Ruth Méndez
Puedo aceptar barco como animal acuático y, vaaaale, Australia como animal de compañía. Pero decir que la última de Baz Luhrmann es el Lo que el viento se llevó de este siglo o una especie de Memorias de África… Por eso no paso, y me da igual que se lleven el Scatergorix.
La historia está más que contada y bastante mejor: un poquito de amor, de guerra, de aventuras, de rancho y de inglesita pija que no se acostrumbra al campo. Según el argumento oficial, la cinta trata el tema de los aborígenes australianos. Lo hace de una manera tan superficial como pretenciosa y apesta a moralina. Las situaciones increíbles se suceden; algunos ven en estas exageraciones el sello kitsch del director de Moulin Rouge. Yo no puedo con tanta extravagancia gratuita…
Desde luego, los productores le han sacado partido a lo de contratar al hombre más sexy del mundo. Hugh Jackman luce sus abdominales pluscuamperfectos con tal descaro que si se tratase de una mujer alguna organización feminista habría puesto el grito en el cielo. Habría que admitir que el australiano defiende maravillosamente el papel. En cuanto a Nicole Kidman, su sospechosa ausencia de arrugas está borrando también sus excelentes dotes como actriz. En Australia, adolece de inexpresividad. A este paso, sólo va a poder mover con soltura las pupilas… Una lástima.
Los que sin duda son de ensueño son los paisajes. Las dos horas de metraje no se hacen largas. Lo dicho, acepto Australia como película de compañía.










