22 junio 2009 a las 11:49 por gruposalvaje

Morir en la víspera del éxito. El otro Lars(s)on

David Cacho / dcacho@informativost5.com

Me extraña no haber visto todavía a nadie proclamar que el apellido Lars(s)on está maldito, ni rescatar estos días -tras la publicación en España de la tercera parte de Millennium- el caso de otro artista joven que falleció justo antes de contemplar el éxito gigantesco de su obra. Se trata de Jonathan Larson, el compositor de uno de los grandes éxitos de Broadway: el musical Rent, ganador de cuatro premios Tony y que ha permanecido en cartel hasta el año pasado, durante doce temporadas consecutivas.

Rent es un musical grandioso, con dos de los temas más emotivos que se hayan compuesto nunca: Seasons of love y, sobre todo, La vie bohème, un número que celebra como pocos la joie de vivre y que haría mover los pies, las manos y hasta el alma al mismísimo señor Scrooge.

Estrenado en 1996, justo cuando la epidemia de Sida se encontraba en su apogeo -también cuando se descubrió el triple coctel antiviral que, con el tiempo, lograría controlar la epidemia en los países ricos-, Rent es una celebración de la amistad en un Nueva York nocturno, joven y febril. El joven Jonathan Larson retrató sus propias experiencias como trabajador precario que compartía piso en la Gran Manzana. Y lo hizo en una opera-rock que conectó con el público como ninguna otra de los noventa. Rent es, sin duda, el gran fresco sobre el Sida hecho por Broadway junto a Ángeles en América, el drama teatral de Tony Kushner estrenado justo dos años antes, en 1994.

Larson murió tras sentirse mal en la prueba final de vestuario. Fue una muerte súbita e inmediata. El estreno se produjo con el equipo técnico y artístico en estado de shock. Sin saberlo, Larson había escrito su epitafio con este musical: ¿Cómo mides un año? ¿En amaneceres, en atardeceres, en medianoches, en tazas de café? En 525.600 minutos… ¿Cómo mides un año? ¿Y qué tal en amor? Mídelo en amor. En estaciones de amor…

La ovación final hace unos meses, tras 12 años de éxito ininterrumpido y con todo el equipo reunido sobre el escenario, es uno de esos momentos que quedará grabado en el libro de oro de la historia de Broadway. Y que, sobre todo, demuestra que el ser humano ya encontró algo que lo trasciende y que lo protege de la vejez, de la maldad y de la muerte. Se llama arte

17 noviembre 2008 a las 21:26 por gruposalvaje

El “Urtain”de Animalario deja K.O

Ruth Méndez

rmg@informativost5.com

Momento de "Urtain"

Momento de "Urtain"

No son de derechazos, más bien de ganchos con la izquierda, y asestan golpes con tanto talento que dejan K.O. al respetable. Yo, al menos, salgo noqueada de todos sus montajes.

El último combate (escrito por Juan Cavestany y dirigido por Andrés Lima) que libran los de Animalario es el de resucitar a Urtain. Retratan al boxeador y ponen contra las cuerdas a la España franquista que lo convirtió en un ídolo de usar y tirar.

El escenario es un cuadrilátero, en el que ocho púgiles se atreven con más de un papel cada uno y dándolo absolutamente todo. El protagonista, Roberto Álamo, puede apuntarse una gran victoria (que previsiblemente se convertirá en un premio Max). Lejos de caer en la imitación facilona, le roba el alma y las entrañas a Morrosko. En estos 12 asaltos, terminan exhaustos hasta los espectadores.

Su polémica gala de los Goya, la del no a la guerra, hizo que algunos sacasen los puños a pasear… La compañía Animalario no deja indiferente a nadie. Peleones y titiriteros a mucha honra, se nota que han golpeado muchos sacos de boxeo antes de subirse a cualquier ring. Lo suyo es frescura, locura, imaginación, trabajo, ironía, arte, puro teatro… Os recomiendo que os calzéis los guantes.

 

1 noviembre 2008 a las 0:36 por gruposalvaje

“Un dios salvaje”: la audiencia

Ruth Méndez

rmg@informativost5.com

Reparto de "Un dios salvaje"

En esto de la tele (de absolutamente todas las teles), se cree a pies juntillas que la cultura baja la audiencia y el teatro más. Al parecer, la poderesa curva que dicta nuestra existencia se precipita en picado al mencionar la palabra maldita: TE -A- … ( Lo de -TRO se ve que ya no lo escucha nadie porque todos los espectadores- excepto los que han caído roques- se han precipitado sobre su mando y han emigrado escandalizados a otras cadenas).

Seré mujer de poca fe pero me cuesta creerlo y a los hechos me remito. Ha sido una pesadilla encontrar una entrada decente para ver “Un dios salvaje”…. Al final, la he disfrutado este domingo.

Se abre el telón… Aparecen Maribel Verdú, Aitana Sánchez-Gijón, Pere Ponce y Antonio Molero y la película no se llama de ninguna forma. Esta es una obra de Yasmina Reza, versionada por el filólogo Jordi Galcerán y dirigida por Tamzin Townsend. 

Dos matrimonios se reúnen para hablar tranquilamente sobre una pelea entre sus respectivos hijos. Terminan histéricos, vomitando (algún personaje lo hace literalmentetodo lo que llevan dentro: complejos, frustraciones, instintos primarios… Resulta trágico contemplar la bilis del ser humano tan de cerca. En la hora y media, también hay hueco para esa sonrisa que producen las situaciones patéticas. 

La obra está bien pero la insufrible levedad del ser tampoco es un tema nuevo. El magnífico reparto, eso sí, la engrandece. Están todos de sobresalienteal dente y eso que hay momentos de acalorada discusión en los que podrían pecar de histrionismo. Sus personajes pierden los papeles, ellos los bordan. Los cuatro actores demuestran que tienen tablas, muchas tablas.

Se cierra el telón. El público aplaude. Fuera del teatro, ya hay gente haciendo cola para la próxima función… Me pregunto si todas esas personas realmente existen. A lo mejor existen pero no ven la tele. A lo mejor ven la tele pero no tienen audímetro.

Para que luego digan que en la tele todo es puro teatro… Va a ser cierto que somos hijos de un dios salvaje: la audiencia.