29 diciembre 2008 a las 6:01 por elgato

¿Cuánto más hay que consentirle a Ana?

Desde el martes pasado, Ana Toro no ha parado de dar información sobre el exterior. Lo ha hecho de forma intencionada, como ya había anunciado. Según le escuchamos en la casa vieja no hace falta decir las cosas a las claras, con sugerirlas muchas veces es más que suficiente, incluso contando con un interlocutor de entendederas algo limitadas como Julito. Pasa que incluso se ha permitido repetidamente el lujo de dar todo tipo de información, sin que hayamos visto todavía que se cumpla lo que Mercedes Milá prometió el martes pasado.

La frase fue la siguiente: “Vuelves como todos los demás, con todos los derechos, pero con una obligación, que va a ser dura, pero no puedes contar absolutamente nada del exterior. Si lo haces serás expulsada automáticamente”. Todos lo escuchamos y muchos estamos a estas horas deseando estar en un error si pensamos que es una tomadura de pelo ver a Ana todavía en la casa. Debe ser un error porque o no nos hemos enterado de lo serias que han sido las advertencias que le han hecho, o incluso aún no sabemos que mañana esta concursante no va a nominar porque la gala comenzará comunicándole que debe abandonar la casa por incumplir las condiciones impuestas.

Es posible que le hayan advertido seriamente de que no puede hacer lo que está haciendo, pero no tenemos constancia de ello. Desde el martes se han emitido dos diarios (el jueves fue festivo y no hubo programa en la sobremesa) y el debate de anoche. En ninguna de estas emisiones nos han puesto ni los excesos de Ana ni las más que posibles advertencias de la ‘súper’. Aún las estamos esperando, y tengo el convencimiento de que las veremos en breve. En cualquier caso, la situación creada con esta repesca es insostenible y le da una ventaja inaceptable a una concursante que no solamente sabe mucho más que quienes mantienen su encierro desde hace más de tres meses, sino que además tiene esa herramienta tan dañina que es la posibilidad de filtrar de forma selectiva la información, y no solamente la tiene sino que hace uso de ella.

Pocos como este gato defendieron a Ana en la semana de la nominación que le costó su expulsión. Tras su vuelta, como ya había sucedido en las semanas previas, me produjo un hartazgo indescriptible. Siempre me pareció que tenía un evidente desequilibrio pero me parecía una de esas figuras esenciales para escribir la historia de una edición de Gran Hermano. Además, me hacía gracia y siempre me pareció muy creativa y original, habiendo mantenido conversaciones absolutamente únicas en esa casa. Me decepcionó saber que parte de ellas (así como alguno de sus monólogos) estaban guionizados previamente por ella misma, aunque aún así lamenté su salida.

Ahora le han brindado una segunda oportunidad, y su actitud en la semana que estuvo junto a Gema y Eva en la otra casa se me hizo tan pesada e inaguantable que hasta deseé la entrada de una Gema a la que vi durante esos días con un atractivo mucho mayor que durante su primer paso por la casa. Tras su entrada me ha parecido ver una Ana triste y desubicada, que solamente estaba cumpliendo su plan a medias, contando todo lo que quería de cómo se está viendo aquí fuera la actuación de cada uno. Pero este fin de semana, y especialmente ayer, ha demostrado que también está ya inmersa de lleno en su otro plan, que es intentar desestabilizar a Iván y Almudena.

Ana ha mantenido un victimismo exagerado durante estos días. Primero fue la queja de que Iván y Almudena no la habían recibido bien, cuando todos vimos que simplemente dejaron que los ‘Julja’ les tomaran la delantera a la hora de recibirla, cosa que hicieron con grandes agasajos. Luego vino su penar por haber recibido un regalo de Nochebuena más deslucido que los demás. El sábado le decía a Palomares que estaba cohibida por culpa de Liz y Almudena, planteando una guerra de sexos según la cual la competencia entre mujeres la estaba anulando. “Se me podían ocurrir muchas bromas graciosas, pero no me siento bien de ánimos”, decía la granadina, lo cual muchos agradecemos sinceramente.

En la mañana de ayer, día de los Santos Inocentes (por cierto, gran broma a Mercedes Milá en el programa ‘Inocente, inocente’, que emitía anoche otro canal que, según dice el pasillero, no existe), Orlando e Iván se proponen gastar como inocentada a Almudena el atarla en el pesebre de la prueba, lo cual finalmente hacen con Liz, que se deja mucho más que la cartagenera. Ana hace algún desagradable comentario sobre la violencia de género y recuerda a Carlos Navarro (el ‘yoyas’ de GH II), sugiriendo un comportamiento violento en los dos amigos bromistas.

Ya por la tarde, durante el ensayo del villancico creado por ellos para la prueba, Iván está encargado temporalmente de la dirección, sustituyendo a Palomares, y hace la observación de que algunos no están cantando apenas. Chiqui aduce que no puede cantar más alto porque le duele la garganta y Ana parece ver la ocasión esperada por ella para enfrentarse al modelo. “Tú no tienes derecho a decirme a mí que no canto porque llevo toda la mañana cantando. No veas como apuñalas. Y no ataques porque eres el que más te equivocas”, dice Ana. Liz sale en defensa del cántabro poniéndose en su lugar con estas palabras: “No te ha apuñalado. Si yo fuera la directora y veo que alguien no canta lo hubiera dicho. Él te ha dicho que si no puedes cantar que vayas al confesionario” (Palomares lo hizo otro día y le eximieron de cantar).

Ana se va a llorar al ‘confe’, revelándole a Liz que se quiere marchar porque está agobiada. La dominicana no entiende cómo puede estarlo si lleva cuatro días en la casa, como quien dice, y defiende de nuevo a Iván: “Tú no le has faltado el respeto pero ella a ti sí (…) Tranquilo porque la gente de fuera estará viendo cómo son las cosas”, le dice. Aquí comienza una discusión entre Ana e Iván que, como es habitual, no conduce a ningún lado. Comienzan hablando en el dormitorio, siguen en el cuarto de maletas y terminan en el jardín. Ana acusa a Iván: “Acribillaste a Loli porque no sabía bailar y ahora lo haces conmigo porque no puedo cantar”, girando falsamente la historia de la bronca entre Iván y Loli, algo que no parece venir a cuento. Iván, por su parte, repite una y otra vez los mismos argumentos, con ese estilo tan propio que exaspera a Ana, hasta que llega a pedirle que no le repita más veces lo mismo, lo cual entiendo porque es único dando la brasa.

Lo de menos es el fondo de la discusión o los argumentos utilizados por cada uno. Lo importante, según lo ve este gato escamado, es que Ana la ha provocado, dado que su origen no era más que un pequeño lance, un detalle sin importancia dentro del ensayo de una parte importante de la prueba del belén viviente. Se trataba del segundo intento del día, tras esa maliciosa alusión a los malos tratos relacionándolos con una simple broma en la que la dominicana había participado gustosa. Su segunda parte del plan había comenzado y no sabemos aún hasta dónde será capaz de llevarlo. De momento, consiguió hacer saltar a un Iván que mejor haría pasando realmente de sus provocaciones.

Si alguien tenía dudas de la personalidad tirana e intolerante de Mirentxu las habrá abandonado tras verla anoche en el debate. La señora que cocinaba croquetas con guantes de látex demostró ser, además, una mentirosa compulsiva, porque me consta que ha sido consciente de haberle puesto más comida a Palomares y Julito que a los demás. En más de una ocasión he visto a Palomares, quizá el que tiene más cabeza de los tres, advertirle de que eso no estaba bien o de que se podían dar cuenta los otros, y ella le mandó callar. Tiene que ser totalmente consciente de que les puso cinco sardinas a ellos frente a las tres que ponía a Iván o a Orlando, por ejemplo. Pero se obstina en negarlo y lo hace en esta ocasión amenazando con marcharse del plató si Belén Rodríguez no retira tal afirmación.

Me dio vergüenza ajena ver a esta señora tan mayor haciendo ese papelón, parecido al que ha venido haciendo, como cuando amenazó con irse si no la dejaban usar la vitrocerámica (episodio “no sin mi vitro”) o si no le proporcionaban un carísimo cosmético (“no sin mi crema”), o incluso cuando pedía tinte para su pelo (“no sin mi Farmatint”), y así sucesivamente. Ella tenía al equipo del programa a sus pies, como parece que acostumbra con quienes la rodean. Anoche quiso ver ‘hincarse de hinojos’ a los responsables del debate, y así tuvo por un momento a esa Belén a la que llamó “niña” con el mohín de desprecio que acostumbra a usar. Luego justificó su amenaza de abandonar el plató reclamando que la dejasen explicarse, para que se entendiera que no hubiese hecho lo mismo ante Milá el martes. Y es que Milá es mucha Milá.

Su afirmación fue exactamente que abandonaría el plató si Rodríguez no retiraba su afirmación de que ponía más comida a sus protegidos que a los demás, una realidad incuestionable que hemos visto miles de personas. Creo que con actitudes como la mostrada anoche, Mirentxu está perjudicando de forma tan seria como indirecta a Palomares. He de confesar que a principios de esta semana (las semanas van ahora para mí de martes a martes) no era Palomares (o Javier, que ambas formas valen para votar) mi candidato para salir de la casa (prefería a Julito) y hasta pensaba en él para llegar a una final entre cuatro concursantes. Pero ahora, nada desearía más que verle en la calle para darle un puntapié igualmente indirecto a esta intolerante señora.

Si para ella sería un disgusto que Palomares fuese el expulsado de mañana (lo cual no tengo muy claro, porque nada parece importarle más allá de sí misma) pues contribuyamos a dárselo. Los porcentajes ciegos nos dijeron que la cosa está de nuevo entre dos de los, en este caso, cuatro nominados. Uno tendría el 38,4% de los votos y el otro un 36,7%. Los dos que harían de comparsas solamente llevaban ayer los porcentajes del 18% y el 6,9%. Presumiblemente estamos ante un duelo entre Liz y Palomares, en el que evidentemente ignoro quién lleva esa exigua ventaja, aunque ya he expresado cuáles son hoy mis deseos, que no dejo de reconocer como un poco mezquinos en esta ocasión. Pero entiéndase sabiendo que la ‘yaya’ sargento, calificada como “metemierda” muy acertadamente por Jorge Javier Vázquez, me saca completamente de quicio.

[Esta es la anotación número ochenta de este blog la presente temporada y, por cierto, aún podéis votarnos en la elección del mejor blog de esta casa, cuyo ranking se puede consultar aquí. Hoy a las 12.30, Mirentxu te responde en un nuevo Encuentro digital, para el que puedes dejar ya tus preguntas. Dejo cartelera, con Palomares más Farinelli que nunca.]

MONTSE JUANILLA & ELGATO

POR: MONTSE JUANILLA & ELGATO

22 diciembre 2008 a las 8:21 por elgato

Almudena vs. Mirentxu ¿Quién ganará la partida?

La partida es en realidad una batalla y se me antoja que es la más importante de las vividas hasta este momento en la presente edición. Almudena ‘versus’ Mirentxu, la ‘cría’ frente a la ‘yaya’. De lo que pase mañana depende en buena medida la forma como se termine resolviendo esta historia, y algunos indicios me dicen que o bien hemos venido presuponiendo un apoyo a Iván mayor del real, o es que esa fuerza ‘ivanista’ no se ha empleado esta semana tanto como cuando se ha tratado de salvar a Iván de una expulsión.

El sentido común indicaría que el apoyo a Iván se iba a trasladar esta semana a Almudena, siendo como ha sido su mayor apoyo en la casa, por no decir el único. Lo cierto es que la alianza entre Iván, Almudena y Orlando se ha mantenido fuerte y estable, sin la más mínima fisura a la hora de las nominaciones, e incluso seguimos viendo a un Orlando en el confesionario que no deja de manifestar su apoyo a Iván y su clara conciencia de formar parte de ese grupo. Ayer veíamos en el debate un ‘confe’ de Orlando en el que me mantenía en tensión hasta terminar su frase, que decía más o menos esto: “Está cada vez más claro que hay dos grupos en la casa. Uno estaría formado por Javi, Julito y Mirentxu; y el otro por Iván, Almudena y… yo”. No estaba seguro si se iba a incluir él o a Liz, curiosamente excluida de ambos grupos. Diría que curiosa y acertadamente, de hecho.

Es una grata sorpresa para mí que el feriante valenciano haya mantenido hasta este punto su apoyo a Iván, que sus nominaciones sigan siendo intachables y además sea el más revoltoso y divertido en las fiestas. Con todas las desconfianzas que me ha despertado siempre, he de decir que en este concursante me gusta menos la parálisis que muestra casi siempre cuando alguien le cuenta sus problemas y preocupaciones, que sus actos posteriores, cuando analiza de forma siempre sucinta y simple la situación en el ‘confe’ y a la hora de nominar. Sucede que su forma de dar, o no dar más bien, la réplica en las conversaciones hace que este gato vea la posible salida de Almudena como un drama para un Iván que se va a sentir absolutamente solo en la casa, porque hablar con Orlando es como hacerlo con una pared.

Probablemente me equivoque, pero viendo nuestra encuesta y algunas cosas del debate de anoche, cada día soy más pesimista sobre lo que pueda pasar mañana, y contemplo cada vez como un escenario más posible el de un Iván solo, dándose cabezazos contra la pared de Orlando, con una Liz que juega muy bien y de momento va llevando una mano ganadora, además de una Mirentxu cada vez más crecida y convencida de que su triunfo es pan comido. O sea, un panorama desolador que nos puede anunciar unas semanas finales, puede que casi un mes, realmente insoportables. Los porcentajes ciegos que nos revelaron anoche son estos: 59,9%, 37,6% y 2,5%; presentados por Jorge Javier como cada vez más alejados, lo cual parece indicar que esa distancia bastante importante entre los dos primeros podría haber aumentado en lo que llevamos de semana.

¿O es que alguien quiere ver a Mirentxu y sus polluelos todo el día cocinando y dando vueltas por el patio? Si mañana se va Almudena no solamente nos quedamos ante un escenario como el descrito sino que veremos al ‘comando fregona’ como mayoritario y en sus manos estará el poder nominatorio definitivo. Sin contar con el factor sorpresa que nos puede deparar la ‘repesca’ de una concursante procedente de la casa vieja, hay que tener en cuenta que Liz juega en otra división, siendo la única que condiciona los votos de sus nominaciones a su estrategia de juego. Por lo tanto, estaremos en un tres contra dos que puede ser finalmente mortal para Iván y Orlando.

No tengo en cuenta lo que pueda pasar con la posible ‘repesca’ porque aún no sabemos si entrará en la casa nueva una ex concursante o una oveja. Viendo a las primeras tengo la sensación de que hoy en día están ya como cabras, porque aguantar la compañía permanente de Ana Toro tiene que ser como para pegarse un tiro. Ayer veía un rato a las tres comentando sus impresiones ante la asistencia a las galas de los martes, y mientras que Eva y Gema me parecían dos chicas normales, Ana parecía una amargada. Esta me transmite negatividad y mal rollo, todo lo contrario que las dos primeras, a las que veo siempre alegres. He de decir que incluso veo a Gema mucho mejor que durante su paso por la ‘casa 10′, más relajada y sonriente que nunca. Claro que, unos días más y las habremos perdido, porque el efecto contagio puede hacerles mucho mal. Personalmente devolvería a Ana con las ovejas y me quedaría a las otras dos para decidir entre ellas. Es posible que de salir Almudena entre Eva y en caso de que fuese Mirentxu entre Gema. Como acabo de decir, mientras no sea Ana la repescada, ninguno de los otros supuestos me desagrada.

Hablando de Gema, su marido pasó ayer por el debate y apenas se notó que estaba. Por no hablar ni siquiera intervino cuando hablaron mal de Orlando, su gran amigo en la casa. Y eso que le habían invitado a que participase cuando quisiera. Es curioso que luego negase con la cabeza la afirmación de Belén Rodríguez sobre que se mantuvo semanas escondido en la casa, cuando hasta ayer mismo pareció quererse esconder debajo del sofá, hasta el punto de ni siquiera pedir la palabra para defender a un amigo, probablemente el único que le queda en esa casa y a quien debería desear que ganase este concurso.

Pero vuelvo al argumento central de hoy, que es la batalla entre Almudena y Mirentxu, tan importante desde el punto de vista emocional como estratégico de cara a lo que resta de concurso. El panorama en caso de marcharse Mirentxu es el de una casa liberada de su yugo opresor, especialmente para los ‘Julja’, a quienes veo cada vez más cansados de su papel de comparsas. La donostiarra es una carga pesada para ellos, que en este momento no pueden apartarse un ápice de sus dictados, pues son inmediatamente llamados al orden, cuando no directamente ridiculizados.

Es tan inmenso el ego de la abuela, que hasta cuando Palomares habla de su novia se piensa que lo hace de ella, y entonces aplica el modo ‘falsa modestia’, que le sale bastante bien gracias a las enseñanzas de sus profesores de interpretación. El otro día le decía el ciudadrealeño refiriéndose a su novia: “Es la que me da fuerzas para seguir aquí, mi fuente de vida, la que me permite seguir adelante, lo hago por ella”, a lo que respondió Mirentxu: “No, Javi, Javi. Tampoco te pases, que me pones no sé cómo a mí. Tampoco soy tanto para ti”. No sé cómo había escuchado ella ni de qué forma fue él capaz de callarse ante tan presuntuosa confusión.

También Almudena, Iván y hasta Liz, descansarían tras la marcha de Mirentxu, aunque la consecuencia más importante de esta expulsión se vería en las nominaciones. Al contrario de lo que sucedía en el escenario descrito anteriormente, estaríamos ante una posición bastante cómoda para que tanto Iván como Orlando pudieran llegar a la final y disputarla en buena lid, sin ningún atisbo de juego sucio. En las últimas semanas, especialmente tras descartar seguir pidiendo ser nominada, veo a Mirentxu con una mayor tendencia a intentar manipular la audiencia en detalles pueriles en su mayoría. Ella ha llegado a la misma conclusión que Iván, ignoro si por sus propios medios o porque le ha llegado a escuchar en alguna ocasión, aunque más me inclino a esta segunda opción. La conclusión es que esto no se trata de una convivencia sino de una competencia, y convencida de ello ha decidido emplear sus peores armas, consistiendo la principal en el desprestigio del contrario.

Como no podía ser menos, la cocina y la comida son donde encuentra la mayor parte de sus intentos de desprestigio, situándose en un discreto segundo lugar la prueba semanal. Estaba claro que sería así, dado que es donde ella se ha hecho fuerte, e igualmente es la parte que más me interesa aclarar. Vamos a ver si de una vez por todas dejamos de escuchar el absurdo argumento de que los demás concursantes deberían estar agradecidos a Mirentxu porque les ha dado de comer durante estos meses, como decía ayer un Sánchez Casado que parece hablar más bien de oídas. Sin Mirentxu han comido en la casa diez durante casi dos meses, o sea que no es ella quien garantiza una superviviencia que depende de si ganan o no la prueba y, por tanto, disponen de presupuesto para hacer la compra. Además, nadie le ha pedido que se haga cargo de esa labor, sino que ha sido ella quien lo ha decidido, sin permitir que nadie la revelase del puesto.

La prueba de esto la tenemos en que cuando alguien ha decidido meterse a cocinar sistemáticamente ella ha decidido prepararse comida propia, diferenciada del resto, precisamente tras haber mantenido repetidamente la tesis de que debían comer todos lo mismo para mantener un orden. Empezó con la excusa de que no le gustaba una comida tan vulgar como las migas, que preparó Almudena en la casa vieja, para finalmente no poner excusa alguna sino simplemente negándose siempre a comer lo que otros cocinasen, con muy contadísimas excepciones. Ella que tanto habla de educación, hace desprecios de este tipo, que parecen no apreciar quienes siguen intentando engañar a la audiencia poniendo como heroica la labor de cocinera de Mirentxu, y sus omnipresentes croquetas, cuando todos sabemos que ha sido algo elegido libremente por ella, aparte de no ser en absoluto imprescindible en la cocina.

El sábado asistíamos a la obsesiva labor de desprestigio del contrario, el juego sucio de esta señora mayor que decía no querer pasar más que quince días en el programa y ahora parece verse ya en la final, y así será si no lo evitamos quienes podemos hacerlo. Su principal obsesión es no dejar que nadie, excepto Julito y Palomares, la ayude en la cocina. Esto es utilizado posteriormente para acusarles de no colaborar, algo que a su vez replican algunos aquí fuera como si fuera una verdad incuestionable. Y en parte lo es, pero por una razón tan simple como que no pueden hacerlo.

Considero imprescindible relatar la secuencia completa para hacerme entender, algo que haré con la ayuda de la narración que hizo aquí mismo crucerista. Mirentxu dice: “Hay que hacer la cena digo yo. Estos luego vienen y preguntan qué hay de cenar, pero no hacen nada”. Julito interviene: “Estos no hacen nada de nada. Que me lo hagan todo”. En esto llega Iván, y pregunta: “¿A qué ayudo? ¿Pelo patatas?”. Mirentxu responde a Iván ignorándole, dirigiéndose realmente a Julito: “No, no, quita, quita. Yo hago unos pimientos al vapor, Julito, que te chuparías los dedos”. Poco después llega Orlando y se pone directamente a pelar patatas, pero Mirentxu se lo impide. “Quita, quita, no hagas nada que esto ya está”, dice la ‘yaya’. Al poco llega Palomares y se pone a pelar patatas, recibiendo la aprobación de la misma que se lo había impedido al feriante: “Tranquilo, tranquilo, Javi, que no hay prisa. Hay qué nervioso eres hijo”. Sí, sí, tranquilo pero siguió pelando. Esta es la forma utilizada por Mirentxu y su clan para dejar a los demás como unos desagradecidos que no colaboran en la cocina.

El mismo sábado la ‘señora’ insistió hasta el hartazgo en una crítica insólita a estas alturas de la película, dado que no es algo nuevo sino más bien una costumbre en esa casa. Se refiere a que algunos se sienten a la mesa y empiecen a comer antes de que estén todos sentados, lo cual en mi casa puede ser síntoma de mala educación pero insisto que no en un sitio donde lo he visto hacer a todo el mundo, lo cual le incluye a ella. Quizá habría que explicarle que tampoco es de muy buena educación comer con tocado (esa gorra con la que parece ocultar un pelo no suficientemente aseado), o con gafas. Por no hablar de la costumbre de comer con la boca abierta, a la que no escapa ella tampoco.

Lo que sucede es que muchos confunden la buena educación con las buenas maneras. Mirentxu tiene más de lo segundo que de lo primero, aunque tampoco creo que sea para tanto. Esto en realidad es lo de menos. Lo más importante es su uso sistemático del juego sucio, razón de más para querer verla fuera de la casa lo antes posible.

[Hoy a las 12.30, Carlos F. te responde en un nuevo Encuentro digital, para el que puedes dejar ya tus preguntas. Dejo cartelera, con Liz en Ultraviolet.]

MONTSE JUANILLA & ELGATO

POR: MONTSE JUANILLA & ELGATO

18 diciembre 2008 a las 8:20 por elgato

GH Matrix

En la casa nueva siete concursantes, tres de ellos nominados, y dos ‘clanes’, como bien dijo Mirentxu. En la vieja, tres ex concursantes y también tres ovejas, todas ellas intentando conocerse, a falta de actividad mayor. Me sigue llamando la atención que los concursantes repitan consignas acuñadas aquí fuera. Hace casi tres meses hablábamos del ‘clan de Mirentxu’, formado entonces por Ana, Li, Julito o Palomares; y hace poco he vuelto a hablar de un clan ahora relacionado con el mantenimiento e intendencia de la casa, pero igualmente comandado por la ‘sargento Mirentxu’. Curiosamente, esta concursante utiliza ahora ese mismo término para describir la división en dos grupos que existe en la casa, solo que parece haberse dado cuenta escandalosamente tarde de que ella es cabecilla de uno de esos grupos desde el principio.

También hace un par de semanas Iván nos sorprendió diciendo en un ‘confe’ la frase “Tanto va el cántaro a la fuente…” con la que este gato escribidor había titulado el artículo del día anterior, solo que en este caso sustituyendo la palabra “cántaro” por “cántabro”, en un juego de palabras sin igual. Son solo dos ejemplos de coincidencia entre el guión no escrito que siguen en esa casa y lo que desde aquí escribimos, que tuvo varios ejemplos anteriores, como fue ver a Iván eligiendo el disfraz de vampiro, como aquí le habíamos atribuido, o a Mirentxu como niña del exorcista. O bien aquello de “Ana la Loca… de vez en cuando”, que dije un día parafraseando una película española de corte cómico y coincidente con esta declaración de Ana Toro: “Estoy loca, de vez en cuando”. Podría poner más ejemplos, pero ahora solo me acuerdo de estos, para qué negarlo.

Ahora que hablo de Ana, su regreso a la casa vieja me ha recordado esa sensación dual y contradictoria que siempre me transmitió esta concursante. Y es que a su lado gracioso y creativo (aún recuerdo cuando Milá casi se cae en el plató y Ana le dijo: “Así se inventó el flamenco”) le acompaña otra parte absolutamente inaguantable, que provoca en mí un hartazgo sin límites. Ayer, viéndola en el directo alguno de los ratos me di cuenta de aquello que menos soporto en ella, y no es otra cosa que su artificio, lo muy ensayada que tiene a veces su actuación.

Ana se desenvuelve mejor tanto en cuanto tiene a más gente alrededor, lo cual le permite confundirse un poco con la masa que le rodea, entre los que siempre habrá quien simpatice con ella. Ahora mismo se encuentra acompañada por Eva, con la que nunca congenió demasiado bien, y no solamente por la áspera discusión que tuvieron, recordada por las dos ayer como una anécdota sin importancia; y una Gema que solo la conocía de coincidir con ella en el plató, pudiendo convivir juntas por primera vez ahora. Ayer vi a las dos mirarla como a un bicho raro, y es que realmente lo es.

La prueba de esta semana va sobre escenificar escenas de cuatro películas en un decorado de fondo negro, como si fueran personajes de ‘Matrix’, uno de los filmes en cuestión. Los otros tres son ‘Misión imposible’, ‘Spideman’ y ‘E.T. El extraterrestre’. El resultado me recuerda a un viejo vídeo que circulaba por la red procedente de un concurso japonés, donde escenificaban una partida de ping-pong en la que se ralentizaba la imagen y se llegaba a girar la pista, todo ello hecho con una técnica similar a la que emplearán en esta prueba. Los papeles de ‘Misión imposible’ serán encarnados por Iván y Orlando, Julito hará de ‘Spiderman’, Almudena protagonizará ‘E.T.’ y Palomares hace de un Neo en ‘Matrix’ un poco pasadito de crema de cacao, convenientemente depositada en su barriga. Ya se sabe que hay placeres que duran un minuto en el paladar y toda la vida en la cadera.

Pero si la prueba va de realidades virtuales a mí me gustaría hoy hablar de aquello que me creo. Si hace un par de días enumeraba cosas que me hacían no creer a algunos concursantes, ahora me apetece (para bien o para mal) poner el contrapunto a ese análisis. Por ejemplo, me creo a Iván y la disculpa ofrecida a Liz el lunes pasado. Su reacción fue muy Iván, distante y cálida a un tiempo. No creo que le influyera el comentario de Gisela una semana antes, sin el cual opino que hubiera reaccionado de igual forma, pero lo cierto es que gracias a su disculpa pudo conseguir que Carlitos quedara en ridículo cuando se subió al carro oportunista de reprocharle su incapacidad para pedir perdón. La cara del ‘viudín’ fue todo un poema cuando Mercedes Milá le explicó que el día anterior se había producido lo que este negaba en medio de esa escena de reconciliación.

Decía un viejo adagio muy de moda en los años ochenta que: “Amar es no decir nunca lo siento”. Pues bien, precisamente esa fue la fórmula utilizada por un Iván que me gustó más que nunca cuando le dice a Liz: “Estoy muy cabreado contigo”. Pero aún más cuando se autocalificó como un necio y un burro, en una muestra de humildad cuyo único fin era propiciar ese entendimiento entre ambos. El gesto fue bonito y yo me creo que entre ellos hay un cariño especial, que les condujo inevitablemente a esa reconciliación. También me creí a Liz cuando le dijo el viernes anterior: “Estoy muy nerviosa, Iván, no puedo hablar ahora, mira como tengo el corazón”, y cogiendo la mano de su compañero la puso en su pecho para que pudiera comprobar lo que decía.

Creo que Iván tiene un defecto con el que me identifico plenamente. Yo también tiendo a intentar arreglar las cosas en el momento, siendo capaz de ser odiosamente insistente y sin darme cuenta que a veces no hay nada como dejar pasar el momento, procurar que se enfríe la situación y las aguas vuelvan a su cauce, por usar este símil. La premura a la hora de intentar aclarar un malentendido, o rectificar una actitud, no es aconsejable muchas veces. El propio paso del tiempo es a veces suficiente y el mejor de los consejeros, por mucho que a veces este nos hace sumirnos en una angustia desesperada por conseguir el fin propuesto. Nada como pasar por el congelador algunas situaciones para dejar que se asienten y así conseguir que adquieran la importancia que debieron tener siempre, en lugar de la mucho más exagerada que a veces le damos.

Me creo igualmente a un Orlando (‘La ciudad no es para mí’ le va que ni pintada) que se emociona de verdad y le dice a Carlitos “te quiero”, durante la conexión de despedida. No me cabe duda de que si dentro de quince días le pregunta alguien si echa de menos a ese concursante responderá que mucho. Obsérvese la diferencia entre estas reacciones y las mostradas por el feriante en estos días. Aparte de que preguntado por Almudena dijo que echaba de menos a Nany solo a ratos, lo cual es cualquier cosa menos una respuesta amable y delicada, no recuerdo a Orlando diciéndole a Nany palabra cariñosa de ningún tipo, ni siquiera durante su despedida desde el plató. Tampoco entonces le vi emocionarse tan sinceramente como la noche del martes, en que se tragó las lágrimas literalmente.

Aunque para algunos sea difícil de entender, también me creo a Almudena. La ‘cría’, como le llama cariñosamente Iván, tiene ese carácter complicado que le hace saltar con frecuencia, dando muestras evidentes de mala educación, pero al tiempo es un amor. La pequeña Chiqui ha mostrado en esa casa algo que en esta edición ha sido escaso, y es la capacidad de derrochar cariño. Por muy raro que parezca, la relación casi filial entre Mirentxu y sus dos nietos adoptivos está fundamentada en el respeto y la obediencia unívoca. Julito y Palomares le expresan a aquella lo importante que es para ellos y se consideran intocables los unos para los otros, si bien en este aspecto ya sabemos que perdería el canario, ya que en caso de plantearles que nominasen a uno de los otros dos, tanto Mirentxu como Palomares le elegirían a él. Pero no he visto en ningún momento más cariño que el expresado tímidamente por un abrazo. Poco más que gestos tradicionalmente utilizados en una relación afectiva, eso es lo que he visto entre estos tres concursantes.

También ha habido cariño en el matrimonio, si bien la contención a la que les obligaba el compromiso de mantener el engaño hizo que entre ellos predominaran los celos y la desconfianza, cuando no la amenaza del abandono o hasta de contar a España “cómo eres en realidad”, que le dijo Gema a Carlitos. No estoy poniendo en duda que haya existido cariño entre algunos concursantes, sino que lo hayan demostrado con la debida claridad. Estoy seguro, por tanto, que este matrimonio está fundamentado en un cariño infinito, y hasta puede que se adoren infinitamente. Pero salvo cuando fueron liberados del compromiso de ocultar su relación, el resto del tiempo tuvieron que ocultarlo. En el caso ya mencionado de Carlitos y Orlando simplemente nos han privado de apreciar todo el cariño que han llegado a tenerse, y que solamente podemos conocer porque ellos así nos lo han contado.

Ya he hablado que también veo cariño entre Iván y Liz, aunque dado el carácter algo ciclotímico de esta tampoco es algo muy evidente, o al menos no durante todo el tiempo. Sin embargo, Almudena ha tenido cariño a raudales para varios de los que han sido y son sus compañeros. Convirtió a Gisela en su ‘princesita’ y aunque a veces fuera dura con ella mantuvo su relación de cariño no condicionado por casi nada de lo que accesoriamente pudiera suceder en torno a la misma. Tener cariño a alguien no significa negarse ciegamente a analizar los defectos del otro. Más bien al contrario, muchas veces somos más duros y exigentes con aquel a quien queremos. También Chiqui ha tenido cariño para repartir entre Li (quizá la primera, con quien dormía muchos días), Carlos, Loli, Carlitos, Orlando (a quien se declaró) y especialmente Julito (y particularmente su brazo).

Pero la relación de cariño que personalmente más me ha llamado la atención ha sido la establecida entre Iván y Almudena. Como dice Senador, el gigante y la pequeña. Es una relación totalmente desinteresada, no exenta de una crítica mutua, diría que incluso ha existido un marcaje continuo entre ambos, por lo cual a veces no se han pasado ni una. Entre ellos no hay un intercambio de palabras bonitas y gestos de cara a la galería, sino el más desnudo y honesto de los cariños.

De acuerdo que Chiqui puede resultar molesta por ser grosera, chabacana y mostrar poca educación a menudo. Entiendo que a buena parte de la audiencia le moleste escuchar eso de “Que le folle un pez muerto”, lo cual no es precisamente un ejemplo de finura y buenas maneras. Si me apuran diré que personalmente tampoco soporto que alguien pretenda ser aceptado en un colectivo no mostrando el más mínimo esfuerzo por reprimir unas expresiones que a muchos pueden molestar. A pesar de todo esto, Almudena me tiene absolutamente entregado, porque lo que yo he comprado ha sido su corazón. Y ese es el corazón que quiero seguir sintiendo dentro de la casa.

[Dejo cartelera, con un Orlando enfrentado a la hostil ciudad.]

MONTSE JUANILLA & ELGATO

POR: MONTSE JUANILLA & ELGATO