La investigadora Miriam Salcedo acaba de defender la primera tesis doctoral sobre la obra de este ilustre documentalista, en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra: “El documental de divulgación científica sobre la naturaleza: técnicas narrativo-dramáticas y retóricas empleadas por Félix Rodríguez de la Fuente en El Hombre y la Tierra“.
A lo largo de 400 páginas, la autora analiza con detalle la capacidad comunicativa de Rodríguez de la Fuente, la principal causa de su éxito. Desde un punto de vista narrativo-dramático y retórico, Salcedo desgrana como este documentalista español acercaba las ciencias naturales a un público profano en la materia. “De esta manera, hacía compresible la complejidad del conocimiento científico suscitando interés y concienciación, formando criterio y entreteniendo a la audiencia. Por ejemplo, utiliza términos científicos latinos y los mezcla con otros más comunes. Crea suspense y trata a los animales como si fueran seres humanos (antropomorfismo). Logra hacerse entender y con su cultura engancha al espectador”.
Miriam Salcedo ha dedicado cuatro años a esta investigación, compaginándolo con su trabajo docente en la Facultad y la coordinación de TeleNatura , el festival internacional de documental sobre naturaleza. Gracias a este festival, ha conocido a los grandes documentalistas españoles actuales. Tuvo acceso a los archivos de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, entrevistó a los colaboradores de El Hombre y la Tierra y a varios productores de TVE que trabajaron con el documentalista.

Miriam Salcedo acaba de defender la primera tesis doctoral sobre la obra de este ilustre documentalista
“Para todo naturalista y apasionado de la biología, Rodríguez de la Fuente siempre fue un punto de referencia. Uno de los mejores documentalistas españoles actuales, Luis Miguel Domínguez (cuyo estilo, a mi parecer, es el más semejante al del burgalés en las producciones actuales) lo cita explícitamente, por ejemplo. Pero como digo, no sólo influyó en los documentalistas, sino también en mucho de los biólogos de hoy en día”.
Félix Rodríguez de la Fuente nació en 1928 en Poza de la Sal (Burgos). Estudió Medicina en Valladolid y se especializó en Odontología. Su infancia al aire libre y en contacto con la naturaleza le marcó decisivamente en su profesión, ya que dedicó toda su vida al estudio de los animales. Durante años investigó sobre los halcones y se hizo un experto en estas rapaces. En 1968 preparó para televisión una serie excepcional de programas de naturaleza que cosechó un gran éxito y despertó el espíritu naturalista de muchos adolescentes. Después realizó varias series, como Fauna, Vida salvaje, Planeta azul y El hombre y la Tierra, que siguieron teniendo gran aceptación y le proporcionaron fama internacional. En 1980, en el rodaje de un episodio de la serie El hombre y la Tierra, perdió la vida en Alaska al estrellarse la avioneta en la que viajaba mientras filmaba una carrera de perros esquimales.
“Su forma de contar es resultado de su personalidad y estilo inconfundible. Sin embargo, también contribuyeron al éxito de El Hombre y la Tierra el contexto histórico en el que se elaboró -TVE gozaba de una buena situación económica- y el multidisciplinar grupo de expertos que colaboró en su desarrollo”, señala Miriam Salcedo.
Salcedo explica que “lo que más me sorprendió, más allá de sus célebres documentales sobre el lobo, son los capítulos sobre rapaces: uno se sus animales favoritos era el halcón. Dedica varios episodios a la cetrería y son impresionantes, porque explica visualmente las distintas facetas de este arte. Félix publicó el primer tratado moderno de cetrería en España, con un cierto halo de leyenda porque recoge historias medievales. Uno de los mejores episodios es “El buitre sabio”, sobre el alimoche. En la introducción, Félix cuenta en qué va a consistir el episodio, que en realidad en realidad es un experimento para averiguar si la técnica de caza es algo aprendido de sus mayores o se trata de una actitud congénita y explica cómo lo van a realizar, y hace partícipe al espectador. Otros episodios maravillosos son “Taiga el azor” y “El alcaudón”, un pajarito carnívoro, con unas prácticas de caza y depredación muy llamativas”.
Según Salcedo, la clave de un buen documental “es que el documentalista sepa transmitir claramente la belleza de la naturaleza y sus maravillas. Esto requiere tanto de una espectacular calidad técnica como de unas pulidas técnicas comunicativas narrativas, dramáticas y retóricas”.
Salcedo considera que “la edad dorada del documental sobre la naturaleza en España fue la década de los 70, cuando se emitía El Hombre y la Tierra. Posteriormente, la televisiones han programado algunas producciones, pero en franjas de poca audiencia. Escudándose en la falta de costumbre o el poco interés del público español, las cadenas rechazan situarlos en un buen lugar dentro de la parrilla televisiva. Sin embargo, me parece que tienen miedo a innovar, pánico al riesgo y en el fondo es un error de programación. Basta considerar las grandes producciones existentes, como las de la ORF o la BBC, que alcanzan muy buenos niveles de audiencia”.












