21 enero 2009 a las 11:18 por elnautilus

De estrella televisiva a vagabundo alcohólico

Un antiguo presentador británico de informativos de los canales ITN, CNBC y BBC, Ed Mitchell, cuenta su odisea en una entrevista a The Guardian: cómo llegó a convertirse en un vagabundo alcoholizado.

Hace dos años, Ed Mitchell fue noticia porque pasó de ser una estrella televisiva a vivir en la calle por las deudas de sus tarjetas de crédito, a las que no pudo hacer frente cuando fue despedido de su trabajo en un canal de noticias. Mitchell se declaró oficialmente en bancarrota con una deuda total de 349.762 euros. Ahora acaba de publicar un libro, “From Headlines to Hard Times” y protagoniza un documental, Saving Ed Mitchell que se emitirá la próxima semana en la TV británica. Ofrecemos un amplio extracto de la entrevista:
- ¿Cómo pasó de presentar los informativos a dormir en la calle?
- Las deudas, el alcoholismo y llegar a dormir en la calle, todo sucedió de forma gradual. Fueron miles de pequeñas, casi subconscientes malas decisiones, influidas sobre todo por el alcohol. Al ser despedido del canal de información económica CNBC, pasé de ganar 80.000 libras al año a no tener ingresos; calculo que llegué a tener 25 tarjetas de crédito para mantener aquel ritmo de vida.

Daily Mail)

Ed Mitchell pasó de ser una estrella televisiva a vivir en la calle por las deudas de sus tarjetas de crédito (Foto: Daily Mail)

- ¿Cómo llegó a tener 25 tarjetas?
- Tenía unas credenciales excelentes para lograr crédito y varios bancos me ofrecían nuevas tarjetas con mejores condiciones, que ampliaban los límites de endeudamiento. Cuando perdí mi trabajo, el único modo de pagar los cargos mínimos del crédito, que eran unas 2000 libras mensuales, era usar otras tarjetas de crédito. Al final se me metió en la cabeza, quizá por el alcohol, que podía superar esta situación si apostaba dinero–la típica respuesta del adicto. Al principio apostaba en las carreras de caballos, luego acabé en la “cocaína de las apuestas”: la ruleta virtual.
- ¿Cómo fue su caída?
- Bebí sin problemas, con amigos, durante 30 de los 40 años que pasé bebiendo. Todo se volvió cuesta abajo y se aceleró cuando perdí el trabajo.

The Observer)

Tiempos felices... Ed Mitchell con su esposa e hijos (Foto: The Observer)

- ¿Cómo acabó en la calle?
- Conseguí una serie de trabajos caseros para mantener contenta a mi mujer, para que pensara que tenía controlada la situación. Pero al final ella me echó de casa y solicitó el divorcio por conducta irrazonable. No tenía donde ir, salvo a los sofás de algunos amigos, o durante unos pocos días en casa de mi madre; después dormí en un garaje, en casas municipales de acogida, de las que acabron echándome. Entonces empecé a pernoctar en un jardín, cerca de mi antigua casa.
- La prensa ha dado a entender que al principio no fue del todo claro sobre el papel que del alcohol en su situación.
- Es cierto. Podemos decir que “racioné la verdad”.
- ¿Por qué?
- Me daba vergüenza. No quería que nadie supiera que era un vagabundo alcohólico.
- ¿De algún modo le satisfacía ser una persona de clase media y encontrarse en la calle?
- Para empezar, ser de clase media, hablar bien y llevar aún ropas bastante limpias era un inconveniente. Los otros vagabundos me despreciaban, porque pensaban que era un impostor, que quizá era un periodista disfrazado. Pero conforme pasó el tiempo y se dieron cuenta de que era uno de ellos, me aceptaron.

ITN)

Ed Mitchell presentando los informativos de ITN a finales de los 90 (Foto: ITN)

- En su libro usted dice que no considera el alcoholismo como una enfermedad.
- No es una forma constructiva de considerarlo porque resulta muy deprimente. En cambio, si lo ves como algo que comienza por una percepción equivocada y que pasa a ser un hábito que te controla y entonces se transforma en una dependencia química, todas esas etapas pueden deshacerse. Puedes romper con una dependencia química si te aíslas completamente. No es necesaria una rehabilitación muy cara.
- ¿Cuál ha sido su experiencia durante la rehabilitación?
- Muy intensa, muy emocional. Uno habla mucho, llora mucho y también se ríe mucho. Requiere un gran esfuerzo y es terriblemente cara.
- Se da cuenta de que si vuelve a beber sería una gran historia…
- Es un incentivo tremendo. ¿No cree que tengo suerte de que sea así? Hay gente que está recuperándose y sabe que podría tomar un trago y nadie lo sabría. Pero en mi caso sí se sabría, saldría enseguida en las noticias, y eso me ayuda a mantenerme sin probar ni una gota.
- ¿Cómo pasa el tiempo?
- Hablando sobre mí mismo. Después del lanzamiento del libro y un segundo documental, me encuentro con la cruda realidad de que soy una persona de 55 años que busca trabajo en un mundo que atraviesa una profunda recesión. Uno de cada tres hombres mayores de 50 está en el paro. Pero me gustaría dejar atrás todo aquello. No quiero convertirme profesionalmente en un alcohólico en recuperación, no es mi camino.

The Guardian)

Ed Mitchell en la actualidad: cuenta su experiencia en un libro y en un documental (Foto: The Guardian)

- Los cínicos pueden decir que ahora tiene una gran historia.
- Pero quiero mostrarles que ya no soy, como me describieron, “un desesperado borracho y perdedor”. Espero que así sea, porque si no, no conseguiré un trabajo, no podré pagar el alquiler y me echarán del piso. Entonces volveré a tener que dormir en la calle y el riesgo, por supuesto, es si puedo volver a dormir en la calle sin recaer en el alcohol.

9 diciembre 2008 a las 19:47 por elnautilus

“Amigo Félix”: mito y realidad

La investigadora Miriam Salcedo acaba de defender la primera tesis doctoral sobre la obra de este ilustre documentalista, en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra: “El documental de divulgación científica sobre la naturaleza: técnicas narrativo-dramáticas y retóricas empleadas por Félix Rodríguez de la Fuente en El Hombre y la Tierra“.

Salcedo desgrana cómo Félix acercaba las ciencias naturales a un público profano en la materia

Salcedo desgrana cómo Félix acercaba las ciencias naturales a un público profano en la materia

A lo largo de 400 páginas, la autora analiza con detalle la capacidad comunicativa de Rodríguez de la Fuente, la principal causa de su éxito. Desde un punto de vista narrativo-dramático y retórico, Salcedo desgrana como este documentalista español acercaba las ciencias naturales a un público profano en la materia. “De esta manera, hacía compresible la complejidad del conocimiento científico suscitando interés y concienciación, formando criterio y entreteniendo a la audiencia. Por ejemplo, utiliza términos científicos latinos y los mezcla con otros más comunes. Crea suspense y trata a los animales como si fueran seres humanos (antropomorfismo). Logra hacerse entender y con su cultura engancha al espectador”.

Miriam Salcedo ha dedicado cuatro años a esta investigación, compaginándolo con su trabajo docente en la Facultad y la coordinación de TeleNatura , el festival internacional de documental sobre naturaleza. Gracias a este festival, ha conocido a los grandes documentalistas españoles actuales. Tuvo acceso a los archivos de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, entrevistó a los colaboradores de El Hombre y la Tierra y a varios productores de TVE que trabajaron con el documentalista.

Miriam Salcedo acaba de defender la primera tesis doctoral sobre la obra de este ilustre documentalista

Miriam Salcedo acaba de defender la primera tesis doctoral sobre la obra de este ilustre documentalista

“Para todo naturalista y apasionado de la biología, Rodríguez de la Fuente siempre fue un punto de referencia. Uno de los mejores documentalistas españoles actuales, Luis Miguel Domínguez (cuyo estilo, a mi parecer, es el más semejante al del burgalés en las producciones actuales) lo cita explícitamente, por ejemplo. Pero como digo, no sólo influyó en los documentalistas, sino también en mucho de los biólogos de hoy en día”.

Félix Rodríguez de la Fuente nació en 1928 en Poza de la Sal (Burgos). Estudió Medicina en Valladolid y se especializó en Odontología. Su infancia al aire libre y en contacto con la naturaleza le marcó decisivamente en su profesión, ya que dedicó toda su vida al estudio de los animales. Durante años investigó sobre los halcones y se hizo un experto en estas rapaces. En 1968 preparó para televisión una serie excepcional de programas de naturaleza que cosechó un gran éxito y despertó el espíritu naturalista de muchos adolescentes. Después realizó varias series, como Fauna, Vida salvaje, Planeta azul y El hombre y la Tierra, que siguieron teniendo gran aceptación y le proporcionaron fama internacional. En 1980, en el rodaje de un episodio de la serie El hombre y la Tierra, perdió la vida en Alaska al estrellarse la avioneta en la que viajaba mientras filmaba una carrera de perros esquimales.

“Su forma de contar es resultado de su personalidad y estilo inconfundible. Sin embargo, también contribuyeron al éxito de El Hombre y la Tierra el contexto histórico en el que se elaboró -TVE gozaba de una buena situación económica- y el multidisciplinar grupo de expertos que colaboró en su desarrollo”, señala Miriam Salcedo.

Salcedo explica que “lo que más me sorprendió, más allá de sus célebres documentales sobre el lobo, son los capítulos sobre rapaces: uno se sus animales favoritos era el halcón. Dedica varios episodios a la cetrería y son impresionantes, porque explica visualmente las distintas facetas de este arte. Félix publicó el primer tratado moderno de cetrería en España, con un cierto halo de leyenda porque recoge historias medievales. Uno de los mejores episodios es “El buitre sabio”, sobre el alimoche. En la introducción, Félix cuenta en qué va a consistir el episodio, que en realidad en realidad es un experimento para averiguar si la técnica de caza es algo aprendido de sus mayores o se trata de una actitud congénita y explica cómo lo van a realizar, y hace partícipe al espectador. Otros episodios maravillosos son “Taiga el azor” y “El alcaudón”, un pajarito carnívoro, con unas prácticas de caza y depredación muy llamativas”.
Según Salcedo, la clave de un buen documental “es que el documentalista sepa transmitir claramente la belleza de la naturaleza y sus maravillas. Esto requiere tanto de una espectacular calidad técnica como de unas pulidas técnicas comunicativas narrativas, dramáticas y retóricas”.

Salcedo considera que “la edad dorada del documental sobre la naturaleza en España fue la década de los 70, cuando se emitía El Hombre y la Tierra. Posteriormente, la televisiones han programado algunas producciones, pero en franjas de poca audiencia. Escudándose en la falta de costumbre o el poco interés del público español, las cadenas rechazan situarlos en un buen lugar dentro de la parrilla televisiva. Sin embargo, me parece que tienen miedo a innovar, pánico al riesgo y en el fondo es un error de programación. Basta considerar las grandes producciones existentes, como las de la ORF o la BBC, que alcanzan muy buenos niveles de audiencia”.

17 octubre 2008 a las 13:38 por elnautilus

Tonino enseña a escribir guiones para TV

¿Se puede enseñar a escribir guiones? ¿Se puede enseñar a operar el cerebro o a montar en bicicleta? Yo creo que sí. Se puede enseñar teoría, composición, trucos… Se pueden analizar ejemplos, los buenos y los fallidos. Un guión es siempre una herramienta de trabajo o un manual de instrucciones para construir otra cosa. No existen recetas mágicas (un tercio de tensión, unos gramos de ternura, unas gotitas de sexo, una chorreoncito de violencia…) para lograr el éxito de un programa, que depende de otros factores como la interpretación, la dirección y la realización. Pero detrás de la buena televisión siempre hay un buen guión.

Tonino López-Guitián Badenes (Valencia, 1963) es el más pequeño de cinco hermanos. Estudió en Toulouse la carrera de Literatura Francesa. Quería hacer Bellas Artes, pero sus padres pensaron en la poca salida que debía tener eso, y lo bien que sonaba lo de ser profesor de francés. Sin embargo, se empecinó en ser guionista. Su primer contacto con el mundo de la comunicación fue en Radio Nacional; después se convirtió en uno de los más “nihilistas” reporteros del primer Caiga Quien Caiga, con un récord de minuto y medio de silencio ante un entrevistado. Más tarde –en plena madurez, desatado ya el genio creador– vinieron diversos programas, libros, artículos en prensa, teatro…, tanto encima de los escenarios como detrás de los textos.

En abril de 2007, recién salido de una grave enfermedad que le mantuvo dos meses hospitalizado, Tonino impartió un curso sobre escritura de guiones para televisión para programas de plató, en el Máster de Escritura para Cine y TV de la Universidad Autónoma de Barcelona. El guionista no es el asesino es el resultado de las sesiones que mantuvo con sus alumnos. Con un estilo desenfadado, a lo largo de las conversaciones online que el guionista mantiene con sus alumnos, Tonino aporta su visión sobre lo que se cuece en la parrilla televisiva y qué deben saber las nuevas generaciones de guionistas sobre lo que les espera en el ejercicio de su profesión.

El libro funciona como un espacio televisivo, donde encontramos un personaje principal; una veintena de secundarios, los alumnos; un hilo argumental, los entresijos del mundo catódico y la trama que lo sustenta: ¿cómo escribir un guión que funcione? Aunque al principio, parece un programa “blanco” de variedades, un magazine al estilo “cuéntenos su vida”, enseguida se torna en un fascinante cóctel de experiencias, trucos y consejos sobre la elaboración de guiones. El mejor Tonino lo encontramos cuando destripa la escaleta del Caiga Quien Caiga (él fue uno de los tres guionistas originales, junto con Juanjo de la Iglesia) y explica el ritmo frenético de la escritura basada en la actualidad. Y también cuando echa mano de su experiencia profesional en programas de parodia, el fallido Extra! y espacios como el Vamos a Cocinar, con Jose Andrés.

Especialmente reveladora resulta su visión de los personajes que pueblan determinados programas rosa, basados en clichés sobre los arquetipos y mitos con los que se identifica la audiencia, o sus incisivos apuntes sobre la ética en esta profesión: “En todo trabajo intelectual hay que conocer que existe una ética”, que hace referencia al “mundo de las ideas que versa el trabajo del guionista, no sobre copiar el argumento de House, poner a Emilio Aragón como protagonista y añadirle efectos especiales para tener más audiencia. Es la inteligencia la que da paso a la sensibilidad…”

En los diálogos interactivos con sus alumnos, Tonino entra a fondo al hablar de cómo se escribe el guión de una gala televisiva, cómo se registra el formato de un programa o las causas del bloqueo del guionista y cómo puede superarlo. El autor pone a disposición de los alumnos una gran variedad de recursos: pistas sobre los principales errores en un guión, ejemplos de programas en You Tube o lecturas concretas, como la capacidad de Cyrano para elaborar metáforas sobre su portentosa nariz.

El autor confiesa el motivo por el que decidió ser guionista: “Tuve una enfermedad de los huesos a los ocho años que me permitió estar en una cama de hospital de Valencia durante más de un año. Es ese tiempo tuve la oportunidad de leer todo lo que caía en mis manos. A los nueve años me había leído las obras completas de Shakespeare y un montón de cuentos fantásticos y tebeos pasado de moda de Roberto Alcázar y Pedrín. En el horario infantil de la radio, estaba abonado a unas radionovelas de ciencia ficción de Radio Nacional que estaban muy bien interpretadas (…) Para escribir hay que leer y para crear historias hay que tenerlas en la cabeza”.

Tonino está convencido de que otra televisión es posible y que “un fracaso en televisión no significa haber hecho un mal producto”, como en el caso de Vientos de agua, serie de excelente factura dirigida por Juan José Campanella, que Telecinco retiró porque no cosechó una audiencia elevada.

Libro eminentemente práctico, no exento de rigor y con un atractivo formato, que va más allá de los manuales al uso, como los de los gurús de Hollywood, tipo Syd Field, Robert McKee o Linda Seger.