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 David Cacho
Fijaos bien en la foto. Al lado de la madre de Psicosis Woody Allen, yo. Y justo debajo, pero dominando toda la escena y toda la vida de los periodistas de televisión estos dÃas, el cronómetro. Tenemos cuatro minutos exactamente para entrevistar a los talentos, como suelen llamar muchos chicos de los servicios de prensa a las estrellas de toda la vida. Como os haréis cargo, en ese tiempo las conversaciones suelen ser de este pelo:
-Buenos dÃas.
-Buenos dÃas.
-Rebecca Hall parece su alter ego en la pelÃcula de alguna manera, ¿era algo voluntario? ¿Le dio instrucciones?
-(Woody Allen se incorpora en la silla, casi no oye, sólo faltaba la trompetilla…) ¿Cómo?
-No, le preguntapa por el papel…
-(Aparece el de prensa detrás de Woody Allen y me indica que me quedan dos minutos).
-¿Ah s�, ¿a qué se refiere exactamente con alter ego?
-Bueno, a que recuerda mucho a usted cuando aparece en una de sus pelÃculas.
-No creo. ¿En qué exactamente?
¡¡¡Campana y se acabó!!!
Como ésta era mi más que probable entrevista con Woody Allen, decidà directamente adaptarme a las circunstancias y actuar en consonancia. FrÃvola y superficialmente, o sea. Le pregunté por la tortilla de patata. En Wild man blues, ya comenté, se les ve a él y a Soon-Yi con una cara de asco mientras la observan que ni la Campanario con la Esteban… El caso es que mi idea era que probara uno de los famosos pinchos del bar Oquendo pero, como me apartaron la pobre tortilla como si fuera uranio enriquecido en plan el famoso gag de Gomaespuma, me tuve que conformar con que me contara él mismo su relación con la tortilla española: peor que con Mia Farrow, con eso os digo todo…
El caso es que con Bardem la cosa fue muy bien. Él venÃa simpático, relajado, tranquilo y dicharachero. Hasta firmó autógrafos… Y, desde luego, nos respondió amablemente a las preguntas que todos le hicimos sobre la famosa entrevista con el New York Times.
Banderas tuvo que lidiar ayer con la pelÃcula que presentaba, El otro hombre, un tostón lleno de estereotipos dirigido por Richard Eyre, autor de las interesantes Iris y Diario de un escándalo. Para que la cinta tuviera su momento de gloria, se presentó un dÃa antes de la entrega del premio Donostia. Ni con ésas… Qué pena que una pelÃcula con Liam Neeson y Laura Linney sea tan aburrida y tan poco creÃle. A eso se le llama malgastar el talento.
En cuanto a Vicky Cristina Barcelona, la pelÃcula de Woody Allen, es una de las comedias más tristes que he visto. Habla de lo casi imposible que es sacar adelante una relación de pareja. Penélope Cruz, con la nominación al Oscar como mejor secundaria casi en el bolsillo, está genial. Pero sólo si se ve la peli en versión original. De verdad, no merece la pena verla doblada. Nunca la merece. Pero esta vez menos…
Y El niño con el pijama de rayas, o del pijama a rayas, o con rayas o lo que sea… Vale, tiene un puntazo de académica, no es formalmente rompedora ni original, se trata de una fábula con el lógico esquematismo del género y para colmo tiene el pecado de ser la adaptación de un libro de éxito que los gafapasta desprecian por sistema. Bueno, vale, de acuerdo. Pero será un clásico. Y llenará los cines de lágrimas. Y hará emocionarse a muchos con la historia de Bruno, el niño alemán que descubre la maldad del mundo al mismo tiempo que la amistad. Tras el pase de prensa de esta mañana ha habido aplausos. TÃmidos, pero sospecho que en las salas -cuando se estrene- serán más fuertes.
Y eso que la he visto en estado de shock. Empiezo a estar un poco harto del sÃndrome Mr. Bean que padezco. He nacido para meter la pata. Os cuento. Me habÃa sentado en primera fila porque el teatro Victoria Eugenia estaba completamente lleno. Ha llegado mi amigo Carlos del Amor, de TVE, y ha conseguido dos sitios en un palco central. Se los habÃa conseguido el director de producción del teatro y me lo ha presentado. Yo, que no proceso rápidamente la información que me dan, he soltado:
-¿Y en esa mierda sillas nos vamos a sentar?
-Bueno, todos los palcos tienen esas sillas eh…, ha respondido muy educadamente el di-rec-tor de producción del teatro.
Asà lo he intentado remediar al darme cuenta:
-No, no, si lo decÃa porque creÃa que Carlos se habÃa sentado aquà pensando que eran unas sillucas de intendencia…
En fin, que a ver si salgo vivo de aquÃ.










