28 noviembre 2008 a las 8:27 por elgato

Tanto va el ‘cántabro’ a la fuente…

¿Por qué lloraba Nany la misma noche del martes? Era poco después de haber sabido que estaba nominada, también de que saliera Loli, la que fue su mentora, el gran apoyo que tuvo en la casa, con quien decidió pasar la mayor parte del tiempo durante el día (en la madrugada está Orlando, con quien compartir juegos de cama). ¿Tenía más pena por lo primero o por lo segundo? ¿Se estaba arrepintiendo quizá de haber elegido mal sus amistades en la casa? A pesar de que ella puso la excusa de estar preocupada por la conversación que estaba teniendo Gisela con tres compañeros (Almudena, Iván y Liz), yo creo que lloraba porque se estaba viendo fuera de la casa, siguiendo los pasos de Loli.

Iván y Liz también habían estado nominados en semanas anteriores, junto a la ‘reina de las camas’ granadina y Carlos ‘soylarepera también fuera’, habiendo superado ambos tragos. Cualquiera en ese caso pensaría que su cuenta atrás para volver de Guadalix terminaría en tan solo unos días. Por eso pienso que lloraba, y porque ya sabemos que llorar ablanda corazones, y ahora Nany parece pedir árnica. Por eso no estaría de más que esta semana las cosas cambiaran, que su actitud se serenase y quizá sería conveniente que intentara acercarse a quienes han sido objeto de sus más acerados comentarios, aquellos a quien ha reprobado, vituperado, despellejado, enjuiciado y criticado en murmuraciones y comentarios continuos. Eso sí que era machacar a alguien, por mucho que ahora le cueste verlo. Pero no lo hará.

En lugar de acercarse a Liz y preocuparse de por qué pasó lo que pasó, decide perseverar en su error, quizá aceptando que es tarde para restañar esa hemorragia. El daño ya ha sido hecho, eso es cierto, pero aún estaría a tiempo de rectificar, aunque fuese a modo de compensación a alguien que se sintió justamente desplazada, como si fuera una leprosa de la cual huir. Algo parecido podría hacer con Iván, y si fuera más y mejor observadora se daría cuenta de que el cántabro sabría asumir de buen grado cualquier acercamiento, olvidando rencillas pasadas. Pero no, ella prefiere seguir en sus trece, y quedarse con el consuelo de Orlando, que parecía incómodo con la situación, como si desease darle un beso y marcharse a otro lugar; o el de Carlitos, que al menos se esforzó por decirle cuatro palabras, bastante más de las que pronunció el chico con el que se acuesta.

Decía aquí ayer chansongh que Nany no ha hecho otra cosa desde su entrada en la casa que lamer las migajas, y no le falta razón. Esto venía a cuento por la tarta que preparó Iván el miércoles, con la ayuda de Orlando y Chiqui. Por la noche, Nany lamía el plato como si acabara de comer el mayor de los manjares, pero ni siquiera se le ocurría reconocerlo ante los reposteros, cosa que sí hicieron Mirentxu y Gisela. Es una muestra de hasta qué punto es desagradecida, además de mal educada. Esto último tanto por su poca consideración ante quienes habían hecho la tarta como por el hecho en sí de lamer un plato sentada ante la mesa delante del resto. Pero el símil de lamer las migajas tiene muchas lecturas, Nany se ha lamido la envidia a Iván por ser capaz de ejercer mayor atracción sobre Orlando, quien le prefirió en muchos momentos antes que estar con ella, a pesar de haber entrado en la casa con la idea fija de arrimarse a quien era uno de los claros favoritos, convencida de que se lo ganaría. Ella ha lamido también su ira y su odio hacia una Liz a quien decidió hacer el feo declarado de levantarse en bloque junto a sus dos grandes y ocasionales amigas, evidenciando que la querían dejar sola, apartándose como de la peste, ya digo. Y ahora se lame las heridas de saberse posible expulsada dentro de unos días.

Claro que la audiencia soberana es la que tiene la palabra, y las lágrimas de Nany pueden enmascarar algunas realidades, enturbiar nuestras miradas y quien sabe si doblegar el impulso primero de algunos votantes. Al final, y sin poderlo prever, podemos terminar presenciando impávidos y sorprendidos una reedición del cuento de la lechera, y quizá tengamos que acordarnos de la frase popular que dice: “Tanto va el cántaro a la fuente… que al final se rompe”, solo que cambiando ‘cántaro’ por ‘cántabro’. Quiero decir que a Iván le pueden pasar dos cosas, consecuencia de acudir al matadero semana tras semana. O que termine con la cerviz doblada y servido en bandeja a una Milá siempre hambrienta de respuestas, o que al final compre el matadero y se quede a vivir dentro. Siempre he mantenido que la repetida visita a la sala de expulsión puede dotar a un concursante de la protección necesaria para convertirse en firme candidato al triunfo final. Pero claro está, el riesgo está ahí, y no vale confiarse.

En definitiva es la historia de siempre, un grupo numeroso en la casa atrapando a uno de ellos, con el convencimiento de que tras visitar el matadero una y otra vez conseguirán quitárselo de encima. Pero en ese singular matadero de Gran Hermano solo cae una pieza cada vez, quedando liberados el resto para que puedan volver a echarse al monte. Los que participan de esa singular cacería no tienen en cuenta el factor del retroceso de la escopeta. Puntería han tenido para disparar de forma certera, eso no se les puede negar. Por eso ya van cuatro semanas que logran sentar en el banquillo a Iván y dos a Liz, a quienes veo cada vez más a gusto en la mutua compañía.

Luego de haber disparado, los ‘cazadores’ sentirán la fuerza con la que la escopeta se mueve en sentido opuesto tras el disparo, y puede que noten pronto la picazón en su hombro. Es una especie de fuerza de acción-reacción, que coincide con la ley formulada por Newton en que es en dirección opuesta a la acción, pero cuya fuerza en lugar de ser de idéntica magnitud puede que sea aún más violenta y letal que el propio impacto del proyectil. O sea, que siguiendo con el símil del matadero, las presas ‘indultadas’ por la audiencia puede que se vayan recubriendo de una segunda piel que hace cada vez menos letal el disparo, para al final terminar convirtiéndose en los dueños del matadero, como decía antes.

Volviendo a la noche del llanto de Nany, me interesa resaltar al rebufo de mi escrito de ayer, que tuvimos varios ejemplos a un tiempo de la realidad reformateada de la que hablaba en el mismo. Los concursantes, según mi tesis, deciden reformatear la realidad para mostrarla a su antojo. Y lo hacen en una doble vertiente, por un lado para el consumo interno, dentro de esa casa, y por otro para su exportación, con la audiencia como destinatarios de excepción. Así tuvimos a Nany lanzando el mensaje fuera de la casa de estar doblemente compungida, por haber sido nominada y peligrar su relación con Orlando, además de por una amable conversación en la que cuatro personas compartían sus impresiones de forma flexible y nada dogmática, como le gusta a este gato parlanchín. Todos estaban anteponiendo un educado “me parece a mí”, “creo yo”, o expresión similar, además de estar hablando de igual a igual, con lo cual aún no he logrado entender la preocupación que acreditaban tener tanto Nany como Carlitos.

La conversación de marras fue objeto también del debido reformateo. En este caso solo válido para el consumo doméstico, y sin tener en cuenta que aquí fuera estamos siendo testigos de su maniobra. Para ser sincero, me pareció ridículo el modo que Gisela se lo relata a su amiga (dudé si poner comillas, porque con la canaria nada está demasiado claro). Todos habíamos podido ver cómo su tono había sido suave y condescendiente en la charla, si bien aparentaba no estar especialmente a gusto. Pero nada que se pueda parecer al tono enérgico y corajudo mostrado ante Nany el día después. No habrá mejor prueba de este reformateo de la realidad que ponerle cuando salga el vídeo de cómo fue la conversación auténtica. Ella flipará tanto como nosotros, no me cabe duda.

La prueba de esta semana, una especie de karaoke que de nuevo promociona una consola de videojuegos (la temporada navideña ya llegó), espero que sirva para algo más que destrozar nuestros oídos y minar nuestra paciencia. Digo que lo espero, aunque no sé, no sé. De momento ya ha servido para ver que Palomares no canta una mierda, con perdón. Siento ser ordinario, pero es que ya le vale tenernos engañados durante dos meses, insistiendo tanto en el teatrillo esperpéntico que se ha montado con Julito y el dúo que bautizara Mirentxu como ‘Los Julja’, e incluso que haya llegado a decir eso de “creo que después de salir de aquí podré grabar un disco, es mi sueño”. Pues sería más sencillo que se fuera a cumplir si soñase con una noche loca al lado de Scarlett Johansson, o quien sea de su agrado. Porque lo que se dice afinar no afina mucho, realmente. También nos ha servido para saber que Orlando no canta mal y junto a Julito son los que más facilidad tienen para afinar. De momento son ellos dos los que han conseguido las primeras consolas de regalo. Ah, y también sabemos ya que Nany pone cara de interesante cuando canta, como si fuera una gran estrella del pop, lo cual resulta medianamente patético.

Termino con un hecho sucedido ayer, que corrobora algo contado por este gato y que ha sido puesto en duda, además de un instante delicioso de un diario pasado, que me dejé en el tintero días atrás. Ayer Mirentxu le ponía tres paletadas de comida a sus protegidos (Palomares y Julito) y dos tanto a las chicas como a Orlando e Iván. Además, y para más inri, reparte tres sardinas para cada uno, mientras a Palomares le dice: “Tú cógete cuatro o cinco…” Es un detalle cuya importancia minimiza el propio Iván, pero a mí me llama la atención lo suficiente como para contarlo aquí, sin que me resulte agradable ver como se me llama mentiroso por ello. Y lo que quiero rescatar del pasado es ese momento en que Iván le pregunta a Liz: “¿Tan cabrón soy?”, y esta le responde: “No, lo que eres es un cabezota”. Lo dicho, entre estos dos veo cada vez más sintonía, especialmente en uno de los dos sentidos, o sea, de Liz hacia Iván. Entre modelos anda el juego esta vez.

[Quiero agradecer las muchas muestras de cariño que cada día recibo por decenas de lectores. Ayer fue un día especialmente agradecido en ese aspecto durante algunas horas. La deuda de gratitud para tantos y tantos que ayudáis a que esta aventura sea aún mejor es impagable. Simplemente gracias. Y un saludo a Loli, que aparte de siete teléfonos con los que mandar mensajes cortos también tiene ordenador. O sea.]

27 noviembre 2008 a las 8:39 por elgato

Realidad reformateada

Hablaba hace unos días de la información distribuida, o cómo la mayoría de habitantes desean elegir a cuáles de sus compañeros les llega determinada información y a quiénes no. También hablé muy al principio (al día siguiente del estreno) de la realidad formateada, o cómo se podría encuadrar este programa dentro de ese concepto de hiperrealidad modificada al antojo de alguien, quien pretende reproducir un entorno no real que se adapte a lo que necesita el productor (ellos, habitantes de la casa de Gran Hermano) y el consumidor (nosotros).

Hoy mezclo ambos conceptos (simplificando, la realidad y la información) para parir un nuevo concepto: la realidad reformateada. Digamos que me quiero referir a cómo algunos concursantes parecen sentir la necesidad de exportar (distribuir al exterior) una información formateada a su antojo, que no se corresponde con la realidad de lo que estamos viendo desde aquí fuera, con la excusa de que ellos lo están viviendo o lo han vivido desde dentro. Pongamos un caso: muchos vemos en Iván una persona normal, algo ‘brasas’ cuando protagoniza sus monólogos de medianoche, pero que no ha dañado nunca a ningún compañero sino más bien se ha interesado por aquellos que estaban pasando un mal momento, afable con casi todos los demás y que trata a Mirentxu, por ejemplo, con cariño y respeto (a pesar de que le nomina cada vez con la máxima puntuación). Esto que acabo de hacer es una simplificación necesaria en este nivel de análisis, claro está. Pues bien, varios concursantes se han ocupado de referirse a su compañero como alguien con quien no se puede convivir, prepotente y egoísta, sin ser capaces de argumentar mínimamente el motivo de su inquina.

Se vuelve a formatear la realidad y se intenta colocar esa nueva versión ante el auditorio elegido (la audiencia sagrada). Se trata de la revisión de una realidad de por sí deformada, al estar desarrollándose en un entorno que imita la realidad. Y así nace la realidad reformateada, en la que no es tan importante presentar unos hechos auténticos como simplemente creíbles. Voy a poner otro ejemplo, en este caso menos genérico pero muy representativo de lo que quiero decir. Carlos H. es quizá el concursante del que más habré de hablar tras su salida de la casa porque, como escribí ayer, creo que fue quien sembró y cultivó con esmero esa negatividad que tanto ha determinado el desarrollo de la historia en la casa de Guadalix. Pues bien, este concursante se ha encargado de repetir por activa y por pasiva, en todos los foros donde ha sido llamado (a Milá el día de su salida, en el debate, en programas satélites o hasta en el encuentro digital de esta casa, donde al igual que Gema dijo que el gato era cuando menos corresponsable de su expulsión) que Iván le habrá ganado en el concurso pero que mientras él puede presumir de haber tenido una buena relación con todos menos uno en la casa, aquel no puede decir nada, al encontrarse prácticamente solo o, si acaso, apoyado por Orlando exclusivamente.

La revisión de la realidad supone un tuneo de la misma que puede resultar convincente para muchos, estoy convencido que para la mayoría de espectadores, o al menos aquellos que asisten al espectáculo de forma más fragmentada, sin apenas mucha más información de la que nos facilitan las propias galas, que aún siendo bastante no es suficiente para hacerse un juicio propio. Lo que sucede es que cuando analizamos la realidad reformateada por Carlos Hoya, nos damos cuenta de que algo falla. Veamos, si fuera cierto que el de Santoña tuvo el favor de todos sus compañeros no parece lógico que resultara expulsado, lo cual es producto de haber sido sentado en el banquillo de los nominados. Son sus propios compañeros los que le ‘exponen’, utilizando la expresión acuñada por Loli. Por tanto, de las doce personas que entonces habitaban la casa (once si le excluimos a él), hay uno con quien no se llevaba y del resto hubo una mayoría que le eligió a él mismo, puestos a decidir tres personas para sentarse al borde del barco pirata, esperando que un ente superior (la audiencia votante) empuje a uno de ellos, lanzándole a los tiburones (la muerte virtual).

El motivo por el que presume Carlos H. se desmorona en cuanto pensamos en algo tan sencillo y evidente como que por algo estaría nominado, lo cual terminó con el poco feliz final de su salida de la casa. Una salida tan pronta, además, que es la segunda de un concursante de pleno derecho (habitante de la casa 10). Antes había salido Gema, que utilizó un argumento semejante, lo cual es curioso porque ambos concursantes no habían tenido opción de pactar lo que dirían, o no hasta este detalle al menos. También pretendía Gema que se nos escapase ese pequeño e insignificante detalle: fueron sus propios compañeros los que la nominaron, esos con los que ella decía llevarse tan bien, para escarnio de otro nominado, un Iván que la mayoría rechaza no solamente al nominarle sino incluso en otros episodios de esa vida.

Cuando Iván protesta levemente de que Mirentxu le sirve menos comida que a algunos de los demás, está relatando un hecho grave al que aparenta querer restar importancia. Su conformista conclusión es que intentará servirse él mismo, lo cual hace solo cuando puede, a juicio de este gato observador para no provocar una fricción en la casa basada en algo no tan trascendente. Lo que sucede es que la importancia de ese hecho es relativa y puede estar resultando determinante para algo en lo que podemos haber reparado algunos. Mientras que algunos concursantes en apariencia mantienen su peso (caso de Palomares o Julito); y otros (otras principalmente) lo han aumentado de forma evidente (iba a decir palpable, que también, y a poner el nombre de Gisela, lo cual resulta innecesario por obvio); hay algunos que, por el contrario, están cada día más delgados (es el caso de Orlando e Iván). Para el observador se trata de una realidad desnuda, que difícilmente nos podrá reformatear nadie.

Si depositamos nuestra mirada en el momento clave, aquel que puede confirmarnos el motivo de nuestra sospecha sobre por qué unos engordan mientras otros adelgazan, podemos observar como Mirentxu sirve dos paletadas bien colmadas de arroz a sus protegidos, algo menos a las mujeres de la casa, y apenas una (escasa y medio roñosa) tanto a Iván como a Orlando. La abuela se muestra selectiva también en esto, lo cual nos puede resultar útil para saber que no solamente detesta comprar en las tiendas de las subclases sino que proporciona más o menos comida selectivamente, en orden a sus preferencias o caprichos. Ni siquiera su acción está movida por un deseo de justicia, que sin alguna duda determinaría que Iván (por peso y estatura) debería recibir la ración mayor, y Chiqui (por razones evidentes) o ella misma (por lo avanzado de su edad) la más pequeña.

Nany, una de las nominadas de esta semana, también pretende mostrarnos una información reformateada, en su más puro estado además. No se trata, en este caso, de adornar o enmascarar la propia realidad, sino simplemente de formatearla dejándola en blanco, como si de un disco duro se tratara. Su opción es similar a la de aquellos dictadores soviéticos que decidieron borrar episodios de su historia, o incluso personas, que desaparecían de las fotos milagrosamente (y sin Photoshop, que aún faltaba mucho para que fuera inventado). Cuando en el ‘confe’ preguntan a esta concursante sobre Liz su respuesta pasa por varias fases: primero es dubitativa, luego repara en lo que se debe estar diciendo sobre ella, para finalmente negar que sea cierto su aislamiento e incluso llegar a acusarla de victimista. Es lo del latinajo famoso: “Excusatio non petita acusatio manifesta”, o lo que viene a ser que no te excuses si no es preciso o te estarás acusando tú mismo.

Negar una evidencia es la mayor de las torpezas, porque en este caso deberían de tener presente obligatoriamente hasta qué punto somos testigos de todo lo que pasa, y hemos visto cómo durante todo el fin de semana dejaban a su compañera de lado, incluso ese momento en que el trío de ‘brujitas’ (como dice Chiqui) se llegaban a levantar en bloque, como accionadas por un resorte, cuando llegaba Liz con la intención de unirse a la tertulia en el jardín. Resulta tan evidente que hasta ofende su negación. A esa actitud poco amable con ella le acompañaba, además, una labor de despelleje sin igual. Pocas veces he visto a un grupo de habitantes de esa casa criticar de forma tan dura e insistente a un compañero, y con tan poca base además.

No podría hacer un relato pormenorizado de los ejemplos de reformateo de la realidad en esa casa, pero casos hay a espuertas. Mencionaré uno más en relación con las dos últimas concursantes (o los tres) de quienes he hablado. Liz le dice un día a Carlos H. algo como esto: “Pienso que Loli sí estaría realmente interesada por ti, y fuera de aquí puede que quiera tener algo contigo”. Repárese en el condicional que utilizo y de qué manera empiezo la frase, ese “pienso” denota claramente que se trata de una impresión personal. La frase no es textual, a pesar de las comillas, ya que suelo citar de memoria, pero se corresponde fielmente al espíritu de esa realidad. A lo dicho por Liz se le da un sentido asertivo que no tiene, ya que simplemente está dando su opinión, igual que el martes lo hace en la gala Milá. Nany medio crucifica a la modelo por decir su opinión, como si fuera eso un pecado. No sé de qué me suena esa historia, opinar está muy sancionado últimamente, incluso en un blog de opinión, como el que tiene el lector delante.

Termino con tres apuntes, dos relativos a cosas que suceden en la casa y sobre las que expresaré mis dudas y otro relativo a algo sucedido fuera. El trío más singular de esta edición, formado por Mirentxu, Julito y Palomares, decidieron dormir en el cuarto de maletas, algo que resultaba obligatorio para tres habitantes, ya que eran trece y solamente diez camas en el dormitorio. Según fueron saliendo los expulsados de esa casa muchos entendimos que no se dividiera el grupo y continuasen los tres durmiendo separados del resto. Ahora ya son diez (como los negritos de Agatha Christie), y siguen manteniendo el mismo estatus a la hora de dormir. Realmente creo que se equivocan al querer perpetuar esa distancia del resto. Alguien les debería decir que eso sí que afecta negativamente a la convivencia, que deberían desmontar ese gueto y fundirse con los demás en el dormitorio.

No termino de entender muy bien que no respetar una orden dada, contraviniendo las reglas que les imponen, tenga la misma consecuencia que respetarla de forma obediente. Es decir, ninguna. El martes les advirtieron que no podían decir nada sobre el misterio que encerraba cada puerta en las nominaciones, y luego nos revelaron que algunos sí lo habían comentado (parece ser que Nany, Gisela y no sé si alguien más). No hubo consecuencia alguna derivada de esta acción, con lo cual se explicará que en lo sucesivo sigan sin atender a las peticiones que les hagan.

Y termino con una brevísima reflexión sobre la entrevista que hizo Milá este martes, y sobre la que ayer se vertieron ríos de tinta, algunos elogiosos y otros incisivamente críticos. Sobre estos últimos decir que están en su derecho de expresar lo que opinan, a pesar de que sería deseable emplear un tono más moderado y respetuoso con alguien a quien tanto y tanto respetamos la mayoría. Pero en todo caso, les invito a que imaginen un Gran Hermano sin alguien a su frente, dando la cara e incluso siendo la cara del programa, que viva esto de forma tan arrolladoramente intensa como lo vive ella. Nada de esto sería igual en ese caso y, personalmente, agradezco que entienda esto de tal forma. En esta ocasión estoy de acuerdo en todo con ella, pero también se lo he agradecido cuando no lo he estado, como en aquella entrevista con Javier (“Javi, por favor”) de la octava edición. ¿No queríamos que GH nos hiciera sentir? Pues no veo una mejor manera.

[Dejo cartelera, con las tres jóvenes que quedan en la casa en 'Los años desnudos'.]

MONTSE JUANILLA & ELGATO

POR: MONTSE JUANILLA & ELGATO

22 septiembre 2008 a las 7:03 por elgato

La realidad formateada

La telerrealidad, ese género iniciado por Gran Hermano, puede haber pasado de considerarse un ejemplo de hiperrealidad para terminar siendo definido como realidad formateada. La gala de presentación de anoche nos ofrece una buena muestra de ello. A los espectadores se nos hace creer que los concursantes son simples aspirantes, y a estos se les introduce en una especie de máquina del tiempo, para hacerles creer que están en la casa de GH I, la primera de las habidas. Cuenta Vicente Verdú como una cierta cadena de cafeterías originaria de Seattle, y presente en medio planeta, rocían con un spray sus locales para que todos huelan igual, algo parecido al caso de ese modelo de Rolls-Royce llamado Silver Crown (ni está coronado ni es de plata) que comenzó a caer en ventas porque su olor había cambiado, momento en el que el fabricante decidió reconstruir artificialmente el aroma del modelo clásico. En nuestro caso, el equipo del programa ha reconstruido aquella primera casa y la ha envejecido artificialmente, recreando el efecto que el paso del tiempo habría dejado en la misma. Se sirve así a los eventuales concursantes un plato de realidad formateada mucho más sabroso que el de una realidad cruda y desnuda.

Hay que reconocer que el resultado es fantástico y el vídeo en el que una cámara recorre esa casa simulada mezclando las imágenes con las originales de la primera edición, volviendo a ella mientras se escuchan los ecos de palabras que permanecen en nuestra memoria (la “pierna encima”, el “jo-de-te”…) me hizo emocionar como hacía tiempo que no lo conseguía una gala de presentación de nuestro programa. El engaño permitirá, además, hacer otros dos homenajes evidentes a aquella primigenia edición. Por un lado, que a la casa nueva se incorporen tan solo diez concursantes, lo cual no solamente coincide con el dígito mágico de esta edición sino que es precisamente el número de habitantes iniciales en GH I. De otro lado, se reproduce la situación inesperada que los propios concursantes propiciaron en aquella ocasión, con el pacto de las votaciones para resultar todos nominados, algo repetido en todas las nominaciones menos en una. Ayer, los catorce habitantes que ocupan la casa vieja (dos están ya en la esplendorosa nueva casa) recibieron la noticia de que estaban todos nominados, lo cual permite que sea el público votante quien tenga todo el poder, igual que pasó entonces. Aquel fue un ejemplo de cómo la realidad supera a la ficción, proporcionando un argumento que no estaba en ningún guión, lo cual demuestra que el formateo de la realidad llega hasta donde le permiten ciertos límites, tras los cuales se esconde la auténtica y siempre impensable realidad.

Que no se empeñen en repetir que en Gran Hermano nada es lo que parece (lema de la anterior edición), o que es imprevisible (de la anterior), o el invento más cercano de que es otra historia (frase con que se ha lanzado la de ahora). Pues claro que no se puede prever lo que suceda, pero no tanto porque se esfuercen en sorprendernos (con éxito, por otra parte) sino porque es la realidad misma la que aporta siempre un componente de espontaneidad que resulta fundamental. Digo que es fundamental porque en caso de no existir esa espontaneidad el programa moriría. Contaba Mercedes Milá, en la comida promovida por esta web con los ganadores de anteriores ediciones, la preocupación del equipo de Zeppelin tras el triunfo arrollador de Pepe Herrero en GH VII. Temieron en aquel momento que alguien hubiera podido encontrar la llave para hacerse con el premio final, además del temor que debió tener el entonces ‘súper’, Roberto Ontiveros, al encontrarse un concursante más astuto e incluso más listo que él, razón por la cual le debió odiar. Pues bien, no existen las claves porque el escenario en el que se han de desenvolver los concursantes es desconocido. Lo es siempre, pero aún más si les preparan una situación como la que conocimos ayer. Solamente la conjunción de una serie de situaciones propicias y la excepcionalidad del concursante facilitaron que pareciera posible ganar GH empleando una fórmula mágica.

Catorce concursantes en una reconstrucción de la casa de GH I y otros dos en la flamante casa nueva. El argumento es tan brillante como original. No es tan original (aunque puede dar mucho juego) el que los dos concursantes que ya lo son de pleno derecho sean pareja y deban mantenerlo en secreto ante el resto de los que serán sus compañeros, al ser algo que se está realizando en Francia y en el Reino Unido, como comentábamos aquí hace unos días. Pero es igualmente brillante, y nos dejará comprobar si es posible el engaño más allá del muy limitado en el tiempo que debieron mantener las gemelas del pasado año. De la votación abierta anoche saldrá un primer expulsado mañana mismo, así como el segundo concursante que pasará a la casa nueva (la pareja concursa como uno solo). Los concursantes sospechan e imaginan parte de este argumento, ya que Carlos H. escuchó como le llamaban ‘Carlos 1′, lo cual le hace tener la certeza de que habrá un ‘Carlos 2′, que no es otro que Carlos F., el concursante que permanece en la casa nueva con la única compañía de su esposa Gema. Si a esto añadimos que alguno de ellos ha oído que iban a entrar quince, tenemos explicadas sus dudas, aunque en este caso el papel de Ismael, penosamente caracterizado como ‘Paco de Tarifa‘, podría ser interpretado como el número quince, aunque en realidad lo es el matrimonio que habita la casa de GH X.

Por lo demás, la gala me pareció que mantenía el ritmo a pesar de su extensa duración, por lo cual no me llegué a aburrir en ningún momento. Todo salió a la perfección salvo los problemas de sonido que son tanto un clásico como sería deseable que lograran evitarlos. Milá estuvo genial saliendo del atolladero que provocó la imposibilidad de comunicar con los concursantes a causa del fallo de sonido. Y sus leggings… pues eso, unos leggings. Sobre los concursantes aún es pronto para pronunciarme, y tiempo habrá de hacerlo, que esto es largo. Hay una choni algo pirada, un ‘Farinelli’ (copyright de Idoru) de dudosa identidad sexual, un presentador de televisión que además fue concursante de Ven a cenar conmigo (y ganó su exiguo premio, por cierto), una abuela que no para de reír y tiene las hormonas revolucionadas, una china que dice ser “muy china”, o dos que fueron plantados casi en el altar (una de ellas por SMS). Como para las primeras impresiones este gato se declara pésimo, no sería capaz de decidir nada de aquí al martes.

De todos los momentos que nos brindó la noche me quedo con el de Carlos H. abriendo los cajones de la cocina antes incluso de los saludos a sus compañeros, como si fuera a encontrar allí un tesoro. De hecho, ni se levantó para saludar a los que entraron tras él, y a esta hora es mi principal candidato para salir de la casa, aunque muy probablemente cambiaré de opinión en cualquier momento. Pero el shock que me produce cada año ‘conocer’ a tanta gente a la vez me deja siempre algo alelado, parecido a lo que decía Li (la china) cuando declaraba textualmente “me gusta alelarme”, aunque me temo que ella se refería a otra cosa.