16 octubre 2008 a las 8:22 por elgato

Los leones rugen para dentro

La situación en las dos casas de Gran Hermano se redefine casi cada día, lo cual otorga un dinamismo singular a esta edición. Cuando parece que hay dos grupos claramente definidos, resulta que salen nominados dos de ese grupo mientras que el otro se desintegra por sobredosis de protagonismos individuales. Y vuelta a empezar. El martes se volvió a formar una comunidad en la casa nueva, donde son ya mayoría. En la disposición de las camas han decidido dejar un espacio vacío a un lado de Carlos ‘soylapera’, asignado a Gisela. Pero la canaria jugadora de póquer igual no llega nunca y lo hace Li. En cualquiera de los dos casos, resulta complicado saber a ciencia cierta las alianzas que se establecerán, con lo cual hoy por hoy puede pasar cualquier cosa. Esta falta de previsibilidad confiere a esta fase del concurso un interés muy especial.

Ayer fue un día de transición, en el que les comunicaron la prueba semanal y se metieron por primera vez en ese simulacro de lagar donde tienen que hacer como si pisaran la uva con un ‘step’. Un día no determinado les traerán uva de verdad y vivirán todo el proceso de elaboración del vino, empezando por el pisado y terminando por su embotellado y etiquetado. Tras ocho horas diarias de pisar la uva tendrán que estudiar las características de seis vinos distintos cada día, que al final de la tarde catarán y habrán de identificar debidamente. Todas las pruebas este año están siendo rescatadas de las anteriores ediciones, esta concretamente la realizaron en GH IV, donde recuerdo a Matías y Rocío tumbados en medio del salón tras el proceso de cata, como en una ensoñación de esas que solamente un vividor como el argentino es capaz de llevar a los que tiene alrededor. Como entonces, tendrán que ir ahora vestidos con camiseta y pantalón blanco, fajín negro y el sombrero de paja tradicional. Qué ocasión más bonita está siendo este GH para recordar momentos de la historia del programa.

En la casa antigua solamente son cinco, y vaya cinco. Li que no se entera de la misa la mitad, con la excusa de ser china, la cual utiliza tanto para justificar que no leyó las normas del programa ni su contrato (“soy china y pienso que leer un tocho así…”, dice mientras separa sus dedos unos diez centímetros, “pues como que no”) como para avisar de que no será capaz de superar la parte de la prueba en la que se tienen que aprender las características básicas de algunas denominaciones de origen de este país. Luego está Gisela tocándose el pelo, anudando y desanudando extensiones, planchándolo o lavándolo durante media hora. Bueno, a veces no está dedicada a su pelo y mantiene alguna que otra conversación, generalmente hablando de depilaciones varias.

Julito es otro de los aficionados al tema depilaciones. Es su tema preferido junto al de sus islas, de las que nunca debió haber salido. Ayer le decía a Li que ella era la primera china con la que había hablado, y es que este chico no parece tener mucho mundo, siendo el más naif, el ‘teletubbie’ de esta edición. Aunque quizá sería más preciso decir que es Epi (o Blas), al que le da la réplica Blas (o Epi), que sería Palomares, aquel que se autodefine como “un poco amanerado”. Pero sin el poco, claro. Completa la nómina de habitantes de esa casa, a la que teóricamente le ha de quedar poco tiempo de vida, una Mirentxu que vino para dos semanas y al final no va a haber quien la saque de allí. Es complicado plantearlo desde que hemos visto que con medio whisky se convierte en una anciana realmente divertida, que da vueltas mientras se descojona. ¿No es adorable?

La prueba del vino es ideal para la más longeva de la historia del programa, que podría animarnos la hora del ocaso bebiéndose una muestra (generosa) de cada uno de los vinos. ¿A quién hay que pedir esto? Creo que Raquel debería haber dejado dentro de la casa su estampita de San Judas Tadeo, patrón de los imposibles. Por otro lado, en la casa luxury podemos disfrutar del instinto depredador de tres hombres y la capacidad de supervivencia de otro. Carlitos aplica a la relación con su mujer la filosofía del baturro que cuando va caminando por las vías del tren, y este se aproxima a sus espaldas, dice: “Chufla, chufla, que como no te apartes tú”. Él deja hablar a Gema, esperando que se agote por sí misma, sin esfuerzo alguno. Es como un boxeador que aguarda a que su oponente flaquee por cansancio y entonces le asesta un golpe ganador que lleva al otro a un KO. Es cierto que cuando el ‘temeroso’ marido interviene casi siempre es para utilizar un argumento incontestable, y probablemente es inteligente que deje hablar a su pareja, no interrumpiéndola en el momento álgido de su enfado. Pero a mí me parece una estampa algo lamentable de matrimonio tradicional, en la que él le hace creer a ella que es la que manda, mientras que ‘a la chita callando’ hace lo que le rota.

Como decía antes, frente al marido superviviente nos encontramos a tres hombretones bastante curtidos en la labor del depredador. Orlando parece el más básico, y como en esos puestos de las ferias que él se trabaja, donde solamente hay que tirar a dar (ya sea con escopeta, dardo, pelota, o como sea), imagino que su táctica es tirar cuantas más veces mejor, porque de este modo la estadística indica que es más fácil que alguna caiga entre sus redes. Iván tiene la táctica argentina de convencer dándole a la lengua, quiero decir hablando. Este antes de juntar lenguas somete la suya a un nada despreciable desgaste, lo cual puede acabar en fracaso por aburrimiento de la otra parte, o en la entrega más descontrolada, posiblemente también para conseguir que se calle de una vez. Eso sí, en la madrugada se transforma en ese urogallo de canto hipnotizante, que disfruta de la conversación por la conversación y se muere por beberse hasta el último minuto de su experiencia en la/s casa/s de Guadalix.

El último depredador de la ‘casa 10′ es un mamífero herido en una batalla perdida. Quiso ligarse a una chica Playboy y tuvo que ser otro de los concursantes quien se lo impidiera. Carlos H. es el prototipo de león no tan feroz como el ‘lopintan’. En una vieja tertulia de escritores y periodistas en Oviedo se discutía sobre un tema apasionante al que daban vueltas durante horas, en torno a una de esas tradicionales mesas de velador, con el acicate imprescindible de varios litros de lo que sea. La espina dorsal de la conversación era si los leones rugen para dentro o para fuera, y no hubo forma de conseguir un consenso. Algunos, como el gran Cándido, defendían que el león es pusilánime, lo cual le hace rugir para dentro, como expresión de un cierto temor a molestar. Lo que sucede es que la enorme caja de resonancia del interior de su cavidad bucal hace que el rugido parezca que proviene de una fiera. Y realmente lo es, pero en algunos aspectos no lo parece. No en vano el león no sale de caza, sino que deja a la leona tan arriesgada labor.

Carlos ‘soylapera’ es un león traumado desde que Iván no le dejara cantarle al oído a las conejitas de Playboy, y por eso ahora quiere desquitarse con la conejita Gisela (ver cartelera). La diferencia entre el rey de la selva y este concursante es que aquel no mata si no tiene hambre y este es capaz de asestar un duro golpe a otro compañero con el dardo de su juicio sancionador aún sin necesitarlo, dado que en esa casa todavía no se nomina y el juego aún no ha empezado de verdad. Pero eso sí, este ruge para dentro, herido en su autoestima y sin valor para salir a cazar. Concursantes como este aguardan el error del contrario, ya sea en una prueba o en cualquier otro lance de la convivencia, y entonces intentan sacar todo el provecho que puedan. En realidad son depredadores por definición y carroñeros por afición.

La capacidad del ‘marqués’, como le llamaba Eva, para contar las cosas modificando la realidad a su antojo es fascinante. Durante la madrugada más intensa de las vividas hasta ahora, en el post-gala del martes, le contaba a Gema y Carlitos, como Loli le había pedido su versión sobre el enfrentamiento que mantiene con Iván, lo cual nada tiene que ver con la realidad de lo sucedido. Es una estrategia torpe de cara al juego, porque la audiencia votante lo ve casi todo, y mientras que mentir para sacar un provecho puede darle una importante renta inmediata, a la larga recibirá la sanción de quien está teniendo conocimiento de su mentira. Analizando los pequeños gestos, algo de lo que gusta este gato detallista, el rostro de Loli cuando se medio encierra en el baño con Iván es de entusiasmo y alegría, mientras que cuando hace lo mismo con Carlos H. está torciendo el gesto con cara de cierto desagrado.

El juego de las dos casas, que no prometía mucho, está resultando de interés por la necesidad que quienes pasan de un lado a otro demuestran por contar lo sucedido. Loli hablaba durante horas con Iván la noche del martes, parecía estar pensando “le tengo que contar lo sucedido durante todo este tiempo”. Alguno me dirá que no ha sido tanto tiempo, tan solo una semana, pero eso allí es realmente “todo este tiempo”. Estoy convencido de que no lo cuentan por condicionar la visión del otro, que no hay intenciones torticeras ni extrañas, simplemente necesitan contarlo, y hasta el momento todos lo han hecho de forma bastante aproximada a la realidad. Sí, incluso Carlos, ese firme aspirante a suceder a Hugh Hefner. A mí me encanta escucharles rememorar historias que sucedieron apenas hace unos días, o incluso horas. Durante estos meses, no tienen nada más que eso: sus propias vidas, compartidas con el resto de habitantes y, lo que es más importante, con todos nosotros.

[Dejo cartelera de hoy, con esa 'conejita' que espera Carlos H. y puede que no llegue nunca.]

MONTSE JUANILLA & ELGATO

POR: MONTSE JUANILLA & ELGATO

10 octubre 2008 a las 8:33 por elgato

El juego de las tres puertas

Loli y Ana hicieron las paces ayer. Fue una conversación en la que tenían que mantener las distancias por obligación, ya que Ana estaba dentro de la cabina de la prueba. No obstante, aguardaron a su salida para fundirse en un abrazo. Aparte de que las dos estén nominadas y consideren beneficioso para ellas un gesto de esta naturaleza, lo cierto es que me pareció una conversación sincera y sentida. Las granadinas se pidieron perdón, una por haber mandado a la otra a la mierda, y esta por el corte de mangas. Lo que no tuvo nada de real es que Ana dijera: “Yo no manipulo ni les digo a quien tienen que votar. Todo el mundo habla de lo mismo y luego me dejan a mi sola. Yo me meto en el lío al defender a la gente, y al final al que defiendo no me apoya”. Pues no, muy mal, nada que ver con la realidad.

El problema de Ana es que no ha sabido sistematizar su proceso mental de cara a las nominaciones. Esto es común en bastantes de los habitantes y ha sido el motivo por el cual muchos se han desgastado tanto discutiendo sobre si hacer un pacto que finalmente quedó descartado. El balance de las últimas nominaciones es para la de Granada muy poco satisfactorio, ya que la relación entre el esfuerzo que efectivamente hizo por manipular el voto de los demás y el resultado obtenido (su nominación) da cuenta de su fracaso. Dada esta situación, le propondría que la próxima semana piense concienzudamente a quien quiere votar para cuando lo tenga claro cambie su elegido por otro, como si del juego de las tres puertas se tratara. Este sería el método ideal para acertar con la nominación óptima, aquella que le reporte menos perjuicio.

El juego que menciono recibe ese nombre por el concurso de la televisión americana Let’s Make a Deal (Hagamos un trato). También recibe el nombre de Problema de Monty Hall, nombre de su presentador, y es un problema matemático de probabilidad muy estudiado. Hay quien dice, de hecho, que el concurso televisivo existe como respuesta a esta paradoja, que habría sido planteada con anterioridad. El juego consiste en tres puertas tras las cuales hay un contenido distinto. Dos de las puertas están vacías (en el original había una cabra, es indistinto ya que la idea es que no hay premio) y la otra oculta un premio importante (un coche, por ejemplo). El concursante elige siempre una de las puertas, tras lo cual el presentador abre una de las otras dos, y muestra que está vacía. Aquí empieza el segundo tiempo de la jugada, en el que se le da la opción al concursante de cambiar de puerta si lo desea, o bien de mantener su elección original. A los lectores más maduros les sonará la mecánica del Un, dos, tres… más antiguo, que funcionaba también por medio de puertas que posteriormente fueron adquiriendo distinto grado de sofisticación, aunque también la propia fórmula de este concurso americano pasó por nuestra televisión de forma bastante fugaz.

Para fijar la idea de cuál es la mecánica del juego recordaré que si el concursante elige la puerta con premio el presentador abrirá indistintamente cualquiera de las otras dos puertas, que están vacías. En caso de que aquel eligiese una puerta vacía, el presentador tiene que abrir la segunda puerta que también esta vacía. De esta forma, el concursante siempre se encuentra entre dos puertas cerradas, una de las cuales oculta con toda seguridad el coche. Y aquí viene el problema. ¿Debe el concursante mantener su elección original o escoger la otra puerta? ¿Hay alguna diferencia? En este punto animo a quien quiera pensar en esto que se aparte de su pantalla y medite, luego puede continuar leyendo a partir de este punto, no siendo necesario tener conocimientos matemáticos para hacerlo, de hecho, la mayoría de concursantes no los tiene. Se puede pensar que la probabilidad de acertar manteniendo o cambiando la elección inicial es del 50 por 100, en cuyo caso podría ser resuelto el problema lanzando una moneda al aire, pero ¿es eso cierto? Veamos, la puerta elegida en primer lugar tiene siempre 1/3 de probabilidades de contener el premio. Las otras dos, juntas, tienen 2/3 de probabilidades, pero en el momento en que el presentador abre la vacía, la otra vale, ella sola, esos mismos 2/3.

Por lo tanto, es preciso cambiar siempre. El cambio hace que aumenten las posibilidades de 1/3 a 2/3. Esta conclusión ha sido discutida incluso por ganadores de premios Nobel, por lo cual convendría ser algo más convincentes, repasando el proceso poniéndonos en la piel del concursante, tal como lo hace el profesor Piatelli en uno de sus ensayos:

Si por casualidad la primera elección es la correcta, una vez que yo haya abierto la caja vacía el cambio será sin duda (no sólo probablemente) penalizante. Por el contrario, si la primera elección recae en la caja vacía, sin duda (no sólo probablemente) habréis ganado con el cambio. Hemos introducido de este modo un ligero margen de seguridad. Utilicémoslo de inmediato. ¿Cuántas veces ocurrirá que elijáis la puerta correcta (y ser necesariamente penalizados por el cambio)? Una vez de cada tres. ¿Cuántas veces ocurrirá que elijáis una caja vacía (resultando así necesariamente favorecidos por el cambio?) Dos veces de cada tres.

Pido disculpas por dedicarle este espacio a un juego matemático que es también un problema de teoría de juegos, igual de juego social que ese dilema del prisionero del que hablé hace tiempo. No he podido evitarlo, es mi carácter (como el del chiste del escorpión). En definitiva, lo que quería reseñar es que en la medida que un concursante (en este caso solamente habitante, para seguir así mismo el juego que nos proponen en la presente edición de Gran Hermano) se repiensa la elección de sus nominados no está haciendo otra cosa que complicarse la vida, teniendo la opción de resultar penalizados o no, pero lo cierto es que siempre será mejor opción pensarlo dos veces que nominar a bote pronto. Esta vez se lo repensaron tanto que evitaron un pacto que les hubiera traído la sanción por parte de la ‘organización’. Esto es prueba suficiente de que siempre ganarán con el cambio. Y en todo caso, la nominación no ha de ser nunca un acto grupal, pues de este modo pierde todo sentido. Es como si los dioses tuvieran que necesitar de quórum alguno para imponer su castigo. Hasta ahí podríamos llegar.

Me gustó ver a Gema llorando durante tanto rato en la soledad de la cabina, que más parece una incubadora, como decía uno de los narradores del minuto a minuto de esta misma web. Entiéndaseme, no es que sea de mi agrado ver llorar a nadie, pero supe comprender la situación, que pensase en sus seres queridos, su perro, y eso le provocase la llorera. También me gustó la delicadeza de Iván, que al verla llorando le pregunta: “¿Prefieres estar sola?”, a lo que ella respondió que no. Son esos pequeños detalles, insignificantes para muchos, que a este gato sensiblón le ganan por la mano. Las pruebas están teniendo una evolución que ha de provocar una auténtica montaña de sensaciones. Hemos pasado de promover el conocimiento entre los habitantes con la prueba del peregrino, al estrecho acercamiento de las ataduras que a su vez propiciaban la definición de dos grupos en la casa, para finalmente (por ahora) esta separación del encierro dentro del encierro en pequeños zulos durante varias horas al día. De momento, todos los objetivos se han cumplido, es decir, que se conocieron bien la primera semana, se separaron en dos grupos bien diferenciados la siguiente, y la reflexión que facilita el aislamiento en una cabina ha tenido ya sus frutos en la reconciliación de las dos granadinas de la casa.

En la casa luxury me gustan todos, hoy por hoy, incluso ese Carlos ‘soylapera’, que parece ahora menos repelente. Se ha dicho en alguno de nuestros hilos de comentarios que Carlos H. no parece la misma persona desde que está en la ‘casa 10′. No creo que sea para tanto, pero es cierto que conseguir el pasaporte hacia el cielo obró en él un cierto grado de transformación. Se podría decir que dejó en el patio de su nueva casa los últimos jirones de aquel tío pagado de sí mismo que con cara de iluso triunfador decía aquello de “esto sí… esto… sí”. Es llamativo ver como nos comportamos de forma distinta en orden a cual sea la compañía que tengamos. Nos pasa a casi todos, y podemos llegar a ser personas bien distintas en un entorno o en otro. Los cinco concursantes que ya habitan la casa nueva han conseguido un ambiente sereno, en el que la convivencia es fácil. Probablemente el hecho de la no existencia de competición, el que no nominen, ha ayudado a ello, aparte de la experiencia común que tienen los tres que se han incorporado provenientes de ese purgatorio pleno de dificultades que es la otra casa. A mí me gusta verles juntos, compartiendo momentos de charla, de esos que tanto gustan al ‘urogallo’ Iván, aunque quizá debiera considerar que a veces igual le escuchan por no tener fácil la huida en lugar de por el gusto real de compartir esos instantes.

Para cerrar hoy tengo dos apuntes muy breves. Según vimos en el diario de ayer, cuando Ana y Almudena volvieron de su paseo por el cielo (la casa nueva) lo único que se le ocurrió preguntar a Palomares fue si allí había cosas para limpiar. Para este habitante la promesa de una vida mejor solo puede ir asociada a la limpieza. Y anoche Li, con el apoyo incondicional de Ana, decía haber visto una mosca embarazada. Esto cada día se parece más a un frenopático.

29 septiembre 2008 a las 8:02 por elgato

El que mucho abarca poco aprieta

Tenía previsto hablar hoy de moscas, gallinas y un bacalao, pero la actualidad manda y Julito está reclamando su primer episodio como protagonista, tras unos días con un papel de soporte que no le favorecía nada. Tanto Eva como Almudena le han dicho claramente que canta mal, lo cual corroboraría la inmensa mayoría de la audiencia, aunque él mismo aún no se haya terminado de dar cuenta. Al final nos hemos fijado en este habitante no por cantar sino por dar el cante, tal y como contaré un poco más tarde. Antes de eso no me resisto a recorrer de pasada el zoológico de Gran Hermano, lleno de las especies más variadas. Aparte de los bípedos, claro.

Carlos F. le ha cogido gusto a la horrenda expresión de “cantas a bacalao“, que trae a la mente de muchos una imagen más relacionada con los olores que con las apariencias. No le está diciendo el catalán a su mujer que entona como un pez, tampoco que huela a pescadería, sino que realmente está haciendo referencia a la posibilidad de ser ambos descubiertos en su engaño. Es cierto que alguna vez han cantado ambos (de forma distinta a como lo hace el canario de la casa vecina), pero en otras ocasiones han estado sembrados, disimulando con gran acierto ante Orlando. Lo que pasa es que parece un delito que al pensar en Gema nos venga a la mente la imagen del pescado en cuestión, por culpa de la fea frase repetida por su celoso marido. Por cierto, que ayer pusieron en preestreno exclusivo la película Death Race a los tres habitantes de la ‘casa 10′. La vieron y a su fin se levantaron a preparar la cena. Ellos comen y callan casi todo el rato.

En la primera semana de encierro, han sido más protagonistas las gallinas que el citado pez migratorio. Tanto es así que han llegado a bautizar a algunas de ellas, entre las que destaca la más glamourosa de todas, a la que han llamado Mercedes Milá. Aprovecho la mención para mandar desde aquí un saludo afectuoso (ojalá que pudiera ser curativo) a la gran Milá, deseando que lleve el cabestrillo de su brazo lo mejor posible. Hay otra gallina a la que Almudena ha llamado Saltarina, y con la que monta cada mañana su show particular. Saltarina es una gallina que salta, lo cual puede parecer tanto una obviedad como un prodigio de la biología, aunque he de confesar que a este gato arisco le inspira más bien poco. Mucho menos las prospecciones de Eva en el orificio rectal de sea cual fuere la gallina. Es más, hubiera preferido no haberlo visto.

Si es por criterios demográficos, las moscas ganan. De estos insectos, que los habitantes de ambas casas se empeñan en aniquilar, lo más gracioso lo ha dicho Ana. La noche del sábado hablaban de pedir un deseo, y la granadina no dudó en verbalizar el suyo: “Que todas las moscas se conviertan en pollos”. Esta habitante es práctica a la vez que creativa, ya que el hambre se acabaría para siempre en esa casa. Ana sorprende siempre, ayer mismo se declaraba contraria a ser observada, lo que convierte su paso por este programa en algo completamente insólito.

Por otro lado, no les vendría mal alguna ayuda en la intendencia, ya que de ser justos habrían de darles la prueba por no superada. Antes de romperse el andador (otro clásico en GH, que se rompa el mecanismo de una prueba), habían incumplido las reglas en varias ocasiones y por razones distintas. El viernes por la tarde no había nadie acompañando a Julito en la cinta. Lo mismo pasaba la tarde de ayer. Además, el sábado Li no acudió a la celebración de la llegada a uno de los pueblos en los que ha de parar el peregrino, y Gisela lo celebró un kilómetro más tarde por un fallo de Carlos H. en los cálculos. Si se la dan por superada van a tener que rezarle a ‘Santa Pepa’ (a la que felicito desde aquí por su muy reciente maternidad).

Y ahora ya sí que voy con lo de ese remedo de Óliver, el ‘canoro canario’ de la pasada edición. No será por falta de ganas que Julito se quede sin apretar, pero no parece llevar la mejor táctica para ello. Su errónea maniobra con las chicas ha consistido en entrarles a casi todas. De las ocho mujeres que hay en la casa se supone que descartó a Miren por su edad y a Almudena por ser ‘Chiqui’, apodo que utilizan ya para dirigirse a ella sin que le importe la alusión directa a su tamaño. Bien es verdad que nada nos dice que en caso de extrema necesidad no se pueda replantear ambos descartes. Con Ana no se ha debido atrever, aunque como ella misma ha aclarado le habría parado los pies en seguida. Sin embargo, no se ha cortado un pelo en agasajar a Raquel, Gisela y Loli por igual. No solamente las ha piropeado sin descanso, sino que ha insinuado a las tres por separado que eran la mujer que más le gustaba en la casa, e incluso ha intentado cierto acercamiento físico con alguna de ellas. Eva fue también agasajada, pero de distinta forma, y me da la impresión de que sentirse excluida del paraíso de las tentadas por el canario ha sido lo que peor le ha sentado a la ganadera-camarera. Pero vayamos por partes.

Las mujeres deben ser lo tercero que más importa a este opositor a Policía Nacional, antes conocido como stripper y que aún antes había ejercido eventualmente de enterrador. Lo primero es su tierra canaria, lo cual es explicable por la belleza embelesadora de esas siete islas maravillosas. Lo segundo es la depilación, especialmente la foto depilación, que se ha convertido en centro de sus conversaciones en multitud de ocasiones. Los coches también le fascinan y ese es uno de los gustos en los que coincide con Raquel, la ‘sobrecargo que sobre carga’. Tras varios días de tirarle la caña a Loli, a Gisela y a la propia Raquel, este fenómeno insinúa en una conversación en los sofás del salón que está celoso porque la azafata le hace más caso a los otros chicos que a él. Craso error, aunque no haya sido ese el único ni el primero que comete. De hecho, hacerse llamar por el diminutivo de su nombre es algo que me condiciona bastante, y aún más cuando le veo sollozar en el ‘confe’ sin razón aparente.

Julito está en su derecho de intentarlo con todas a la vez, pero es una muestra de poca inteligencia y menos conocimiento de lo mal que van a ver ellas esa actitud, lo cual le puede granjear su enemistad. Y ya sabemos todos que en GH la enemistad es sinónimo de nominación. El eventual enterrador se está cavando su propia fosa, y algunas de las afectadas han empezado ya a crucificarlo. La ganadera-camarera tuvo una fuerte discusión con él la tarde del sábado, reprochándole esa conversación en la que parecía dolerse por la escasa reciprocidad en la actitud de Raquel, cuando él se había comportado de similar forma con varias chicas. Llegó incluso a reclamar la presencia de Ana para que esta confirmase lo dicho por el ‘enterrador’, y que este negaba repetidamente. Un rato después él reclamaba un beso o un abrazo de Eva, sin que esta estuviera por la labor.

A partir de lo que acabo de relatar se han sucedido las conversaciones entre chicas en las que no han parado de desacreditar a este aspirante a don Juan de opereta. Antes se había adelantado Almudena, mucho más espabilada que las demás, al decirle en su propia cara que la primera impresión que tuvo al conocerle fue que era un chulo y un flipado. El sábado por la noche, Gisela contaba que había dicho en el ‘confe’ de Julito que “no me gusta nada y es un pesado”, añadiendo a su relato que esa misma tarde se había tumbado a su lado en el suelo y le había tocado una teta, lo cual había provocado que se levantase inmediatamente para apartarse de él. Dudo que haya testimonio gráfico de esa huida, pero si es cierto que además de enterrador es pulpo dudo que vaya a aguantar mucho tiempo en esa casa.

Termino hoy con un dato, un ruego y una perla insólita de la más insólita habitante de esta edición. El dato es el de los porcentajes ciegos para la expulsión de mañana. Son estos: 32,6% y 67,4%. El ruego hace referencia a la hora del debate. La temporada pasada tuvimos la suerte de que los responsables de la cosa decidieran mimar a los seguidores de Gran Hermano como nunca antes habían hecho, y buena muestra de ello fue el adelanto en la hora del debate. Anoche, Jorge Javier Vázquez salió más que airoso de la dura prueba que debe suponer sustituir a Jordi González, pero el verle obligó a trasnochar de forma delirante a muchos. Un poquito de por favor, hombre. Y lo de Ana se deriva de su afición por cambiar el nombre a la gente. Ya lo demostró en su primera nominación, refiriéndose a una compañera inexistente (ayer Belén Rodríguez habló de Sandra, igualmente desconocida), e insistió en ello el sábado. Según ella, Gisela tiene cara de llamarse Andrea o Adriana; Loli de Lucía o Gloria; y, lo más absurdo de todo, Raquel debería llamarse… ¡Freixenet!. Ella vive en su burbuja, está claro.