David Cacho / dcacho@informativost5.com
No sabemos todavÃa por qué inmenso vacÃo navegaba la mirada de aquella mujer emigrante. Pero sà cuál era el horror del que huÃan los dos niños que se escondÃan en su regazo… Lo sabemos porque es el mismo que vuelve a campar hoy por los páramos del mundo. En los años 30, los dos pequeños lograron zafarse de la cámara. Hace pocos meses, la televisión norteamericana rescató a uno de ellos del anonimato y él la correspondió con un titular: Nunca pensé que volverÃamos a vivir una situación parecida a la que pasamos entonces…
La exposición dedicada a Dorothea Lange, más concretamente a su obra de los años 30 y 40 -la más conocida y la más reconocida-, es una de las grandes estrellas del PhotoEspaña de este año. Quizá por la inevitable comparación con los tiempos actuales, parece que se ha puesto de moda rescatar a los grandes fotógrafos americanos de aquellos años: a los retratistas de la miseria como Lange o Walker Evans -hace poco en la Fundación Mapfre-; a los cronistas del crimen -Weegee en la Fundación Telefónica-; o al trovador sentimental de los desheredados -Eugene Smith en el PhotoEspaña del año pasado-.
Me parece bien. En las fotos de Dorothea Lange están muchos de los planos de Las uvas de la ira de John Ford; en los retratos de Smith de una comadrona sureña se reconocen imágenes de El color púrpura, estoy seguro de que Spielberg estudió su obra; del acercamiento de Weegee a los sucesos bebe, en fin, gran parte del thriller cinematográfico hecho desde entonces…
Es curioso. Tanto Walker Evans como Dorothea Lange fotografiaron a centenares de jornaleros sin casa y de granjeros sin tierra por órdenes directas del gobierno, que los contrató para que el paÃs supiera el alcance exacto de la crisis. Ésa era, pensaba Roosevelt con razón, la mejor manera de unir al paÃs contra la depresión. Mejor no hacer comparaciones…
Lange seleccionó las fotos que se publicaron en decenas de publicaciones de entre miles de ellas. Descartó todas aquéllas en las que hubiera el más mÃnimo rastro de embellecimiento, de esteticismo: un contrapicado que realzara al personaje, un contraste lumÃnico que lo ennobleciera… Y, con todo, por debajo de esa mirada documental y despojada de sentimentalismo, tras toda la mugre y los harapos de sus protagonistas, late una verdad, se vislumbra un rayo de esperanza. Se llama dignidad humana. Nunca podrán con nosotros, decÃa la madre de Las uvas de la ira. Porque nosotros somos la gente. Somos la gente…
La exposición Dorothea Lange: los años decisivos puede verse en la Fundación ICO -c/Zorrilla, 3, Madrid- del 4 de junio al 26 de julio.










