Cualquiera, con los ojos de Paul Newman, se habrÃa dedicado a vivir de ellos. Cualquiera, con su sonrisa desarmante, con su planta, con su cara, con su hermosura a prueba de arrugas, habrÃa olvidado que es mortal. Él no. Él vivió como si el cielo no lo hubiera bendecido con todos los dones posibles. Trabajó incansablemente, se comprometió en la vida y en el amor y tuvo siempre presente que el hombre es un ser que se mide por sus obras.
Las de Paul Newman nos acompañarán siempre…
En el cine protagonizó una de las pelÃculas más tristes y hermosas que se hayan hecho: El buscavidas. En ella daba vida a la que acabarÃa convirtiéndose en la especialidad de la casa: el antihéroe. La gata sobre el tejado de zinc, Marcado por el odio o Hud, el más salvaje entre mil son buenos ejemplos de ello.
Pero, sinceramente, creo que como actor Paul Newman llega a la madurez en los ochenta. De la mano de Sidney Pollack en Ausencia de malicia, de Sidney Lumet en Veredicto final y de Martin Scorsese en El color del dinero. Tres grandes que lo convirtieron definitivamente en un mito del celuloide. Tres interpretaciones, cómo no de perdedores, que están entre las más sutiles y maravillosas de todo el siglo XX.
Por cierto, cuando -después de varias nominaciones infructuosas- Paul Newman ganó el Óscar en 1986 por El color del dinero, dejó una frase de agradecimiento genial: esto es como cuando persigues a una mujer hermosa durante años sin que te haga caso y, de repente, finalmente un dÃa accede para tu sorpresa. Lo que te apetece decirle es: lo agradezco mucho, pero estoy cansado…
No se cansó, sin embargo, Newman, de trabajar ni de amar ni de vivir. La muerte de su hijo mayor tampoco lo alejó del camino. Ni un pelo de tonto es una joya de los noventa completamente olvidada y despreciada que le permitió componer otro de sus grandes personajes, el de un anciano lúcido y desencantado en medio de esa América nevada y profunda que tanto nos gusta desde las novelas de Russell Banks. El patriarca mafioso de Camino a la perdición y el detective jubilado con Ãnfulas del Jack Nicholson de Chinatown en Al caer el sol completan una filmografÃa de envidia, que incluyó -cómo no- dos de las pelÃculas más famosas y con más exito de la historia del cine: El golpe y Dos hombres y un destino.
Paul Newman, amante esposo de Joanne Woodward, dueño de una de las marcas de salsas más importantes del mundo, precoz padre sin hijo, tardÃo piloto de carreras, filántropo entregado a las más diversas causas, encontró tiempo también para dirigir. Raquel, Raquel y El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas son dos pelÃculas brillantes y, posiblemente, de no estar dirigidas por un sex symbol mundial, habrÃan tenido aún más reconocimiento.
Es triste pensar que, de la edad dorada de Hollywood, quedan ya sólo Elizabeth Taylor, Kirk Douglas y pocos más. Pero en el caso de Paul Newman la pérdida es aún mayor porque él seguÃa trabajando. Hace sólo tres años ganó el Globo de Oro para televisión y el Emmy por Empire falls, y hace dos participó en el doblaje de Cars.
El chico más guapo del mundo pasará a la Historia como el más inteligente. El más sensible. El más versátil…
Paul Newman se ha ido con el verano. El invierno queda para los mortales, para los que simplemente soñamos con coger el taco de billar, apurar el pitillo, levantar la mirada y -con una leve sonrisa burlona- desafiar al Gordo de Minnesota con la clase con la que lo hizo Eddie Felson.









