¿Se puede enseñar a escribir guiones? ¿Se puede enseñar a operar el cerebro o a montar en bicicleta? Yo creo que sí. Se puede enseñar teoría, composición, trucos… Se pueden analizar ejemplos, los buenos y los fallidos. Un guión es siempre una herramienta de trabajo o un manual de instrucciones para construir otra cosa. No existen recetas mágicas (un tercio de tensión, unos gramos de ternura, unas gotitas de sexo, una chorreoncito de violencia…) para lograr el éxito de un programa, que depende de otros factores como la interpretación, la dirección y la realización. Pero detrás de la buena televisión siempre hay un buen guión.
Tonino López-Guitián Badenes (Valencia, 1963) es el más pequeño de cinco hermanos. Estudió en Toulouse la carrera de Literatura Francesa. Quería hacer Bellas Artes, pero sus padres pensaron en la poca salida que debía tener eso, y lo bien que sonaba lo de ser profesor de francés. Sin embargo, se empecinó en ser guionista. Su primer contacto con el mundo de la comunicación fue en Radio Nacional; después se convirtió en uno de los más “nihilistas” reporteros del primer Caiga Quien Caiga, con un récord de minuto y medio de silencio ante un entrevistado. Más tarde –en plena madurez, desatado ya el genio creador– vinieron diversos programas, libros, artículos en prensa, teatro…, tanto encima de los escenarios como detrás de los textos.
En abril de 2007, recién salido de una grave enfermedad que le mantuvo dos meses hospitalizado, Tonino impartió un curso sobre escritura de guiones para televisión para programas de plató, en el Máster de Escritura para Cine y TV de la Universidad Autónoma de Barcelona. El guionista no es el asesino es el resultado de las sesiones que mantuvo con sus alumnos. Con un estilo desenfadado, a lo largo de las conversaciones online que el guionista mantiene con sus alumnos, Tonino aporta su visión sobre lo que se cuece en la parrilla televisiva y qué deben saber las nuevas generaciones de guionistas sobre lo que les espera en el ejercicio de su profesión.
El libro funciona como un espacio televisivo, donde encontramos un personaje principal; una veintena de secundarios, los alumnos; un hilo argumental, los entresijos del mundo catódico y la trama que lo sustenta: ¿cómo escribir un guión que funcione? Aunque al principio, parece un programa “blanco” de variedades, un magazine al estilo “cuéntenos su vida”, enseguida se torna en un fascinante cóctel de experiencias, trucos y consejos sobre la elaboración de guiones. El mejor Tonino lo encontramos cuando destripa la escaleta del Caiga Quien Caiga (él fue uno de los tres guionistas originales, junto con Juanjo de la Iglesia) y explica el ritmo frenético de la escritura basada en la actualidad. Y también cuando echa mano de su experiencia profesional en programas de parodia, el fallido Extra! y espacios como el Vamos a Cocinar, con Jose Andrés.
Especialmente reveladora resulta su visión de los personajes que pueblan determinados programas rosa, basados en clichés sobre los arquetipos y mitos con los que se identifica la audiencia, o sus incisivos apuntes sobre la ética en esta profesión: “En todo trabajo intelectual hay que conocer que existe una ética”, que hace referencia al “mundo de las ideas que versa el trabajo del guionista, no sobre copiar el argumento de House, poner a Emilio Aragón como protagonista y añadirle efectos especiales para tener más audiencia. Es la inteligencia la que da paso a la sensibilidad…”
En los diálogos interactivos con sus alumnos, Tonino entra a fondo al hablar de cómo se escribe el guión de una gala televisiva, cómo se registra el formato de un programa o las causas del bloqueo del guionista y cómo puede superarlo. El autor pone a disposición de los alumnos una gran variedad de recursos: pistas sobre los principales errores en un guión, ejemplos de programas en You Tube o lecturas concretas, como la capacidad de Cyrano para elaborar metáforas sobre su portentosa nariz.
El autor confiesa el motivo por el que decidió ser guionista: “Tuve una enfermedad de los huesos a los ocho años que me permitió estar en una cama de hospital de Valencia durante más de un año. Es ese tiempo tuve la oportunidad de leer todo lo que caía en mis manos. A los nueve años me había leído las obras completas de Shakespeare y un montón de cuentos fantásticos y tebeos pasado de moda de Roberto Alcázar y Pedrín. En el horario infantil de la radio, estaba abonado a unas radionovelas de ciencia ficción de Radio Nacional que estaban muy bien interpretadas (…) Para escribir hay que leer y para crear historias hay que tenerlas en la cabeza”.
Tonino está convencido de que otra televisión es posible y que “un fracaso en televisión no significa haber hecho un mal producto”, como en el caso de Vientos de agua, serie de excelente factura dirigida por Juan José Campanella, que Telecinco retiró porque no cosechó una audiencia elevada.
Libro eminentemente práctico, no exento de rigor y con un atractivo formato, que va más allá de los manuales al uso, como los de los gurús de Hollywood, tipo Syd Field, Robert McKee o Linda Seger.










