gruposalvaje a 18 junio 2009 a las 17:18

Annie Leibovitz: la irresistible levedad del glamour

David Cacho / dcacho@informativost5.com

El director de cine Frank Capra llamó a sus memorias El nombre delante del título, que hace referencia al hecho de que él fue el primer director cuyo nombre las productoras situaron antes del título de la película -Frank Capra’s It happened one night, por ejemplo-. Con ello quedaba claro que, tanto como los actores protagonistas, vendía el director…

Algo parecido pasa con Annie Leibovitz, seguramente la fotógrafa más famosa del mundo. Que sea la mejor es mucho más discutible. Su celebridad absoluta, sin embargo, está fuera de toda duda. Anna Wintour, la despótica directora de Vogue parodiada en El diablo viste de Prada, considera a su asalariada Leibovitz una estrella más de sus portadas, a la altura de las que fotografía. Y, de hecho, su nombre aparece en muchas ocasiones a mayor tamaño que el de sus retratados. Vanity fair y Rolling Stone, que le deben sus dos portadas más famosas de la Historia -la de una embarazadísima Demi Moore la primera y la de John Lennon acurrucado como un feto junto a Yoko Ono la segunda-, no habrían sido lo mismo sin ella. Y, en fin, no hay político, músico o actor que no corra raudo y veloz al llamamiento de la Leibovitz. 

Éste, el de su celebridad, es de hecho su gran valor añadido como fotógrafa. Que Cindy Crawford esté dispuesta a enrollarse una serpiente al cuello, que Angelina Jolie se meta en una bañera para enseñar sus tatuajes de la espalda o que Cayetano se ponga el traje de luces sería imposible si no consideraran a la autora una de los suyos, una leyenda viva -título que por cierto, tal cual, le ha otorgado la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos-.

No hay que quitarle mérito a Leibovitz. Comprende como nadie que una buena portada debe ser como un anuncio, con sus dosis de provocación -ahí está la famosa portada de Vogue con Lebron James a lo King Kong-. Y fue la primera en conseguir que, de vez en cuando, los editores de revistas se atrevieran a publicar en portada retratos de cuerpo entero.

El ingenio de Leibovitz es gigantesco, pero sus presupuestos lo son aún más. Su calidad… evidente. Su caché… indiscutible.

Es curioso. Annie Leibovitz tiene un físico contundente y aspecto de persona un tanto fría. Ambos contrastan, sin embargo, con una mujer cálida e indecisa. Las fotografías que reflejan la agonía y muerte de Susan Sontag, su pareja durante años, son posiblemente uno de los documentos más escalofriantes que se recuerdan en la fotografía contemporánea.

Su retrospectiva de los años 1990-2005 -A photographer’s life- puede verse en la sala Alcalá 31 -de la Comunidad de Madrid-, dentro de las actividades de PhotoEspaña 09.

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