16 septiembre 2008 a las 18:42 por pasillero

La actualidad en doce puntos:

(Todos ellos numerados con negrita y colorines para que la lectura se convierta en una aventura sin precedentes)

1. En Telecinco hay cada vez más… ¡niños! Hoy un joven que no debía de tener más de ocho años se tomaba un heladito en la cafetería bajo los cuidados de Jani. a las once y pico de la mañana. Y eso que el colegio empezó ayer, luego así nos salen los guionistas que nos salen. Unos metros más allá, en el exterior, uno que no debía de tener más de diecisiete se fumaba un cigarrito. Como lo vea Mercedes Milá lo arrastra de los pelos hasta el centro de desintoxicación más próximo, y se lo tendrá merecido.

2. O puede que esta presencia de juventud por los pasillos se debe a que por fín están haciendo mi ansiada versión infantil de Mujeres y hombres y viceversa, para el access sobremesa de los fines de semana, por ejemplo. Podría llamarse Niñas y niños y tiro porque me toca. O Chiquitas, chiquitos y tres phoskitos.

3. En Ana Rosa los colaboradores están muy emocionados porque Madonna ha llegado a España para su gira y han hablado del gran éxito que ha tenido con este último disco. En realidad no ha tenido tanto éxito y el disco en sí es un episodio trágico en la que una mujer aburrida dice cosas como “shake your booty get down” que es el equivalente inglés a “perrea, perrea”. Esto me parecía necesario decirlo y además, si Dios está de mi parte, algunos fans acérrimos de Madonna me leerán, empezarán a ponerme comentarios humillantes y darán mucha vidilla a un posible Viernes en el que el pasillero responde a los comentarios.

EJEMPLO:
“¡¡Madonna es la reina, gilipollas subnormal y asqueroso!!!” (mAdOnNaFoReVeR<24>) 
Perdón, perdón, señor, tiene usted toda la razón.

4. Definitivamente el nuevo plató de Gran Hermano parece un parque de atracciones, con sus neones de colores y esos tonos fluctuantes de las luces de las paredes. Hoy inauguraban la pantalla gigante para seguir la actividad de lo que pasa en la casa durante las galas, ¿y a qué personaje entrañable de la cadena escogieron para las pruebas? ¡A Karmele Marchante! Imágenes seleccionadas de la reputada colaboradora aparecían en la pantalla aportando luz y esperanza a todos los que estábamos allí. A mí, desde luego, me alegró el día. Espero que los debates de Gran Hermano impliquen el regreso de Karmele, que desapareció de esta cadena cuando desapareció una forma clásica de hacer televisión, representada en programas como TNT, Dolce Vita o El ventilador.

5. Falsa alarma en ese mismo plató: uno de los simpáticos carpinteros que andaban por allí señaló el destartalado plató de La Noria con una placa de madera en la mano y preguntó a una mujer:

-¿Cómo se llama esto?
-”Haz lo que puedas” -respondió ella.

¿Era Haz lo que puedas un nuevo programa?, me pregunté ya con las pupilas en forma rectangular y echando espuma rosa por la boca de puro placer. Pues no, “hazloquepuedas” debe de pertenecer a la jerga del complejo mundo de la carpintería, igual que hay flores llamadas siemprevivas o nomeolvides.

6. Dedico este quinto punto a soltar una reflexión: ¿¿¿es esto realmente necesario??? ¿Rebelde, extrovertido y sin pelos en la lengua? Ahora se llama así a lo que de toda la vida se ha llamado UN TOLAI.

7. Me crucé a María José Suárez, más conocida por ser la estrella que más brillaba en Noche de fiesta y luego hacerse amiga hasta del apuntador en la edición número 6.789 de Mira quién baila., ambos programas que pertenecen a otra cadena (¡?¡¿¡?¿¿?!!!). Dejó un reguero de olor fresquito por todo el pasillo a su paso, que es una forma bonita de decir que alguien debió arrojarle un bote de fortísimo perfume de cóctel que se le rompió en la cabeza. María José venía a participar en Pasapalabra, donde estuvo acompañada de Carla Hidalgo, el frutero de Siete vidas y otro que no reconocí.

8. La mejor colaboradora de El programa de Ana Rosa, Belén Rodríguez, repasaba sus notitas relajada en la soledad del pasillo ese feísimo lleno de sillas y decorados abandonados que hay al lado de su plató.

9. Preocupación: esas gafas con grandes y ostentosas letras que rezan D&G que en su día pusieron de moda epítomes del estilo como Dinio García o Marta Sánchez vuelven a verse mucho por Telecinco. Mi consejo para todos aquellos que tengan unas de estas en casa es que las cojan por una puntita de la patilla, siempre con un pañuelo para no tener que tocarlas, y las tiren al termo fundidor de acero más cercano.

10. Lucía Riaño ya estaba hoy a las doce de la mañana maquillada en Telecinco, y eso que su programa no empieza hasta las seis. Este perfecto ejemplo de la mujer trabajadora y a su vez musa de este blog se encontró luego en los pasillos con Nacho Abad, el experto en crímenes de Ana Rosa. Observé la situación preocupado por si Lucía se desmayaba o tenía que sentarse y tomar aire: todos sabemos que Nacho siempre trae crueles y trágicas noticias. Afortunadamente no fue así.

11. Entrar en el plató de Ana Rosa siempre me da mucho miedo y respeto. Incluso cuando están emitiendo en directo la gente entra y sale como Pedro por su casa, pero yo temo que al abrir al puerta unos intensos rayos de sol del exterior caigan sobre el sofá donde Ana Rosa, Lecquio, Belén y Óscar Martínez están debatiendo sobre la última gala de Gran Hermano y me griten todos a la vez “¡ME CAGO EN TU MADRE, PASILLERO!!!”

12. Y finalmente: Telecinco empieza a emitir sus promos de la nueva temporada en la que suena Mercy, de Duffy. Es hermoso que piezas obsoletas e inútiles se escojan para recordar etapas del pasado, pero ya puestos podían haber sonorizado las promos con, no sé, el Himno de Riego o lo último de Jarabe de Palo.

4 septiembre 2008 a las 2:10 por pasillero

Duquesitas y duquesitos. Quesitos, en general.

Mucho pasillero, mucho pasillero pero hace días que no piso ni un sólo pasillo de Telecinco. Si ayer me enviaban al estreno de la última película de un director oscarizado, hoy me personé en el estreno de la nueva temporada de Sin tetas no hay paraíso, sito en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid (lugar al que he ido ya varias veces y jamás vi a nadie practicando ningún deporte, a menos que Kylie Minogue resbalando pueda considerarse patinaje artístico).

El estreno de hoy me gustó mucho más: si el de ayer estaba lleno de intelectuales, el de hoy estaba lleno de fans histéricas, que se desgañitaban gritando los nombres ficticios de todo el que pasaba. Me encantan las fans histéricas, que se dejan dinero, sueño y cuerdas vocales en alguien que no sabe que existen ni nunca lo sabrá. Hacen de todo sin conseguir nada a cambio. Eso en mi pueblo se llama amor incondicional y hay parejas que llevan veinte años casadas que todavía no han oído hablar de ello. Pero las fans de el Duque lo tienen como credo.

Además, aquí estaba Lucía Riaño. Siempre delgada, siempre hermosa:

dsc04245.jpg

Pero a lo que iba, si hay algo que me gusta todavía que una fan incondicional del Duque es… un fan incondicional del duque. La proporción es de 10 a 1: no hay imagen más bella que la de ese muchachito de trece o catorce años que ha acompañado a nueve de sus mejores amigas a pegarse a una valla para ver al Duque y que resulta que es el que más grita de todas ellas. No es que también idolatre al Duque, es que probablemente lo idolatra el triple y, más probable y tristemente, en silencio. Y me atrevo a decir, sin querer dar a entender que sus amigas son tontas ni nada, que es él el único que sabe cómo se llama el actor que lo interpreta en la realidad, pues se ha aprendido su nombre y apellidos a fuerza de buscarlo en el google o en otras webs y foros de popularidad no tan extendida.

Pues eso, que los duquesitos merecen una mención. Existen. Están ahí y los hemos visto. También sufren y padecen. Respétalos.

En cualquier caso: pese a ser tan fan -precisamente- del fenómeno fan, debo decir que lo de hoy me decepcionó un poco. Las duquesitas y sus mejores amiguitos, los duquesitos, hacían su labor, que era chillar como hienas gonorreicas, dando buena fe de su admiración y del entrenamiento de sus gargantas… pero no iban más allá.

¿Qué ha sido de aquellas fans de Take That, de New Kids on the Block, de Brandon Walsh y Dylan McKay o de Quimi y Valle, que colapsaban aeropuertos no hace mucho y montaban auténticas tragedias griegas sobre la inestable superficie de una valla de seguridad? Los fans ya no son lo que eran. Un buen fan se escribe con sangre el nombre de su ídolo en la frente, se juega su futuro pasando de ir a clase para verlo de lejos, pone en juego sus horas de sueño y su orden alimenticio y desarrolla la cualidad de odiar a todos los hombres que no sean su objeto de deseo, empezando por su mismísimo padre. Un fan de verdad, en resumen, es un auténtico psicópata tarado y peligroso. Y sin embargo, lo que hoy teníamos en el Palacio de los Deportes eran una excursión de alumnas del colegio de la orden de las Hijas de la Purísima Virgen María.

Especial atención merecen estos hechos:

1. No se sabían el nombre de casi ningún actor, a todos los llamaban por el de su personaje. Ojo, no creo que es necesario que lo sepan, ¿para qué? Sólo me pareció un dato curioso que me hace entender que muchos actores de Al salir de clase, tras su fama efímera, acabasen en tratamiento psicológico. Imaginaos que un día a mí me dejan de llamar Pasillero y me empiezan a llamar “el duque” todo el rato. Me vuelvo turulato.
2. Si no se sabían el nombre del actor pero, al ser nuevo en esta temporada, tampoco sabían el nombre de su personaje, las niñas, más listas que el hambre, tiraban de su extendidísima memoria audiovisual para llamar la atención del chico en cuestión. Así, Alex Barahona tuvo que oir cincuenta veces: “¡¡¡¡¡el de Los Serrano!!!! ¡¡¡¡¡eh, el de Los Serrano, te quieeeeeero!!!!”.
3. El tiempo de popularidad que tiene un actor en la alfombra roja en este tipo de eventos dura exactamente lo que tarda en aparecer el siguiente. En ese instante, el que estaba allí anteriormente se puede -de hecho, se debe- ir a freír espárragos.
4. Si no sales en la serie, ni tienes menos de 30 años, ni estás bueno, no hace falta ni que aparezcas. Cuando David Muro, que interpreta a Roberto en Escenas de Matrimonio, apareció en la alfombra roja y saludó al público y a los medios no es sólo que las niñas no le hicieran ni caso, sino que todos los fotógrafos se habían ido porque acababa de llegar uno que interpreta al mafioso #7 en Sin tetas no hay paraíso. Es que, David Muro, ¿a ti quién te manda?

Durante la llegada del reparto, que se extendió más o menos durante una hora, alguna cabeza de brillante lucidez decidió poner la sintonía principal de Sin tetas no hay paraíso en bucle. Fueron noventa minutos escuchando esto:

Te estorbarán, te admirarán, aunque no quieras te amarán.
Cuando pienses que no eres tú, siempre, siempre serás tú.
Dale al flash si pierdes el compás, que tu imagen brille como si,
no hiciera falta más luz para triunfar.

Hay opiniones encontradas sobre si la letra de este tema la compuso Burt Bacharach o por el contrario se basa en un poema compuesto por Rafael Alberti. En cualquier caso, no es necesario decir que más de un fotógrafo de los presentes acabó canturreando el tema con los ojos en blanco mientras se lo llevaban en ambulancia.  A los que nos quedamos no nos esperó mucho mejor destino: moríamos de frío y hambre.

Una vez acabó el asunto fuera, había que entrar a ver la proyección. Y de nuevo me entré con el problema de siempre: no hay un pase que responda de forma rigurosa a la tarea de un pasillero. Cuando mis compis de Telecinco.es explicábamos al gorila de la puerta porqué debíamos entrar, la cosa fue así:

-Pues yo -dijo una- he de hacer un directo ahí dentro cuando se sorteen los regalos.

-Yo -dijo uno de rastas- soy el cámara y debo entrar para grabarlo todo.

-Yo -dijo el de mi lado- llevo estos cables y estoy en contacto con la central en Telecinco para que nos den paso.

-Yo -aclaré cuando llegó mi turno-. Yo…

“Yo tengo que entrar a cotorrear, básicamente, a ver qué pasa, para luego dar mi opinión al respecto como si alguien me la hubiese pedido. Ah, y también a robar botellas de agua y decidir si lo que dan de comer me parece bien o mal”, estaba a punto de responder. Pero como el gorila ya debía de estar hasta el gorro de gente que explicaba lo que iba a hacer y lo que no, le bastó que le respondiese:

-Pues yo, sencillamente, tengo que entrar con ellos.

-Pues pasad.

-Uh uh uh -exclamé victorioso.

Que nadie se tome lo de robar botellas de agua como una hipérbole: he descubierto que en el Palacio de los Deportes el agua es gratis, como en Telecinco. Allá donde hay un equipo técnico o un grupito de azafatas que esperan servir a alguien, hay una caja con botellas de agua. Y basta con decir: “¿me das una?” mientras pones cara de corderito degollado para ahorrarte los 2,50 euros que cuesta esa misma botella en el bar.

El pasillero siempre al rescate, con soluciones para el ahorro en tiempos de crisis. Si alguien me pusiese a cargo de la Organización Mundial de la Salud iba a acabar con la sed en toda África.

Durante la proyección del capítulo fue hermoso ver al público vibrar ante las heroicas azañas de la gente que aparecía en pantalla. Su total entrega y completa interacción con los protagonistas, incluyendo reproches y consejos a grito pelado, me enterneció como si aquellos cientos de duquesitos y duquesitas no hubiesen pisado jamás un cine. Si no fuera por el color y el sonido hubiese jurado que estaba ante la proyección de Asalto y robo de un tren. Cuando terminó el capítulo apareció una de las presentadoras que desde el primer día es musa de este blog, Lucía Riaño, para sortear unas cosas que el Duque había tocado (seguramente sólo con los dedos, para desgracia de duquesitas y, sobre todo, de duquesitos).

El planteamiento era original: iban a llamar a tres números de móvil de entre todos los de las duquesitas -y duquesitos- presentes, y aquellos tres que respondiesen se llevarían un bolso, unos pendientes y un reloj. No hace falta que diga que mis ganas de que le tocasen el bolso o los pendientes a un duquesito eran gigantescas, pero no pudo ser.

En su lugar, cuando el primer número de móvil sonó, una mujer comenzó a hacer aspavientos y chilló desde una grada:

-¡¡Aquí, aquííííííí!!

Y entonces, recuperando el esplendor de las viejas fans de Take That que antes mencionaba, una duquesita que estaba en la grada de enfrente le respondió:

-¡¡¡¡HIJA DE LA GRAN PUTA!!!

Y a partir de aquí, las tres ganadoras se dieron abrazos y besos con el Duque, ese asesino a sueldo que las tiene a todas enamoradas desde el televisor. Cuando salía del Palacio de los Deportes y me volvía a casa me crucé con una pareja de dos kinkis que pusieron los puntos sobre las íes a la profesionalidad del criminal:

-Yo si quiero robar me vengo al barrio de Salamanca y atraco a una vieja, no le robo a una pobre anciana de Lavapiés.
-Por supuesto -dijo el otro.

3 septiembre 2008 a las 4:27 por pasillero

El Che Guevara y el Pasillero: tal para cual

Siempre pendiente de los movimientos de las celebrities que se cuecen en los pasillos de Telecinco o en los de donde sea: si ayer me hacía eco del regreso de María Teresa al mundo de la información y de la renovación de los muebles de Ana Rosa (que son celebridades en sí mismas, si no que se lo digana las señoras del público que al llegar al plató sufren desmayan nada más ver la mesita o el chaise longue), hoy he de hablar de una celebridad de todavía mayor alcance.

El Che.

Aquellos que no tengan mucha noticia de sus actos y apariciones y no se hayan decidido todavía sobre si el muchacho fue un alma incorruptible y justiciera o un asesino desalmado que no se peinaba, les dejo las siguientes ilustraciones que seguro que sí les pondrán en antecedentes sobre quién era el Che:

cheito.JPG

El Che es, según un estudio de VH1, el icono pop nº 48 más usado del mundo. El nº 47, por si interesa a los lectores, son los Teleñecos. En la siguiente foto podemos ver reflejada la opinión de uno de ellos, la rana Gustavo, al conocer semejante dato:

ranagustavo.jpg

Pues total, que ahora Telecinco Cinema ha participado en la producción de una película de Steven Soderbergh sobre la figura de este, nuestro amiguito revolucionario, y como había canapés y copas de cointreau gratis, allá que me fui.

El estreno de Che. El argentino, en la Gran Vía madrileña, fue un evento muy bonito y hermoso. Las últimas veces que Telecinco me mandó a un estreno me encontré con Alberto San Juan, con un chico de un anuncio de Coca Cola y algunos actores de Escenas de matrimonio. Hoy, en el de Che, el argentino, me encontré con el ganador del Oscar Steven Soderbergh, el ganador del Oscar Benicio del Toro y con Rodrigo Santoro, o séase Paulo en Perdidos.

Vaya, que algo está cambiando en el mundo.

También estaban mis amados jefes, entre ellos Paolo Vasile. Y también J.A. Bayona, director de un montón de famosísimos videoclips como Cuando zarpa el amor de Camela, El cielo no entiende de OBK o El orfanato de Belén Rueda. Y también estaba allí Lolita. Ana de Armas, que intepreta a Carolina en El Internado (una serie que dicen que está bien pero ni los lectores de este blog ni yo la podemos ver porque la emite Antena 3), llegó, la vio y le dijo:

-¿Y no ha venido Elena?

Carolia se refería a Elena Furiase, su compañera de reparto en la serie.

-Pues no -le respondió Lolita.

Voy a dejar aquí una reflexión que espero que haga pensar a los departamentos de prensa de productoras y televisiones, porque yo esta noche he vuelto a casa con la cabeza como un bombo (y no por los gin tonics, que también). Verán, amiguitos organizadores de eventos, a partir de ahora clasifiquen a la gente que acude a sus saraos con tres denominaciones:

1. Prensa
1. Público
3. Pasilleros

Resulta que cuando estaba yo pululando por el interior del cine una amable señora de prensa me ordenaba que me sentase. Pero cuando le decía que no, que yo era de prensa, me ordenaba que saliese fuera. Cuando salía fuera, y por ser yo de prensa, sólo podía estar o bien en el photocall o dentro.

¿Y PARA QUÉ COÑO QUIERO CONTAR YO LO QUE PASA EN EL PHOTOCALL SI ESO, COMO SU NOMBRE INDICA, YA SE VA A VER EN LAS FOTOS?

Un pasillero está en todas partes, como Dios. Pero eso en los cines no cuela. Ante semejante injusticia y con las orejas echando humo no pude más que exclamar:

-Ay omá.

Había muchos invitados de otras cadenas que NO eran Telecinco (casi me tienen que hacer la respiración artificial de la rabia que me entró, ¿cómo osan?). Estaba Raquel Sanchez Silva, esa chica tan simpática que presenta absolutamente todos los programas de Cuatro, y también un actor de Física o química vestido con pantalones pirata (ay omá, me tuve que repetir). También estaba Soraya Sáez de Santamaría con un amigo suyo flaquiiiito, flaquiiiito, y también Carme Chaparro (de la que, recordad, sabéis gracias a mí que tiene un GPS con la voz de Chiquito de la Calzada). También estaba Marian Álvarez, una de las protagonistas de Hospital Central y, por si alguien no lo sabe, actriz premiada en el festival de Locarno por la película Lo mejor de mí, y también Maxim Huerta, y Lucía Riaño y Emilio Pineda.

Emilio Pineda llevaba una camiseta con la cara de Che, es lo que mandaba este evento. Obviamente si el estreno fuese de Buscando a Nemo lo suyo sería llevar una camiseta con la cara de un mero.

Cuando empezó la película, una señorita presentó a todo el equipo artístico, que estaba subido al escenario. Todos, uno a uno. Cuando llegaron a Rodrigo Santoro (recordemos una vez más, Paulo en Perdidos), uno que estaba detrás de mí explicó a sus amiguitos:

-Ese es el director de la película.

La cinefilia se respiraba en el ambiente.

Tras la película había dos fiestas. La cutre, en el Larios Café. El Larios Café, en la calle Silva, es el sitio donde se celebran todos los estrenos de la Gran Vía madrileña. ¿Y por qué? Pues será porque sólo dan ginebra Larios, que es como lo peor, o porque sólo ponen música de bakalas, o porque sólo hay a menos de cien metros cinco sitios mejores donde podrían celebrarse los estrenos. En cualquier caso, fue allí.

En esa fiesta estaban las actrices que desean ser la nueva Penélope Cruz -como Dafne Fernández- o los directores que un día iban a ser el futuro más grande del cine español -como Julio Medem-. El lenguaje corporal en ese tipo de fiestas responde a muy curiosas particularidades. Las cosas que hacen sólo un poco de gracia provocan en el otro el efecto de haber hecho muchísima gracia. La gente que casi te da igual ver provocan en el que se la encuentra el efecto de actuar como si llevase años buscándola. El mínimo dato que otorgue un poco de poder en el mundo audiovisual garantiza al que lo emite una hora de conversación entusiasta, cuando no un rato de sexo oral en el cuarto de baño.

Pero ojo, yo todo esto lo digo sólo como una posibilidad. ¿Qué sabré sobre este mundo si a mí lo que me gustan son los pasillos?

La fiesta chula, por cierto, estaba en el Me de la Plaza de Santa Ana. Por allá andaba Benicio del Toro y el equipo de la película, pero esa es una fiesta a la que yo no fui. A Benicio del Toro (al que yo admiro por Exceso de equipaje, su comedia romántica del 97 junto a Alicia Silverstone) ya me bastó verlo recibiendo un aplauso al término de la película que era igualito, igualito al que en la película recibe personificando al Che, cuando un montón de cubanos le aplauden por haber liberado a su pueblo.

Quiero decir, es curioso que el aplauso tenga exactamente el mismo sonido cuando va dirigido a alguien que salva a tu pueblo y a alguien que sencillamente te excita. Pensando en estas cosas me fui yo a casa, no sin antes parar en el VIPS a comprarme patatas fritas. Estas películas sobre revoluciones sociales me dan un hambre que me muero.