20 septiembre 2009 a las 9:50 por Pepe Ribagorda

Bokado, cocina vasca con alma

Estamos ante mucho más que un restaurante. Ir a Bokado (Avda. Juan de Herrera, 2 – Ciudad Universitaria- 91-5490041. www.bokadogrupo.com), es entrar en un espacio realmente singular. Se ubica en los bajos del madrileño Museo del Traje y esta rodeado de un espectacular jardín, muy cuidado, que te aísla de ruidos, y te instala en un estado de paz interior, difícil de encontrar en otros lugares.

Decir Bokado es hablar de restauración de alta gama. Como pasa en los Acuarios de Zaragoza y San Sebastian donde están ubicados los otros dos restaurantes, este Bokado del Museo del Traje, apuesta por unos escenarios de vanguardia, donde prima el diseño y al mismo tiempo la funcionalidad. Esta interesantísima propuesta gastronómica es fruto de la imaginación y el trabajo de los hermanos Santamaría, Jesús y Mikel, que hace veinte años instalaron en la modernidad el célebre “pincho” en sus dos establecimientos donostiarras, el “Oñatz” y el “Aloñamendi”. Tras su novedosa irrupción en el panorama gastronómico, revolucionaron los tradicionales “catering”, dotándoles de altísimos estándares de calidad y estilo propio. Fruto de ello nació la colaboración que en la actualidad mantienen con Juan Maria Arzak, para llevar a cabo este concepto de “gastronomía a domicilio”. El carácter emprendedor de ambos les ha llevado a abrir tres restaurantes de vanguardia, San Sebastián, Zaragoza y Madrid en lugares singulares, impregnados de arte y modernidad.

Las tormentas de los últimos días, me dieron afortunadamente una tregua, para disfrutar de un cielo soleado y limpio y una temperatura, sencillamente, ideal. Afortunadamente pude disfrutar de la terraza, un lugar habilitado durante el verano para las cenas, desde donde se disfruta de la belleza del lugar. Con un jerez “Tio Pepe” bien frío, opte por un soberbio tartar de atún rojo para el aperitivo.


Como dice mi buen amigo Luis Cepeda, Bokado es uno de los mejores ejemplos para constatar que hoy en día el plato es un escenario donde los ingredientes argumentan sensaciones vivas. A algo parecido se apela en el ideario del propio restaurante, cuando definen su cocina como honesta y con alma. Mikel Santamaría, chef de todo el grupo, practica la cocina vasca de siempre, pero con unas ejemplares dotes de sensatez y equilibrio, la reviste de actualidad y vanguardia. Estos magníficos carabineros “haciendo la ola”, con los que inicié el almuerzo, son un buen ejemplo de ello.

Se trata, como ellos mismos aseguran, de instalar los sabores de siempre en el gusto de hoy, con estética cosmopolita. Se trata de ampliar el deleite, de disfrutar más con lo mejor, de renovar las apetencias y hacer partícipes a todos los sentidos-y en todos los sentidos- del placer de comer bien. Una filosofía que podéis ver en este lomo de merluza sobre una base de chipirón. Al partir el lomo, se podía distinguir ese color sonrosado de esas merluzas que se quedan instaladas en tu memoria.

El producto de Bokado, es excelente, lo mismo que el servicio que prestan los camareros, el sumiller y el jefe de sala. Todo fluye, texturas, sabores…..el vino, un jovencísimo “Pagos del Moncayo” 2007 de Campo de Borja, elaborado con syrah…..contagiado con la doctrina Bokado, de disfrutar más de lo mejor…me encantó el pollo de corral con jugo trufado de maíz sobre una base de orejones

Tras unos postres a base de yogur batido con frutas y helado de queso fresco y café, imprescindible para un cafetero como es mi caso, me ofrecieron unas de las auténticas especialidades de la casa, la cata de ginebras, para que elijas la que posteriormente se utilizará para combinarte un sorprendente, digestivo y refrescante gin-tonic.

Me encantó una soberbia ginebra, muy aromática, de origen francés, G’ Vine y una espectacular tónica, Fever Tree, elaborada con ingredientes totalmente naturales, quinina procedente de los árboles de la fiebre de Ruanda, azucar de caña, agua mineral, ácido cítrico, y ralladura de limón. Menudo colofón para un almuerzo, lisa y llanamente perfecto.

4 febrero 2009 a las 18:21 por Pepe Ribagorda

De la Riva, una de las mejores casas de comida de España

Presumen de ser una casa de comidas y lo llevan a rajatabla, porque no dan cenas. Y es que en “De la Riva”, los almuerzos son un ritual que sabes cuando empieza, pero nunca cuando puede finalizar. Los clientes, asiduos durante décadas, no tienen horas de salida. Lo mismo se enzarzan en interminables partidas de cartas, que leen o repasan sus papeles. El día que estuve, pude escuchar arias de opera en mi propia mesa, mientras al lado las cartas y los cubalibres echaban humo y en frente podía ver a un eminente abogado, sólo en su mesa, leer libros y preparar, seguro, la defensa de algún cliente. Mi almuerzo se prolongó hasta las nueve de la noche y podría haber continuado si yo mismo no me pongo freno.

De la Riva, lleva funcionando desde 1.932, aunque en su nueva ubicación (c/Cochabamba, 13 28016 91-458 89 54) desde mediados de los años 80. Pepe Morán, su actual gerente, heredó las buenas maneras de su maestro y fundador de este extraordinario restaurante, Pepe Gil que junto a su cuñado Daniel de la Riva, sentó las bases de esta auténtica catedral del buen hacer y el mejor saber gastronómico. Pepe Morán y su fabuloso equipo funcionan como un reloj. Aquí podéis ver al singular Pepe, y al resto, el jefe de cocina Angel Molina que proviene del antiguo De la Riva; Miguel Velasco, cocinero; Arturo, ayudante de cocina; Lucio, Pedro, José Montilla, Jesús Gutierrez, Raul, Sebastián y Villegas (perdón si se me olvida alguno). Todos ellos son una maquina perfectamente engrasada, tras décadas trabajando juntos. Todos comparten la misma filosofía, la del mejor servicio. Los clientes son amigos y como tales, se les trata

Cada día despachan un botellón de 27 litros “Miros” de la Ribera del Duero, un vino francamente recomendable de Bodegas Peñafiel. Con tan buen caldo, Pepe te recomienda el producto que por la mañana ha comprado personalmente en el mercado. El día de marras, nos obsequió con unas deliciosas alcachofas con jamón del bueno, unas sabrosísimas coquinas a la sartén, cigalas y unos salmonetes que tenían, aún, el sabor del mar en sus branquias.


Abundan también los guisos. Todos los días elaboran uno. Desde lentejas estofadas con chorizo, alubias, cocidos, hasta unas patatas con costillas de cerdo, que fue las que probé con muchísimo gusto. ¡Espectaculares!

Lo mejor estaba por llegar. Ese día uno de los segundos platos que recomendaban era un pecho de ternera hecho al horno, que son de los que uno recordará durante mucho tiempo. Para la ocasión elegimos un Tinto Valbuena 5º 2003 de Vega Sicilia, que le venía al pelo


Y después….una tertulia interminable, a la que se van sumando personas, amigos de la casa. El almuerzo se convierte en eso, en puro deleite, en palabras, en amistad. Así se escribe lo mejor de la vida de uno…..

28 enero 2009 a las 9:05 por Pepe Ribagorda

La “Feira Do Cocido” de Lalín llega a Madrid

Se celebra hace 41 años en Lalín. Pocas localidades como ésta de Pontevedra, pueden presumir de evocar, nada más pronunciar su nombre, una excelsa manifestación gastronómica. El cocido de Lalín expande olores y sabores de San Amaro a San Valentín, es decir del 15 de Enero al 15 de Febrero de cada año y sesenta mil personas, las que se acercan hasta Lalín, para probarlo, no pueden estar equivocadas. Esta semana, del 26 de Enero hasta el 1 de Febrero, el majestuoso Cocido de Lalín se puede degustar en Madrid. Lo podéis saborear en los restaurantes del grupo Combrarro, ese auténtico dispensario de Galicia en Madrid ( Combarro, en c/ Reina Mercedes, 12. Tel 91-554 77 84 y Sanxenxo, c/ Ortega y Gasset, 40. Tel 91-577 82 72).

Tuve la ocasión de asistir a la presentación. Me alejé de los formalismos y los discursos y me metí en la cocina, para ver a uno de los cocineros que mejor lo prepara. Os hablo de José Luis Iglesias, del restaurante de Lalín “Cabanas”. Vino desde su tierra, con la materia prima, para preparar el cocido en Madrid.


Qué sensación de abundancia y autenticidad me transmitían esas ollas, donde se cocía la patata gallega, los garbanzos y la alubia blanca, los grelos, el chorizo y los cachelos. Aparte ya se habían cocido y sazonado las carnes del cerdo, incluida la cabeza, la cacheira, y la ternera.


La exhuberancia, me invita a ser prudente y comedido. Aquí os enseño el escueto plato que me serví. Suficiente para apreciar la singularidad de unos de los muchos y deliciosos cocidos que se hacen en nuestro pais.