A mi amiga la del armario grande le ha pasado algo que no habÃa escuchado nunca. MarÃa se ha ligado a un tipo que es un bombón -ciudado, que esta no es la novedad-. Además de estar como un queso, es listo, simpático y medio artista. Tiene su propio negocio: un restaurante de comida fusión que siempre está lleno. Los dÃas libres los dedica a editar una revista en la que escriben todos sus amigos sobre filosofÃa y literatura. Vaya, MarÃa ha pillado.
El otro dÃa estuvimos cenando en su restaurante y después tomando copas por ahÃ. Eran las mil de la mañana y el ambiente era genial. Jamás me habÃa sentido asà de bien en México hasta el momento. MarÃa y Camilo –nombre del susodicho- no se despegaban ni un minuto y como supuse que sobraba, me fui a dormir a casa de una amiga. Hice bien, porque a la mañana siguiente, de vuelta, él salÃa por la puerta –grande-.
Me sorprendió sobremanera encontrarme a MarÃa corriendo de un lado a otro, con cara de preocupación. Limpiando como una loca. Pensé en lo peor. Me asusté. La abracé.
-   Qué ha ocurrido, tÃa
-   Lo más extraño del mundo, Elena. TodavÃa no me lo creo. Anoche llegamos a casa y nos quedamos en pelotas, pero no hicimos nada. Llevábamos un pedo tal que era imposible. Ni lo suyo funcionaba ni a mà me apetecÃa. Pero bien, buen rollo. Dormimos abrazados. Y desnudos, claro. Pero me levanto por la mañana y me noto toda mojada. Lo primero que se me pasó por la cabeza es que nos habÃamos llevado una cerveza a la cama y se nos habÃa regado. Hasta que me percaté de que debajo de Camilo habÃa un charquito sospechoso. El colchón completamente empapado. ¡Se habÃa meado!
-   Joder, pobre, serÃa del alcohol…
-   No sé, me parece muy raro. Mira que me he acostado con tÃos después de volver de marcha y nunca me habÃa pasado esto. Además, ha salido corriendo como un loco, casi sin despedirse en cuanto se ha despertado.
-   ¿Y se ha largado meado?
-Â Â Â MeadÃsimo.
Sacamos a la calle el colchón entra las dos. Ahora yace en la acera, camino de secarse.









