Vivimos en una época en la que algunos realities se han gastado y otros siguen dando de sÃ, pero recurriendo siempre a meter novedades. Gran Hermano se caracteriza, en cada una de sus últimas ediciones, por dar un giro al concepto (este año, con ese invento de una segunda casa donde los habitantes son espectadores de la primera, han estado especialmente acertados). Operación Triunfo se revalorizó gracias a la lengua de Risto Mejide y, según muchos crÃticos, deberÃa volver con un nuevo concepto el año que viene si no quiere repetir los resultados algo decepcionantes de esta última edición. He aquà que PekÃn Express llega en su segunda edición con un concepto exactamente igual al de la primera. Una de dos, o nadie se ha roto mucho la cabeza o es que simplemente no hace falta. Yo creo que es lo segundo.
Eso sÃ, en un reality show previamente grabado en el que el público no tiene voz ni voto los personajes son muy importantes. Muchos de esta edición pueden dar mucho de sà y por ahora están a la cabeza esa madre y esa hija que son capaces de poner verdes a los chinos por no entenderlas cuando hablan en castellano y, cinco minutos después, de llorar junto a una familia de la misma nacionalidad que les ha ofrecido casa y comida. Las virtudes siguen siendo las mismas que el año pasado: un montaje y un ritmo impecables. Pero tienen también el mismo peligro: uno se pregunta a veces si no ha visto más bien un avance rápido de lo que deberÃa ser la primera entrega del reality estrella de la cadena. Hacer un programa tan dinámico también implica que el espectador puede perderse completamente si se levanta cinco minutos a hablar por teléfono o que tengan que pasar unos cuantos domingos de gala hasta que sabe cómo se llama el personal y cuál le puede empezar a caer lo suficientemente bien como para desear que gane.
Pero dejando esos inconvenientes a un lado, vuelven a ser más los pros de un reality como PekÃn Express: es directo, divertido, sencillo y no se mete en los mismos berenjenales absurdos que llevan a muchos otros programas del mismo género a alargar las galas hasta el infinito y darse demasiada importancia a sà mismos. Eso sÃ, Raquel Sánchez Silva podÃa poner un poco más de ganas. Puede que sea por su tono, por su gris y aburrido vestuario o directamente por su ausencia de maquillaje y peluquerÃa: si no fuera porque no es china, uno dirÃa que está allà simplemente porque se ha colado en medio del plano.










