21 febrero 2010 a las 23:42 por elenayelsexo

Sexo como tabla de gimnasia

Sus padres se habían marchado a la casa de la sierra por el fin de semana. Lo sabía de antemano porque puedo decirlo alrededor de diez veces en la redacción. La situación con Ainoa se había normalizado y creo que éramos amigas. Lo bueno de esto era que podía hacer mi trabajo sin pensar en sus bragas en loop. Lo malo, que ya no tenía sentido intentar algo. Así que supongo que sólo quedaba él.

Las insinuaciones empezaron a ser tan burdas que cada vez que me agarraba por la cintura cuando iba camino, por ejemplo, del baño, todos sonreían con ternura. Que Marcos pretendía acostarse conmigo en casa de sus padres el fin de semana era algo obvio. Y pocas veces me había negado yo a tal menester.

Casualmente, el viernes tocaba en la ciudad un grupo que nos gusta a los dos. Todo sucedió tal y como debía y en los bises ya tenía su lengua en la garganta. Fuimos en su coche pasando por una de esas situaciones raras en las que no se sabe qué comentar y sólo quedan las paradas en los semáforos para magrearse. Hice todo lo que debía como si se tratase de una tabla de gimnasia.

El siguiente ejercicio consistía en morrearse en los pasillos del edificio hasta llegar a su puerta, desabrochándonos con violencia los botones de pantalones, faldas y camisas. Sentí mi desnudez como el uniforme oficial del sexo. Lo lucí por su cuarto, orgullosa. Pero Marcos resultó ser un torpe. Me mordió el cuello y en vez de escalofríos sentí un leve y molesto dolor, al que siguió un moratón espantoso. Sintonizó la radio con mis pezones, que se quejaban erectos. Y después de estos sencillos pasos que parecían estudiados de un manual, la embestida.

El cuerpo flaco de Marcos me paralizó sobre el colchón agitándose rítmicamente y sin dar opción a réplica. Se marcó el clásico pim-pam, pim-pam que a una le deja más fría que un fiambre. Terminó y ni siquiera se ocupó de si yo había hecho lo propio. Se acostó a mi lado, en silencio.

Decidí que lo mejor era marcharme y hacer en lo sucesivo como si no hubiese ocurrido nada. Y la verdad era que, en realidad, yo salí de su casa como había llegado. Quizá con el pelo un poco más revuelto. Marcos fue un fiasco. Una pena, porque el chico prometía.

31 enero 2010 a las 23:37 por elenayelsexo

Saciarse con terceros

Cuando dos objetos de deseo coinciden en un pequeño espacio, el sujeto deseante tiende a saciar sus ansias con un tercero.

No puedo negar que me sorprendió la reacción de Ainoa. Si yo pensaba que el caos se había vuelto a instalar en mi jornada laboral, no podía estar más equivocada. Desde la noche extraña en que me masturbé a su lado, me convertí en su confidente. A veces pienso que jugamos al “como cuentes esto, te delato”, otras prefiero ser feliz con la idea de que en ocasiones nos topamos con la persona adecuada.

Y entre secretos y trabajo apenas me ha quedado tiempo para echarle un ojo a ese cuerpo terso y joven que se pasea de un lado a otro de la redacción (olvidemos para siempre la oficina) enseñando la goma de unos calzones de marca, previsiblemente apretados. Pero aunque no le mire, le siento. Los últimos días me parecía como si me hubiesen prestado el cuerpo. Me resultaba algo ajeno, que por su levedad e inconsistencia podría regalarles a uno y otra en cualquier momento para que hicieran con él lo que les viniera en gana.

Las ocho horas se pasan volando y el resto hasta las veinticuatro con unas calenturas que ni María Lapiedra. Y por fin llegó el santo jueves. Preparada para cualquier cosa, me dirigí a las cañas que son gintonics. Allí estaban los dos, como animales enjaulados. Si bien mantenían ese algo por el que habría matado, por primera vez en mucho tiempo noté que yo también atesoraba ese poder. Así que como domador de fieras en que de repente me había convertido, manejé la situación haciéndoles saltar primero esta arandela, después estas llamas. Mi cuerpo ya no era para nadie, era mío y solo mío.

Llamé a Pedro. Bendito Pedro. Aparece donde estés, charla con todo el mundo, se hace colega de tus futuros polvos y en el instante exacto te besa, te lleva a su casa y te folla con todas sus ganas en su cama de ochenta. Tal cual ocurrió el jueves. Hacía tiempo que no salía airosa de un lío, con dignidad y desahogada. Y lo que es mejor: el inbox de mi móvil ha estado saturado de Ainoas y Marcos que durante el fin de semana casualmente no tenían plan…

Cuando dos objetos de deseo coinciden en un pequeño espacio, el sujeto deseante tiende a saciar sus ansias con un tercero.

29 enero 2010 a las 20:11 por elenayelsexo

Marcos. Jueves, 28/01. 20h.

“Yeah! Es jueves y mañana no tengo clase. Hoy, salgo. Quién sabe, a lo mejor me paso por las cañas de los del curro. Me da un poco de pereza. Yo no soy muy de mezclar ambientes, pero les voy a dar una oportunidad. La nueva me intriga. Después de ser una mosca cojonera durante una semana, llegó la indiferencia. No está mal. Ella, digo, no la indiferencia. Eso está muy mal. Con lo que me gustaba girarme y encontrar sus ojos pegados a mis calzones.

Pues hoy lo intento. Total, en dos meses me largan del periódico. ¿Cuántos años tendrá? Cuantos más, mejor. Así seguro que la chupa bien. Espero. Me pongo los Calvin Klein. Y los calcetos sin roto. Así, de puta madre. Coño, voy a hacer la cama. Las sábanas tienen unos cuantos días… Colonia. Mis padres se van a la casa de la sierra hoy. Voy a confirmar. Les mola el rollo ese de la chimenea y el perro. Claro, como están jubilados.

Sí, se piran. Espero que sea de verdad y no como el día que me traje a Espe. Tuvo que pasar la noche en mi cuarto de baño, escondida. Y aguantar que la sacara en brazos por la mañana, para que no se oyeran sus pisadas. Qué habrá sido de Espe. Un día la llamaré. Lo pasábamos bien en la cama. Bueno, yo al menos. Y ella también, creo. La tía gemía como no he visto a otra. Qué recuerdos.

Joder, la ropa sucia. La voy a sacar de debajo de la cama. Lo bueno de Espe que le daba igual la ropa sucia. Siempre decía que le gustaba así, animal, en estado puro. Pero no todas son iguales. A ver cómo de remilgada es la Elena esta…