5 diciembre 2008 a las 8:21 por elgato

Como un lobo

Dice así:

«Parece que
el miedo ha conquistado
tus ojos negros
profundos y templados
¿qué va a ser de ti? ¿qué va a ser de ti?»

Es la primera estrofa de la canción de Miguel Bosé con la que titulo hoy. Anoche le escuché cantarla en directo, en el último concierto de la gira ‘Papitour’, que tuvo lugar en Madrid y donde este gato estuvo acompañando a Mercedes Milá, todo un honor. Las canciones de Bosé son la banda sonora de mi vida, me han acompañado en mis éxitos y mis fracasos, en el amor y el desamor, con el viento de cara y empujado sin piedad a cruzar la calle cuando no debía. Toda una vida de músicas y letras enigmáticas, de sensaciones y de vida.

Me permitirá el lector contar que anoche todas esas canciones pasaron delante de mis ojos como un alegre recuerdo (“Que mi historia no traiga dolor, que mis manos trabajen la paz, que si muero me mates de amor, nada particular”). Por un momento miré a mi alrededor y vi miles de pulmones cantando a la vez, miles de corazones latiendo como uno solo (“Cantaré y enloqueceré, sentiré puñales de placer”). Me emocionó esa extraña comunión entre desconocidos que puede lograr un puñado de canciones (“Y cada noche vendrá un estrella a hacerme compañía, que te cuente cómo estoy y sepas lo que hay”). Como igualmente me pareció muy bello ver tanto y tanto amor (“Fue tanto amor, fue tanto amor. Fue tanto, tanto, tanto amor. Que no encuentro un momento pa’ olvidar”) volcado hacia una persona, a la que queremos tras tantas veladas compartidas a través de una pantalla de televisión.

Del primero al último, desde una dama de la alta sociedad hasta el joven de las rastas que pasa con un ‘mini’ de cerveza en la mano y le grita “eres cojonuda, Mercedes”. Desde Boris Izaguirre hasta la auténtica ‘morenamía’ (¡Qué mujer! “Bien, bien, bien”). Todos la quieren, y todos le dicen Mercedes. Fue una noche de miles de flashes, que ella aguanta con serenidad e incluso alegría (“Me primavero y me otoño, me estío y me invierno, me adapto con serenidad”). Fue una velada única.

Y cuando escuché a Bosé cantar ‘Como un lobo’, una de mis preferidas, pensé en ese lobo herido, salvaje y estepario, un poco loco, de mirada profunda y tantas veces triste. Y cuando cantaba ‘Los chicos no lloran’ con Summers pensé en ese canalla, y el pasaporte con el que muchos parecen dispuestos a llevarle al congo, si es preciso. No creo que haya habido otro concursante que levantase tantas y tan encontradas emociones. Iván, el lobo estepario, el canalla, ese que no sabemos qué será de él, y del que quiero hablar hoy.

Había pospuesto el momento, y voy a aprovechar este, tras el día tranquilo de ayer en el que las bromas y el buen rollo reinaron en la casa, que respira en estos días como un solo pulmón, tal que pareciera como si estuvieran fumigando el odio y la negatividad con que algunos de los que ya no están la inundaron. Fuera está cayendo la del pulpo para algunos, con esa situación de adulterio entre programas, en la que Efrén aparece como protagonista en Gran Hermano y Carlos Hoya en Mujeres y hombres. Y viceversa, nunca mejor dicho. Me da igual lo que haga esta gente, ese es un circo para el que ni tengo ni quiero invitación, pero no puedo evitar pensar en esa Loli que en el último debate, sentada al lado del interfecto (le veo cadáver mediático ya mismo), sugiere que quiere llegar virgen al matrimonio, lanzando miraditas al tío que acertadamente rebautizamos como ‘soylapera’. Lo peor para ellos debe ser ver como el barbecho que dejaron en la casa empieza a florecer.

Iván ha logrado un apoyo importante entre la audiencia votante y también en la opinante, tanto que algunos han llegado a decir que la comunidad unida en torno a este blog es ‘ivanista’. Lo cierto es que nuestros amigos son un fiel reflejo de lo que vemos hasta el momento en la generalidad. Este concursante está teniendo en nuestras encuestas de la primera radiografía, la misma noche de las nominaciones, en torno a un 20 y un 30 por ciento de los votos, de igual modo que cerca del 80 por ciento de los comentarios le son favorables. El resto se sienten en una molesta minoría, lo cual es entendible, y lo achacan a un pensamiento único que no se ha dado en otras ocasiones.

El año pasado, sin ir más lejos, este gato escribía algunas de sus líneas más duras sobre Judith Iglesias mientras la aplastante mayoría de nuestros amigos la apoyaba, reflejo de como la audiencia la terminó aupando a la victoria. En ocasiones anteriores pasó también algo parecido, lo cual demuestra que no es cierto que una masa aborregada opine al dictado de quien esto escribe. Otra cosa es que una mayoría hayamos coincidido esta vez en torno a la defensa de un personaje a quien parecen odiar los que menos seguimiento hacen del programa, junto a esa minoría de la que hablaba antes.

Pero, ¿cuáles son las razones de ese odio? ¿están algunos empatizando con aquellos que extendieron esa especie de que Iván es un egoista prepotente? Creo sinceramente que sí, algo de eso hay. El mensaje ha sido tan insistente, tan repetido y tan obsesivamente mantenido por un grupo de concursantes (en su mayoría ya en la calle), que inevitablemente se ha extendido la idea, con tan poco fundamento como tenían los que ayudaron a su difusión. Incapaces de defender sus ideas, explicando las razones por las que les parece egoísta, por ejemplo, terminan reduciendo el tema a una cuestión de piel, lo cual es tan lícito como inconsistente.

Es cierto que hay personas que nos caen mal y otras bien, pero nada justifica el odio que he apreciado en algunas ocasiones, acompañado de gestos violentos, como de quien desearía machacar a esa persona con sus propias manos, infligiéndole un castigo simplemente porque no termina de gustarles. Hombre, por favor, un poco de moderación. En el otro lado está una masa hoy por hoy más numerosa, que en ocasiones puede justificar de forma igualmente débil su defensa a este concursante, pudiéndolo resumir en una simpatía que se transmite a través de los sentidos.

Lo primero que me llama la atención en Iván es su generosidad hacia los demás, la entrega desinteresada con la que se ha dedicado a todo aquel que se le acerque. Precisamente, me parece generoso y desinteresado. Lejos de ese perfil de clasista (de acuerdo que algo así dijo en un casting, probablemente en respuesta a algo que desconocemos dentro de una batería agotadora de preguntas) ha demostrado que sus tres principales aliados en la casa son un feriante, una enana y una negra. Por otro lado, es quien más dispuesto he visto siempre a consolar al que estaba sufriendo, ofreciéndose para escuchar los problemas de quien fuera. Es probablemente el más empático, quien mejor da la réplica en cualquier conversación, utilizando la función fática del lenguaje como ninguno de los otros. Es decir, cuando hablan con Iván es difícil que el interlocutor no tenga la posibilidad de comprobar que está existiendo contacto, dado que suele ir acotando la conversación con interjecciones y gestos que dan esa idea. Sin embargo, hay otros que cuando les hablan parece que estuvieran relacionándose con una pared, no recibiendo ni el más mínimo gesto de empatía.

En el lado negativo, Iván gusta de comandar la conversación, quizá porque necesite escuchar sus argumentos repetidos hasta la saciedad a veces. Además, tiene por costumbre acotar las frases con latiguillos como “¿sabes cómo te quiero decir?”, tan molestos o más que el “tía” o “¿sabes?” de Gisela, por ejemplo, que al menos tienen a su favor la brevedad. Aunque me alucina que tanta gente haya interpretado de forma tan diferente a como yo lo he visto algunas conversaciones de Iván, convertidas ya en una especie de mito. Pondré un ejemplo, si me permitís. Un día contaba una historia que algunos han incluido en esa especie de leyenda negra sobre su prepotencia supuestamente presuntuosa, ese mito que gira en torno a yates y jeques árabes.

Hablaba de que había hecho una travesía entre Valencia e Ibiza en una embarcación motora junto a su ex novia y unos amigos, dado que uno de ellos sabe navegar. Llegado un momento se había quedado solo en la barca y esta se paró, teniendo que remar hasta la costa porque fue incapaz de darse cuenta que además de rellenar de combustible su depósito tenía que hacer lo propio con la mezcla de aceite, al funcionar esa embarcación como un ciclomotor. La historia no le favorecía en absoluto ni me resultó bajo ningún punto presuntuoso, ya que relataba precisamente su torpeza.

Pero en medio de su descripción de esa aventura logró transportarme a un mundo de ensoñación de la misma forma que ha hecho muchas otras veces, en sus conversaciones de madrugada. Hablaba que navegar de noche con sus amigos había sido una experiencia mágica, y lo contaba con tanta verdad en sus palabras, tantísima capacidad de hacerme partícipe de esa magia, que consiguió enamorarme por un momento. Ningún concursante anterior, en las otras nueve ediciones, ha sido capaz de hacerme sentir tanto, casi como si estuviera dejándome embriagar por las imágenes de una película de Cameron Crowe.

También le escuché sus dos charlas sobre los jeques árabes, algo que se ha contado como si hubiera presumido de tomar el té con príncipes herederos de Arabia Saudí, pero nada más lejos. La cortedad de miras de Gema y su ‘viudín’ hizo que les molestase escuchar a alguien contar anécdotas de árabes adinerados que cierran El Corte Inglés y discotecas para ellos solos. O la historia que tantas veces he tenido interés en aclarar de que estuvo en una de esas exclusivas fiestas de Olivia Valere en Marbella, pero se marchó con sus amigos pronto porque las copas tenían un precio prohibitivo. Y es que ha hablado de estas cosas igual que la madrugada del martes, a eso de las cinco y pico, le contaba a Orlando historias de su mili. Es un parlanchín adorable, un soñador nato, nada más lejos que un charlatán vendedor de alfombras.

Aparte de que toda la edición está girando en torno a él, lo cual sería lo de menos dado que no tiene por qué ser necesariamente positivo, la verdad es que no quiero ni pensar qué hubiera sido sin sus eternas madrugadas, las bromas con Orlando o sus inacabables juegos con Almudena, la habitante que ha logrado hacer un tándem perfecto con nuestro Urogallo. Entre los dos se nota que hay algo más que una coincidencia de intereses, personalmente veo un cariño inmenso que logra enternecer sobremanera a este gato sensiblón. Si juntamos todos los tópicos en torno a él, su pasión insistente por el jacuzzi (que no termino de entender), el gusto por los coches caros (que no comparto), o su pose de modelo (ya hablé aquí de su equívoco lenguaje corporal propio de personas muy altas); nada de esto puede superar para mí la fuerza nostálgica y triste de su mirada.

Sus ojos profundos y templados, como dice la tonada, reflejan esa tristeza inmensa de haber sufrido mucho, de no haber superado el último gran embate de la vida, la separación de la mujer que aún le tiene hondamente enamorado. No sé si será pura obsesión de este gato o quizá tenga un poso de verdad, pero en dos meses y medio he visto como sus ojos iban poco a poco sonriendo, de forma tan sincera como veo sonreír su rostro entero en muchas ocasiones. Soy consciente de que esto tiene pinta de obituario y también de que hoy me he dejado llevar tontamente. Ha escrito más mi corazón que mi cabeza, como casi nunca hago. Me he tirado a la piscina, dejándome llevar por esa pasión que la razón a veces no entiende. Pero ya es tarde para arrepentirse. Le doy a ‘publicar’. Voy allá.

20 noviembre 2008 a las 8:41 por elgato

Asín de claro

Guadalix de la Sierra. Interior Noche.

En la sala de confesiones se encuentra Loli. Está compungida (o sea, como de costumbre) y solloza (lleva unos días que no para). Parece estar esperando algo, tiene el rosario en una mano y un pañuelo en la otra. De repente se escucha una voz: “Hola Loli, ¿qué quieres?” Loli traga saliva y deja salir un hilo de voz: “Verás Pepa, quiero irme, no aguanto más la presión, me da igual pagar los doce mil euros, pero me quiero marchar ya”. Si el espectador pudiera ver estas imágenes tendría una sensación de déjà vu muy habitual. Es uno de los clásicos, aunque afortunadamente no se haya repetido muchas veces, hay ediciones que ni una, otras contaron con varias bajas. Pero volvamos a la acción.

Se escucha la ‘voz en off’ del ‘confe’: “¿Estás segura de que te quieres ir? Ten en cuenta que estás nominada e igual el público te va a echar dentro de dos días. Igual deberías esperarte un poco y ver lo que ocurre el martes”. Loli responde: “No, Pepa, de verdad, me quiero ir ya”. La disquisición sobre si se va o no se prolonga durante más de una hora. Al terminar, la concursante llega a dos conclusiones: la primera que se quiere ir fijo, y la segunda que la voz no era la de Pepa.

Un hotel de Madrid. Interior Día.

Loli descansa en la habitación de un hotel, esperando que aparezca su familia. Acaba de llegar, procedente de la casa de Guadalix, tras atravesar ese agreste camino a bordo de una furgoneta conducida por un presunto discípulo de Fernando Alonso, o al menos así lo parecía teniendo en cuenta que habían tardado poco más de media hora en llegar a plaza de Castilla. La ya ex concursante parece satisfecha de haber tomado esa decisión, ahora que está a punto de ver a los suyos. Antes de producirse el esperado reencuentro piensa en la gente que ha dejado dentro de la casa, y a su mente acude en primer lugar Iván. Fugazmente piensa bien en él, empatizando con quien ha sufrido las inexplicables iras de la mayoría de compañeros.

Pero pronto se borran las buenas intenciones de su cabeza para volver a ver el Iván caricaturizado como un tipo vago, poco respetuoso, medio borracho, que hace trampas a las damas (el juego) y no hace aprecio a las damas (las personas de género femenino), en definitiva “un cantamañanas”, como dijo Mirentxu. Con esa imagen fruto de su imaginación en la cabeza, Loli se mira al espejo de la habitación y repite en voz queda: “Te vas a joder pero bien. Si yo era la más votada y tú estabas por detrás de mí, ahora ya serás el más votado y mañana abandonarás la casa gracias a las votaciones amañadas por mi salida voluntaria. Fui capaz de bastardear las nominaciones, y ahora he hecho lo mismo con esta votación”.

Un lugar indeterminado. El gato reflexiona delante del fondo blanco de una pantalla de ordenador. Interior madrugada, pero que muy tarde.

El escenario que propongo es ficticio, pero podría ser real. Estoy bastante convencido, si no plenamente, que la concursante, después del bochorno que le ha producido toda la situación relativa a su manejo en las nominaciones con el fin de “quedar expuesta” (síndrome escaparate, podríamos bautizarlo) ni se plantea volver a mover ficha. Cualquier paso en falso sería visto fatal para una audiencia que ya ha calado a este personaje y se ha dado cuenta de muchas cosas. Pero, ¿quién puede decir que algo provoque la situación descrita en el mundo real? De hecho, en las primeras horas, tras conocer el resultado de las nominaciones, Loli llegó a decir repetidamente que si Iván se metía con ella o provocaba alguna discusión, era capaz de irse. Escuchando esto, incluso podría parecer que está a la espera de que tal cosa pase.

Es poco probable que Iván fuera a provocar una discusión con una compañera como ella, ahora que la ha visto, o ha tenido conocimiento de su bajo estado anímico. Este ‘urogallo‘ es extraordinariamente empático, lo cual justificaría que sienta pena cuando se va un compañero, por mucho que sea un contrincante con quien no se ha llevado especialmente bien (los casos de Gema y Carlos H. fueron así), o que le pase lo mismo cuando Mirentxu llora (en seco, como la limpieza en algunas tintorerías) porque no le queda crema de esa para su cara, que cuesta ciento y pico euros, lo cual le hizo decir: “me ha dado penica ahora Mirentxu”. Iván es, en definitiva, un inocente empático en el que las emociones priman sobre lo racional. Claro está, después de la emoción viene el análisis, y ahí no se equivoca mucho. Me gustó lo que dijo ayer, hablando con Mirentxu, sobre el momento en que despidiéndose le dijo Carlos H. aquello de “sin rencores”: “Y yo pensé…”, dice Iván, “joder, pues podías haber dejado los rencores cuando entraste al programa”.

Dado lo visto, creo que este concursante tan ogro, según nos lo han pintado algunos de sus compañeros, no provocará de forma consciente una discusión con Loli en la casa. Es más, ayer les vimos interactuar más de lo que venían haciendo desde el sábado pasado. Aún así, me parece interesante hacer el ejercicio que he propuesto hoy, consistente en analizar qué pasaría si un concursante nominado y que además está encabezando las votaciones decide salir de la casa antes de resolverse la nominación. Si acudimos a los antecedentes nos encontramos con dos casos en la temporada pasada, para no retrotraernos mucho.

David, el ‘fleky’, salió estando nominado, pero ningún indicativo nos decía que fuera aspirante a salir de la casa. Amor también decidió abandonar tras saberse nominada, pero en su caso la salida se produjo pocas horas más tarde de conocer la terna de nominados, por lo que apenas serían anulados un puñado de votos (recordemos que comunicó sus intenciones la misma madrugada tras la gala de nominaciones). El caso de Dadi fue similar al primero de los mencionados, dado que no estaba entre los ‘favoritos’ para abandonar la casa por decisión del público votante. Por tanto, las referencias (referentes, que diría un político moderno) no nos valen. Confieso que echando la mirada más atrás soy incapaz de recordar qué paso en otras ocasiones. Por ejemplo, cuando Carlos ‘yoyas’ abandonó obligadamente y se incorporó Alonso a la terna de nominados. ¿Se resetearon los resultados, poniéndose a cero en el momento de producirse el abandono?

Parece que lo lógico sería esto que apunto, es decir, resultados a cero y nuevo recuento tras la subida del concursante o concursantes que corresponda. En este caso sería Mirentxu. Pero incluso en este caso, las votaciones quedarían manipuladas por la voluntad de un concursante, al marcharse con el proceso de expulsión en marcha. Digamos que, en caso de pretenderlo, se podría incorporar al juego una estrategia en la que se utilizase la opción que se da a los concursantes de abandonar cuando quieran, llegando a corromper el propio proceso. Insisto en que no es algo que se produjera en cualquier caso, pero sería posible si quien decidiese jugar así (perdiendo, evidentemente, pero pudiendo presumir de haber manipulado a su antojo unas votaciones desde dentro) fuera el más votado y especialmente si abandona a escasas horas de la expulsión. Por eso, quizá sería necesario establecer una especie de periodo de carencia durante el cual los concursantes no pudieran abandonar, debiendo esperar el momento oportuno, o quizá sería otra solución el considerar nulo el proceso y dar como expulsado de esa semana a quien abandone.

En cuanto a lo que se cuece en la casa, esta semana tienen una compleja prueba que les mantendrá muy ocupados durante todo el día. Plantarán 4.400 semillas de roble, alcornoque y encina, que la próxima temporada serán ya unos árboles mocitos con los que reforestar nuestros bosques. Harán también campaña para que la gente se anime a plantar árboles y se conciencie de la necesidad de cuidar la naturaleza. Por último, dado que la campaña navideña está cerca, harán una vez más promoción de cierto video juego con el que crearán una banda de rock con la que hacer unos teóricos conciertos teóricamente benéficos. Nuestros oídos serán los únicos que con toda seguridad no resultarán beneficiados en absoluto con esta parte de la prueba.

Anoche Iván decidió derrochar su verborrea ante un auditorio inusual. Tras pasar por el jacuzzi con Almudena y antes de volver a charlar con ella (ahora en el sofá del salón), se pasó por el cuarto de maletas donde aún duermen tres habitantes (a pesar de haber dos camas vacías en el dormitorio, lo cual es explicable porque no quieran dejar sola a Mirentxu). La abuela, Liz y Julito escuchaban impávidos el discurso de Iván, que a menudo se crece a medida que avanza su monólogo. Más de veinte minutos después, su público dudaba entre cortarse las venas o dejárselas crecer, habiendo atendido las historias contadas por el modelo con una empatía tendente a cero. La única que le daba un poco la réplica era Mirentxu, soltando apenas lugares comunes y coletillas sin interés.

Eso sí, la teoría de la “luz propia” está siendo aprovechada suficientemente por Iván, tanto como su afición a remojar las ideas en agua burbujeante, a ser posible acompañado de alguien. Si esto sigue así, terminaré por cambiar el símil zoológico del urogallo por el de un pez abisal, de esos que lucen en la oscuridad de los más recónditos fondos de alta mar.

Y quiero terminar hoy con una reflexión hecha al vuelo de lo visto en los últimos días en la casa. El fin de semana pasado escuché a Chiqui decir que Palomares adoraba a Loli. La murciana lleva días poniendo a bajar de un burro a la ‘Dolorosa’, a pesar de lo cual se acerca a ella con frecuencia, sin haber dejado de mantener un trato amable en ningún momento. Enlazo lo dicho por Almudena con dos secuencias que me vienen a la mente de forma desordenada. Palomín, como le llama Iván, es agredido verbalmente el sábado desde el exterior de la casa. Le gritan “Palomares maricón”. Un poco más tarde, el modelo está consolándole durante un buen rato, igual que algunos otros compañeros. Ni rastro de Loli. El martes tras la gala, esta se coge el berrinche monumental que vimos, calificado por Chiqui como “el papelón del año”. Primero la consuela Nany, a la que se une después Gisela. Cuando estas van a cenar es Carlitos quien le hace compañía. No vi a Palomares acercarse al cuarto de baño donde lloraba Loli. Atando cabos solamente puedo decir que no es cierto que la adore. No creo que se aprecien especialmente. Posiblemente él la votó con gusto. Es tan solo una suposición, pero lo veo tal cual lo digo. “Asín de claro”, que diría Chiqui.

[Dejo cartelera, con Julito y Palomares en la historia de una Cenicienta.]

MONTSE JUANILLA & ELGATO

POR: MONTSE JUANILLA & ELGATO

13 noviembre 2008 a las 8:34 por elgato

Quantum of tranquilitas

No puedo con el ritmo que llevamos. Hace unos días me preguntó un amigo cómo iba esto de Gran Hermano. Le pedí que concretara su pregunta, si se refería a cómo va para los concursantes, para la productora o el canal responsables del programa o para este pobrecito hablador (como decía el genial Cándido). “Pues me interesa en todos los supuestos, hazme una contestación múltiple”, me respondió él. Entonces le dije que para los concursantes como siempre, para los responsables debe ir bien teniendo en cuenta que la gala de esta semana ha tenido de nuevo unos ratings de audiencia espléndidos, y para mí pues bien y mal. Bien porque no ha pasado un solo día que me falten cosas para contar y opinar, y mal porque el ritmo impuesto es tal que apenas tengo tiempo para darme un respiro y detenerme un poco a reflexionar. Por eso pretendo hoy dar unos cuantos pasos para atrás, separarme de la escena todo lo que puedo, y proyectar mi mirada sobre un conjunto de cosas, como no viéndome implicado, intentando convertir mi mirada en la de un espectador virgen e inexplorado. No sé si podré.

Lo del título de este escrito es, como parece evidente, una coña con el de la última película de Bond (‘Quantum of solace’). La traducción real de ese título (la falsa es ‘Cuánto sol hace’) vendría a ser algo así como ‘Una pizca de consuelo’, aunque ya sabemos que la banda organizada contra la que lucha esta vez el de la licencia para matar se llama precisamente Quantum, o sea, que encierra en parte un juego de palabras. Este gato juguetón se permite hoy trastear con el título y convertirlo en ‘Una pizca de tranquilidad’, o lo que vendría a ser lo mismo: ‘Dadme un respiro’, como se llamó en España aquel filme de Michael J. Fox.

Antes de ir a esto que anuncio repasaré de forma sucinta lo vivido en la casa tras la noche de nominaciones del martes. Ayer les dieron nueva prueba, una de baile, de esas tan clásicas. En las reglas se fijaba que ellos mismos formasen los dos grupos exigidos y también los componentes de cada uno de las seis parejas. Estas parecían predeterminadas porque nadie hubiera dudado en ordenarlos por criterios tan lógicos como la estatura o incluso su afinidad. Está claro que Nany y Orlando irían juntos; o Palomares y Loli. Por razones obvias Almudena se empareja con Carlitos; y Liz con Iván. Quedan Julito y Mirentxu, que son pareja de hecho; y Gisela con Carlos H., que ya quisiera ella serlo también. En el primer grupo están Almudena, Carlitos, Julito, Liz, Mirentxu y Palomares. Y el otro queda formado por Carlos H., Gisela, Iván, Loli, Nany y Orlando. No identifiqué la prueba del faro, barca y poemas, como recuerdo de otra realizada en una edición anterior, pero esta sí me recuerda a una similar en la sexta edición. Recuerdo que la exigencia de mantener en secreto las coreografías por parejas fue motivo de algún que otro encontronazo entre concursantes, ya que la casa no es lo suficientemente grande como para que no fueran descubiertos parcialmente en alguna ocasión, como una en que Miguel bailaba en el vestidor con la argentina Natacha. También, como me recuerda mi amigo Senador, en la pasada edición hubo una prueba de baile parecida.

Durante el día siguieron hablando de las nominaciones, siempre y cuando no estuvieran ocupados en la nueva prueba, que ha gustado a algunos como Iván, a pesar de considerarse un pato mareado. Bueno, él dijo “pino mareado”, porque realmente estaba diciéndole a Gisela, coreógrafa de su grupo (en el otro es Palomín, como le llama el modelo), que él hacía caso a todo lo que ella dijera, como si le decía que bailara haciendo el pino. De todo lo comentado lo más llamativo me parece esa presunción continua de Carlos ‘el hachazos’ (dice que en cuanto Iván se pasa un poco él saca el hacha y el otro recula), que está bastante convencido de que es el salvado por Almudena en la última cita que tuvieron con la sala de las puertas.

Por cierto, creo que ha habido una confusión con algo dicho por la gran Mercedes Milá, relativo a que la elección de Almudena no tendría consecuencias. Tengo claro que se refería a que las tres puertas conducían, como luego ya vimos, a la misma sala, con lo cual era un mero trámite, casi diría que una broma. Evidentemente, nada que ver con que tras elegir uno de los dos globos no pudiera cambiar la lista de nominados, como así fue. ‘Soylapera’ no solo piensa que Chiqui le habrá elegido a él, sino que se plantea que ha podido intervenir el azar, mediante la elección de uno de los globos que contendrían los nombres de los nominados. Naturalmente, también en este caso piensa que habría salido su nombre, como dijo anoche: “Yo creo que me salvó a mí y no pudo salvar a Orlando… al azar, eh, escogió un globo y me salvó a mí”. Como pitoniso es único.

También hemos tenido recientemente un par de discusiones que no llegaron a más. Una fue entre Almudena e Iván, con Carlos y Loli como protagonistas en la otra. Lo de Iván y Almu, que nos anunciaron para hoy en el diario, no lo vi aunque tengo claro que ya lo han arreglado entre ellos e incluso hemos visto en las últimas horas como ella defendía a Iván ante alguno de los muchísimos ataques y comentarios despreciativos que recibe a diario por parte de algunos de sus compañeros de piso, especialmente de Carlitos, quien parece realmente obsesionado. Más me impresionó la otra bronca porque implicaba a una Loli que desde el corte de mangas a Ana Toro no ha vuelto a ser la misma.

Tengo la convicción de que tras aquella noche de pelea entre granadinas, la que aún permanece en la casa hizo un examen de conciencia y decidió corregir su actitud para seguir rectamente el camino marcado, cumpliendo en adelante los objetivos que se había propuesto antes de entrar, entre los que debe estar no discutir y encajar en el rol pacificador que lleva desempeñando desde entonces. Loli fue la madrugada del martes directamente a obtener información de Nany, ya que esta había podido ver las nominaciones. En ese momento pasa por allí Carlos ‘Casper’ y le dice que ya está ella queriéndose enterar de todo. La respuesta de Loli es bastante contundente: “Te metes en conversaciones que no van contigo y malinterpretas todo”. Al menos fugazmente Loli volvió a ser la misma que antes de aquel corte de mangas.

Después de lo visto el martes, estoy cada vez más convencido de que los concursantes de este año están jugando muy mal. Aún me queda la duda sobre Palomares y Julito, que me gustaría despejar próximamente. Entre estos dos amigos le metieron a Carlos H. y a Orlando cinco puntos. Su sola acción podría haber sido suficiente para que ambos quedasen nominados. Es más, el primero solo recibió sus puntos, si bien el feriante obtuvo votos de otros dos, pero contó con los puntos en positivo de Iván. Podrían haber pactado sus votaciones, con la idea de poner al borde del precipicio a dos de los que verían como rivales más fuertes, y excluyendo a Iván no por razones de simpatía sino al considerar que ya obtendría votos suficientes. Es algo que ellos no suelen tener en cuenta, pero a veces cebarse con un único concursante es inútil, dado que con relativamente pocos votos se puede salir nominado igualmente.

Tengo escrito que los concursantes de este programa no libran una partida de cartas o de ajedrez al uso, ya que su destino no depende de la jugada que cada uno presente y las del resto de sus compañeros, sino que hay un factor externo inédito, que no interviene en ningún juego tradicional, que es la decisión de la audiencia votante. Una decisión que puede ser tan caprichosa como para sancionar a quien lleva la mejor jugada, aupando hasta la final a aquel que jamás tuvo una buena mano, el supuesto fracasado del tapete, quien acreditó menor fortuna. Ese factor externo del que hablo es tan importante que hace del propio juego una aventura. ¿De qué vale sacar la carta más alta si el ganador puede ser el que tenga la más baja? O cualquier otro, porque aquí ciertas reglas no son ni públicas ni constantes, y esa parte de la audiencia que vota se arroga el derecho de salvar hoy a Iván de igual forma que lo puede poner en la picota días más tarde, siempre sin dar explicaciones. En buena medida, ellos no son dueños de su destino y jamás conocerán la fórmula infalible para ganar, ni siquiera para permanecer más tiempo en liza.

Si tuviera que elegir un juego que me resultase representante de lo que supone esta experiencia creo que me decidiría por una partida de dados donde no todo es azar, ya que requiere la intervención del jugador, influye su suerte, la mano que demuestre tener tirando los dados, su resistencia, la astucia en la apuesta o el juego psicológico en el enfrentamiento con el contrario. Aunque hay algo que resulta definitivo y está por encima de todo: el dado movido por una fuerza incontrolable y desconocida. En GH esa fuerza externa y decisoria es incontrolable también y desconocida en buena medida, solamente la conocemos con el nombre de ‘audiencia votante’. La escenografía, la predisposición de los jugadores y su pose, harían pensar que la mano que lanza los dados tiene un secreto que solamente los dados conocen. ¿Hay buenos y malos jugadores de dados? Pues seguramente sí, pero tanto unos como otros dependen de una suerte externa que mueve los dados sobre el tapete. Y aún más, la extraña condición de este juego estriba en que puede ganar la puntuación más alta o la más baja, y el jugador no solamente debe conseguir que los dados queden de la forma que desea al lanzarlos, sino que está obligado a adivinar la combinación que hará de esa mano la ganadora.

Para aplicar mi teoría, los ‘julja’ habrían acertado si pudieran tener la seguridad de que darle los cinco puntos que le dieron a dos de sus compañeros fuera garantía de que uno de ellos será el expulsado. Como mucho pueden saber, como demostró Pepe y su ‘nominator’, que estarán entre los propuestos, pero no es necesariamente una apuesta a caballo ganador. Es la diferencia entre este juego y uno de naipes, donde todos conocen las reglas antes de comenzar la partida, y saben qué combinación de cartas les puede hacer dueños de la apuesta. En definitiva, aquí el jugador sabe cuál es su decisión, y posiblemente la del contrario, pero no cuál será la de los votantes. Sus decisiones, por tanto, están en función de un estado de cosas, en lo que algunos psicólogos llaman ‘pensamiento casi mágico’. Como dice Palmarini en ‘Los túneles de la mente’, esto se manifiesta de forma clara en un jugador de dados (curiosamente):

“(…) lanza un dado con más fuerza si espera que salga un cinco o un seis, y que lo lanza con delicadeza si espera, en cambio, que salga un uno o un dos. La realidad de esta diferencia en la potencia de tirada de los dados ha sido demostrada experimentalmente con todos los requisitos. El jugador sabe perfectamente que la probabilidad de que salgan los números deseados no depende de la fuerza con que los tire, pero no puede dejar de ‘intentarlo’ igualmente. Sus mandos musculares obedecen secretamente a la casi magia de su psique subterránea”.

La dificultad añadida para estos jugadores nuestros es que nunca saben cuál será la combinación ganadora, lo cual añade un componente semejante al azar puro, sin serlo en absoluto. Por todo esto que explico no termino de entender que algunos jueguen simplemente guiados por un impulso justiciero (“justicia natural”, dicen los Carlos) o poco más que por afinidades personales, sin pretender hacer una jugada ganadora. ¿Qué sentido tiene nominar a quien saben o suponen no saldrá elegido? Algunos tiran sus votos de igual forma que renuncian a concursar, quizá pretendiendo que el premio les caiga en las manos exclusivamente porque pasaban por allí en ese momento. Aunque también es cierto que, siguiendo mi propio razonamiento, la tirada de estos puede ser tan exitosa como la de cualquiera, porque como afirma siempre de forma clarividente nuestro urogallo aquí el que decide de verdad no habita esa casa. Pero también es cierto que con una buena mano todo resulta un poco más fácil.

Necesitaba este pequeño respiro para decir cosas como estas, porque son tantas las cosas que pasan cada día que no encuentro la ocasión. Ya sé que he hablado otras veces de esto, siendo uno de los temas recurrentes para este gato poco aficionado a los juegos de azar, pero tampoco hago mal a nadie volviendo a reflexiones que me resultan de interés, en la confianza de que sea algo compartido por algunos de nuestros amigos lectores y comentaristas. Mañana será otro día, y el baile (nunca mejor dicho) continua.

[Dejo cartelera, con Orlando Cruise.]

MONTSE JUANILLA & ELGATO

POR: MONTSE JUANILLA & ELGATO