21 julio 2009 a las 19:06 por gruposalvaje

¿Quién le cuenta la hazaña a quién?

David Cacho / dcacho@informativost5.com

Si no nos dicen los nombres de esos tres ancianos que miran sonrientes y atentos al Presidente de los Estados Unidos, no sabríamos muy bien quién es el que cuenta aquí cómo el ser humano superó todos los obstáculos posibles, venció las resistencias de los cínicos, hizo creer a los descreídos y dio un regalo de esperanza a todo el planeta… No sabríamos, en fin, quién es el héroe que cuenta la batallita.

Una vez desvelada la identidad de Armstrong, Collins y Aldrin sí… Estamos en disposición de reconocer que fueron ellos quienes pisaron la Luna por primera vez. Pero ese gesto enfático de Barack Obama con la mano, esa capacidad suya de atraer la atención del público, ese parecer ir andando siempre sobre las aguas… Nos dicen que el que la trajo a la Tierra fue él. Y así parecen reconocerlo también los tres célebres astronautas: lo nuestro no fue nada, sr. Presidente. Cuente, cuente usted cómo consiguió elevarse por encima de las estrellas de su partido y de los asteroides que conspiraban a su alrededor para derribarlo… Cuéntenos usted a nosotros cómo se conquista la Luna

Me encanta esta foto…

12 julio 2009 a las 0:22 por gruposalvaje

Y la realidad estropeó una foto grandiosa…

David Cacho / dcacho@informativost5.com

Mira que me lo tenían dicho… Que no me fíe de las apariencias. Que una imagen vale más que mil palabras pero engaña como cien mil. Que nada de lo que veamos en los medios tiene más valor que el del mito. Que lo recreado -más que lo reflejado- por la fotografía no es la realidad, aunque acabemos tomándola como tal. Que sí. Sí. Sí. ¿Y? ¿Qué queréis que os diga? Me hizo ilusión ver a ese hombre que parece diseñado por ordenador de tan perfecto en un gesto tan prosaico, tan procaz…

Pero no. Barack Obama no estaba admirando el palmito de la joven a su derecha sino cediendo el paso a la mujer que aparece detrás de él. Es una confusión parecida a la que tuvo lugar hace unos meses, también con Obama y Sarkozy como protagonistas -el francés, por cierto, sí miraba embelesado los encantos de la joven, lo contrario habría sido ya muy fuerte-. La foto que véis aquí debajo habla por sí sola. Todos dimos la primera lectura como correcta, básicamente porque reproduce el esquema de la realidad que tenemos en mente. Sarkozy marca territorio ante el charme de Obama, podría haber sido el pie de foto. Luego resultó, viendo el vídeo, que no. Que el fotógrafo simplemente había pillado al presidente galo en el momento exacto en el que bajaba el brazo. Y la cercanía al trasero de su esposa era simplemente un efecto óptico

Pero… Pensémoslo bien. ¿Nos estaba engañando realmente esa foto? ¿No tenemos derecho a que nuestras imágenes sean tan tramposas y maniqueas como nuestros propios conceptos mentales? Me explico… ¿Acaso no es una realidad incuestionable que Papá Noel viste de rojo por mucho que ese traje sea un invento de la Coca-Cola y no se corresponda en absoluto con el atuendo del Santa Claus o del San Nicolás histórico? ¿No pensamos todos que Halloween es una fiesta yankee por mucho que la introdujeran en Estados Unidos los emigrantes irlandeses que huían de las hambrunas en el siglo XIX? ¿No es más real, en fin, la Venecia recreada por Canaletto que la captada por nuestros propios ojos? El simulacro es el dios de nuestros días. Y la fotografía, el cine y la televisión sus profetas. La foto de Obama inducía a una lectura errónea, en efecto. Pero que nadie se equivoque. Ésta era inocua, se desmantelaba con facilidad. Las peligrosas son todas las demás…

18 junio 2009 a las 17:18 por gruposalvaje

Annie Leibovitz: la irresistible levedad del glamour

David Cacho / dcacho@informativost5.com

El director de cine Frank Capra llamó a sus memorias El nombre delante del título, que hace referencia al hecho de que él fue el primer director cuyo nombre las productoras situaron antes del título de la película -Frank Capra’s It happened one night, por ejemplo-. Con ello quedaba claro que, tanto como los actores protagonistas, vendía el director…

Algo parecido pasa con Annie Leibovitz, seguramente la fotógrafa más famosa del mundo. Que sea la mejor es mucho más discutible. Su celebridad absoluta, sin embargo, está fuera de toda duda. Anna Wintour, la despótica directora de Vogue parodiada en El diablo viste de Prada, considera a su asalariada Leibovitz una estrella más de sus portadas, a la altura de las que fotografía. Y, de hecho, su nombre aparece en muchas ocasiones a mayor tamaño que el de sus retratados. Vanity fair y Rolling Stone, que le deben sus dos portadas más famosas de la Historia -la de una embarazadísima Demi Moore la primera y la de John Lennon acurrucado como un feto junto a Yoko Ono la segunda-, no habrían sido lo mismo sin ella. Y, en fin, no hay político, músico o actor que no corra raudo y veloz al llamamiento de la Leibovitz. 

Éste, el de su celebridad, es de hecho su gran valor añadido como fotógrafa. Que Cindy Crawford esté dispuesta a enrollarse una serpiente al cuello, que Angelina Jolie se meta en una bañera para enseñar sus tatuajes de la espalda o que Cayetano se ponga el traje de luces sería imposible si no consideraran a la autora una de los suyos, una leyenda viva -título que por cierto, tal cual, le ha otorgado la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos-.

No hay que quitarle mérito a Leibovitz. Comprende como nadie que una buena portada debe ser como un anuncio, con sus dosis de provocación -ahí está la famosa portada de Vogue con Lebron James a lo King Kong-. Y fue la primera en conseguir que, de vez en cuando, los editores de revistas se atrevieran a publicar en portada retratos de cuerpo entero.

El ingenio de Leibovitz es gigantesco, pero sus presupuestos lo son aún más. Su calidad… evidente. Su caché… indiscutible.

Es curioso. Annie Leibovitz tiene un físico contundente y aspecto de persona un tanto fría. Ambos contrastan, sin embargo, con una mujer cálida e indecisa. Las fotografías que reflejan la agonía y muerte de Susan Sontag, su pareja durante años, son posiblemente uno de los documentos más escalofriantes que se recuerdan en la fotografía contemporánea.

Su retrospectiva de los años 1990-2005 -A photographer’s life- puede verse en la sala Alcalá 31 -de la Comunidad de Madrid-, dentro de las actividades de PhotoEspaña 09.