La polémica esta servida. El “gurú” y laureado Santi SantamarÃa -no hay cocinero con más estrellas Michelin en nuestro paÃs- arremete en su libro “La cocina al desnudo”, de inminente aparición, contra Ferrán AdrÃa y lo que llama su “cohorte”. Es decir, la pléyade de “chefs” que como apóstoles siguen a pies juntillas la doctrina del genio de Roses.
SantamarÃa dice cosas tremendas (ver pieza del informativo), como que estos “pretenciosos” cocineros de altÃsimo nivel y reconocimiento entre la crÃtica “dan a comer a sus clientes platos que ni ellos mismos comerÃan“. Asegura también, y esto me parece lo más grave, que usan productos quÃmicos, como la metilcelulosa, que pueden poner en riesgo la salud de las personas.
Y no acaba ahÃ, les acusa de “plegarse al espectáculo mediático” y de “diseñar recetas pensando en el marketing, es decir, en la proyección que puedan tener sus platos más que en sus propias convicciones culinarias”.
Santi, cuestionado en algunos sectores por pretender llevar el nacionalismo también a los fogones, me parece un respetadÃsimo cocinero. Polemista y en ocasiones contradictorio, nadie puede dudar de su sesudo conocimiento de las técnicas culinarias y de su fervor por el producto, la tierra y la tradición.
Sus tesis chocan radicalmente con la globalización imperante, la que impone a la cocina la llamada “tecnoemoción”, basada en el concepto de la gastronomÃa molecular. Tendencias globalizadores que para SantamarÃa: “nos llevan a vivir momentos de confusión con consecuencias negativas para nuestra identidad“.
“Desafortunado”, “hipócrita”, “protagonista”, a SantamarÃa le han llovido las crÃticas. Algunos de los que se han sentido aludidos aseguran que sólo busca vender libros y alcanzar una notoriedad que no tiene ya como cocinero “porque se ha quedado estancado”.
Lo dicho, la polémica esta servida. Yo, particularmente, me alegro de que se abra el debate sobre cuánto hay de verdad en ese universo estético y subjetivo en que parece haberse convertido la alta cocina.
Vivimos gastronómicamente un momento fabuloso en cuanto a creatividad y talento. Y todo gracias a un extraordinario artista como es Ferrán Adriá, pero las válidas reflexiones de SantamarÃa deben de servir para que no perdamos el norte y desenmascaremos a los falaces que se visten de cocineros únicamente cuando se encienden los flashes.








