13 noviembre 2008 a las 16:19 por gruposalvaje

La sombra de “El circo de sol”

Ruth Méndez

rmg@informativost5.com

Trapecistas que literalmente vuelan, contorsionistas que exprimen su cuerpo a la mínima expresión, malabaristas infalibles y yo… ¡Chan-ta-ta-chán! Incapaz de emocionarme con ello. Me esfuerzo, empiezo a observar con atención y, al rato, me sorprendo a mí misma, en la grada, pensando en mis cosas.

Debo de ser la única mortal a la que el Circo del Sol (Cirque Du Soleil, perdón) le aburre soberanamente. Todos los montajes me parecen el mismo repetido. La gente mata por unas entradas y siempre sale con ganas de más. Y a mí, que me encanta el ballet, el teatro, el cine… ¿Qué me pasa? ¿Tendré que consultárselo al médico?

Hoy me siento más culpable que nunca reconociendo esto porque he comprobado de primera mano la cantidad de horas, de sangre, sudor y me imagino que de lágrimas que echa cada una de las 135 personas que trabaja en esta compañía.

He visitado ”la sombra” del Circo de Sol, esa trastienda que nunca iluminan los focos de la pista. Debajo de la inmensa carpa blanca, una lona que pesa más de 5 toneladas, conviven artistas de 22 nacionalidades distintas, los hermanos Santos son los únicos españoles. Un tipo, desde que llegamos hasta que nos hemos ido, unas dos horas, no ha parado ni un segundo de hacer abdominales mientras una chica no ha dejado de pedalear.

Esta compañía nómada se lleva su sastrería a cuestas (gastan al año más de 20 kilómetros de tela) y también su cocina (sirven 400 comidas diarias). Tiene más seguridad que la NASA y un eficaz departamento de fisoterapeutas…

¡Ay! Qué lejos queda el circo de Chispita y sus gorilas, el de Fofo, Gabi y Miliki… Ni elefantes, ni leones, ni payasos con la nariz roja. El mayor espectáculo del mundo, hoy en día, es el mismo mundo. ¡¡¡¿Cómo están ustedes?!!!