5 febrero 2009 a las 12:04 por elnautilus

Violencia en TV: más allá de los tópicos

“¿Qué pensáis de la violencia en televisión? ¿Hay poca o mucha violencia? ¿Dónde aparece sobre todo? ¿Qué efectos tiene?” Un equipo de investigadores de la Universidad Complutense ha analizado cómo reciben los espectadores la violencia emitida por televisión, cómo la interpretan y qué efectos emocionales les produce cuando la ven.

Los expertos trabajaron con dos tandas de ocho grupos de discusión. En los primeros, los espectadores no habían visto ninguna escena de violencia. Fue una conversación suscitada en torno a varias preguntas para calibrar sus impresiones. Hablaron de todo tipo de programas para que dijeran si había violencia en los informativos, en programas de humor, en películas, etc.

Concepción Fernández Villanueva acaba de publicar “Los espectadores ante la violencia televisiva: funciones, efectos e interpretaciones situadas”. La responsable del estudio es directora del Departamento de Psicología Social de la Universidad Complutense de Madrid. Esta investigadora cuenta con un amplio currículum, con investigaciones centradas en el ámbito de la violencia en general y, en particular, en violencia juvenil y violencia de género. El equipo de investigación que ha elaborado este trabajo lo integran también Juan Carlos Revilla, Roberto Domínguez Bilbao y Andrés Almagro.

Fernández Villanueva explica que diferenciaron entre menores de 25 años y mayores de 40 que tuviesen hijos, “porque pensamos que la recepción de violencia tiene mucho que ver si tienes hijos por la cuestión de la protección de la infancia. En la segunda tanda, los espectadores habían visto antes escenas de violencia grave y leve, y luego se hicieron los grupos. Esa fue la fuente de la investigación, mediante un análisis de contenido y de discurso de sus aportaciones”.

La valoración del espectador depende del contexto social, con quién vea la televisión, con quién la comente, etc. Por eso, aclara Villanueva, “hemos huido de una conclusión condenatoria o absolutoria, porque hay una enorme variabilidad acerca de los posibles efectos de la violencia en los distintos tipos de programa. En los informativos es muy diferente de la ficción. La violencia se ve bajo la modalidad de “realidad”, con frecuencia está deslegitimada y esa legitimación se ve muy claramente, mientras que en las películas no se ve de modo tan claro”.

La directora de la investigación sostiene que los espectadores son muy sutiles, y además de escenas explícitas de violencia física o de insultos, captan actos de racismo, discriminación o sexismo: “Hay sensibilidad hacia la violencia más sutil, aunque está mediatizada por las propias características de cada individuo y su entorno. Por ejemplo, las mujeres tienen una posición distinta hacia los actos de violencia de género… Los jóvenes suelen ser bastante sensibles hacia la violencia contra los animales, porque tienen una mayor conciencia ecológica”.

La violencia en TV está fuertemente masculinizada, no sólo en cuanto a agresores (en más del 75% de los actos, el agresor es hombre), sino también entre las víctimas (casi el 70%). Las mujeres reciben más violencia física de la que causan como agresoras, y en contraste, los hombres reciben mayor violencia social que la que ejercen como agresores. Abundan los casos de violencia masculina en grupo.

El estudio cuantitativo se basa en un análisis de contenido de 180 horas de grabación aleatoria de programas de las cadenas nacionales y algunas autonómicas en 2000, 2005 y 2007. Los resultados reflejan que la alta tasa de actos de violencia que se emiten va en aumento a lo largo de los años. “Esta alta tasa de violencia, aclara Villanueva, no es el resultado más importante, comparado con los datos sobre consecuencias y sobre legitimación y deslegitimación. Sólo el 23,5% de los agresores reciben consecuencias claramente negativas por su acción; y el resto, o bien consigue algo positivo o, al menos, ninguna sanción o castigo. De este modo, la violencia aparece como “funcional” para el que la realiza. La legitimación es muy alta (alrededor del 40%), pero también es muy alta la presentación de violencia como deslegitimada (más o menos otro 40%) que se presenta como indeseable. Y, sobre todo, la cantidad de actos parcialmente legitimados y deslegitimados. Ahí reside la importancia de las interpretaciones de los espectadores”.

La violencia en TV puede aparecer legitimada o embellecida. Los expertos consideran que la legitimación es un elemento mucho más importante que la cantidad de violencia. “Es precisamente en la legitimación donde reside la fuerza más importante, porque facilita que los espectadores se identifiquen con ese tipo de violencia que se legitima, tanto para bien como para mal”, –explica Villanueva-, “porque la violencia que aparece deslegitimada y sancionada, que es mucha, también tiene el efecto contrario. La violencia deslegitimada en principio no tiene por qué imitarse, sino que más bien tiene el efecto positivo de que los espectadores reflexionen y se alejen de la posibilidad de cometer ese tipo de violencia”.

Concepción Fernández Villanueva

Concepción Fernández Villanueva

A los productores y programadores de televisión, Fernández Villanueva les recomienda que intenten explicar por qué se producen los actos de violencia. “Se da demasiada importancia a la repetición de escenas que muestran y probablemente habría que mostrar menos y explicar más. Y ser claros en cuanto a la legitimación. No es tan importante la cantidad de violencia como la forma en que se muestra. Hemos visto en nuestras investigaciones que mostrar la violencia en televisión puede tener también una función de sensibilización hacia los demás, lo que se puede llamar la identificación con el “sufrimiento distante”. No se trata de mostrarla como un espectáculo sino aportar el contexto, el por qué se produce y añadir todos los factores explicativos. El espectador se protege de los efectos emocionales inmediatos, que son sin duda desagradables, pero no por ello se elimina su posible efecto positivo, porque esos sentimientos pueden ser la base de que surjan reflexiones sobre lo que se puede hacer para evitar la violencia”.

26 diciembre 2008 a las 16:03 por elnautilus

Cámara oculta: ¿periodismo o espectáculo?

En el medio televisivo, algunos reportajes de investigación utilizan la cámara oculta para lograr determinadas informaciones. La semana pasada, el Supremo adelantó el sentido de una condena a Canal 9 por emitir un reportaje elaborado por El Mundo TV. En el reportaje, una mujer que ejercía la naturopatía fue grabada sin ella saberlo por una periodista que se hizo pasar por una paciente. El Tribunal Supremo ha establecido que la difusión en televisión de imágenes captadas con aparatos ocultos de captación de imagen y voz, sin consentimiento del interesado, supone una intromisión ilegítima en la esfera de la intimidad que no está justificada por el ejercicio del derecho a comunicar libremente información.

¿Hasta dónde está justificado el uso de la cámara oculta? Según la asociación profesional Investigative Reporters and Editors, el periodismo de investigación consiste en “informar, mediante el trabajo y la iniciativa propia, sobre asuntos de importancia que algunas personas y organizaciones desean mantener en secreto. Contiene tres elementos básicos: la investigación surge del trabajo del reportero; los hechos que se cubren revisten importancia para el lector o espectador; y alguien intenta evitar que el público tenga conocimiento de esos hechos”.

El uso de la cámara oculta está generando un debate entre los profesionales

El uso de la cámara oculta está generando un debate entre los profesionales

En ocasiones la cámara oculta se emplea como un medio para desvelar unos hechos ocultos o buscar unas pruebas que confirmen una investigación periodística. En otras, en cambio, funciona como un cebo que engancha a la audiencia, pero que dista mucho de ofrecer una investigación relevante. Las televisiones han utilizado cámaras ocultas en los probadores de un centro comercial, en un supermercado o en lugares públicos. Son microcámaras de hasta 10 x 10 cm que graban imágenes de baja calidad, pero alta precisión. Su reducido tamaño permite ocultarlas entre la ropa (en una corbata, en la hebilla de un cinturón, o dentro de un falso walkman). Utilizan una lente gran angular que permite mayor amplitud de campo para que toda la escena quede dentro del cuadro.

El uso de la cámara oculta está generando un debate entre los profesionales. El realizador de TVE Miguel Ángel Nieto considera que algunas producciones con cámara oculta “disfrazan de periodismo de investigación algo que se plantea como espectáculo televisivo y capitalizan la palabra “investigación”. Una de las productoras que emplea de forma habitual la cámara oculta es El Mundo TV (recordarán reportajes como “El escándalo de Miss España” y “La gran mentira del corazón”). Su director, Melchor Miralles, ha expresado su “discrepancia radical” con el criterio del Supremo y ha adelantado que recurrirán la sentencia al Tribunal Constitucional y a instancias judiciales europeas: “es legítimo el uso de la cámara oculta y la ocultación de la identidad del periodista. Prima el derecho a recibir información”. Sin embargo, Rafael Robledo, exdirector de Línea 900 (TVE) muestra sus cautelas: “Utilizamos la cámara oculta sólo con relativa frecuencia, porque soy enemigo de esa forma de conseguir la información. Sólo la usamos ante un delito o una falta grave que justifique el derecho que todo el mundo tiene a saber que le están grabando. La cámara oculta debe ser un medio, no la noticia. Es peligrosa desde un punto de vista ético y no siempre legítima”.

La línea que separa el uso sensacionalista frente al responsable y justificado se vuelve cada vez más tenue. El espectador puede llegar a un nivel de saturación por el uso gratuito de una técnica que puede vulnerar el derecho a la intimidad y al honor. La cámara oculta ha de emplearse restrictivamente, para evitar que se convierta en un recurso para generar audiencia a cualquier precio. En este sentido, los periodistas norteamericanos desde hace años debaten sobre los estándares éticos y profesionales para emplear la cámara oculta. Fruto de este debate, la Society of Professional Journalists plantea dos casos extremos:

La cámara oculta ha de emplearse restrictivamente

La cámara oculta ha de emplearse restrictivamente

a) El uso justificado de la cámara oculta, caracterizado por los siguientes rasgos:
- En cuanto al objeto: La información obtenida es de enorme importancia e interés público; afecta a un amplio número de personas y elevadas sumas de dinero, o puede generar graves consecuencias.
- En cuanto al modo: Se agotan las alternativas para lograr la información y los periodistas están dispuestos a revelar al público las razones que justifican emplear la cámara oculta. Se adopta un proceso serio de reflexión en la toma de decisiones.
- Se exige la supervisión del director de informativos antes de iniciar cualquier grabación de este género. El daño previsible de la información que se emite debe superar cualquier daño causado al violar la intimidad de las personas grabadas con cámara oculta. Por ejemplo, en el caso de un reportaje sobre una clínica falsa, en la que los médicos estafaban a los pacientes, el productor utilizó considerable tiempo y dedicación para superar las dificultades técnicas y legales, y mostrar así la envergadura del escándalo.

b) El uso injustificado:
- Por su objeto: la cámara oculta se usa para grabar asuntos triviales, sin un motivo proporcionado. Previamente, no se emplean medios alternativos para recabar esa información.
- Por el modo: se graba a la ligera, sin las precauciones debidas y se actúa sin respetar la intimidad o la vida privada. Tampoco se informa a la audiencia sobre las circunstancias de la grabación.
- Por el lugar: se graba en un lugar privado, por lo que se quebranta el derecho a la intimidad.

En el fondo, lo que está en juego es la credibilidad de los servicios informativos y las productoras que realizan este tipo de reportajes. La misión del periodista no equivale a la del espía ni detective, aunque en ocasiones use algunas técnicas utilizadas en estos oficios. Ocultar la identidad periodística presupone engañar a alguien y la sociedad exige un precio por ello.

20 noviembre 2008 a las 20:02 por elnautilus

La ITV británica regula la publicidad por emplazamiento

La cadena británica ITV ha firmado un código de regulación del emplazamiento de productos, que incluye un logo en la pantalla para advertir a los espectadores de que en ese momento se está introduciendo alguna marca en el programa. Con esta medida, las televisiones británicas se muestran dispuestas a aceptar la regulación, a cambio de que se les permita usar esta técnica para incrementar sus ingresos. Dicho código ha sido elaborado por la asociación de productores de televisión del Reino Unido, Pact, y otros canales también se han mostrado dispuestos a aceptarlo, según informa The Guardian. Pact representa y promociona los intereses comerciales de la mayoría de empresas de televisión, cine y animación. Los productores han aceptado regular su uso de forma que se mantenga como una opción que beneficie tanto a las cadenas como a los anunciantes, y no sature a la audiencia. Según varios estudios del organismo regulador del audiovisual británico, Ofcom, los espectadores aceptan el uso de esta técnica publicitaria siempre que se aplique de forma razonable y reduzca el tiempo de emisión de anuncios.

La publicidad por emplazamiento es una importante fuente de ingresos para los productores

La publicidad por emplazamiento es una importante fuente de ingresos para los productores

La técnica de publicidad por emplazamiento o product placement (también conocida como publicidad indirecta) es aquella que no aparece como publicidad expresa y, sin mencionar directamente los productos, utiliza marcas, imágenes u otros rasgos distintivos de los mismos productos en el escenario donde se desarrolla un espacio de ficción o entretenimiento. La publicidad por emplazamiento es una importante fuente de ingresos para los productores de contenidos audiovisuales y algunas empresas europeas y norteamericanas se dedican exclusivamente a ello.
En las series de televisión a menudo se emplea esta técnica publicitaria. Por ejemplo, cuando los actores aparecen en el comedor, interactúan con los mismos productos y los consumen, mostrando sus “bondades”, aunque no los mencionen expresamente. De este modo, se logra que el espectador conozca esos productos de modo más natural y eficaz que en la publicidad convencional. El emplazamiento de producto conlleva menores costes de producción, suele tener mayor exposición en pantalla y se relaciona con el prestigio de los personajes que los mencionan.
Los expertos no se ponen de acuerdo sobre si todo lo que aparece en un programa y se publicita forma parte del emplazamiento de producto. La mayoría sostiene que las intervenciones de un personaje expresamente para promocionar un producto, en un mismo contexto del motivo del programa y con una pausa para hacer la mención, no pueden considerarse casos de publicidad indirecta.

El emplazamiento de producto conlleva menores costes de producción

El emplazamiento de producto conlleva menores costes de producción

Para algunos analistas, este tipo de publicidad indirecta no esté exenta de riesgos. Con motivo de la gran cantidad de publicidad indirecta incluida en la última película de Bond, El País analiza la forma en que determinadas marcas consiguen posicionarse de modo muy ventajoso para su imagen. Otro caso polémico, al que alude chica de la tele, ha sucedido en la NBC con la serie My Own Worst Enemy que, pese a haber sido cancelada por sus malos resultados de audiencia, emitirá aún cinco episodios más por el contrato firmado con General Motors. Dicho contrato estipulaba que el protagonista de la serie utilice dos modelos de dicha marca según se dedique a su vida privada o a su trabajo.
Con la regulación que acaba de adoptar, la cadena ITV se compromete a actuar con transparencia, utilizando los logos identificativos del emplazamiento de producto; a incluir las marcas y productos sin promocionarlos directamente, y a mantener la independencia en los contenidos, de forma que el uso de determinadas marcas comerciales no distorsione el proceso creativo.