6 noviembre 2008 a las 23:00 por gruposalvaje

Cuando la realidad imita al arte: Rahm Emanuel y Josh Lyman

David Cacho / dcacho@informativost5.com

Rahm Emanuel

Rahm Emanuel

Josh Lyman

Josh Lyman

 

 

                                                      Woody Allen dijo una vez que la realidad no imita al arte sino a la telebasura. Por una vez, y toquemos madera, parece que está haciendo una excepción. Ya habíamos visto que la laaaarguísima campaña electoral estadounidense parecía estar siguiendo al dedillo los capítulos de la sexta temporada de El ala oeste de la Casa Blanca. Primero con las disputadísimas primarias en el bando demócrata entre el latino Santos y el número 2 del presidente Bartlet, y después con la campaña final entre el primero y el republicano al que interpreta genialmente Alan Alda.

Pero ahora parece que Obama está dispuesto a que la serie de Aaron Sorkin se convierta en su hoja de ruta. Porque Rahm Emanuel, su futuro jefe de gabinete, es el político que inspiró al personaje con más encanto de la serie: el asesor presidencial Josh Lyman.

En fin, ¿qué será lo próximo? Espero que los parecidos acaben ahí, porque los primeros años del presidente Bartlet fueron de todo menos maravillosos. Acogotado por la mayoría republicana en el Congreso y por cierta cobardía propia, el joven equipo demócrata que rodea al presidente se revela incapaz de sacar adelante ninguna iniciativa de peso. Ojalá que esta experiencia, que parece más bien inspirada en los primeros años de la Administración Clinton, no sea el próximo parecido del que tengamos que hablar entre la serie y su trasunto…

1 noviembre 2008 a las 0:36 por gruposalvaje

¿Cuál es la mejor serie de TV de todos los tiempos?

Espejito, espejito... ¿Hay alguna serie más guapa que yo?

David Cacho

dcacho@informativost5.com

Hace un tiempo, elegí algunos de mis capítulos favoritos de series de televisión. Pero ahora que, tras el final de Los Soprano, de Deadwood o de El ala oeste, parece que estamos atravesando una etapa de transición a la espera de que aparezca otra catedral indiscutible de la ficción -ni Weeds ni Extras, por mucho que me gusten, son Frasier ni Mad men alcanza la genialidad del clan de Tony, tío Junior, Christopher y compañía- es buen momento para recapitular y escoger la nuestra, la serie que por una razón o por otra nos ha robado el corazón. The one, que dirían los ingleses…

La mía yo ya la elegí hace varios años y, de momento, no la he reemplazado:

Desde mi punto de vista, hay series con unos guiones tan documentados que abruman -House, The wire-, con atmósfera -Twin Peaks- o con un éxito imposible de comprender -Raymond-; series que que te alegran el día -Friends-; otras a las que, incomprensiblemente, adoras a pesar de detestar a su protagonista -Sexo en Nueva York-; que te hacen sentir inteligente -Curb your enthusiasm-, que te ponen un cristal de color para ver la vida -Little Britain- o que desvelan farsas, quitan caretas y ponen convencionalismos absurdos al descubierto -Frasier-; series que son hijas de su tiempo -24, de la cultura del miedo que ha instigado el neoconservadurismo de Bush y compañía; Los Simpson, de la descomposición de la familia nuclear, del american dream o del american way of life; Queer as folk o The L world, de la emergencia del gay way of life…-; algunas, pocas, que superan a la mejor película de su género -Los Soprano, El ala oeste-; y otras, muy muy pocas, que marcan un antes y un después en la televisión -Canción triste de Hill Street-…

Pero sólo una, elegida de los dioses, es todo eso. O nada de eso. O eso puesto al revés, o eso visto de manera diferente… A dos metros bajo tierra parece haber sido concebida por alguien que acaba de darle un muerdo a la manzana prohibida, por alguien que está por encima de los humanos y que puede susurrarnos al oído el secreto de una existencia que no comprendemos. Ese alguien se llama Alan Ball. Es el guionista de American beauty y el creador de esta serie con imagen fría, que parece escandinava, pero de corazón cálido, amable, muy mediterráneo.

Fue, durante cinco temporadas, una de las joyas de la HBO, esa cadena de cable norteamericana que se ha cargado para siempre la expresión caja tonta. A dos metros bajo tierra es mi serie, y los Fisher parte de mi familia. ¿Con cuál os quedáis vosotros?