David Cacho / dcacho@informativost5.com
And that’s the way it is. Y asà son las cosas. Amén. Imagino a las decenas de millones de norteamericanos que veÃan a diario las noticias que daba Walter Cronkite en la CBS asintiendo con la cabeza, como si acabaran de escuchar la homilÃa dominical, cada vez que el periodista más celebre de Estados Unidos cerraba su informativo con la aún más famosa coletilla.
Walter Cronkite, que acaba de fallecer a los 92 años, es al periodismo norteamericano del siglo XX lo que Hitchcock al cine o Cartier-Bresson a la fotografÃa. Pertenece a esa época -últimos años 50, la década de los 60 e inicios de los 70- en la que el público todavÃa creÃa en la televisión. Era un tiempo en el que -siguiendo la máxima de Kapuscinski- no habÃa sitio para el cinismo en este oficio. Si hoy se retransmitiera en directo la llegada a la Luna, como hizo Cronkite hace justo ahora cuarenta años, muchos dudarÃan hasta de la verosimilitud de esas imágenes. En sus tiempos no. Ni en los suyos ni en los de Murrow -aquél del famoso buenas noches y buena suerte- el público se atrevÃa a cuestionar lo que veÃa. Aquélla fue la edad de la inocencia del periodismo televisivo…
Por eso, cuando varias décadas después y ya curados de espantos, Ernesto Sáenz de Buruaga copió la frase de Cronkite y añadió al asà son las cosas, asà se las hemos contado, la coletilla sonaba falsa, ampulosa e incluso descarada. Porque la muerte de Cronkite sucedÃa hace unas horas. Pero la de ese periodismo de masas que él representaba, capaz de golpear a diestra y a siniestra y sobre el que no planeaba la sombra de la duda llegó hace ya mucho mucho tiempo…











