21 julio 2011 a las 7:05 por elsuperviviente19

Nueve fotos que no podían quedarse en la tarjeta de memoria

Mis compañeros cámaras, los que trabajan el cayo, saben muy bien de la importancia de lo que llamamos planos recursos. Son planos de ambientación sin los que sería imposible montar el resumen: el cangrejillo simpaticón que sale de su agujero y guiña un ojo, la hoja de palmera agitada por la lluvia, el impresionante sol anaranjado de un atardecer en Cayo Paloma o la luna en cuarto menguante antes de una pelea nocturna entre Arturo y Tatiana.

Pues bien, yo también he estado constantemente haciendo planos recursos para el blog. Tres meses con la cámara en el bolsillo del bañador haciendo fotos a todo lo que se me ha puesto a tiro. Que uno nunca sabe qué imagen va a venir bien para ilustrar un post determinado. Y resulta que, treinta entradas después, tengo todavía un montón de fotos en la tarjeta de memoria que están en peligro de quedarse fuera. Y si llegó a colarse aquella imagen de nuestra triste nevera, ¿cómo voy a dejar fuera a estas otras? Imposible. Así que para hacerles justicia, he decidido rescatarlas en esta entrada especial de fotos, e historias, que iban a quedarse sin contar. Como un centro de acogida para fotos. Una perrera de imágenes digitales.

 

1. Un atardecer en Utila

Si tuviera que elegir mi lugar favorito de Honduras, lo tendría claro: Utila. Y aunque sí le pude dedicar una entrada completa a la isla, se me quedó fuera esta imagen por razones técnicas, que es la forma bonita de decir “me dejé una de las tarjetas de memoria en el hotel de Utila y he tenido que esperar a que otro compañero pase por allí para traérmela”. Por cierto que ahora mismo estamos todos con encargos de última hora a cualquiera que salga del hotel. Si un redactor dice que va a La Ceiba, le caen encima diez tarjetas de crédito para sacar dinero, le llueven ocho listas de la compra para cubrir las necesidades que alguien no calculó bien (“horror, estoy apurando el último brik de leche, pero no hay manera: ¡necesito otro! ¡necesito otro!”), y se le hacen diez mil encargos para la tienda de souvenirs de la ciudad. Que un guionista va a Utila, el 20% del equipo le encarga unas camisetas de una escuela de buceo que ha hecho el agosto con nosotros. Fue precisamente en un viaje de un compañero cuando pude recuperar mi tarjeta de memoria y esta foto tan bonita.

 

2. La sombrilla derribada

Antes de venir a Honduras la productora nos avisó de que, a partir de julio, el clima de por aquí cambiaba y entrábamos en temporada de lluvias. Así que mi mente bloguera dio por hecho que, en algún momento, iba a tener que escribir sobre tempestades, relámpagos, centellas o algún que otro fenómeno meteorológico de cine de catástrofes. Por ello, cuando tras una tormenta, una de las sombrillas de la piscina colapsó de esta forma, no dudé en hacer la foto para ilustrar ese hipotético post sobre el equipo de supervivientes haciendo frente a lluvias torrenciales. Y a ver, es verdad que ha llovido más este último mes, pero nada que ver con lo que yo tenía en mente. De hecho, esta sombrilla que se cayó, creo que lo hizo por aburrimiento. Porque la lluvia que supuestamente la derribó fue poco más que chirimiri.

 

3. La cerveza de curioso nombre

Esta foto hubiera sido ideal para aquella entrada en la que hablaba sobre la obsesión del equipo con el propio programa: En ocasiones veo el logo de Supervivientes. Llevaba semanas viendo esta imagen en el bar, y a muchos de mis compañeros beber esta marca de cerveza hondureña, pero tuvo que ser mi compañero de casa el que, tiempo después de aquel post, me dijera: “mira, SV por todas partes”. Y es verdad: tiene gracia que la cerveza más emblemática de Honduras, segunda patria de Supervivientes, se llame precisamente Salva Vida, con la S y la V bien grandes. Chanchán: vuelven la señales. Vuelve la paranoia.

 

4. Un enorme cuadro en homenaje a la productora

Y hablando de señales, he aquí un cuadro con el que topé en un restaurante. En efecto, una imagen enorme, que casi cubría una pared entera, con la ilustración de la planta de la que toma su nombre nuestra santa productora: Magnolia. Anda mira, descubro ahora en la Wikipedia que, en realidad, es un género que incluye más de un centenar de especies y que abunda principalmente, qué casualidad, en Centroamérica. Ahora ya sabemos porqué nos trae tanta suerte esta parte del mundo…

 

5. La fruta de pan de las recompensas

Esta fruta tan extraña ha sido, al menos un par de veces, la recompensa que los concursantes han recibido tras algún juego. Son unas cosas enormes, del tamaño de un melón, que cuelgan de unos árboles (¿o son enormes arbustos?) que te vas encontrando por todas partes. Si te cansas de jugar en el taxi a repetir tres veces el nombre de Gabriel Clavero y decides mirar por la ventanilla en busca de fruta de pan, ves un montón de estos árboles en el camino que hay de La Ceiba al hotel. Aunque hubo algunos concursantes que dijeron que no les gustaban nada estas cosas, yo caí rendido en cuanto lo probé por primera vez. Se pela, se corta y se fríe. Como patatas fritas. Pero sabe incluso mejor. Una auténtica delicia. Lástima que no parece que se coma tan a menudo como yo pensaba, porque en tres meses, apenas la he visto servida en la mesa una vez.

 

6. Supervivientes en la prensa hondureña

A pocos días del comienzo de esta edición, y con aquel tremendo 27% de audiencia con el que nos estrenamos (share que nos definió como La Generación del 27), los diarios de por aquí se hicieron eco del éxito hablando del programa en sus páginas. Esta doble página del Diario Tiempo, analizaba el concurso, presentaba a algunos de los concursantes más emblemáticos, y describía toda la zona de los Cayos Cochinos en la que nos encontramos. Alguien del equipo la vio, se hizo con ella, y la clavó en la pared de la oficina de Producción. Yo la vi y, claro, foto que te crió. El periódico sigue ahí. La foto no ha encontrado su momento hasta hoy.

 

7. Variedades de plátano a tutiplén

El plátano es un mundo. Los hay enormes, medianos, pequeños y minúsculos. Para empezar,  a lo que nosotros llamamos plátano aquí se le llama banano. Y si en el mercado pides un plátano porque tienes antojo de una dosis de potasio, mal vas: te van a dar un enorme platanazo, de caras muy cuadradas, muy verde, y que no podrás comer tal cual. Porque te habrán dado el plátano que se usa para freír. El plátano frito está por todas partes y en todos los platos, es la guarnición por excelencia. Y bien rico que sabe. Estando aquí, si me dan a elegir en un restaurante entre patatas fritas y plátano frito, optaré sin duda por lo segundo. Pero resulta que además de los plátanos (los de freír) y los bananos (los nuestros, los del postre), existen también estos microplatanitos tan monos. Tamaño de bolsillo. Que se llaman guineos. En algún momento empecé a hacer colección de frutas diferentes que se ven por aquí para escribir un post sobre el tema, pero no ha podido ser.

 

8. La partida de Uno

Existe una villa, de entre todas las villas que forman la urbanización de Supervivientes, en la que un digitalizador, una minutadora, un cámara y dos guionistas pasamos muchas noches jugando a esto. Mientras seguimos la secuencia de números y colores hasta quedarnos sin nada en la mano, nos ponemos al día los unos a los otros de todo lo que pasa en el concurso… y detrás del concurso. Un guionista pone el ocho azul mientras comenta: “hoy hemos terminado el resumen con un clip musical de Rosa y Jessica mirando al mar, ha quedado muy chulo”. Y la minutadora, que suelta un cinco también azul, pregunta: “¿os sirvió lo que os marqué de la conversación entre Rosi y Jeyko?”. “Claro”, contesta la otra guionista depositando un cinco verde, “pero lo más fuerte ha sido lo que Aída le ha dicho a Sonia”. Y así toda la partida. En cierta medida, no hay mejor reunión de contenidos que una buena partida de Uno.

 

9. El paquetón

¿Qué pasaría si en España se anunciara pollo frito de esta manera? Pues que algún creativo publicitario sería despedido. Es un cartel de una cadena de pollo frito que encontré en San Pedro Sula. Por suerte aquí la palabra no tiene el doble sentido que nosotros sí le vemos. Y es algo que pasa bastante: aunque hablemos el mismo idioma, son muchas las palabras que cada uno entendemos de un forma. Desde el lío mañanero para pedir una tortilla (“una tortilla”, “tenga, para la baleada”, ”no, pero con huevos”, “¿una omelette?”, “bueno, sí, tortilla”, “¿una baleada?”, “no, tortilla hecha con huevos”, “¿le pongo huevos en la tortilla?”, “no, no, una tortilla hecha de huevos”, “¿una omelette?”), hasta la muy hondureña frase de “¿no andan cambio?”, para preguntarte si tienes dinero suelto.

 

Pero que quede clara una cosa: aunque haya decidido rescatar ya estas imágenes que veía que se me quedaban fuera, no quiere esto decir que esté diciendo adiós todavía. Por suerte aún me quedan días aquí para algunos posts más.

8 junio 2010 a las 9:56 por elsuperviviente19

Un fin de semana de descubrimientos

El fin de semana ha transcurrido tranquilo aquí en Corn Island. Aunque el equipo trabajamos los siete días de la semana, y un sábado puedes tener el mismo trabajo que un martes, parece que nos resistimos a abandonar la tradición del finde y es en viernes y sábados cuando se organizan las jaranas.

Durante este fin de semana además hemos tenido de invitados a Víctor, que no ha tardado ni un segundo en afeitarse, y a Parada que, sorprendentemente, ha permanecido con los pantalones puestos durante toda su estancia.

Yo, además, durante estos días he hecho cuatro descubrimientos importantes:
1. Quienes sigan este blog conocerán la historia de mi gorra desaparecida. También conocerán la historia de la mujer coleccionista de billetes a la que doné un billete de 5 euros por el bien del legado numismático en Corn Island.

Pues bien, estaba yo llegando a trabajar el sábado (lo dicho, aquí trabajamos todos los días) cuando vi, justo detrás de la pulpería que regenta La Coleccionista, al taxista que me devolvió la gorra lavando su taxi a manguerazos. Fue como una revelación. Dos de mis personajes favoritos de la isla, de repente, compartían un espacio. ¿Cuál sería la relación entre ellos?

El caso es que yo venía de pedalear durante veinte minutos bajo el abrasador sol tropical de las ocho de la mañana -lo cual se traduce en: camiseta empapada hasta el nivel de transparencia total (“ese chico va desnudo”, creo que se cuchichearon dos niñas al verme pasar), crema expulsada en forma de ríos blancos por los brazos y respiración entrecortada-, así que no era el momento más apropiado para entrar a preguntar nada.

Pero después, por la tarde, en la sagrada hora de la merienda, me fui para allá y me encontré con La Coleccionista. Que fue cuando metí la pata hasta el fondo. Porque ya aviso que a mí esto de adivinar las edades no se me da muy bien.

Calculé, a ojo, la edad del taxista, y la edad de la mujer, y llegué a mis propias conclusiones. “¿Su hijo es taxista?”, le pregunté. Ella me miró con esa sonrisa que no pierde nunca y me contestó: “No, el taxista es mi marido”. Supongo que en ese momento los dos nos dimos cuenta de lo que implicaba mi inoportuna pregunta, pero ambos decidimos dejarlo pasar y proseguimos la conversación como si nada, los dos celebrando las casualidades de la vida.

Yo no sé si esto es producto de vivir en un territorio de 12 km2 o si es el Universo el que maquina un plan supremo que lo equilibra todo a nuestras espaldas, pero anda que no es fuerte que la coleccionista a la que yo di 5 euros y el taxista que guardó mi gorra durante días para poder devolvérmela… ¡sean marido y mujer! ¿Cuál sería el siguiente paso en este ciclo karmático? Creo que algo así:


2. También quienes sigan este blog sabrán cuál es la comida que más echo de menos en la isla: el Whopper. Ya pedí perdón en su momento por no echar de menos el ibérico y las tapas así que no creo que sea necesario reiterarme en la disculpas. Pues bien, no es difícil imaginar cómo se me quedó la cara cuando leí lo siguiente en la carta de un restaurante de por aquí:


“Hamburguesa de carne. Igualita que la del Burger King, pero mucho mejor”. No podía creer lo que veían mis ojos. Celebré el descubrimiento con voces y algarabía. Me faltó tiempo para pedir una. Esto fue lo que me trajeron:


¿Veredicto? Lo que dice la carta es mentira. Nada que ver con la original de la cadena americana. Aún así, era bastante mejor que la que comí la otra vez. Y me ha servido para quitarme el mono. Ya hablo como una Bea La Legionaria de las hamburguesas…

3. Mi tercer descubrimiento del fin de semana han sido los plátanos cuádruples. Aquí en la isla, todo el equipo somos clientes del mismo operador de telefonía móvil (ya le hice la publicidad en la entrada correspondiente).

Pues bien, esta compañía nos somete a un desasosiego constante porque, dependiendo del día, la recarga de dinero que metas a tu tarjeta puede duplicarse, triplicarse… ¡e incluso cuadruplicarse! De esto te enteras el mismo día gracias a los mensajes que envía la compañía. Pero claro, ¿y si recargo hoy, que es doble, y mañana resulta que es día cuádruple, cómo voy a mirar a la gente a la cara? Aunque visto de otra forma, ¿y si no recargo hoy, que es doble, y mañana es sencilla, y no hay triple hasta dentro de una semana y la boda de mi hermana es el sábado y llego sin saldo al día D? Total que esto de las recargas es un sin vivir.

Pero lo realmente curioso es que algo similar, por increíble que parezca, ocurre con los plátanos. Volvía yo de un descanso en la playa cuando decidí alimentarme del producto local y comprar unos plátanos en esta frutería tan apetecible:


Me pedí unos plátanos que compartí con una compañera. Y sí, a ti te dan un plátano. Pero lo que te comes, en medidas españolas, no es un plátano. Porque una sola banana de ésas tiene alimento para cuatro familias numerosas, y aún sobra plátano para hacer un par de Banana Split. ¡Qué barbaridad! “Yo creo que he comido tres plátanos españoles”, dije al acabar el mío. “Lo mío equivaldrían a cuatro”, dijo mi compañera tirando la única monda a una papelera. Así que, igualito que con las recargas telefónicas, aquí un plátano puede valer por dos, por tres, o incluso por cuatro.

4. Y, por último, alegría al descubrir que Parri y Eva González publicitaron subliminalmente mi blog con el resultado de la prueba de líder del pasado jueves: