Ruth Méndez
Un bocadillo de tortilla fría… 5 eurazos, una lata de cerveza sin presión… Otros 3, digerirlos en una grada de Las Ventas escuchando a REM… No tiene precio.
¿Cómo puede un ser tan menudo encerrar tanto carisma?. Michael Stipe se mueve con sutileza sobre el escenario, como desafiando a la fuerza de la gravedad (viéndolo nadie dudaría de que pusieron un hombre en la luna), como si sólo le pesasen los 21 gramos de alma. Baila a lo Hari Krishna, se contonea como esos muñecos Elvis que cuelgan en los coches…. Lo da todo y sin una arruga en su elegante americana ( en este caso lo de ” y sin despeinarse” no es muy apropiado). Es una estrella con los pies en la tierra, que baja de las alturas para sentir al público de cerca. El miércoles, en la plaza de toros la banda (que nunca ha visto una corrida, ni ganas que tiene) salió por la puerta grande.
REM suena en directo como suena en disco ( que tomen nota Madonna y compañía). Da gusto que una banda no decepcione, que no viva de rentas, que pueda incluir en su repertorio auténticos himnos (Con Losing my religion la gente perdió la cabeza, cuando tocaron It’s the end of the world as we know it daba la sensación de que el mundo se estaba acabando en ese mismo instante) pero también temas nuevos (Accelerate, su último y más que aceptable nuevo disco, salió a la venta el pasado mes de abril).
Hablamos con Stipe justo antes del concierto. Es escueto en las respuestas pero las piensa y mucho. Impresiona escuchar su inconfundible voz de cerca. Últimamente ya no se pinta antifaz negro pero sus ojos azul intenso destacan igual en su tez tan blanca.
Nos contó que le había pedido algún consejo para lidiar con el público español a su amigo Miguel Bosé. Adora nuestro país (nos confesó que en estos momentos considera España el escenario político del universo). Stipe, artista comprometido, es crítico con Estados Unidos y con la administración Bush, él es de Obama.
REM (Rapid Eye Movement) es la fase más intensa del sueño. La banda liderada por Michael Stipe hace honor a su nombre y no lo digo porque duerman al respetable sino por todo lo contrario… Son especialistas, desde hace casi tres décadas, en eso de hacer soñar y eso, anoche, costó 50 euros.









