Perdidos estableció un montón de precedentes, y hablar de ése que dice que ahora todos los canales norteamericanos quieren tener su propia versión de la serie está muy visto, asà como enumerar los fallidos intentos que ha habido hasta ahora (para los que están dejando de quedar dedos en las manos). Pero uno de los precedentes curiosos que ha establecido es a nivel crÃtico: uno puede poner el piloto de muchas de estas series por las nubes y quedarse con cara de tonto cuando, cinco episodios después, la brillante premisa ha expirado y todo es lioso, los personajes son directamente estúpidos y las tramas no se cruzan, sino que se retuercen entre sÃ. Asà que es un riesgo emitir un juicio de una serie como Flashforward tras sólo un capÃtulo emitido, pero permÃtaseme ser optimista y caer en el mismo error en el que se cayó con Héroes o Jericho: es estupenda.
Flashforward nos lo pone un poco más difÃcil que Perdidos, si eso es posible. Su premisa consiste en una hecatombe global en la que toda la población planetaria se desmaya al mismo tiempo durante 2 minutos y 17 segundos. Cuando se levantan, cada uno de ellos tiene una visión sobre lo que estaba haciendo exactamente seis meses después. Las visiones de algunos son catastrofistas y terribles, otros están simplemente en el cuarto de baño y otros ven cosas que no anuncian terribles acontecimientos para la humanidad pero sà para sus relaciones de pareja. Hollywood nunca pierde de vista ese principio que dice que una ruptura sentimental es mucho más dramática que una explosión nuclear en una guarderÃa. Otros, por el contrario, no han tenido visión alguna, lo cual no es necesario explicar que no son exactamente buenas noticias. Las conspiraciones y los mensajes en código, obviamente, no tardarán en llegar.
Perdonamos a este piloto -sólo faltarÃa, después de todo lo que le hemos perdonado a Perdidos- algunas trampas de guión que hacen que los personajes recuerden en cuestión de minutos lo que uno tardarÃa en recordar unos cuantos meses, y que rápidamente asocien las visiones de unos a las que han tenido en otros, cuando no llevan despiertos ni unas cuatro horas. En series como ésta el tempo está por encima del realismo. Puede ocurrir una cosa digna de la mente de los más retorcidos y monstruosos marcianos, sÃ, pero siempre esperamos que nuestro protagonista reaccione con una actitud remotamente humana. Lo perdonamos porque lo importante, al final, es que los cuarenta minutos del piloto (recordad, lo que duran las series de verdad y no lo que hacemos aquà de estirarlo todo hasta que revienta) sirven para que conozcamos a los personajes (no son dignos de Chejov, pero tienen sus convenientes heriditas) y se pasan como un suspiro.
Otra cosa es importante es la cosa de siempre: ¿qué será de esta serie en manos de un canal español? Emitir en la misma noche Flashforward y Perdidos, estrategia de Cuatro para hacer una especie de contenedor de ciencia-ficción para todos los públicos, puede llevar a que más de uno se vuelva loco. Y no sólo por las más que sabidas vueltas de tuerca de la segunda y por las vueltas que ya promete la primera, sino porque ambas series exigen un espectador atento, retentivo y observador. Si por algo se caracteriza la televisión generalista española es por ofrecer desenfadados productos en prime time que se pueden seguir aunque estemos planchando, cosiendo, discutiendo, haciendo el pino o comentando el devenir del dÃa por teléfono con el vecino de al lado. Que son cosas que, casualidades de la vida, también hacen los protagonistas de Flashforward mientras ahà fuera el mundo se va al traste. Si alguien es capaz de seguir Flashforward y Perdidos por las emisiones de Cuatro sin recurrir a Internet o inventos similares tal vez sea tan listo como los protagonistas de la serie y pueda irse ahà fuera a arreglar el mundo. Ellos, por su parte, tienen que hacerlo mientras se esfuerzan por dejar el alcohol o amar a su mujer. Lo de siempre: drama doméstico y, por ende, apocalÃptico.








