1 noviembre 2008 a las 0:35 por gruposalvaje

Bendición, padre Fortea: mi tarde con un exorcista

 

Nuestro padre Karras.

David Cacho

dcacho@informativost5.com

Ayer por la tarde estuve con uno de los dos exorcistas oficiales que hay en España, o sea, que cuentan con el visto bueno del Vaticano. Se trata del sacerdote José Antonio Fortea -el otro es el padre Queralt, de Barcelona- y acaba de publicar sus memorias, algo inusual en alguien de apenas cuarenta años. Varias cosas me acojonaron sorprendieron durante la charla con él:

-Resulta que, nada más llegar, nos rodearon varias moscas que no nos dejaron en paz hasta que nos fuimos de la iglesia de Fortea. Ya sé, ya sé que se supone que en ningún lugar íbamos a estar más a a salvo del señor de las moscas, pero ya es mala suerte que nos rodeen cuando estamos grabando un reportaje de exorcismo. Que quede claro que yo no creo en el diablo pero… ¿Qué queréis que os diga? Tampoco creo en la reversibilidad de mis tejidos adiposos, y ahí me tenéis, día sí y día también en el gimnasio… En fin, que mejor no tentar al mismísimo.

-Cuando le pregunté a Fortea si había llevado a cabo alguna sesión de exorcismo en la iglesia en la que estábamos, la suya de Anchuelo (Madrid), me habló de las molestias que causarían a los vecinos los gritos y los vómitos de los supuestos poseídos como quien habla de los inconvenientes de fregar el suelo antes de barrer.

-Al finalizar el reportaje, que este sacerdote ultramediático dirigió como si fuera Steven Spielberg -no, ahora deberíais cogerme un contraplano frontal, y no iluminar con pinga porque me deslumbra demasiado, nos decía- nos ofreció su bendición. Y yo, como no sé decir que no más que a un plato de calabacines gratinados, pues para la sacristía que me fui. Lo mío no tardó demasiado, pero mi compañera Carmen tardó un poco más de lo normal. ¿Que cuánto es lo normal en estos casos? No me digáis… El caso es que yo ya me veía rescatándola en brazos, con espumarajos en la boca y una cruz grabada a fuego en la espalda. Al final, resultó que, simplemente, el padre Fortea había descubierto que Carmen era más atea que Lenin en carnaval, y trató de ganarla infructuosamente para la causa.

En fin, bromas aparte, José Antonio Fortea es todo un personaje. Tiene un blog donde cuelga sus reflexiones, no sólo teológicas sino políticas, sociológicas… ¡¡¡y hasta cinematográficas!!! Hoy mismo es el gran protagonista de la sección de cultura de nuestros informativos. Ya me contaréis qué os parece…