Estudié muchos años en un colegio de monjas –de aquellos polvos, estos lodos-. La información con la que creces en este tipo de instituciones es muy particular; generalmente está bastante distorsionada, y cuando llega la terrible adolescencia todo te parece confuso y sientes remordimientos por casi todo lo que haces. Mis primeros rolletes fueron absurdos. El cuerpo y las hormonas me pedÃan una cosa, pero mi educación me decÃa otra bien distinta.
Durante los últimos cursos de EGB, creo que ya era el octavo, una chica de tercero de BUP se quedó embarazada. La pobre, a la que todos habÃamos visto con malos ojos cómo varios chicos diferentes la iban a buscar a la salida del colegio, no se lo contó a nadie hasta que la panza la delató. Ya no habÃa marcha atrás. No la echaron del colegio porque sus padres pertenecÃan al APA y tenÃan muy buena relación con las monjas y el cura que oficiaba las ceremonias los dÃas de fiesta. Pero la torturaron el tiempo que estuvo hasta que nació el bebé.
A esto se dedicó especialmente y con ahÃnco Sor Dolores, la peor persona con la que me he cruzado en mi vida. Una desgraciada que se ocupaba de enseñarnos Literatura y FilosofÃa, saltándose a Nietzsche y lo que consideraba que no debÃamos aprender. Para que se hagan una idea, una vez, sin venir a cuento, afirmó rotundamente que muchas veces somos las mujeres quienes tenemos la culpa de las violaciones. Que cierto tipo de pantalones, como los vaqueros, no son apropiados. Que los hombres tienen un deseo incontenible y que no hay que tentar al diablo. Como esta perlita, otras muchas.
La señora en cuestión, coja, por cierto, hizo una lectura durante una misa de asistencia obligatoria para todos los alumnos del colegio. El tema no lo recuerdo, pero tengo grabado con fuego que cuando terminó de leer, pidió permiso al padre para hacer un comentario. El inciso lo aprovechó para criticar a toda la gente que fornicaba fuera del matrimonio y para, de paso, llamar puta, con todas sus letras, a la chica de BUP que se habÃa quedado preñada. Ella, presente, aguantó éste y otros muchos insultos, totalmente innecesarios. Si es que habÃa cometido algún pecado, el castigo ya lo tenÃa de por vida.
El niño nació y ella dejó los estudios. Nunca más volvà a saber qué fue de ellos. Durante un tiempo la vi por el barrio paseando a su hijo, pero acabé por perderles la pista. Muchas veces me pregunto qué se le pasó por la cabeza para ocultarle algo tan importante a sus padres, dejando pasar el tiempo hasta hacerlo irremediable. Quizá la solución esté en que sus progenitores eran como Sor Dolores y tampoco hubiesen hecho nada más que esperar a que diese a luz.
Todo esto viene a que seguro que hay muchas mujeres en el mundo como la chica de BUP. Asustadas por la reprimenda, no le cuentan a nadie su embarazo. A lo mejor, quién sabe, esperando perderlo. Si además de la suficiente información, se les diese la posibilidad de abortar sin necesitar la aprobación de sus padres y quienes a estos les influencian –léase, monjas fascistas de ochenta años, curas sin familia…-, podrÃan hacer lo que les pareciese oportuno, y seguir su vida, estudiar, crecer. Algunas lo tendrÃan porque quieren, pero otras se ahorrarÃan cagar el resto de sus dÃas con una penitencia. Y de paso, muchos niños del mundo dejarÃan de ser una penitencia para sus padres…









