de la Ribera, hace las delicias de quienes visitan su casa.

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Si tenéis oportunidad no dejéis de probar esta menestra de verduras con hongos y trufas. Guisantes, alcachofas y judías verdes componen la base de un plato que es todo un homenaje a las verduras navarras, patrimonio de la humanidad. Me voy de Pamplona, pero me quedo para siempre. ¡Viva San Fermín!