21 marzo 2009 a las 14:40 por gruposalvaje

“Man on wire”: la increíble historia de Philippe Pétit ****

David Cacho / dcacho@informativost5.com

El paseo de Philip Pétit entre las dos Torres Gemelas

El paseo de Philippe Pétit entre las dos Torres Gemelas

Al verlo recoger el Oscar al mejor documental hace unas semanas, uno ya se daba cuenta de que Philippe Pétit -protagonista de este documental ganador de todos los premios habidos y por haber- es todo un personaje. Mucho tiempo se ha tardado en llevar al cine sus peripecias: las de un hombre empeñado en desafiar la ley de la gravedad, las de un funambulista que quiso pasearse durante media hora entre las Torres Gemelas de Nueva York con la sola ayuda de un cable y el único objetivo de que los hombres volvieran a mirar al cielo…

Imágenes del documental (pieza de Informativos Telecinco)

Yo había oído hablar de él hace unos años en un texto de Paul Auster, uno de sus mayores admiradores. Lógico. La hazaña de Pétit, hace ya treinta y cinco años, impregnó de poesía para siempre una zona tan árida y antipática como el distrito financiero del sur de Manhattan. Pero, desde entonces, nunca más. Me parecía increíble que un héroe de las características de Pétit, con sus paseos a través de la bahía de Sidney o del campanairo de Notre Dame, no hubiera sido nunca objeto de un documental o incluso de una película.

Ahora se estrena en España Man on wire, la obra que muestra las vertiginosas imágenes de esos paseos. Y no sólo eso. También la increíble historia de cómo Pétit y sus compañeros consiguieron subir hasta la azotea del World Trade Center sin permiso, atar un cable entre las dos torres y, finalmente, ejecutar ese paseo al que se bautizó como el delito artístico del siglo XX.

Merece la pena verlo. Está contado por el propio Philippe Pétit -comunicador nato- como si fuera una película de suspense. No creo que nunca tengamos la suerte de ver algo parecido a lo que él hizo en directo, pero Man on wire es al menos un buen sucedáneo. Y, sobre todo, la constatación de que -en efecto- nos habíamos olvidado de mirar al cielo…

8 diciembre 2008 a las 21:06 por gruposalvaje

“Corazones rebeldes”: los viejos y la música ****/5

David Cacho / dcacho@informativost5.com

A mí que me lo expliquen. ¿Cómo es posible que la historia de un grupo de gente con una edad media muy superior a los ochenta años y cuyo achaque más leve es una artrosis galopante te haga salir del cine con tantas ganas de comerte la vida?

El coro norteamericano "Young at heart".

El coro norteamericano "Young at heart".

“Octogenarios con mucho ritmo”

Y mira que, a pesar de las buenas referencias -Carlos, tenías razón- me resistía a ver la película. Los ancianos rockeros, enérgicos y cantarines -en fin, los superabuelos- me producen dentera, siento la incorrección política… Pero resulta que, nada más empezar, nos dejan claro que no. Que esta gente no es Keith Richards dentro de quince años. Que a esta gente lo que le va es la música clásica y que las canciones de Sonic Youth o de The Clash que figuran en su repertorio, más que melodía, le parecen ruido. En fin, lo normal…

Pero, como dice uno de ellos a sus noventa y pico años: estoy en este coro porque me gusta abrirme nuevos horizontes. Desde esa frase, un servidor saca el pañuelo -bueno, ya lo tenía sacado, esta congestión nasal me está matando…- y no lo guarda en toda la película. A lo que asistimos es a un milagro. Primero, periodístico: ¿cómo es posible haber reunido un material tan excepcional? ¿Fue suerte? ¿Grabó el autor la historia del coro Young at heart durante años? Todo está tan hilado y tan prodigiosamente manipulado -en el buen sentido de la palabra-, todas las piezas encajan tan bien que uno se pregunta si, en vez de un documental está viendo ficción… Esas piezas son, por ejemplo, la muerte de dos miembros del grupo justo en el momento más dramático de la trama. Curioso. Si las hubiera utilizado un reality de televisión, todo el mundo se le habría echado encima. Si el reality es de cine, o sea, un documental, está bien. Claro que está bien. Pero en un caso y en otro. Porque la muerte de estos dos hombres, en el fondo, es un motivo de celebración. No de duelo: llegó la muerte y no tuvo sus ojos…

Como en El viejo y el mar, o como en aquel hermoso texto del poeta turco Nazim Himket del que os hablaba hace unos días, estos seres humanos han decidido plantarle cara a la muerte del único modo en el que se puede vencerla: actuando como si ella no existiera, como si la parca no fuera a venir nunca a la cita, luchando hasta el final, abriendo el periódico para ver las noticias cuando uno se sabe condenado, cantando incluso cuando falta el oxígeno…

Lo único malo de esta película es el título. El español, claro. En el original, Young at heart, simplemente reproducen el nombre del coro… Corazones rebeldes es título de telefilm, y no de la HBO precisamente… ¿Que no?