12 julio 2011 a las 7:53 por elsuperviviente19

Aventuras durante la grabación de la gala más vista (2ª parte)

Después de haber probado el juego de recompensa, aún con el bañador mojado y la satisfacción de haber ganado unas hipotéticas gafas de bucear, editora, guionista y presentadora nos dejamos caer por la grabación de la entradilla. De camino hacia allá nos topamos con una visión inesperada: la de una improvisada floristería en medio del cayo. Sobre una mesa, decenas de rosas rojas contrastaban con la flora del lugar. Ya se sabe: la palmera de turno y las parras esas de cuyo fruto toma su nombre Playa Uva. ¿Qué hacían esas rosas ahí? Pues muy sencillo: esperar a ser convertidas en un precioso ramo por la responsable de atrezzo, que ultimaba los detalles de esa ofrenda floral que Amador Mohedano entregó a Rosa Benito ante millones, muchos millones, de españoles:

Pero no adelantemos acontecimientos. Que de momento íbamos caminando en bañador hacia el set donde se grabó la entradilla. El equipo que graba las entradillas para los resúmenes diarios consta de un cámara, un realizador, un iluminador, un subdirector, una estilista y una maquilladora. Y una presentadora, claro.

Además, existe un octavo pilar fundamental, aunque nunca está presente en la grabación. El octavo pasajero de las entradillas. El alien de las introducciones. De profesión, guionista. Entre nuestras labores, aparte de seguir todo lo que ocurre en la isla para después seleccionar y montar las tramas más importantes, los cuatro guionistas incorporamos la de escribir las entradillas de la presentadora, uno cada día. Por tanto, de cada cuatro entradillas, una es cosa mía. Una pena que justo ese día que asistí a la grabación no hubiera escrito yo el texto que recitó Raquel. Hubiera sido el pack completo.

La grabación transcurrió bastante rápida: unos cuantos ensayos, otro par de repeticiones a cámara, grabación de la primera buena, y grabación de la segunda buena. Que el sol pega, las pieles se queman y había que tenerlo todo listo antes de las dos de la tarde. Aun cuando una de las entradillas queda perfecta, suele grabarse otra extra por lo que pueda ocurrir. Como cuando en las fotos de grupo de tu cumpleaños disparas tres veces por si alguien sale con los ojos cerrados. En nuestro caso, los ojos cerrados equivaldrían a desenfoques casi imperceptibles o indiscretas botellas de agua que aparecen en una esquina del plano y que sólo se descubren durante la digitalización.

Aquel día el contenido de la entradilla versaba principalmente sobre la gala que tendría lugar a continuación. ¿Cuál de los nominados sería el expulsado? ¿Quién se alzaría finalmente como líder en el jardín de fuego? Hay que tener en cuenta que esa era la entradilla para el resumen del viernes, el cual dedica gran parte de su contenido a condensar la gala del día anterior. Si es que lo tenemos todo pensadísimo.

Terminada la grabación, Raquel quiso capturar imágenes divertidas el equipo presente. Así que cada uno utilizó sus armas para posar frente a su objetivo: el cámara hizo un gesto desenfadado con la ídem, el iluminador hizo lo propio con su reflector, etc… Yo lo más divertido que hice fue ponerme la gorra. A mí es que me dicen que haga algo divertido y me quedo helado como un ciervo delante de los faros de un coche. Más ocurrente fue la editora, que salió disparada hacia el muelle para lanzarse al agua con una pirueta. Tomo nota para futuras ocasiones.

Tras el número de feria, tocaba la reunión de contenidos de por la mañana. A la que asisto diariamente en el hotel a mediodía. Ese jueves no fue una excepción, porque no podemos perder el hilo de lo que pasa en la isla ni un solo día. Y los jueves suelen ser mañanas llenas de contenido, nerviositos como están los concursantes con la gala. En esta ocasión, realicé la conexión desde el otro lado, y vi a mis compañeros guionistas a través de los monitores del control de realización:

Siguiente parada: la lectura de escaleta. La escaleta es el documento que se utiliza en televisión para listar, uno tras otro, todos los contenidos de un programa. Desde “Jorge Javier saluda a los concursantes” hasta “Jorge Javier se despide de Raquel”. Cada nuevo contenido va numerado y cronometrado. De tal forma que el punto 47 de escaleta es un bloque de publicidad que dura 9 minutos y 39 segundos. La escaleta se lee del tirón en una reunión multitudinaria del equipo del directo para que todo el mundo tenga claro qué va a ocurrir y cuándo va a ocurrir.

Aburridas cosas técnicas. Lo realmente molón del asunto fue el lugar en el que se procedió a dicha lectura. La palapa. Ese lugar en el que tantas veces Tony ha insultado a Tatiana. El punto geográfico exacto en el que Emma, Jacobo, Carol, Montalvo y los demás han recibido la noticia de su expulsión del programa.

Entrar en tan sagrado lugar requería de mostrar un respeto hacia la santa imagen de la S y la V. Así que consideré oportuno ponerme la camiseta de una vez. Camiseta que, en día de gala, no podía ser otra: la oficial del programa. Las antorchas y demás parafernalia del directo aún no estaban encendidas, pero el lugar impone lo mismito. ¡Que es la palapa de los supervivientes! ¡De Supervivientes 2011! Sentados en los mismos bancos desde los que los concursantes conectan con Jorge Javier Vázquez, un nutrido grupo de gente del equipo asistimos a la lectura pública de la escaleta. El Pregón de las Fiestas de Cayo Menor. Así la seguía el cámara sentado a mi lado:

Una de las integrantes del equipo de Realización fue la encargada de leer, punto por punto, todo lo que iba a pasar en el programa. Todo lo que entra dentro de lo organizable y previsto, claro. ¿Que luego en el plató se monta el pitote de aúpa que se montó? Pues adiós previsión. Y si Aída luego decide salir corriendo por la selva huyendo de las cámaras, no hay escaleta que valga. Imprevistos del calibre de lo ocurrido el pasado jueves hacen que se tambalee toda la estructura de un programa.

Finalizada la lectura de escaleta (que fue algo así como ver el programa antes de que ocurriera), quedaba ya muy poco tiempo para que la regidora enloqueciera entre la selva mandándonos a todos a nuestros puestos. Bueno, a sus puestos quienes trabajaran. La editora y yo nos dirigimos a la palapa, nos sentamos tras las cámaras, pusimos el gesto serio de rigor para marcar distancia con los concursantes que entrarían de un momento a otro… y esperamos a que comenzara el programa. Cinco, cuatro, tres, dos, uno…

 

Continuará…

¿Está muy lejos de la palapa la playa donde Amador besó a Rosa? ¿De qué manera se enteró El Superviviente 19 de lo que ocurría con Aída en plató? ¿Cómo se evita que el resto de concursantes escuchen las llamadas telefónicas de los familiares? ¡Descúbrelo todo en la próxima entrada de El Superviviente 19!

7 julio 2011 a las 7:32 por elsuperviviente19

Ya va siendo hora de tener un favorito

Igual que ocurrió el año pasado, son ya varios los comentarios que he leído en el blog preguntándome si tengo algún concursante favorito. En la edición anterior, yo mismo encendí la mecha publicando una foto con las caras pixeladas de los concursantes en la que uno de esos rostros estaba rodeado por un corazón. Era el rostro de mi favorita, cuyo nombre no llegué a desvelar del todo hasta el mismo día en que se emitió la final.

Más que nada por precaución y para evitar los clásicos comentarios sobre favoritismos en el programa. De hecho, cuando finalmente confesé mi favorita, cuando ya no había posibilidad de influir en ninguna votación ni opinión que afectara al desarrollo del concurso -algo que dudo que consiga un humilde blog como éste-,  aún así lo dejé caer en formato de adivinanza.  Por si las moscas. Que la discreción siempre es un punto a favor.

Pero claro que tengo favoritos. Creo que debe ser muy difícil estar siguiendo la vida de estos concursantes, verles actuar, opinar, reír, llorar, juzgar, malmeter, ayudar o manipular, y conseguir mantener una opinión aséptica de cada uno de ellos. Además de ser guionista del programa soy espectador y, como tal, no puedo evitar sentir simpatías y antipatías hacia uno u otro. Y menos mal. Creo que si no viviera el programa como un espectador más, al final terminaría aburrido de pasarme tres meses resumiendo la vida de unos concursantes que ni me van ni me vienen.  Que jugar a La Ceiba Express y a permanecer un día entero descalzo es muy divertido, pero donde paso la mayor parte de mi tiempo es en una reunión o una sala de edición. En las que, desde el primer día, tenemos la cara de todos los concursantes, aunque las vemos desaparecer cada semana que pasa. Así lucía hace mucho tiempo:

Por suerte, me sorprendo como cualquiera al ver que  Arturo y Tony parecen entenderse mejor de lo que ellos mismos imaginaron en un principio. Asisto asombrado al cambio de dinámica en el grupo ahora que algunos creen haber desenmascarado a Rosa. Me río si Sonia le tira un vaso de isotónico a Tony. Y me emocioné como todo el mundo con aquella llamada entre Carolina y sus fabulosos padres.

Yo me entero de todo lo que ocurre antes que los espectadores del programa, pero la experiencia es la misma: para mí, cada reunión de contenidos en la que los redactores cuentan lo que ha pasado en la playa, es como sentarme en el salón de casa, sintonizar La Siete, y ver el resumen diario. El programa que yo veo en las reuniones dura más, claro, pero porque allí se cuenta hasta el número de almendras que ha comido cada uno. El equipo de los cayos no pierde detalle y nosotros necesitamos tener toda la información.  Que es mucha.

Luego mis compañeros guionistas y yo nos reunimos para seleccionar lo que finalmente se emitirá. Nos reunimos en una gruta a la que se accede atravesando una puerta secreta de madera, y  que sólo se abre al girar una antorcha en la pared recitando al aire las palabras mágicas Leuqar Zehcnas Avlis. Qué va. Eso es lo que me gustaría a mí. En realidad nos reunimos en una de nuestras habitaciones de hotel mondas y lirondas.

Lo que tenemos que conseguir es que las tramas y actitudes que definen realmente a cada uno de los concursantes queden perfectamente plasmadas en los resúmenes diarios y las galas. Y ahí lógicamente no puede influir cuál sea mi favorito, ni el de mis compañeros guionistas, ni el del cámara que grabó al concursante diciendo tal cosa, ni el de la redactora que nos los contó en la reunión. Los concursantes se definen a sí mismos con lo que hacen y lo que dicen, y así es como luego se les ve por la tele.

Ahí nosotros no tenemos ninguna mano. Contamos las cosas tal y como pasan, y en el orden cronológico en el que ocurren. Nuestra edición se limita a cortar lo superfluo, ahorrar al espectador las tres horas de pesca infructuosa, y quedarnos  con lo bueno. Desde un anochecer hasta el siguiente anochecer, y vuelta a empezar.

Lo que conseguimos con el tipo de edición que utilizamos en Supervivientes es que, si yo tengo un concursante favorito, lo será por las mismas razones por las que pueda ser el favorito de cualquiera que haya seguido el programa desde España. Porque, en lo fundamental, habremos visto lo mismo.

Eso sí, luego los cuatro guionistas que hacemos el resumen diario nos tomamos nuestros zumos mañaneros opinando sobre todo lo que ocurrió en el programa que nosotros mismos montamos ayer. Y comentamos lo bien que nos cae ésta, lo mal que se comportó el otro, lo inesperada que fue la contestación de la otra… Entre nuestras prácticas se incluyen también las porras sobre quién será el próximo expulsado o los vaticinios sobre cuánto durará la nueva amistad entre dos concursantes.

Vale, muy bonito todo, pero… después de tanto rollo, ¿cuál es mi favorito? Pues curiosamente, el año pasado tenía bastante claro quién era mi preferida, y lo apostaba todo a una. Este año mis amores están más repartidos y son al menos tres los concursantes que vería como dignos ganadores del concurso. Ya decidiré si ir soltando pistas más adelante sobre su identidad. Aunque casi prefiero esperar, a ver si logro hacer mi propia criba definitiva y llegar a la semana final con un solo nombre en mente. Que en realiadd me gusta mucho más lo de casarme con alguien y defenderlo  a muerte sobre todos los demás. Digamos que prefiero ser monógamo de favorito, y ahora practico una poligamia que me tiene un poco confundido.

 

14 mayo 2011 a las 22:01 por elsuperviviente19

Experiencias prehistóricas

Cambiar de escenario (o cambiar de localización, que diríamos en la tele, como cuando los concursantes de otras ediciones se movían de Cayo Paloma a Playa Uva), a veces te obliga a recuperar viejos hábitos que ya dabas por superados. Por ejemplo: escribir a mano. Creo que hacía por lo menos diez años que no tenía un trabajo en el que tuviera que usar mi pulgar derecho para algo más que dar a la barra espaciadora. Si la evolución humana dependiera exclusivamente de mi vida laboral, el Homo sapiens del futuro tendría los carpos y los metacarpos perfectamente adaptados al teclado Qwerty. Y desarrollaríamos un sexto dedo más allá del meñique derecho para llegar tranquilamente al Enter y a la tecla de borrado.

¿Cómo se escriben artículos para revistas? Con un ordenador. ¿Cómo se minuta Supervivientes y Gran Hermano? Con un ordenador. ¿Cómo se escribe una novela? Con un ordenador. Pero desde que he llegado este año a Honduras, la cosa ha cambiado. De repente han vuelto a mi vida esos tubos plásticos con tinta por dentro que al parecer no habían desaparecido de la faz de la Tierra. Los bolis. Ahora sé que el Señor Bic y el Señor Pilot, y sus esposas, deben poder seguir bañándose en Moët & Chandon. También he vuelto a saber cómo es mi caligrafía.

¿A qué se debe esta regresión a eras pretéritas? Pues a que tanto redactores como guionistas recogemos todo lo que ocurre en los Cayos Cochinos de nuestro puño y letra. Prácticamente todo nuestro trabajo surge de una primera labor fundamental: apuntar lo que ocurre, y apuntar el código de tiempo en el que ocurre. Tipo: “13.56 – Kiko Rivera se despierta de su siesta”. Y así, las veinticuatro horas del día. Los redactores, que son esos héroes de la producción que viven el reality in situ parados sobre la arena cuando Tony Genil lava su camisa, con el agua al cuello cuando Reyes sale a pescar, y con el sol cocinando sus coronillas cuando Sonia y Rosa deciden broncearse y parlotear, esos redactores apuntan todo lo que ocurre en sus partes de redacción. Y, lógicamente, lo hacen con boli y papel, no con un netbook ni un iPad 2.

Después, dos veces al día, ellos nos cuentan a los guionistas todo eso que ha ocurrido, haciendo un primer resumen y adelantando posibles tramas. Tramas que nosotros terminaremos editando y convirtiendo en el resumen diario que se ve en La Siete. Pero claro, todos esos códigos de tiempo y todas esas acciones nos las relatan a velocidad de infarto. Rollo El Gordo de Navidad.  “En el 12.54 Jeyko intenta ligar con Diego en el barco de los anóooooonimos”. “En el 06.41 Tony Genil despierta y empieza sus ejercicios matutinooooooos”. “ En el 17.15 hay una puesta de sol maravillooooooosa”. “En el 10.51 Rosa  se acerca a la playa y le tocan mil euroooooooooooooos”.

La forma más rápida de poder apuntar tanta información es a boli.  Así:

En realidad yo aún tengo pendiente llevarme el ordenador a las reuniones y probar a apuntar a dos manos, que ya que tantos  años de tecleo frenético me han servido para poder teclear emitiendo el sonido de una tormenta tropical, habrá que aceptar los desafíos. Pero, de momento,  he mimetizado la metodología de guionistas más veteranos que yo. Que la experiencia siempre es un grado. Total, que he vuelto a aprender a sostener un bolígrafo entre los dedos y a deslizarlo sobre una hoja de papel.

Durante el primer día de este retorno al milenario arte de la escritura los huesos de la mano me crujieron, anquilosados tras una década en la que lo máximo que habían escrito con un boli eran tres tristes post it de nevera. Crac. Cuando la torsión de la muñeca recuperó una verticalidad olvidada. Crac. Cuando el índice tuvo que apretar algo más que las letras T, Y, G, H, B y N. Crac. Cuando el cúbito y el radio hicieron que la mano comenzara a arrastrarse sobre el papel.

Y aunque los primeros días mis apuntes no había quien los leyera, poco a poco he ido recuperando mi caligrafía de siempre. Llevábamos mucho tiempo sin vernos. Un día, cuando tengamos tiempo, la voy a invitar a un café para que nos contemos qué ha sido de nuestras vidas. Hablando de café, ésta es la cafetera del pasillo donde editamos. Parecerá una tontería, pero parte del tremendo éxito que está teniendo el programa (¡un 25% en segunda gala) podría ser cosa suya:

Y está claro que allá donde haya escritura rápida, surgirán las abreviaturas. Como en los apuntes de la facultad. En el universo supervivientes hacemos cosas como dibujar un sol para indicar un plano recurso de naturaleza. Ya sea un sol realmente o un ermitaño. Yo muchas veces opto por apuntar los nombres de los concursantes sólo como iniciales. Y si el redactor nos cuenta en la reunión que está habiendo un acercamiento entre José Manuel y Jessica, yo apunto “JM ♥ J”. El otro día, sólo por hacer la gracia, decidí apuntar todos los nombres en inglés, que suelen ser más cortos. Jacobo se convirtió en Jack y Rosa en Rose. Lo dejé cuando me di cuenta que aquello parecía el guión de ‘Perdidos’.

En fin, voy a coger mi cuaderno y mi boli y me voy a la reunión. Que este fin de semana vuelve a estar, como siempre, lleno de sorpresas. Crac. Crac. Crac.